Pandemia, entre verdades y mentiras

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Quedarse en casa, ¿habrá sido la estrategia correcta para combatir la propagación del coronavirus?
  • Emocionalmente, el coronavirus se puede combatir de dos maneras: tratando de saber o negando su existencia

 

Fernando Martí / Cronista de la Ciudad

CANCÚN, Q. ROO.- Han pasado cuatro meses y medio desde que China anunciara, el 31 de diciembre, del primer caso de coronavirus. Desde entonces, han enfermado más de cuatro millones de personas y han muerto poco más de 300 mil, pero esas cifras podrían dispararse, pues la pandemia aún no ha impactado las regiones peor comunicadas (y también, menos preparadas) del planeta.

Más allá de la hecatombe sanitaria, el virus obligó al cierre de la economía global, dando pie a una crisis sin precedentes que afectará a cientos de millones de personas. Las estimaciones hablan de una contracción del cinco al siete por ciento del Producto Interno Bruto en los países ricos, pero el efecto dominó la hará más intensa en los países pobres, que habrán de enfrentar un panorama catastrófico.

Mientras el mundo se desmorona, la comunidad científica está concentrada en averiguar, de manera frenética, cómo controlar el flagelo. Todos los gobiernos del mundo, y todos los laboratorios privados, y todos los organismos vinculados a la salud, se afanan por encontrar una vacuna, o una cura, o un modelo de contención, o una secuencia genética, por saber cómo mata el bicho, cómo se pega, cómo se propaga, si crea inmunidad o repite, si habrá un rebrote en el otoño, si el virus está mutando a nuevas cepas.

Las respuestas son parciales y están llenas de dudas. Es lógico: se trata de una nueva enfermedad, antes no existía. Tal vez cuando esto pase, dentro de algunos años (quizás muchos años), podamos ver con claridad dónde nos equivocamos, qué precauciones fueron inútiles, qué expertos estaban equivocados, qué tratamientos no sirvieron, qué predicciones fueron erradas. Por lo pronto, tenemos que aceptar que la ciencia tiene sus límites, y que si bien ya se sabe mucho del virus, y se sabe cada día más, todavía hay muchas cosas que ignoramos (y que nos pueden sorprender).

Frente a esa incierta realidad, a lo largo y ancho del mundo existe un grupo heterogéneo que no comparte esa visión. No están en un país sino en todos, no profesan una religión sino muchas, no son necesariamente pobres o ignorantes, ni jóvenes o viejos, ni progresistas o conservadores. Lo único es que sí son muchos y han llegado a una conclusión unánime: el virus no existe.

Algunos aseguran que se trata de un ardid del gobierno, para controlar más y mejor a la gente. Otros, que se trata de un complot al más alto nivel, una maniobra de la cúpula secreta y anónima que controla a los gobiernos, que quiere establecer un gobierno mundial. Por acá, te dicen que es una estrategia económica, de la cual los ricos saldrán más ricos y los pobres saldrán más pobres (eso ya estaba pasando sin Covid-19). Por acá, que el objetivo final es robotizar a la gente, controlar todos sus movimientos a través del terror.

Sea cual sea la hipótesis que prefieran, los miembros del grupo tienen una certeza: ellos sí saben…

Ellos no abrigan dudas, ellos sí están seguros de qué va la cosa. ¡Qué envidia!

La ciencia tiene sus límites, y si bien ya se conoce bastante sobre el Covid-19, todavía hay muchas cosas que ignoramos.

DOMINGO, 10 DE MAYO

Pese a la amenaza de muerte anunciada y de fuego eterno, los mexicanos no pudieron resistir el llamado del deber y salieron a festejar a sus mamacitas. Hubo que abjurar de la sana distancia y removerse el tapabocas en la comida familiar, pero no había remedio: la celebración de la autora de los días tiene carácter sacrosanto.

Casi todos los cementerios estuvieron cerrados, pero no los puestos de flores de la entrada, que tuvieron como clientes a los despistados. Algunos llevaron hasta mariachis, sobre todo en los pueblos, donde el coronavirus tiene una presencia más bien fantasmal.

