Bomberos vs. el Covid

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  • La pelea no solo la libran los médicos, Bomberos de Mexicali se han sumado a los trabajos para trasladar pacientes Covid-19 a los hospitales.

Bomberos vs. el Covid

ALINE CORPUS / AGENCIA REFORMA
MEXICALI, BC.- Enfundado en un traje blanco que le cubre hasta el cabello, el bombero Iván Jacob Zavala Peralta hinca su cuerpo en la rampa del Hospital General, en el centro de Mexicali.

Pasan de las 0:30 horas del viernes 22 de mayo, y el joven intenta dar alivio a su espalda y pies, lleva 17 horas continuas atendiendo pacientes Covid-19 hasta los lugares más recónditos de la ciudad, junto a otros cuatro compañeros.

“Menos mal que el calor no se siente tanto a esta hora”, comenta, refiriéndose a los 30 grados centígrados, una tregua de los 41 grados durante el día.

Al fondo de la rampa, una ambulancia con el motor encendido tiene el cuerpo sin vida de Rosario, una mujer de 42 años, quien yace en una cobija rosa con amarillo, con la que su esposo e hijos la enviaron en la ambulancia apenas minutos antes desde la colonia División del Norte, con la esperanza de que se sintiera mejor en el hospital.

En Mexicali, en un turno, solo 5 bomberos –a veces menos– atienden los llamados de emergencia por Covid-19 para toda la ciudad durante 24 horas. Con alrededor de un millón 100 mil habitantes, se trata de la tercer región con mayor número de casos activos en el País.

Mientras Tijuana tiene el apoyo de la Cruz Roja para atender casos de Covid-19, en Mexicali es Bomberos quien se hace cargo del servicio prehospitalario, debido a la capacitación como paramédicos de varios elementos, equipo y unidades. Antes de la pandemia, se tenían 200 elementos activos, pero alrededor de un 50 por ciento está resguardado por ser población vulnerable.

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Rosario había vencido al cáncer años atrás. Hace unos días se sintió mal: tos, fiebre, dolor corporal. Creía no tener coronavirus y se negaba a acudir al hospital pues temía contagiarse. Para cuando su esposo llamó a la ambulancia de Bomberos, ya era muy tarde. Iván Jacob vio cómo a la mujer se le escapaba la vida, después de entrar en paro cardiorrespiratorio a unos metros de llegar al nosocomio.

“La sensación es frustrante, no poder hacer casi nada por la situación en la que se encuentran las personas que llaman por ayuda, a veces ya es muy tarde”, relata Iván Jacob, quien ha sido voluntario en el Cuerpo de Bomberos por 15 años, la mitad de su vida.

“Tanto que estudié y no poder hacer casi nada por ellos”, dice y esconde su mirada tras los goggles, que por el calor, tiene adheridos al rostro.
Ya son dos horas y media desde que Iván Jacob y sus compañeros Eliacín Alejandre Martínez, Alfredo Torres Gómez y Héctor Rivera Lagunas, esperan al Ministerio Público afuera del Hospital General.

El equipo está comandado por Ángel Valladolid Pimentel, bombero y Técnico en Urgencias Médicas (TUM), quien hace múltiples llamadas al MP, luego habrá que esperar que el Servicio Médico Forense retire el cuerpo. Tienen otros cuatro servicios esperando.

En la actualidad, hay un bombero que atiende Covid-19 por cada 220 mil habitantes.

La dirección de Bomberos tenía 24 elementos en tres equipos, algunos de ellos TUM y Técnicos en Atención Prehospitalaria, pero debido a las solicitudes de vacaciones y los contagios, el número disminuyó a 15 personas divididas en tres equipos A, B y C.

Desde el 15 de abril al 27 de mayo, los Bomberos habían completado 321 servicios en equipos de 5.

El valle de Mexicali contaba, además, con dos bomberos, pero el lunes durante el traslado de un paciente uno de ellos comenzó a vomitar. Otro más de la ciudad está en cuarentena al confirmarse que tiene coronavirus. La Alcaldía no ha autorizado la contratación de más elementos.

