Bonanzas en el mar que nadie puede disfrutar ni aprovechar

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  • Luego de tres o cuatro semanas de encierro, la realidad se empieza a volver distante, irrelevante, opaca…

Fernando Martí / Cronista de la Ciudad

Para los amantes de la pesca deportiva, los meses de abril y mayo son conocidos como la época de las bonanzas. Todavía no empiezan en Cancún los vientos del sureste, que predominan en verano y otoño (la temporada de huracanes), y ya acabaron los nortes que vienen del Ártico, de modo que el mar, dicen los marineros, se pone plato, tan plato que hay días que ni siquiera se forman olas.

En alta mar es espectáculo digno de verse ese océano convertido en estanque, que apenas se hincha unos centímetros por el efecto de las mareas. Si a eso añadimos que coincide con la época de secas, con cielos por completo despejados, las bonanzas son una sucesión de días luminosos y cálidos, ideales para ir a la playa, óptimos para salir al mar.

Contribuye a tanta felicidad otra circunstancia. Cancún se encuentra situado frente a un mar cálido y poco profundo, escaso en especies de anzuelo. Para capturar una pieza mayor, hay que alejarse unas doce millas de la costa, hasta donde termina la plataforma continental e inician las grandes profundidades del Atlántico. A lo largo de ese escalón geológico, por así decirlo, viaja de sur a norte un río marino, en el argot llamado la corrientada, que también acarrea, precisamente en abril y mayo, las especies que enloquecen a los fanáticos: los dorados, los atunes, los bonitos, los petos, y el trofeo máximo, los picudos, es decir, los marlín y los vela que antaño se disecaban para colgarlos en la pared (ahora se sueltan).

No necesito decir, todos lo sabemos, que este año las bonanzas han sido perfectas, de tarjeta postal. Lo malo es que han sido inútiles: cautivos entre cuatro paredes, tensos por el encierro, angustiados por las noticias, nerviosos por el colapso financiero, hartos de ver televisión, este clima de ensueño es una extravagancia, un regalo inservible y cruel.

Luego de tres semanas de prisión, cuatro en muchos casos, tal vez nos empieza a pasar lo que a los presos de verdad. Volteamos hacia adentro, como el único lugar al que se puede mirar, y el mundo nos empieza a parecer distante, opaco, irrelevante. La única noticia que nos importa es el Covid, ese juez implacable y esquivo que decidirá sobre nuestra libertad.

LUNES, 27 DE ABRIL

Tal vez el arresto domiciliario ya me licuó los sesos, pero por esta ocasión voy a estar cien por ciento de acuerdo con Andrés Manuel: el gobierno no tenía por qué avalar el crédito de 12 mil millones de dólares que, en teoría, consiguió para las Pymes el Consejo Mexicano de Negocios.

Siendo francos, el Fondo Monetario autorizó ese monto por el buen crédito que tiene México. Gobiernos van y vienen, cada uno peor que el anterior, pero la deuda externa se ha cubierto con puntualidad. Ante tanta solvencia, el FMI y similares (que hacen negocio prestando dinero), llevan ya muchos meses insistiendo que el país se debe endeudar.

Necio en este tema (como en todos), AMLO ha repetido hasta el cansancio que no contratará deuda. Y a eso equivalía avalar esta operación, que iba a quedar inscrita en los libros contables como deuda soberana de México, y que el gobierno iba a terminar pagando, porque el riesgo es muy alto (muchas empresas pueden quebrar y no pagar), las posibilidades de transa son múltiples (remember Fobaproa), y la cobranza judicial es imposible (no es rentable meter abogados por créditos tan pequeños).

Durante sexenios, la cúpula empresarial pidió a gritos que el país no contratara deuda. Y hoy, cuando el inquilino de Palacio está terco al respecto, exige exactamente lo opuesto. Que alguien me explique…

MARTES, 28 DE ABRIL

En el webinar del día, la secretaria de Turismo Marisol Vanegas explica los planes que tiene el gobierno del Estado para la recuperación turística (por cierto, con cero concurrencia y apoyo del gobierno federal). Su oficina y el Consejo de Promoción, de Darío Flota, han hecho un trabajo exhaustivo sobre la posibilidad de atraer turistas, país por país, y en el caso de Estados Unidos, estado por estado

Destacan tres puntos en su mensaje. Primero, que habrá un certificado sanitario para las empresas turísticas (muy bien), pero que éste será voluntario (muy mal), una especie de auto-calificación obtenida en línea, sin inspecciones de parte de la autoridad. Ese mecanismo no tiene el rigor que demanda la gravedad de la crisis.

Dos, que no bajarán las tarifas de Cancún (jeje). No deberían perder el tiempo haciendo esas proclamas. En todas las crisis anteriores (el Gilberto, las Torres Gemelas, el Wilma), los hoteleros han llevado a la mesa la promesa de no romper tarifas, promesa que no han respetado ni 24 horas. Ya deberíamos saber que las tarifas las fija la oferta y la demanda, no las buenas intenciones.

