La pandemia nos desnuda

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El alud de información ha convertido al virus en un bicho difícil de entender e imposible de pronosticar
  • El alud de información ha convertido al virus en un bicho difícil de entender e imposible de pronosticar

Fernando Martí / Cronista de la Ciudad

 

CANCÚN, Q. ROO.- Un profesor de la UNAM, en la carrera de Periodismo, solía decirnos que hay tres clases de personas: uno, los que hacen que las cosas pasen; dos, los que ven pasar las cosas; y tres, los que no saben ni lo que está pasando. El maestro insistía en que los reporteros, si bien raramente pertenecen al primer grupo, para informar y opinar tienen que esforzarse por no estar en el último.

Con la pandemia del coronavirus, tal recomendación es un encargo imposible. Es tal la cantidad de información que circula, son tan extremas las posturas, son tan contradictorios los estudios, tan opuestas las estrategias y tan extravagantes las declaraciones, que uno tiene que aceptar las más de las veces que el seso no alcanza para tanto suceso.

Algunas tiendas de autoservicio discriminan a personas de la tercera edad al prohibirles el acceso.

Agravan la confusión dos ingredientes muy ruidosos. Primero, las mentiras de los políticos. Por la razón que sea (supervivencia política, cálculo electoral, control mediático, imagen personal, simple y llana ineptitud), todos manipulan las cifras de manera escandalosa, mientras buscan a quien echarle la culpa. La otra calamidad, las redes sociales, que son un surtidero infinito de sandeces y boberías, el refugio favorito de la ignorancia.

En un terreno tan pantanoso, escribir sobre el coronavirus hasta parece inútil, pues cualquier verdad quedará sepultada por un alud de falsedades, exageraciones y vacuidades. Por ese camino, se puede llegar a la conclusión de que el coronavirus no hay que entenderlo: más bien hay que pensarlo, verlo con los ojos de la intuición, sentirlo con la piel de la emoción, porque aunque no sepamos cómo ataca y cómo mata, el infeliz bicho nos está mostrando mucho de quiénes somos y qué queremos.

 

DOMINGO, 19 DE ABRIL

Tomando todas las precauciones del manual (tapabocas, desinfectante, guantes), voy hasta el Superama de la Bonampak para comprar algunos víveres, pero me espera una sorpresa: no me dejan entrar. Con un altavoz, el guardia de seguridad me pide que me retire, explicando que “por disposición oficial” queda prohibido el ingreso de adultos mayores y mujeres embarazadas.

No sé si la disposición es “oficial”, pero sí es, además de un disparate, abusiva y discriminatoria. Es claro que intenta proteger a dos segmentos vulnerables, pero hace exactamente lo contrario: los excluye. En las actuales circunstancias, no creo que ningún anciano o mujer grávida vaya al súper por diversión: acuden por necesidad, porque es lógico pensar que no tienen a quien mandar.

Por ese camino, al rato nos vamos a encontrar con que los mayores no pueden ir al cine, o sentarse en un restaurante, o subirse a un avión, y no porque estén infectados (entonces sí sería lógico), sino para evitar que se contagien, como si fueran párvulos que no saben que existe un peligro. Perdón, pero ya estamos grandecitos…

Es posible que la posibilidad de contagio dure meses, incluso años (no lo sabemos). Y también es posible que ir al súper o al cine, comer en un restaurante o subirse a un avión, implique un riesgo para los mayores. Pero deben ser ellos, y sólo ellos, quienes decidan si corren el riesgo.

Donald Trump, visión de pasado mañana.

LUNES, 20 DE ABRIL

Como bien sabíamos, el Covid-19 atropelló las celebraciones del 50 Aniversario de Cancún, pero no el ánimo de muchos ciudadanos que, desde la medianoche, circularon mensajes de felicitación y de esperanza. Las tradicionales mañanitas en Palacio, una costumbre que ya echó raíces, esta vez tuvieron que ser electrónicas, con la sorpresiva excepción de un grupo de policías municipales que, armados con guitarras y tapabocas, llevaron la serenata a Playa Delfines .

La celebración del cumpleaños de Cancún, con fecha simbólica del 20 de abril, ha tomado una fuerza que tiene pocos paralelos en México. Lo he dicho mil veces: los cancunenses adoran su ciudad, y sienten su fecha de llegada como un renacimiento, como el inicio de una nueva vida. También, en mayor o menor grado, sienten que participaron en su historia, unos pocos porque llegaron a fundarla, pero muchos más porque la tuvieron que reconstruir después del Gilberto y del Wilma. Quienes alegan que en Cancún no hay identidad ni arraigo, me parece que ignoran este dato.

Como nunca, quizás por la crisis sanitaria, los periódicos le dedicaron mucho espacio a la efeméride, con profusión de fotos que se han vuelto del dominio público. Me gustó ese despliegue, síntoma del amor a la patria chica, aunque me decepcionó la falta de rigor en los datos de algunos reportajes. Aunque lo queramos mucho, es un despropósito decir que Rafael Lara fue el autor de las primeras obras, pues cuando él llegó (por cierto, después del 20 de abril), ya Daniel Ortiz había abierto varios frentes. Aunque lo queramos bastante menos, es otro desatino escribir que Carlos Cardín fue fundador de Cancún, ya que ni siquiera lo fue de la agrupación que preside, aunque se llama Fundadores.

