Golpe al 50 Aniversario de Cancún

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Playa Gaviota Azul, de las más concurridas, lleva semanas vacía por la contingencia sanitaria.
  • Una víctima colateral e inesperada de la pandemia del coronavirus ha sido, a no dudarlo, la celebración del 50 Aniversario de la fundación de Cancún

FERNANDO MARTÍ (CRONISTA DE LA CIUDAD)

CANCÚN, Q. ROO.- Una víctima colateral e inesperada de la pandemia del coronavirus ha sido, a no dudarlo, la celebración del 50 Aniversario de la fundación de Cancún.

En la lista de cancelados hay que anotar el magno concierto que tenía planeado el Ayuntamiento y la visita de muchas personalidades (entre ellos Joe Vera, el autor del escudo/logotipo de la ciudad), mientras en la lista de los pendientes quedaron la Sesión Solemne de Cabildo y la entrega de la Medalla al Mérito Turístico Sigfrido Paz Paredes, cuya adjudicación efectuó el Comité (sin anunciar a los ganadores), y la ceremonia quedará para una mejor ocasión.

Como Cronista de la Ciudad me sentí obligado a involucrarme de lleno en esa efeméride. Aparte de publicar en los periódicos y hacer un programa de televisión, me di tiempo y maña para impulsar dos proyectos, uno colectivo y otro personal, que también se quedaron varados.

El primero, un ciclo de conferencias organizado por la Sociedad Andrés Quintana Roo, que cumplió nueve fechas semanales, los martes, pero tuvo que suspenderse el 17 de marzo, siguiendo las pautas del distanciamiento social. Como la medalla, las tres sesiones restantes quedaron para mejor ocasión.

Celebración del 50 Aniversario, para mejor ocasión.

La otra iniciativa fue un libro, un álbum fotográfico que se llamará ¡¡50 años de vida!! Se trata de una crónica visual, una colección de más de 800 imágenes que reuní a lo largo de los años y que acomodé como una historia, para narrar la hazaña mayúscula de la fundación de Cancún y su evolución hasta convertirse en el destino turístico más exitoso de México.

Ya con el libro en prensa, también hubo que retrasar la presentación, que oficialmente estaba programa para el 21 de abril, o sea, mañana.

Más allá de una leve frustración por tanto plan postergado, entiendo que la pandemia se haya convertido en prioridad absoluta de gobierno, en tema único de periodismo y en preocupación obsesiva a nivel personal.

Desde hace un siglo, con la influenza, el mundo no enfrentaba una calamidad semejante, aunque la histeria que ha provocado corresponde más bien a los terrores que provocaba la peste en la Edad Media o la viruela entre la población de Nueva España.

Otra vez, como Cronista, ahora me siento obligado a dejar un registro de la plaga y de los efectos que tendrá sobre Cancún que son, como dicen los médicos, de pronóstico reservado.

De eso se trata este Diario del Coronavirus, que publicaré cada lunes con los sucesos de la semana anterior, tratando de enhebrar el hilo en este confuso alud de información, pues tengo que confesar que con el Covid-19, entre más leo y escucho, menos entiendo lo que está pasando.

El gobierno del estado reparte despensas casa por casa. Estrategia correcta.

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DOMINGO, 12 DE ABRIL

En una iglesia prefabricada, la réplica de la Capilla Sixtina, ubicada a un costado de la Avenida Kabah, junto a la Fiscalía, el obispo Pedro Pablo Elizondo celebra la misa de Domingo de Pascua. Siguiendo el ejemplo del Papa Francisco, la nave se encuentra vacía de fieles: tan sólo lo acompañan la jerarquía y los acólitos, que desde luego no respetan el distanciamiento social. No deja de ser una imprudencia, pues la edad del pastor lo coloca en un grupo de alto riesgo, pero la fe religiosa de este hombre lo pone arriba de cualquier precaución.

La réplica es una iniciativa del Vaticano, y en concreto, de la Orden del Santo Sepulcro, una organización creada hace mil años (literal: en 1098) para proteger la tumba de Jesucristo de los infieles (con éxito muy relativo), que ahora se dedica a la propagación de la fe. Con ese propósito, diseñaron esta copia desarmable de la parroquia, respetando estrictamente sus dimensiones originales: 78 metros de largo, 36 de ancho y 27 de largo, equivalente a un edificio de nueve pisos.

Unos 100 operarios calificados se tardan un par de semanas en armarla, incluyendo las impresiones en tela que reproducen El juicio final, la obra cumbre de Miguel Ángel.