Por último, a pregunta expresa, Vanegas suelta un dato estremecedor. Según sus cálculos, si no hay un rebrote importante de la epidemia en el otoño, la ocupación hotelera de diciembre será del 50 por ciento. Eso significará la quiebra para cientos de empresas (que no podrán aguantar tanto) y el desempleo de miles de trabajadores (que quizás migren).

¡Qué difícil la tienen Marisol y Darío! Deben hablar de esperanza y optimismo cuando, como Churchill, lo único que tienen para ofrecer es sangre, sudor y lágrimas.

MIÉRCOLES, 29 DE ABRIL

Una conversación telefónica con Víctor Alcérreca, director del Consejo Estatal de Ciencia y Tecnología, me deja perplejo: ahora podría ser que el coronavirus no mata de neumonía, como nos juró y nos perjuró López-Gatell, sino que el bicho tiene la capacidad de colapsar el sistema vascular (los vasos sanguíneos), provocando trombosis a escala molecular. Si bien lo primero que afecta son los pulmones, que son órganos muy sensibles, la falla termina siendo sistémica (de ahí que tengan tan poco efectividad los ventiladores).

Alcérreca, que tiene la mente estructurada de un científico, se toma con toda  seriedad las autopsias en serie que hicieron los italianos, un estudio que ya se hizo famoso en todo el mundo. Después de hacer muchas tarugadas, explica, adoptaron un método riguroso, para determinar la causa real de la muerte. La sorpresa fue esta especie de trombosis y la buena noticia es que, de comprobarse los hallazgos, el Covid podía ser tratado con medicamentos convencionales: anti-coagulantes y anti-inflamatorios, que si bien no combaten directamente el virus, sí evitan que te mate (mientras tu sistema inmunológico crea anti-cuerpos).

Eso puede significar que no tengamos que esperar una vacuna, pero hay que irse con pies de plomo, porque hay un carrusel de noticias “científicas” en torno a las curas milagrosas. Esta misma semana, en 48 horas, la RDA americana aprobó el uso de una droga experimental, Remdesivir, alegando que permite una recuperación más rápida de los enfermos (tampoco es una cura), lo cual contradice las conclusiones de una investigación china. También en la semana, parece que le quedó claro a Donald Trump que la hidroxicloroquina no funciona, aunque nunca se retractó de sus dichos. Lo cierto es que, para quien no entiende de ciencia, procesar ese alud de noticias es un tobogán emocional.

No es el caso de Alcérreca, que hasta disfruta tratando de entender los enigmas del Covid-19. Y de paso, ha visto en la emergencia una oportunidad: teniendo a la gente encerrada en casa, diseñó un intenso programa de divulgación científica, que incluye conferencias, seminarios, talleres, clases en línea, visitas virtuales, y hasta lectura de cuentos para entretener a los chamacos. En línea, el planetario de Cancún está más activo que nunca.

Volviendo al tema del Covid, le pregunto a Alcérrera cómo es posible que tres meses después del inicio de la pandemia, aún no sepamos bien a bien de qué se trata. La ciencia tiene sus tiempos, apunta lacónico.

JUEVES, 30 DE ABRIL

Un nieto de los arquitectos Agustín y Enrique Landa, de nombre Pablo Landa, ha querido aprovechar el 50 Aniversario de la fundación de Cancún para honrar la memoria de sus abuelos. Con ese propósito, mandó elaborar un par de historietas tipo cómic, una llamada “Bienvenidos a Cancún”, la otra ¿”Qué es una súper-manzana?”, que por medio de viñetas cuentan los orígenes de nuestra ciudad.

Es una iniciativa loable, ya que recurre a un lenguaje fácil de comprender (los dibujitos), y cumple el propósito central de honrar a las forjadores de Cancún, que no deben quedar en el olvido. El despacho de los Landa fue el encargado de diseñar la primera traza urbana de Cancún, lo mismo que el plan maestro de la zona hotelera, tareas que ejecutaron en forma directa el jefe de proyectos de la firma, Javier Solórzano, y su segundo de a bordo, Juan Meza. Muchos de los croquis del Cancún original ostentan la firma del despacho, una prueba irrebatible de sus aportaciones al proyecto.

Pero al nieto se le pasó la mano. Con ganas de adornar a sus parientes, los presenta como los principales protagonistas de la génesis de Cancún, al afirmar que participaron en la elección del sitio (lo mismo que Ixtapa, Los Cabos, Loreto y Huatulco), que hicieron el plan maestro (lo cual es cierto), que diseñaron el primer hotel (el Cancún Caribe, algo bastante dudoso), y que “probaron que los sueños se pueden hacer realidad”, como si no hubieran trabajado por contrato y la idea fuera suya.

