Los activos más valiosos

441
Los activos más valiosos
www.freepik.com Designed by rawpixel.com
  • En épocas de crisis, como gestionamos nuestros activos va a definir nuestro futuro.

 

Nueva York, EE. UU.- La nómina es por lo general uno de los componentes de más peso en los gastos operativos de una empresa. En aquellos de servicios, como hoteles y restaurantes, la nómina es generalmente el componente más grande. Es natural que, en épocas de escasez, las empresas busquen una reducción de costos temporales para sobrevivir. Algunas veces esos ajustes se vuelven permanentes, lo que genera mayores lucros para los propietarios e inversores.

Este paro económico que se vive hoy está sirviendo de excusa para que muchas empresas hagan recortes y ajustes. Desde marzo, se reportan despidos masivos por todo el país que superan 346,000. En Quintana Roo, las cifras oficiales llegan hasta casi 64,000 personas, siendo la entidad con más despidos registrados.

A pesar de los argumentos válidos que puedan existir desde la perspectiva de negocios, como son la viabilidad de las propias empresas, lo impresionante es la forma en que esos despidos están sucediendo. En el trasfondo debe entenderse que esos despidos son de personas, individuos, cada uno con una historia personal que es despreciada al realizar despidos masivos e impersonales. Muchos de los casos reportados en los medios destacan la falta de transparencia en el proceso de despido.

El 15 de abril, Édgar Félix, en su artículo para Luces del Siglo, detalla las maniobras usadas por muchos hoteles para contabilizar nominas a través de empresas subcontratadas, lo que aparentemente facilita los despidos.  Sin embargo, también ha habido empresas que se han esforzado por mantener la mayor cantidad posible de sus empleados, como lo detalla Félix también. Es palpable la discrepancia entre unos y otros.

No cabe duda de que el sistema jurídico que regula las relaciones laborales es parte del motivo por el cual muchos de estos despidos sean tan tajantes. Pero no lo es todo. «El que hace la ley, hace la trampa», dice el refrán. Como ejecutivo entiendo las obligaciones que impone la ley para evitar abusos hacia los trabajadores, y dicha ley debe su existencia a antecedentes históricos de abusos por parte de patrones. Pero la existencia de esa ley ha resultado en formas de burlarla para llegar a resultados similares de abusos. Es muy frecuente que los trabajadores al ser contratados sean obligados a firmar una carta de renuncia sin fecha como requisito para empezar a trabajar, lo que facilita un eventual despido – una práctica totalmente ilegal, aunque prevalente en nuestro país-. Lo que se ha reportado recientemente son además negociaciones forzadas que se aprovechan de la crisis actual para imponer finiquitos injustos bajo amenaza de entablar una pelea interminable ante los tribunales laborales en caso de no aceptar.

No obstante, todas las empresas afectadas hoy están donde están gracias a todos los que contribuyeron en las varias fases del negocio: clientes, proveedores, pero especialmente sus empleados. Pero los empleados que «cuestan» menos son los que en realidad más necesitan de su sueldo que los que estamos en la cima de la pirámide. Tienen menos opciones personales y profesionales. Sus teléfonos no están sonando pidiéndoles para formar parte de mesas directivas o liderar otras compañías. No pueden aprovechar soluciones de liquidez al nivel que los ejecutivos y grandes empresarios pueden. No pueden crear estrategias para asumir deuda a corto plazo que les permita mantener su nivel de vida o incluso enviar un mensaje de texto a su banquero favorito para duplicar su inversión reciente.

¿Qué tal si en lugar de eso empoderamos con seguridad financiera para épocas como estas a nuestros empleados tanto como se le hace al equipo de liderazgo? Los altos ejecutivo y dueños de empresas tienen lujos mayores a los de sus trabajadores. Lujos de conocimiento, de redes de contactos y de acceso a capital. Eso viene con responsabilidades, una de las principales es la de reducir el riesgo de pérdida de ganancias e ingresos. Esa responsabilidad también incluye el tener que despedir a las personas que apoyaron a la empresa en su camino al éxito. El problema es que muchos directivos, al estar obsesionados con eliminar a corto plazo los riesgos en sus reportes financieros, balances y resultados, se llegaron a olvidar de los equipos que les permitieron obtener todos esos lujos.

Las empresas que sobrevivan el largo letargo económico causado por el Covid-19 podrán ser incluso mejores que antes, mucho más eficientes. Por otro lado, la situación del Covid-19 también les ofrece a los ejecutivos, directores e inversores la oportunidad de crear una fidelización real hacia sus empresas; basada en la forma en que trataron a sus activos más valiosos: su gente. Actitudes de empatía contribuirán también a una mayor rentabilidad futura. Los empresarios que tratan a sus equipos humanamente tendrán mucha más credibilidad a futuro gracias a sus reacciones en tiempos como éstos.

Entonces, ¿por qué permitir que sus activos críticos sean despedidos, sobre todo de una forma tan deshumana? Cuando la actividad económica se reactive plenamente, esas mismas personas que fueron despedidas sin integridad ni compasión se irán a un competidor. Alguno un día llegará a ser proveedor, o un alto ejecutivo para un competidor, y no habrá olvidado cómo fue tratado cuando las cosas estuvieron difíciles. Ahora es el momento de darles la mayor recompensa, invirtiendo en nuestra gente más allá de nuestra obligación legal.

 

 

Xavier “Xavi” Flores es un ejecutivo hotelero y de finanzas inmobiliarias, y es asesor de SevenTrain Ventures. Xavi es Licenciado en administración de empresas turísticas por la Universidad de Houston, en Texas, y obtuvo un MBA de ESADE Business School en Barcelona, España. Él es originario de Chetumal, Quintana Roo, y reside actualmente en Nueva York.