Alistan reapertura en Quintana Roo; ¿estaremos preparados?

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  • Cancún se prepara para abrir sus puertas a mediados de junio, cuando aún no está claro si los turistas podrán o querrán venir.

 

Fernando Martí / Cronista de la Ciudad

Diario del Coronavirus

CANCÚN, Q. ROO.- En Yucatán, sin apelación posible, los domingos se desayuna cochinita. Eso lo aprendí hace muchos años en un viaje de buceo al Banco Chinchorro, universo marino en 360 grados a la redonda, donde el único accidente que rompe la uniformidad del océano son las crestas apenas visibles de los arrecifes.

En ese paisaje líquido, a 40 millas de tierra firme, una mañana subí a cubierta para encontrarme con otro expedicionario que del fondo de su equipaje sacó un paquete tan oloroso como sospechoso, más sendas bolsas plásticas que contenían cebolla morada encurtida y salsa de chile habanero. ¿Cochinita?, pregunté incrédulo. ¿En Chinchorro? Pues claro, me respondió Manuel Chino Castro, ¡sí, es domingo!

Eso mismo debe haber pensado una dama de sociedad que vive en Poktapok quien, sometida al cautiverio del coronavirus, descubrió un terreno baldío donde había un hoyo franco, con las dimensiones adecuadas para preparar cochinita pibil de la buena, es decir, enterrada. Previo permiso del propietario, la señora preparó raciones del suculento plato, que con gran generosidad repartió el siguiente domingo entre los nostálgicos integrantes de la colonia yucateca.

Ahí hay un negocio, pensó uno de los beneficiarios. Tras pedir el permiso de rigor, pero en el mismo hoyo, el siguiente domingo empezó a producir la cochinita en serie, con tan buen tino que se le agotaron los 50 kilos de producción, colocados a 500 pesos unidad. Ahora, como el hoyo tiene capacidad limitada, toma pedidos por adelantado, y lo usual es que cierre las ventas con una semana de anticipación.

Ajá, dijo otra dama empresaria de la colonia, quien maneja un restaurante turístico en las lejanías de la ciudad. Y también sobre pedido, empezó a vender cochinita por teléfono, jurando que es enterrada y tan buena como la del hoyo local, pero a un precio mucho más accesible: 360 pesos kilo.

En resumen, para la colonia yucateca que vive en Poktapok, ha desaparecido uno de los motivos de agobio por el encierro del coronavirus. Felizmente, ahora tienen varias opciones para respetar el mandato que ordena que en Yucatán, los domingos, se desayuna cochinita.

Cochinita enterrada, abasto garantizado.

LUNES, 18 DE MAYO

Con un día hábil de retraso (prometida el viernes, publicada el lunes), las Secretarías estatales de Turismo y Salud publicaron la convocatoria para obtener un Certificado en Protección y Prevención Sanitaria en Instalaciones Turísticas, que funcionará como garantía de que los establecimientos turísticos han adoptado el protocolo del gobierno estatal (que con toda seguridad anunciarán como ‘Covid Free’, aunque no lo sea).

También hay un protocolo nacional (presentado por Sectur el miércoles 20), uno del World Travel&Tourism Council (WTTC, en la red desde el 13 de mayo), e innumerables protocolos privados, diseñados en su mayoría por cadenas hoteleras. Todos son muy parecidos en desinfecciones y lavados de mano, y también se parecen en que no son obligatorios, sino que cada establecimiento decidirá si lo adopta, y el gobierno certificará que lo ha hecho.

La secretaria Marisol Vanegas anunció el lunes que la meta era inscribir mil 600 negocios turísticos, pero el gobernador Carlos Joaquín informó en la semana que llevaban 2 mil 400 solicitudes y sumando. Queda claro que todo el Quintana Roo turístico estará exhaustivamente sanitizado en junio, con lo cual se procederá a abrir el arribo de turistas.