La Capilla lleva algunos años dando vueltas por el país: inició su gira en Ciudad de México en 2016, y ha visitado una docena de ciudades, en las cuales permanece un promedio de tres meses. Su estancia en Cancún estaba prevista para coincidir con la Semana Santa, donde podrían visitarla bastantes miles de fieles, tanto turistas como locales.

En su última escala, la ciudad de Puebla, el recinto registró casi un millón de visitas. La entrada es gratuita, pero hay que solicitar los pases con antelación. Mas todo eso quedó suspendido por la pandemia, y ahora es incierto cuándo abrirá sus puertas, o si las abrirá, pues hay compromisos para llevarla a otras ciudades del país.

 

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LUNES, 13 DE ABRIL

Cierra Cancún la Semana Santa con los peores números de su historia. Ocupación hotelera: 2.9%, sobre un total de 38 mil 927 cuartos. Hoteles cerrados: 129. Vuelos en el aeropuerto: 29, una décima parte del promedio en épocas normales, todos semivacíos.

La pandemia deja aflorar otra noticia que para Cancún no es noticia: la industria que despide más trabajadores es la hotelera. Las cifras no son precisas, pero todas son escalofriantes: unos hablan de 23 mil, otros de 26 mil trabajadores cesados, más de la mitad de la planta laboral. Abusando del esquema de los eventuales, algunas empresas mandan a su casa, sin goce de sueldo ni indemnización, al 66 por ciento de su plantilla, y al resto le reducen el sueldo, a veces al salario mínimo (40 pesos diarios).

Luisa María Alcalde, la secretaria del Trabajo a nivel federal, revela que el 3 por ciento de los despidos corresponden a los negocios con menos de 50 trabajadores (las micros), 36 por ciento a las que tienen hasta 250 (las pequeñas y medianas), y un vergonzoso 61 por ciento a las nóminas de 250 o más (las grandes), que es el caso de casi todos nuestros hoteles.

Los hoteleros de Cancún intentan una tímida defensa. Es lo que nos permite la ley, alegan.

 

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MARTES, 14 DE ABRIL

Con el aire de sabelotodo que suele adoptar en sus conferencias de prensa, el subsecretario Hugo López-Gatell recomienda a la población que, al hablar del coronavirus, les digamos a los niños la verdad, para disipar sus temores y su ansiedad.

¡Ay, Gatell!, ¿Cómo vamos a decirles la verdad a los niños, si antes tú no nos la dices a nosotros?

 

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MIÉRCOLES, 15 DE ABRIL

Un amiga que vive en Miami, cubana de origen, pero con ciudadanía americana, me llama para contarme que en su cuenta de banco apareció un depósito por la cantidad de 2 mil 900 dólares. Cuando llamó para averiguar, le explicaron que se trataba de ayuda humanitaria por el Covid-19, y que el saldo se explicaba de la siguiente forma: mil 200 por ella, otros mil 200 por su marido, y 500 por su hija menor.

En alguna mañanera, López Obrador presumió que los gringos le habían copiado la idea de entregar los recursos casa por casa, sin intermediarios. Ojalá López les copie a los gringos la eficiencia y la velocidad.

La novedad de este cuento es que mi amiga está convencida que ese recurso es gestión directa de Donald Trump, ni más ni menos. En pleno año electoral, con las urnas programadas para noviembre y en busca de la reelección, el Presidente encontró una fórmula para repartir con cargo al erario “two billion dollars” (dos mil millones de dólares), haciendo patente, para quien los recibe, quién es quien obsequia.

No sólo a López Obrador la pandemia le vino como anillo al dedo.

 

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JUEVES, 16 DE ABRIL

Es interesante seguir el debate que se mantiene en otros países sobre la epidemia de Covid-19. En México es aburrido porque hay unanimidad en los comentaristas: de todo culpan a López Obrador. No digo que sea inocente, pero con esa reiteración cotidiana repleta de sesudos consejos, el Presidente debería hacer esto, tiene que hacer esto otro, acaban por ser todos iguales. Como bien decía el Presidente Mao: cuando todos piensan lo mismo, es que nadie está pensando.

En los Estados Unidos el debate tiene un claro sesgo electoral. Trump quiere abrir rápido la economía, pero los científicos insisten en que es prematuro, que aún no se tiene información crucial (por ejemplo, si repite), cuánta gente la ha padecido (al parecer muchísima, pero asintomática), y si los estados con pocos casos pueden sufrir una escalada tipo Nueva York.

En Alemania, Ángela Merkel autorizó la apertura de negocios pequeños (menos de 800 metros cuadrados), pero sólo se permitirá el acceso de un cliente por cada 50 metros cuadrados. Los demás tendrán que esperar en la banqueta, separados por marcas en el piso que indicarán la sana distancia. Además, es obligatorio que los cajeros despachen tras una mampara de acrílico, y también es obligatorio el uso de tapabocas. O sea, medidas que suenan a país disciplinado.

