WAYEB POLÍTICO: Esa prensa vendida anda perdida

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ÉDGAR FÉLIX

Independientemente si Andrés Manuel López Obrador le cae bien o mal, o cree que su estilo desparpajado e informal es chocante o le parece un hombre congruente, es el Presidente de este país y es quien lleva el timón de esta nación. Nunca, ni con Carlos Salinas de Gortari, ni con Ernesto Zedillo Ponce de León, (los cuales son palabras mayores en asuntos de autoritarismo y verticalismo) había leído tanto descontento de periodistas y columnistas enfurecidos. Me sorprende cada vez más esta horda porque en aquellos sexenios fueron tan dóciles y obedientes que difícilmente leías o escuchabas alguna crítica. Hoy, se llega al exceso, al insulto y, lo más lamentable, a la desinformación.

Son otros tiempos, sin duda. Pero ese maniqueísmo informativo sólo retarda entender a la población las estrategias que se siguen en una crisis donde las noticias deberían fluir con objetividad. El ex presidente Felipe Calderón Hinojosa, metido hasta el fondo en el teclado del Twitter se ha convertido en un rabioso atacante del actual gobierno, junto con Joaquín López Dóriga, Raymundo Rivapalacio y muchos más. Lo más lamentable es que en varias ocasiones se han descubierto sus tretas de difamación e inventos informativos que sólo tienen como objetivo desprestigiar. De pena ajena.

Tratar de descarrillar al gobierno de López Obrador es retorcer los rieles del país. Nada más y nada menos, porque no es crítica con datos, con aportación, con ideas, sino golpes bajos y con datos falsos.  Ni en el barrio nos acostumbraron a reaccionar de esa manera. Ahí hay código y hay ética. Un periodista que mata a una persona en su columna digital, la entierra y al tercer día la resucita, mínimo debería ofrecer una disculpa a la familia. Tener el valor de hacerlo no lo reduce ni lo evidencia, sino habla de la humildad, estilo Ryszard Kapuscinski, que debe tener siempre un periodista como un ente para procesar información y ofrecerla a la población.

Los medios de comunicación han evolucionado de una manera vertiginosa, audaz y violenta. muchos periodistas se quedaron en el pasado todavía con la pirámide invertida y con la nota. Ese periodismo que consolidó como una forma pactada entre las empresas y los gobiernos. El reportero sólo tenía derecho a entrecomillar y al dijeísmo (dijo, señaló, manifestó, explicó), pero nunca a escribir en segunda persona que representan las redacciones modernas; sin considerar las nuevas narrativas digitales, de datos y audiovisuales que entregan a los lectores mejores productos informativos.

Ese periodismo de la nota es la nota, anacrónico, es el que le conviene fomentar a esas empresas acostumbradas a recibir miles de millones de pesos anualmente en publicidad y a esos periodistas que fomentaron pequeñas empresas sin empleados para cobrar enormes contratos. La información ya se ha hecho pública en las redes y muchos periódicos han entendido el mensaje porque ahora la competencia en la información no es quien lo dice primero, como en esa época de oro de la chayotería nacional, ni tampoco el cómo se dice y cómo se cuenta. No,
ahora decenas de trabajadores intervenimos en procesos de información porque las redacciones ya cambiaron. En una nota no sólo interviene la recaudación de información, sino el proceso y la presentación o visualización.

Cada vez son más los periodistas que saben programar algún lenguaje como html o python que escribir prosa; editar video, levantar imagen con secuencias de cine, etcétera. Igualmente hay editores que son multitareas, diseñadores que redactan, etcétera. Ese es el periodismo actual que en muy pocas redacciones de México existe. Es el que da dividendos a las empresas periodísticas modernas.

Hacia ese lugar caminamos en México y es la apuesta de las nuevas relaciones con los medios de comunicación. Que se le pague a las propuestas informativas novedosas, donde intervienen y se crean empleos para periodistas y especialistas en la materia. Contratos que impulsen proyectos dignos y que crean empleos.

La nueva relación de los medios de comunicación con el actual gobierno ya lo hemos comentado en otras columnas, pero hasta hace dos meses todavía se mantenía cierto respeto o, más bien, control de vísceras de los comunicadores. Ahora se han disparado hasta el insulto y la difamación. Algo nunca visto y se ha agudizado con la crisis que vivimos por el Covid19.

Vivimos tiempos muy difíciles porque las personas nos sentimos amenazadas de morir. Porque hay incertidumbre, desesperación, infortunio y ahora, desde hace algunos días, falta de dinero en amplios sectores y hambre. Una mezcla bastante peligrosa para echarle algunos cerillos o chispas para que arda o explote. Eso lo saben esos señores comunicadores que actúan sin la más mínima línea de ética y sí con mucha tripa y espuma por la boca. La falta de dinero, y entiéndase que todavía tienen mucho en sus cuentas de bancos, sólo que ya no pueden darse los lujos que se daban, los hace ver elefantes voladores y escenarios negros.

Muy fácilmente podría desestabilizarse un sistema de gobierno ilegítimo, una administración endeble o con falta de apoyo social, si así fuera, pero afortunadamente las elecciones del 2018 le dieron bastante margen y holgura para poder gobernar en condiciones adversas. Aquí siempre me acuerdo de la imagen grotesca cuando el panista Felipe Calderón Hinojosa tomó posesión en San Lázaro. Entre forcejeos se impuso la banda presidencial. Una imagen de cómo llegaba y cómo se iba. Un sentimiento demasiado amargo para tomárselo
en seis años.

Cuando todo pase en esta emergencia del Covid19, ya un amigo estudioso del tema, prepara un análisis somero de las relaciones entre la prensa
y el gobierno de López Obrador; una forma nueva de gobernar ante una horda de desquiciados. En verdad es vergonzoso lo que está pasando y quedará más claro cuando salgan los primeros análisis de esta etapa crítica.

ALUX: Ayer fui a visitar la zona hotelera de Cancún. Espectral, no triste ni tampoco árida, podría ser el sentimiento acumulado que avanza. Dos o tres
corredores, una persona caminando, un choque, dos patrullas, meseros dormidos afuera de hoteles, ningún cocodrilo. Todas las tiendas cerradas. Lo más común sería que donde hubo bullicio hay silencio, pero eso demasiado cursi para calificar algo. No sé si sea como ver a Gulliver derrotado, o las torres gemelas cuando cayeron, o el lugar donde cayó una bomba, o el epicentro de Nagahasaki y las sombras congeladas en paredes por la radiación.

Visitar la zona hotelera de Cancún en estos días es entrar a un túnel del tiempo. El centro turístico que está por ser inaugurado hace años. Bien podría hacerse un documental a posteriori sobre una ciudad que de pronto se quedó sin un alma. El flash back sin recuerdos en el que todo se congela. Sólo se escucha el mar, se ven los bucaneros sin piratas, los camellos con aves, los corredores sin gente, los comercios cerrados, las playas cerradas. El Covid19 no se ve, pero Cancún podría ser el epicentro de los daños. Podría ser una imagen de ejemplo para demostrar el daño que está causando y que no sabemos si se recupere al corto o mediano plazo porque Estados Unidos, los principales turistas, volverán pronto.

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WAYEB POLÍTICO: Cancún, una refundación inesperada