Luce Chetumal ‘herida’ por Covid

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  • Con circulación mínima de vehículos, reducida hasta 90 por ciento Chetumal es una ciudad herida por los embates del Covid-19.

RUBÉN TORRES

CHETUMAL, Q. ROO.- Aires de mayor pasividad a la normal; circulación mínima de vehículos, reducida hasta 90 por ciento, así luce Chetumal, sede de los Poderes del estado. Es una ciudad herida por los embates del Covid-19.

Las autoridades volvieron a aplicar la ley y el orden y endurecieron las medidas sanitarias, pues Othón P. Blanco tiene 18 afectados y 4 decesos.

Hace siete días se había roto el orden, los chetumaleños volvieron a las andanzas para hacer valer el señalamiento de que son “la mayor cantina ambulante” de Quintana Roo los fines de semana.

Llegó el regaño del gobernador Carlos Joaquín González y del secretario de Seguridad Pública, Jesús Alberto Capella Ibarra.

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Los filtros por la única entrada y salida a Chetumal son exhaustivos; los elementos preventivos estatales, con apoyo de las secretarías de Marina (Semar) y Defensa Nacional (Sedena), revisan que conductor y ocupantes lleven cubrebocas. De no ser así, les piden dar vuelta y regresar. La salida es menos rigurosa.

Al ingresar, la quietud sorprende en este municipio de 16 mil 005 kilómetros cuadrados, con 164 mil 812 chetumaleños.

Con el “blindaje” de la ciudad, los edificios de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial sólo la hojarasca y las aves ocupan la explanada y son casi nulos los seres humanos.

La explanada de la bandera, donde se realizaban jolgorios cada fin de semana antes de la llegada de la pandemia; los inmuebles de las universidades; el obelisco; la torre del reloj; el café “Don Queque” o “Del Puerto”, donde siempre hay animosidad, hoy permanecen cerrados.

Al tomar la avenida principal Othón P. Blanco, con rumbo a las calles Montevideo, boulevard Bahía, Rafael E. Melgar, Álvaro Obregón, Benito Juárez, General Anaya, entre otros, la presencia humana es mínima. No se oye ladrar ni se ve el caminar de los perros. Sólo el abandono en una capital en calma.

Sólo el viento acaricia la bandera de la explanada, limpia las hojas caídas en una placa que, desde hace casi 25 años, es testimonio de lo que está hecho Quintana Roo, tal y como se lee aún en letras desgastadas, ubicada frente a la esfinge del “Pescador”.

La placa dice. La Fuerza de Janet:

“Cuando la nación entera lamentaba la destrucción de Chetumal, la noche del 27 de septiembre de 1955, al paso del huracán Janet, los sobrevivientes descubrieron con asombro una singular e increíble demostración de las fuerzas de la naturaleza.

“Una tabla impulsada por el viento encontró a su paso un recio poste de alumbrado público y penetró en su centro sin mayor dificultad. La presente es una réplica de aquel suceso, que de inmediato fue motivo de una creciente celebridad”.

(Chetumal. Q. Roo, a 27 de septiembre de 1999. XXV Aniversario del Estado Libre y Soberano de Q. Roo. Fco. Bautista).

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