En España, quizá el país más afectado, la ministra Yolanda Díaz afirma que el sector turismo no abrirá hasta final del año, lo cual los hoteleros califican como “una barbaridad” (España ocupa el segundo lugar mundial en turismo receptivo, con 83 millones de visitantes). Mientras tanto, el Presidente Pedro Sánchez trata de llegar a un acuerdo con los partidos políticos para que firmen un pacto de unidad, único caso en el mundo donde los partidos son protagonistas.

En fin, cada país con su circunstancia, cada gobernante llevando agua a su molino, cada opositor tratando de meter zancadilla. Dejaran de ser políticos…

 

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VIERNES, 17 DE ABRIL

 

El empresario Francisco Garza me comenta que imprimió muchos miles de vales por 20 litros de gas LP, que irán dentro de las despensas que el Gobierno del Estado entregará casa por casa. En su fábrica, Pancho ya había armado unos protectores de acrílico que donó a la Jurisdicción Sanitaria (para proteger a los médicos cuando entuban a los pacientes), y luego regaló miles de tapabocas, que en el origen compró para sus trabajadores, pero que resultaron excesivos cuando mandó a la gente a hacer “home office”. Una actitud constructiva.

Volviendo a los vales, habrá que ver los resultados finales, pero la estrategia del Gobierno del Estado parece sensata. Cueste lo que cueste, hay que garantizar un mínimo de bienestar a la población. Primero, evitar que les corten agua y luz: Aguakan dio una prórroga, pero con la CFE no hubo manera, de modo que el gobierno pagará directamente los recibos de menos de 250 KW.

Luego, que tengan que comer. La meta es repartir 500 mil despensas (¿o son 600 mil?), lo cual es un problema de logística mayor, porque hay que hacerlo casa por casa (para evitar reventas, transas y acaparamientos), pero la mayor parte de los repartidores son voluntarios, que aportan su granito de arena para superar la crisis. La despensa es muy básica (granos, harina, aceite, pastas, latas, jabones, papel de baño, y el vale para el gas), pero es un seguro contra un flagelo mayor: el hambre.

Este gasto afectará severamente las finanzas del Estado, que desde el sexenio pasado colapsaron por el derroche y la frivolidad. Si antes no había dinero en las arcas públicas, en el futuro habrá mucho menos, pero la visión de presente es correcta: si hay una emergencia, hay que contenerla a como dé lugar.

 

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SÁBADO, 18 DE ABRIL

Muy temprano, Román Rivera Torres me comunica la muerte en España de Pedro Pueyo. El más polémico de los empresarios españoles con presencia en Cancún, Pedro sufría desde hace años de una afección cerebral, que se complicó sin solución en los últimos días.

Pueyo fue el primer hotelero español que confió en Cancún. Mediante un swap, en 1985 inició la construcción del Oasis, en su momento un auténtico monstruo de más de mil habitaciones. Antes de inaugurarlo, compró un par de hoteles en la Riviera Maya (Aventuras Akumal, Oasis Puerto Aventuras), otro en Cancún (Cancún Playa) y, cuando abrió su Oasis, rentó varios aviones y puso a operar una línea aérea de nombre inequívoco: Aerocancún.

Con el paso del tiempo se hizo medio mexicano: tenía casa en la isla y pasaba aquí una parte del año, aunque siempre conservó el carácter destemplado y gritón de sus paisanos. Con su patrocinio, Oasis se involucró en la vida de la comunidad (crearon una fundación, repartieron muchas becas, apoyaron a artistas, financiaron universidades), al tiempo que el negocio crecía con la adquisición de otros inmuebles (el Calinda, el América), hasta alcanzar unos 5 mil cuartos de hotel.

Hace algunos meses, invité a Pedro Pueyo a dictar una conferencia con el tema Reconvirtiendo Cancún como destino: la llegada del capital español, dentro del ciclo por el 50 Aniversario de la ciudad. Su foto apareció algunas semanas en el programa oficial, pero el mal que le aquejaba hizo imposible el viaje.

Aunque su muerte no tuvo que ver con el coronavirus, Pedro dejó de existir en un Madrid en que no están permitidos los funerales, ni los velorios, ni nadie podrá visitar a su esposa Paz para darle el pésame. En similar circunstancia, desde aquí le envío mis condolencias a su hermana, May Pueyo, residente en Cancún desde hace muchas décadas. Al fin podrá descansar quien toda su vida fue un guerrero.

 

*Comentarios, sugerencias, y crítica a esta columna son bienvenidas al correo diariodelcoronavirus@gmail.com