Todo eso puede atribuirse a la proverbial indisciplina del pueblo mexicano, una circunstancia más bien estorbosa en la actual pandemia, donde el orden y la obediencia civil se suponen cruciales, dado los resultados preliminares de otros países que, mal que bien, han podido domar al bicho. Los casos paradigmáticos serían China (muy autoritario), Corea del Sur (muy eficiente) y Nueva Zelanda (muy estricto), que prácticamente han eliminado los contagios.

El reverso de la moneda serían los Estados Unidos, país que ha conseguido posicionarse como el más indisciplinado del mundo. Ahí la desobediencia civil la encabeza Mr. Trump, quien no tiene reparos en sugerir a su audiencia unos tragos de desinfectante, pero le hacen buena segunda los “tea party patriots”, con manifestaciones de protesta sin sana distancia en más de 40 ciudades, a donde acuden ataviados en fachas paramilitares, con un armamento que sugiere que están listos para la Tercera Guerra Mundial.

Menos radical, pero jugando en la misma cancha, la nota del día se la llevó un peluquero de Michigan, Karl Manke, quien abrió su local pese a la prohibición y, frente a las cámaras de televisión, dio un discurso que se puede sintetizar así: el gobierno no es mi madre, no va a decirme que me tengo que quedar en casa.

La verdad, junto a esta sedición tolerada, llevarle serenata a la progenitora no cuenta ni como pecado venial. ¿O sí?

Como fuera el Día de las Madres no pasó desapercibido en medio de la pandemia.

LUNES, 11 DE MAYO

Empieza la semana con una pésima noticia: la muerte del arquitecto Mario Cámara. Ya se temía el desenlace, pues tenía meses postrado por una enfermedad sistémica, pero, como bien decía el poeta Jaime Sabines, la muerte te sorprende aunque la estés esperando.

Traté mucho a Mario en el año 1996, cuando estaba preparando la primera edición del libro Cancún, el paraíso inventado, un recuento de la buena arquitectura que hay en Cancún. Vivía en una casa inexpugnable en Poktapok y tenía su estudio en lo alto de una torre de inspiración lombarda, toda pintada de blanco, una estructura asombrosa en las playas del Caribe mexicano.

Ahí revisamos varias veces el material fotográfico, y el ojo educado del arquitecto me hacía ver cosas que había pasado por alto. En sus ojos, el jardín cuadrado con un pasillo perimetral era una interpretación del claustro de un convento (Camino Real) una doble columnata se había inspirado en las termas romanas (Marriott), y un ángulo inclinado correspondía al diseño del Templo de las Inscripciones de Palenque (Oasis).

Coincidimos después en las cenas del Club del Puro, y más recientemente, en la Mesa de los Miércoles. De sonrisa franca y de risa escandalosa, también podía ser de palabras duras y de trato áspero, sobre todo a la hora de discutir. En las materias que dominaba (la arquitectura maya, por ejemplo) era difícil llevarle la contraria, pero era placentero y enriquecedor abrevar de su sabiduría. En resumen, un personaje que deja un hueco en la escena social de Cancún.

El ramo de la construcción, fundamental en Quintana Roo, será actividad esencial en el regreso a la ‘nueva normalidad’.

MARTES, 12 DE MAYO

Conforme pasan las semanas y se prolonga el encierro, hay una teoría que está tomando fuerza en la escena mundial, que puede ser buena noticia para Cancún, pero es pésima para los grupos vulnerables. Tiene que ver con la estrategia que adoptó México para combatir la pandemia que, para resumir, podemos sintetizar en dos conceptos: confinamiento inducido, distanciamiento forzado.

Esa óptica choca de frente con el modelo adoptado por Suecia, que de plano invierte los términos: no confinamiento, distanciamiento voluntario. Las escuelas y las oficinas nunca cerraron en ese reino nórdico, lo mismo que los restaurantes y las salas de concierto, aunque en estos últimos se marca una distancia prudente entre asientos, que la gente es libre de respetar o no.