Más allá de quítame estas pajas, qué bueno que haya prevalecido la emoción en el cumpleaños 50 de Cancún. Ojalá nos dure un rato y la plaga nos permita celebrar en forma, aunque sea en lo que resta del año.

Darán 36 horas de cárcel a quien no acate medidas por emergencia sanitaria.

 

MARTES, 21 DE ABRIL

Después de algunas semanas de advertencias, el Gobierno Federal decide decretar la Fase 3 de la pandemia. Lo único que eso significa es que entramos a una etapa de contagios acelerados, que va a subir el número de enfermos y de muertos, y que ahora así hay que quedarse en casa.

La Federación insiste que el confinamiento debe ser voluntario, por convicción personal, pero algunos estados se aceleran y anuncian que impondrán sanciones a quienes circulen sin un buen pretexto. Tristemente, el gobierno de Quintana Roo se va con la finta y decreta que procede un arresto administrativo de 36 horas a los infractores. Es una medida hueca, poco meditada, sin brújula. Ningún gobierno, ni el nacional ni el estatal, ha dejado en claro que significa actividades esenciales, dando un amplio margen a la interpretación personal.

Si salir a comprar alimentos es esencial, todos tenemos un buen pretexto, todos podemos andar en la calle. (Entre paréntesis, hay países que controlan ese tráfico y no parece tan difícil hacerlo: antes de salir de compras tienes que avisar a un número telefónico o registrarte en una página web, dar la hora, decir a que súper vas, y reportarte cuando regresas; si te agarran sin el número de reporte, te remiten, y entonces sí, arresto y multa. Con tantos funcionarios y empleados municipales recluidos en sus casas, sin mucho qué hacer y cobrando su sueldo, se antoja más que posible armar un operativo semejante).

Como sea, la amenaza del arresto me recordó un video que circuló en redes sociales hace dos semanas, quizás un poco más. En pantalla, en actitud intimidatoria, aparece el secretario de Seguridad Pública del Estado, Albero Capella, quien se dirige a la ciudadanía para advertir que, por instrucciones del gobernador y de acuerdo con la alcaldesa, sus fuerzas van a proceder a clausurar, “con acciones muy determinantes”, todos los negocios de Cancún “que no tienen ninguna naturaleza de mantenerse en operación”.

Tras dar la hora (13.55), el comandante amenaza: “Tienen escasos 20 minutos esos negocios para cerrar por voluntad propia, o si no van a ser cancelados con todas las consecuencias”. Y remata: “¡sobre aviso no hay engaño!”

Hasta donde entiendo, Capella fue contratado para desarticular los cárteles de la droga y encarcelar a los delincuentes. Todo parece indicar que no hizo bien su chamba, puesto que ahora lo ponen a cerrar comercios y amedrentar transeúntes, mientras los capos mantienen en un puño a la ciudad.

Aparte del coronavirus, ahora tengo otro apuro: mañana, cuando vaya al pan, ¿si me cacha Capella me meterá al bote?

Cocodrilos, el llamado de la naturaleza.

MIÉRCOLES, 22 DE ABRIL

No entiendo que los medios de comunicación mexicanos le presten tanta importancia a los desatinos de Andrés Manuel, los exabruptos de los gobernadores o las cuentas opacas de López-Gatell, mientras le dedican poco espacio y atención a la evolución de la pandemia en Estados Unidos, como si se tratara de un país ajeno o distante.

Más allá de cómo manejemos la crisis en México, las peores secuelas del Covid- 19 pueden venir de allá. Si los Estados Unidos entran en recesión –y los expertos pronostican que así será–, México va a pagar caro las consecuencias, pues ese país nos compra las dos terceras partes de lo que exportamos y nos manda las dos terceras partes de los turistas que recibimos.

Eso sin contar con que el presidente Donald Trump, en campaña de reelección, le vuelva a atizar a México. Hoy anunció que se suspende la migración por dos meses (aunque luego se supo que sólo se trata de la entrega de “green cards”, lo que tendrá un mínimo efecto). Pero sí pueden tenerlo otras, como la prohibición de entregar ayuda humanitaria a los indocumentados (que son millones), la imposición de aranceles a las exportaciones mexicanas (cuyo efecto ya conoce), o la prohibición de viajes al exterior (que para Cancún sería letal).

Mientras eso sucede, hoy en día se anunció en Ciudad de México que el canciller Marcelo Ebrard será el coordinador de la reconversión hospitalaria (!!), es decir, la adaptación de escuelas y estados como sanatorios. Enhorabuena!