El gobernador se ve en control de la situación, por lo menos en el ámbito interno (aunque insiste en enviar sus mensajes a través de canales que nadie ve). Incluso, hay que darle algún crédito en el tema de las pruebas rápidas, que por fin la Federación autorizó que los estados las adquieran y las apliquen. Eso abre la posibilidad de filtros en el aeropuerto, pero la cosa dista de estar resuelta, pues hay un problema de abasto: no hay existencias en el mercado global y podrían pasar semanas antes de tener un proveedor confiable.

Carlos Joaquín, quien seguro está sujeto a presiones infinitas, ha fijado la reapertura para la primera quincena de junio, antes que cualquier otro destino. Es una jugada arriesgada: nuestro semáforo está en rojo, todo indica que así seguirá el 1 de junio, y nada garantiza que la curva nacional por fin se aplane (el pronóstico ya falló dos veces). El miércoles, anunció que peleará para que el turismo sea  considerado actividad esencial en Quintana Roo, pero eso significa mover el semáforo, cuando menos a naranja. La incógnita es si tendrá la suficiente fuerza e influencia para lograrlo ante el gabinete de salud, él solito, porque está visto que el titular de Sectur es un cero a la izquierda (y no da batallas ajenas).

Este no es el regreso luminoso que nos prometieron, tiene algo de incierto y prematuro. Muchas cosas pueden fallar: puede haber un rebrote y bastará con que un pequeño grupo de turistas se contagie en cualquier hotel, para que el destino en su conjunto pague las consecuencias. Además, aun cuando Cancún esté listo para recibir turistas, hay que averiguar si los turistas están listos para venir a Cancún. En estas circunstancias, no está de más cruzar los dedos y encomendarnos a la Santísima Virgen de Guadalupe.

Sanitización y desinfección, vitales para el reinicio de actividades turísticas.

MARTES, 19 DE MAYO

Una sobrina latosa, dueña de una curiosidad inagotable y de una impertinencia zumbona, de esas que vuelven locos a los maestros con preguntas sin respuesta, me habla para preguntarme si el encierro prolongado no debilitará nuestro sistema inmunológico. Aclimatados a la asepsia extrema que hoy rige nuestras vidas, pregunta la molestosa, ¿no nos pasará lo que a los gringos, que son víctimas de la  revancha de Moctezuma apenas ingieren cualquier taco? ¿No nos vamos a enfermar pronto y de cualquier cosa apenas salgamos de la prisión? ¿Estarán nuestros anticuerpos prevenidos después de tan larga vacación?

No sé qué decir. Le voy a preguntar a López-Gatell…

 

MIÉRCOLES, 20 DE MAYO

El ex presidente Felipe Calderón no se aguantó las ganas y, en medio de la pandemia, ha dado a conocer sus memorias de gobierno, que se llaman “Decisiones Difíciles”, un título demasiado parecido al libro del presidente americano George W. Bush, “Puntos Decisivos” (‘Decisive points’), con quien coincidió en el cargo. No parece el mejor de los momentos, con las librerías cerradas y las lecturas públicas en suspenso, pero habrá que anotar su nombre en el grupo de presidentes que han hecho públicos sus recuerdos, entre otros José López Portillo, Carlos Salinas de Gortari y Vicente Fox.

Nunca se puede esperar gran cosa de estos textos, que siempre tienen un carácter exculpatorio. Ese es el caso de Calderón, quien escribió un testimonio carente de autocrítica, atribuyendo un carácter heroico a su actuación, fustigando a sus fantasmas habituales (Vicente Fox, López Obrador), y rematando casi siempre con una conclusión imposible de demostrar: era lo mejor que se podía hacer, hubiera sido peor de cualquier otra forma.

Si bien la publicación es inoportuna, hay un capítulo que viene como anillo al dedo a la situación actual: la gestión de la epidemia AH1N1, en 2009. Cancún conoce bien ese episodio: la reacción histérica y precipitada del gobierno provocó la peor crisis económica que jamás vivió el destino (con excepción, claro está, de la pandemia actual), que en abril y mayo registró una ocupación hotelera inferior al 10 por ciento.

