WAYEB POLÍTICO: Alberto Capella, el ‘rambo tijuanense’

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ÉDGAR FÉLIX

Últimamente ha ganado reflectores el jefe de la policía estatal, Jesús Alberto Capella Ibarra, debido a las estrategias de aislamiento por el Covid-19 que ordenó hace algunas semanas el gobernador del estado, Carlos Joaquín González.

De origen cachanilla, Capella Ibarra trae una larga historia de crisis de seguridad en Baja California y Morelos, donde estuvo al frente de la seguridad de esas entidades.

Quienes lo conocen, dicen que el secretario de Seguridad Pública no se anda por las ramas ni es de esa clase de funcionarios a modo y menos condescendiente a posiciones cómodas para agradar o caer bien. Creo que eso está muy claro. Algunos lo confunden como un policía conflictuado con grupos de poder en las entidades porque ignora qué hilos mover o no, para acomodarlos y obtener seguridad.

Una fórmula obligada para llevar la fiesta en paz mientras se opera con estrategia e inteligencia.

Al menos esa ha sido una vertiente de denominador común en la carrera policiaca de este funcionario cercano y afecto al gobernador Carlos Joaquín.

En Quintana Roo hasta ahora ha logrado calmar las aguas de varios grupos delincuenciales que operan en este destino turístico desde hace varios años y ha recibido con temple el fuego amigo de sus homólogos adversos. Estoico, Capella Ibarra ha llamado la atención de la población por los despliegues que ha realizado a lo largo y ancho del estado, exponiéndose al constante escrutinio.

Sabe de movilizaciones sociales desde que estuvo en Baja California donde fue un notable
activista cuando ocurría un éxodo muy importante de mexicanos que se fueron a vivir a Estados Unidos por la constante y creciente inseguridad en la península. Al igual que Ciudad Juárez, Chihuahua, la ciudad fronteriza de Tijuana, Baja California, sufría desde la década pasada el despoblamiento de la zona urbana, debido a la falta de garantías de seguridad en la población y la penetración infame de cárteles del narcotráfico.

Uno de ellos, el grupo delincuencial de los Arellano Félix le declararon la guerra a Capella Ibarra, quien resistió hasta que los problemas derivaron en una matazón de 40 personas en un solo día. Entonces el entonces jefe de la policía bajacaliforniana tuvo que dejar la titularidad. Eran otros tiempos, otro México y los canales de negociación se hacían desde el centro de la Ciudad de México hacia los estados. Ahora no, las batallas se libran por territorio y zona urbana.

Y se libran también contra el más poderoso hasta ahora conocido: el Covid-19, el cual ya hizo mella en la policía de Quintana Roo. Siete de sus elementos han resultado infectados y uno ha muerto. Esas bajas le abren un enorme boquete a las estrategias desarrolladas por el capitán policiaco Capella Ibarra, quien ahora se repliega mientras espera las reacciones. Luchar contra un virus microscópico no es un asunto de balazos ni de fuerza, sino de inteligencia. Así que tener bajas del lado de la policía estatal pone en jaque al secretario.

Acostumbrado a la guerrilla de guerrillas, Capella Ibarra ha logrado instrumentar un proceso de aislamiento de la población sin políticas agresivas ni intimidatorias como sucede en Michoacán donde ya se dio, prácticamente, un toque de queda. No mantiene a raya a la población, pero sí ha desplegado un proceso de concientización y exhortos a todos los ciudadanos mediante mensajes de video que él mismo graba y difunde en las redes sociales digitales. Ya superó aquel exceso cuando puso a bailar a los elementos de seguridad el mariachi loco. Pocos vieron con buenos ojos esa producción.

En el sureste las cosas son distintas a otras entidades. Se trata de ciudades turísticas, de centros con playas paradisiacas con una población flotante donde la mayoría son extranjeros. Tropicalizar la policía es un asunto de prioridad y eso lo sabe el jefe de la Policía de Quintana Roo, quien a pesar de tener el respaldo del gobernador Carlos Joaquín,
sí ha logrado darle un cambio a la imagen, pero se ha movido en una línea delgada de la afectividad social y el respeto de la investidura. Aquí, en estas tierras, el respeto es indispensable para entablar una buena relación.

Los claroscuros del secretario de Seguridad Pública de Quintana Roo han encajado en estos
años de servicio con éxito en la población a pesar de los contratiempos a los que se enfrentan y luego de tener ocho elementos infectados con Covid-19.

Están en la línea de batalla, atendiendo personas todo el tiempo, incluso tocándolas sin saber si son portadoras o no. Tiene ante sí la oportunidad de desarrollar una estrategia propia y acciones efectivas como hasta ahora lo ha logrado.

Pero el sonido del mariachi loco sigue presente en la población. A muy pocos les gustó esa imagen policiaca de animadores sociales, cuando el jefe Capella había dado un campanazo con la batalla contra las mafias extranjeras adueñadas de Cancún.

Pero todo eso integra las decisiones del jefe policiaco cachanilla, conocido como el “rambo tijuanense”.

Es un funcionario controvertido, explosivo y a muy pocos les agrada su estilo, pero desde la semana pasada logró lo que ninguno de sus homólogos en otras entidades: disminuir la presencia de personas en las calles de las ciudades de Quintana Roo, sin entrar en una lucha de fuerzas con la población ni con posiciones intimidatorias.

Ese es un mérito de Capella Ibarra. A muchos no le agradarán sus métodos, el sketch del mariachi loco con policías, sus intempestivos mensajes grabados en directo (sin ver nunca a la cámara, o sea a sus interlocutores) para difundirlos masivamente en redes sociales. Tampoco el andar pisando callos, por supuesto, porque hay callos muy duros aquí.

Lo vimos con las mafias extranjeras que le montaron una gran campaña de desprestigio. Capella es Capella y no se parece a nadie.

El jefe de la policía quintanarroense tiene una mezcla de rambo tijuanense, de enemigo público de varios cárteles del narco, de estilo desenfadado y a veces con ideas poco ortodoxas para cambiarle esa imagen de policías rígidos y poco conectados con la población. Sus bajas en el Covid-19 le darán argumentos a sus enemigos para volverlo a señalar; sin embargo, las cifras y los resultados, hasta ahora, están de su lado.

ALUX: Pasaron los 50 años de Cancún con una nostalgia y amor impresionantes en las redes sociales por parte de la población. En algunos fraccionamientos se colocaron mantas con agradecimientos a esta paradisiaca ciudad que llega al medio siglo imbatible y victoriosa ante las adversidades, como un excelente capitán naviero en alta mar. Pero el trabajo de difusión del gobierno municipal pasó de noche. Debieron encargarse de darle un contenido nacional e internacional, aprovechar para difundir el centro turístico más importante del país.

Muy pocas menciones en los ámbitos nacionales. Se tuvo la oportunidad de desarrollar, aún y con esta crisis que vivimos del Covid-19 una campaña loable, digna, interesante, con mensajes de fuerza para posicionar mejor nuestro destino. Pero no, se dedicaron a las redes, a andar grabando con voz propia notas melosas, a dar mensajes psicológicos en medio de la pandemia, a exhibir un logotipo de colores deprimentes. En verdad, qué falta de sensibilidad y profesionalismo del equipo de la alcaldesa Hermelinda Lezama.

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