El texto es injusto con Solórzano (lo citan de pasadita), con Meza (lo ignoran), y es hasta ofensivo con Ernesto Fernández Hurtado, el auténtico autor intelectual del programa de ciudades turísticas del Banco de México, y con toda probabilidad el funcionario que contrató al despacho Landa (ni lo mencionan). Aparte de eso, la narrativa contiene algunas falsedades históricas, como que en abril del 70 se colocó la primera piedra (!), o que la ciudad se empezó a poblar ese mismo año (antes de que existiera).

La intención del nieto, sin embargo, es transparente: desea que la ciudad le dedique una plaza a la memoria de sus parientes, e incluso ya eligió el sitio: el estacionamiento municipal que se encuentra en avenida Nader, junto al galerón de Fonatur. No me parece mala la idea: el despacho Landa tuvo una actuación notable en el arranque, y los nombres de Agustín y Enrique deben perpetuarse, sin exagerar los alcances de su participación.

Algo similar habría que decirle a la agencia de noticias Reportur, que con idéntico propósito publicó una lista intitulada “Los 50 líderes que más influyeron en el éxito de Cancún estos 50 años”. No quisiera opinar sobre los méritos de los personajes incluidos, pero esa relación de nombres es un disparate, que no cita a uno sólo de los fundadores de la ciudad.

Dicen que la historia la escriben los vencedores. Es cierto, pero también ponen su granito de arena los ignorantes.

VIERNES, 1 DE MAYO

De los cientos de videos que circulan sobre el Covid-19, me llegó uno que destaca por su sentido común. Es una extensa entrevista con el doctor Francisco Moreno Sánchez, jefe de Medicina Interna del ABC de México, donde se contesta una pregunta clave: si estoy enfermo del coronavirus, ¿cuándo tengo que ir al hospital?

Para empezar, el médico asegura que todos los enfermos, y sobre todo los de grupos de riesgo (mayores, diabéticos, hipertensos), tienen que tener definido un plan de acción: saber a qué hospital van a ir, quién los va a llevar, tener lista la maleta, y sobro todo, estar seguro que los van a admitir. Antes de la pandemia, escuché historias tétricas de pacientes graves que, al llegar a un hospital de Cancún, se enteraron de que su seguro no era válido, y con todo y crisis nerviosa tuvieron que peregrinar en busca de cama. Así que mejor checar antes si aceptan tu seguro, si tienes que dejar un depósito y de cuánto, si el límite de crédito de tu tarjeta cubre el monto, o si hay que llevar efectivo. Obvio, no quieres discutir esas cosas cuando un pariente tuyo tiene problemas para respirar…

Pero hay otra pregunta crucial: ¿cuándo ir al hospital? Moreno Sánchez dice que la gran mayoría de los pacientes pueden superar la enfermedad en casa, sufriendo una o dos noches de fiebre alta, un intenso dolor de cabeza y de cuerpo, y tal vez, algo de jadeo. También dice que esa situación se puede agravar en cuestión de horas, pero que muchos pacientes, temerosos de ir al hospital y contagiarse de algo más, esperan demasiado: cuando llegan están graves, en peligro de muerte, y hay que intubarlos de inmediato.

Entonces, ¿cuándo? La respuesta es muy simple: cuando el nivel de oxigenación baje del 90 por ciento. ¿Y cómo te enteras de eso? Muy fácil: vas a la farmacia, compras un aparato de pilas que se llama oxímetro (hay muchos modelos, cuestan entre 600 y 1000 pesos), colocas el dedo o la mano en su interior (sin piquete), y puedes leer la oxigenación de la sangre. Y si es menos de 90 por ciento, te vas al hospital.

La otra pregunta es, ¿por qué nadie nos dice nada de esto?

SÁBADO, 2 DE MAYO

Agresiva y oportuna, la Asociación de Hoteles de Cancún se lanza a la guerra de tarifas, con el anuncio de una promoción llamada “Come 2 Cancún (Ven a Cancún)”, ofreciendo paquetes turísticos al 2×1. Es una jugada inteligente, que entiende que la competencia no está adentro, sino afuera, y tiene el atractivo adicional de que puede presentarse como una promoción, pues la tarifa sigue siendo la misma. Roberto Cintrón y Carlos Gosselin prometen que la campaña estará lista el 15 de mayo, y sostienen el 1 de junio como fecha de apertura de la zona hotelera.

A ver si jala, pues todavía hay demasiadas incógnitas en el aire: el miedo a subirse a un avión (sería el colmo contagiarse ahí, después de tanto encierro), el dinero que tendrá la gente para viajes, y la nada remota posibilidad de que el gobierno federal siga estirando el quédate en casa. Pero, por lo pronto, los hoteleros ya mostraron que traen puestas las pilas.

*Comentarios, sugerencias y críticas a esta columna son bienvenidas al correo coronaviruscancun2020@gmail.com