Aconsejado por sus gurús (y en forma muy destacada, por Julio Frenk), Calderón fue responsable directo de esa sicosis. En un solo día, el 23 de abril, se enteró que se trataba de un nuevo virus, se aterrorizó con los modelos matemáticos que predecían millones de muertes, citó a su gabinete en sesión nocturna y decretó la emergencia nacional (el único que discrepó fue el de Hacienda, Agustín Carstens, quien adivinó la debacle económica que provocaría).

Al día siguiente, el gobierno suspendió las clases en todos los niveles, prohibió el público en los partidos de futbol (que se jugaron a puerta cerrada), estableció filtros sanitarios en los aeropuertos, decretó el uso obligatorio de tapabocas en el transporte público, suprimió las actividades en dependencias oficiales, y el propio presidente llamó al gobernador de Aguascalientes para que cancelara la Feria de San Marcos, que ya estaba en curso. Único país en el mundo en tomar medidas tan drásticas, México se paralizó por varias semanas.

Calderón mismo acepta que al final, pero sumando las víctimas de la influenza estacional, murieron “más de mil 300 personas”. Una cifra decepcionante, pues son menos que las mil 900 muertes naturales, accidentales y dolosas (incluyendo la violencia del crimen organizado), que se registran día con día en el país. Además, esos decesos tienen que compararse con algún otro país, por ejemplo los Estados Unidos, en el cual no se cerraron las escuelas, ni los estadios, ni los conciertos, ni los vuelos, y los fallecimientos sumaron 3 mil 900 (el triple que México, pero con el triple de población).

Calderón concluye con su cantaleta habitual. Estoy convencido, dice, que de no haber actuado como se hizo el número de personas fallecidas habría sido muchísimo mayor. Ni remedio…

Pero el episodio del AH1N1 sí encierra una lección. Dentro de un año, no antes, cuando podamos comparar los estragos que hizo el Covid-19 en países que actuaron diferente (Suecia que no cerró nada, China que aisló por completo, México que cerró pronto, Estados Unidos y España que cerraron tarde), vamos a saber si la estrategia del actual gobierno es la correcta, si redujo muertes, si disminuyó contagios, si el incalculable daño económico podía haberse evitado.

Lo sabremos para nuestros adentros, porque la respuesta de este gobierno, que se presume diferente a los anteriores, la podemos anticipar desde ahora: era lo mejor que se podía hacer, hubiera sido peor de cualquier otra manera.

Felipe Calderón, explicaciones huecas.

JUEVES, 21 DE MAYO

Un consejero del Foro Nacional de Turismo, cuyo nombre me reservo, nos informó hace un par de semanas que había dado positivo al coronavirus. Aunque no se tuvo que hospitalizar, la pasó bastante mal, e incluso se llegó a temer por su vida. Hoy, por fortuna, se encuentra recuperado “al 100%”, tras una experiencia dramática que vale la pena difundir.

Mi amigo no tuvo una infección respiratoria, ni tosió, ni le dolió la cabeza. Sus pulmones estaban limpios en las tomografías que se efectuó en el Hospital Ángeles, de la Ciudad de México. Lo que tuvo fue un coronavirus intestinal (¿?), que los médicos de ese nosocomio confundieron con una afección digestiva. Víctima de una violentísima diarrea, que lo llevó a perder cinco kilos en cinco días, fue sometido a toda clase de pruebas (siguella, salmonella, escherichia, amibas, helicobácter pylori), a las cuales dio negativo. No conforme, el infectólogo del hospital ordenó el examen de Covid-19, y eso fue exactamente lo que tenía, diagnóstico que no podían creer ni el neumólogo, ni el otorrino, ni el internista.

A falta de mejor tratamiento, pues la ciencia aún no tiene respuesta para tales casos, lo enviaron a casa sin recetarle ninguna medicina (él toma anticoagulantes de manera regular), con recomendación de reposo absoluto. Durante días sufrió un cansancio extremo, que le impedía abandonar el lecho, asociado con mareos severos. Poco a poco se fue reponiendo, hasta recuperarse por completo, pero ha decidido seguir con el encierro, pues los médicos no están seguros si puede infectarse en la modalidad respiratoria.