 

JUEVES, 23 DE ABRIL

Mirando Fox News, que transmite íntegra la conferencia diaria de Donald Trump, un comercial atípico (en los tiempos del Covid) me llama la atención. Las imágenes muestran playas cálidas y desiertas, albercas sugerentes, palafitos íntimos bajo el sol tropical. Todo el tiempo, aparece en pantalla el logotipo del hotel, The Sandals, una cadena especializada en lunamieleros y enamorados que tiene instalaciones en Jamaica, Bahamas, Santa Lucía y otras islas del Caribe. En el escenario, una sucesión de parejas juguetea y coquetea, traspirando deseo. En la mitad de los casos se trata de hombres mayores que interactúan con mujeres veinte o treinta años más jóvenes: esa empresa conoce su clientela.

Cerca del final, el botones del hotel abre unas puertas, dando la bienvenida, mientras una voz en off exclama: “whenever you’re ready, ¡we’ll be waiting for you!” (cuando estés listo, ¡te estaremos esperando!).

El anuncio cierra con una dirección de correo electrónico (sandals.com), y una oferta tentadora: hasta 65 por ciento de descuento en tarifas habituales.

El refrán es correcto: al que madruga, Dios lo ayuda.

 

VIERNES, 24 DE ABRIL

El israelí Yuval Harari se cotiza alto en el mundo de los gurús del futuro. A partir de la publicación de su primer libro, Sapiens: de animales a dioses (al que luego siguieron Homo Deus y 21 lecciones para el Siglo XXI, todos publicados por Debate), figura en la lista de asesores de muchos líderes mundiales (Barack Obama, Ángela Merkel, Mark Zuckerberg, Bill Gates), lo cual lo ha convertido en un líder de opinión difícil de ignorar.

Ahora, con el coronavirus, Harari tiene poco que decir, pero lo dice muy fuerte: el riesgo principal de la pandemia sería el surgimiento de gobiernos autoritarios que, con el pretexto de controlar este brote (u otros que pudieran surgir), impongan a los ciudadanos controles sanitarios obligatorios, en forma de dispositivos electrónicos, que también servirán para rastrear sus movimientos o moldear su conducta.

No es mala idea aprovechar el encierro para darle una revisada a sus textos. Los libros no están disponibles en Cancún (hay que pedirlos), pero el periódico La Vanguardia publicó “El mundo después del coronavirus”, que se encuentra en https://www.lavanguardia.com/internacional/20200405/48285133216/yuval-harari-mundo-despues-coronavirus.html. Otra vía es escribir el nombre del artículo en el buscador, la palabra Harari, y ya está.

 

SÁBADO 25 DE ABRIL

Trump está pensando en pasado mañana: las elecciones de noviembre. Ángela Merkel, quien lleva 15 años en el poder (!), le está apostando al futuro. La canciller alemana, que tiene el reconocimiento mundial por el manejo de la crisis y un rating de aprobación del 80 por ciento, ha puesto la ciencia por delante y mandó a hacer el muestreo más extenso emprendido hasta este momento a nivel global, consistente en analizar cada mes, durante un año, los resultados de tres mil ciudadanos residentes en Munich, para entender cómo se propaga la enfermedad.

Merkel entiende de ciencia; estudió física en la universidad y durante una década estuvo en la nómina de la Academia de Ciencias de Berlín, como investigador titular. De acuerdo a su óptica, lo que se necesita es información: millones de tests para conocer la realidad (2 millones hasta abril 22; México ni siquiera incluye ese dato en las estadísticas, pero se estima inferior a 40 mil), y estudios controlados para entender qué pasó, y en todo caso, qué podría volver a pasar.

Ahí va pues, otra lectura para el encierro: “With broad, random tests for antibodies, Germany seeks path out of lockdown”, disponible en https://www.nytimes.com/2020/04/18/world/europe/with-broad-random-tests-for-antibodies-germany-seeks-path-out-of-lockdown.html. La buena noticia: con los resultados preliminares. Merkel ya empezó a abrir la economía.

 

DOMINGO, 26 DE ABRIL

Después de ver en televisión tlacuaches en los lobbies de los hoteles, coatíes en las tumbonas de las albercas, y un jaguar en los pasillos del Bahía Príncipe, ahora le tocó el turno a los vecinos del Canal Sigfrido que, ante la falta de tráfico de barcos, vieron tomar posesión de su playa a un cocodrilo.

Todo estas apariciones me recordaron una novela del cubano Alejo Carpentier, “Los pasos perdidos” (que enfáticamente recomiendo), que inicia con un golpe de Estado en una república bananera. Confinados en un hotel, pero con los servicios cortados, sin agua y sin luz, los protagonistas son testigos de la progresiva invasión de la fauna local, que empieza a salir por las tuberías y entrar por las grietas, reclamando lo que por derecho le corresponde.

El bicho del Canal Sigfrido no es muy grande, si acaso unos dos metros, quizás no bastantes para atacar a un adulto, pero sí suficientes para engullir una mascota.

¿Tendrá hambre?

 

*Comentarios, sugerencias y críticas a esta columna son bienvenidas al correo coronaviruscancun2020@gmail.com.