Esa falta de precauciones podría ser la causa de que el número de muertes por Covid- 19, unos 3 mil 500 hasta el momento, sea diez veces mayor que la de sus vecinos, Noruega y Finlandia, pero no sirve para explicar por qué los contagios son menores que en el Reino Unido, en Alemania o en España (por cada 100 mil habitantes, desde luego).

La respuesta la tiene la eminencia gris detrás de la estrategia, que es algo así como el Doctor López-Gatell de Suecia, de nombre Johan Giesecke, un eminente virólogo que dirigió por diez años el Centro Europeo de Control de Enfermedades. La teoría de Giesecke es estremecedora: el coronavirus es como la gripe, hagas lo que hagas te vas a enfermar, y se va a morir quien se tenga que morir

En consecuencia, no hay que evitar los contagios, aunque sí hay que preparar el sistema de salud para los casos graves (que Suecia da por descontado, con una red de hospitales de primer nivel, pero México no). Según Giesecke, la epidemia no cederá hasta que se enferme el 98 por ciento de la población (mala noticia), aunque él sostiene que en el 95 por ciento de los casos la gente ni cuenta se va a dar (buena noticia). Ese proceso podría tomar un año en Suecia, pero dos o tres en las naciones que están evitando los contagios, como México.

Si la teoría de Giesecke es correcta, podría significar una rápida recuperación para los destinos turísticos tipo Cancún (aquí rápida significa el año que entra), con base en viajeros inmunes o de bajo riesgo, sobre todo adultos jóvenes para quienes la enfermedad no supone más que molestias pasajeras. Desde luego, la pandemia seguirá presente: algunos morirán, pero eso formará parte de la nueva normalidad, que supone que tendremos que compartir nuestra existencia con el virus.

El peor escenario lo enfrentan los grupos de riesgo, que en México se estiman en diez millones de mayores de 65 años, quince millones de hipertensos, y ocho o nueve millones de diabéticos (dejando de lado la obesidad, que afecta toda la pirámide de edades). No se puede hacer una suma directa, porque hay muchas personas que presentan las tres condiciones (López Obrador, por ejemplo, es mayor e hipertenso), pero una cosa parece segura e inquietante: tarde o temprano tendrán que salir a calle y tentar su suerte.

Quedarse en casa, ¿habrá sido la estrategia correcta para combatir la propagación del coronavirus?

MIÉRCOLES, 13 DE MAYO

El modelo sueco y sus predicciones están influyendo en la estrategia de muchos gobiernos, que de manera más o menos decidida se encaminan a la reapertura de la actividad económica. La consigna parece ser: vamos abriendo poco a poco, que se vaya contagiando la población, pero hay que tener bajo control los casos graves y las muertes.

Tiene sentido, porque los estragos económicos pueden volverse peores que los sanitarios. Además, si las cifras de Giesecke son correctas, estaríamos hablando de una tasa de letalidad muy inferior al uno por ciento, que no implica una amenaza de colapso para los sistemas de salud pública.

El miércoles, en la mañanera, le tocó exponer su plan a México. Confiado en el éxito de la estrategia inicial (el número limitado de contagios, y una red de hospitales y ventiladores que resultó sobrada), AMLO anunció un plan escalonado, pero confuso, donde se mezclan la demagogia pura (municipios de la esperanza) con un calendario más o menos detallado para el retorno.

En cuatro etapas de semáforo (rojo, naranja, amarillo y verde), se irá abriendo el país por regiones, aunque de seguro habrá confusiones, pues las regiones no están definidas, y el gobierno es muy malo para comunicar. Por lo pronto, tres ramos industriales (el automotriz, la minería y la construcción, el último crucial para Quintana Roo), se definieron como actividades esenciales, y van a volver al trabajo, sin que se hayan definido protocolos de seguridad.

En resumen, esto se va pareciendo un poco al modelo sueco.