Desde que el virus apareció en China, se sabía que los pacientes podían tener alteraciones gástricas, aunque se suponían previas a los síntomas respiratorios. Pese a tal evidencia, en algún momento circuló la versión de que el tracto digestivo no era vía de contagio, pues los jugos gástricos destruían la cubierta adiposa del virus, teoría que resultó falsa: el bicho aparecía muy saludable en las heces de los enfermos. Eso abre la posibilidad de que el Covid-19, como cualquier mal estomacal, se transmita por lo que se conoce como ruta fecal-oral.

¿Nos están diciendo toda la verdad? Durante meses, nuestro epidemiólogo de cabecera, Hugo López-Gatell, ha advertido que el virus puede ingresar al cuerpo por los ojos, la nariz y la boca. ¿La boca? Si te chupas el dedo, sí, pero ¿qué pasa si el virus está sobre una tortilla y te echas un taco? O sea, ¿puede venir en los alimentos, refugiarse en las encías como tantas bacterias, mudarse a la garganta, y desde ahí diseminarse?

La literatura en Internet es poco clara al respecto. Más bien es confusa: hay estudios que arrojan que el tres por ciento de los enfermos sufre del tracto intestinal, mientras otros sostienen que esa proporción se eleva al 50 por ciento. ¿A quién creerle? A nadie: los médicos tampoco saben bien lo que está pasando. Lo único que tenemos es otro motivo de alerta: aguas si se te descompone la panza.

 

VIERNES, 22 DE MAYO

El coco de los hoteleros, la empresa de rentas vacacionales Airbnb, da a conocer lo que ellos consideran serán las tendencia post-pandemia del turismo mundial, que se pueden resumir en tres puntos. Uno, viajes más cortos (con muchas llegadas por tierra). Dos, estancias más largas. Tres, tarifas por debajo de los 50 dólares.

Si todo eso es cierto, no son buenas noticias para Quintana Roo, que está lejos para llegar por carretera y que tiene hotelería de primera, incapaz de funcionar con esas tarifas. Ni siquiera lo puede hacer Airbnb, que las está pasando negras: tuvieron que despedir mil 900 empleados (de un total de 7 mil 500), pedir prestados 2 mil millones de dólares para pagar la nómina (la compañía está valuada en 18 mil), y cancelar los planes para cotizar en bolsa.

El CEO de la empresa, Brian Chesky, dice que cuando esto termine la gente “estará ansiosa por conectar” y que eso “disparará las reservas”, pero hay quienes dudan que, tras la crisis sanitaria, los viajeros quieran dormir en la cama de un desconocido. Confinado en su mansión de Los Ángeles, Chesky dice que se siente muy a gusto haciendo home-office, que puede manejar su empresa desde ahí. El único problema que tiene es que sus siete millones de clientes semanales vuelvan a salir de casa.

La plataforma Airbnb la está pasando bastante mal.

SÁBADO, 23 DE MAYO

Sin señalar con dedo flamígero, los pronósticos de López-Gatell volvieron a fallar. Primero estimó el pico de la pandemia el 8 de mayo, tras lo cual la curva aplanaría. Luego explicó que el pico podría extenderse del 8 al 20 de mayo, tras lo cual la curva tendría que aplanar. Pero en la semana la curva no aplanó, sino que remontó, llegando a otro nuevo pico de 3 mil contagios diarios. Aunque todavía no estamos en las grandes ligas, los números distan de ser buenos: casi 70 mil contagios, más de siete mil muertes.

No tiene caso buscar culpables, porque no los hay. Puede haber errores de conducción, algunas equivocaciones como en cualquier otro país, donde tampoco saben cómo controlar el virus. La pandemia sigue su propio curso, casi ajena a los esfuerzos por desterrarla. Lo único que queda es aguantar. Simplemente, asumir que esto va para largo.

 

*Comentarios, sugerencias y críticas a esta columna son bienvenidas al correo coronaviruscancun2020@gmail.com