 

JUEVES, 14 DE MAYO

Ayer, el gobernador Carlos Joaquín debutó en la mañanera, con un mensaje conciso sobre la situación de Quintana Roo: 80 mil despidos, 8 millones de asientos de avión cancelados, 400 mil despensas repartidas y la curva de contagios en su máxima intensidad, lo que sugiere gran cautela para la reapertura.

Hoy, en un programa de televisión, fue mucho más explícito: los gobernadores supieron del plan de AMLO el día anterior, en reunión de Conago; el documento no contiene ninguna previsión para abrir la industria turística, pero es imposible esperar a que el semáforo esté en verde; de momento, no hay condiciones para reanudar la industria de la construcción, y en todo caso, se buscará hacerlo de manera conjunta con Yucatán y Campeche; la anunciada reapertura de hoteles y parques el 1 de junio está en veremos.

Buenos datos, que sin duda revelan lo que está pasando. Lástima que los suelten con cuentagotas y sin una estrategia metódica, porque así la gente ni se entera, y menos si se elige un medio como el canal oficial del gobierno, el SQCS, que ve muy poca gente. Con mucho éxito de comunicación (no digo que de otra cosa), Andrés Manuel en su mañanera, López-Gatell en su vespertina, Donald Trump en sus “briefings”, Fernando Simón en Madrid (portavoz de Sanidad), Álvaro Borrelli en Italia (homólogo del anterior), el primer ministro Justin Trudeau en Canadá, todos comparecen diario ante cámaras y micrófonos porque han comprendido que la mejor forma de controlar la crisis es comunicando.

En Quintana Roo, ¿es mucho pedir un informe diario, a una hora precisa, por una voz autorizada, con una visión global de la pandemia?

 

VIERNES, 15 DE MAYO

Tengo un amigo que estaba en Ámsterdam cuando empezó la pandemia, visitando a su hija. Decidió quedarse allá, porque lo sintió más seguro, pero nunca se imaginó un encierro de dos meses en un microscópico apartamento europeo, propio de recién casados, hecho más para malvivir que para convivir.

La semana pasada me transmitió su entusiasmo por el inicio de la apertura, y su deseo explícito de ir a celebrar a un restaurante. No tuvo suerte: por orden del municipio, todos los expendios de comida tienen que dejar metro y medio entre las mesas (descontando el espacio que requieren las sillas), de modo que la capacidad reduce a la mitad y hubo un auténtico tropel de reservaciones.

Este último requisito es interesante. Tienes que reservar y dejar tus datos de localización (tu número de teléfono, tu correo electrónico y tu cédula de identidad, o si eres extranjero, tu pasaporte) porque, en la eventualidad de que alguno de los clientes desarrolle la pandemia, la Policía debe tener la capacidad para ubicar a todos los comensales que pasaron por ahí los últimos catorce días, hacerles la prueba y, si da positivo, aislarlos.

Suena a medida de país organizado y contrasta con la laxitud anunciada para la reapertura de Cancún, donde cada establecimiento pondrá sus normas (autorizadas por el gobierno), pero ninguna incluye una estrategia para ubicar a tus vecinos de mesa. Un documento elaborado por Canirac para el retorno, Mesa segura, tiene cientos de recomendaciones sobre higiene y prevención, pero solo una línea para saber quién viene, pues de manera vaga recomienda fomentar sistemas de reserva en línea.

Cancún vive del turismo del primer mundo (80 por ciento entre América del Norte y Europa). Para recuperar su confianza, también tenemos que tener medidas de seguimiento del primer mundo.

 

SÁBADO, 16 DE MAYO

Mal, pero muy mal termina la semana (como empezó). Ayer, el gobierno de Quintana Roo iba a anunciar los requisitos (o los lineamientos) para obtener el certificado “Covid-free (que con toda seguridad no se llamará así). Pero nos quedamos con las ganas de saber cómo se llamará, y cuáles serán los requisitos, porque no hubo anuncio, ni explicación de por qué no hubo anuncio.

Eso no es comunicar, ni tampoco parece gobernar.

Cuando reabran los restaurante se requerirá algo más que sana distancia para prevenir contagios.