El de Rosario es el quinto deceso que el bombero Iván Jacob observa en la jornada, aún no lo sabe, pero serán 25 horas de trabajo continuo, con 7 decesos atendidos por Bomberos y 7 muertos más en casas. Catorce personas en total en un día.

En las últimas dos semanas, el Centro de Mando Policiaco, C4, ha reportado 100 muertos en trayecto al hospital o dentro de sus casas, señala Ángel Valladolid.

Padre de tres jovencitas, de 12, 15 y 19 años, ésta última embarazada, Ángel no esconde sus emociones: Miedo, frustración, y la innegable entereza que debe afrontar cuando ve el jadeo de un cuerpo que hace hasta lo imposible por atrapar una bocanada de aire.

El 17 de marzo se presentaron los dos primeros casos del nuevo coronavirus en Mexicali. Para el 3 de abril se advirtió que la localidad manifestaba la misma curva que Wuhan, China; el pasado jueves sumaban 2 mil 226 casos positivos, 195 más que Tijuana.

Ángel es Supervisor del equipo A, recuerda que comenzaron a apoyar a la población en marzo, con dos ambulancias, desde entonces vive alejado de su familia, no ve a su esposa ni hijas, pues teme contagiarlas.

“Comenzamos con 4 casos al día, ahora hay hasta 16 servicios al día”, platica.

Y no se le ve final a la tarea, la gente sigue en las calles, amontonada en los tacos de las esquinas, en centros comeriales, en fiestas los fines de semana o formados por docenas en los bancos.

“Es como estar en dos realidades completamente opuestas”, lamenta Ángel.
A mediados de abril, la Dirección de Bomberos de Mexicali habilitó un vehículo March que serviría de “avanzada” para valorar si se requerían o no traslados de pacientes por Covid-19 en ambulancia. Para el 26 de mayo, el vehículo fue a reparación.

La mañana que le informaron a Ángel que el vehículo estaba descompuesto, tenía 7 servicios de emergencia en espera. Debido al número de llamadas y al escaso personal, la revisión de los bomberos paramédicos puede tardar más de dos horas. Además, encontrar un espacio para los pacientes en el Hospital General o en la clínica 30 del IMSS también se ha vuelto un logro.

“Hoy, el equipo esperó dos horas a que el Hospital General tuviera un lugar, cuando la doctora salió nos dijo que nuestra camilla se tenía que quedar con el paciente que trasladamos, porque no había lugar”, explica Ángel.

El equipo de protección personal también escasea. La mañana del martes 27 de mayo, contaban solo con seis cubrebocas N95 y no había máscaras para oxígeno. Los bomberos ponen de sus propios recursos para la atención. Uno de los oxímetros con el que labora el equipo A es propiedad del bombero Alfredo.

“Es vocación de servicio. Los que somos técnicos en urgencias médicas nos preocupamos por traer nuestro equipo y el equipo para las personas”, acota Ángel.

Avanza el “Covid 1” en Bomberos
Tras una llamada al 911, el pequeño March sale a toda velocidad de la Estación 23, en la Colonia Quinta del Rey, al suroeste de la ciudad. Con sirenas improvisadas y la leyenda “Covid – 19, Primera Respuesta”, los conductores en las calles le impiden el paso frecuentemente, algunos tocan el claxon enojados o se atraviesan en el camino.

“Aquí Covid 1 a Central”, repite ansioso Ángel por su radio, quien pese a una lesión en la espalda tras atender un incendio, apura el auto entre las polvorosas y accidentadas calles de Mexicali para ganarle a la enfermedad.

Su copiloto es Héctor Rivera Lagunas, otro bombero a quien la pandemia le sorprendió a un par de meses de graduarse como TUM y a quien le toca este día revisar pacientes dentro de sus casas.

Ninguno de los bomberos está en el equipo de Covid-19 por elección propia.

Los tragahumos en Mexicali tienen una lucha desigual contra la pandemia, combaten la enfermedad bajo temperaturas extremas, al término de la jornada acuden a sus casas con sus familias, adquieren con su dinero parte de sus equipos de protección y sus propios alimentos. A veces solo hay tiempo para una hamburguesa, papas y un refresco, que procuran comprar los miércoles, cuando hay una promoción para ellos.

A las 2:06 horas del viernes 22 de mayo, el equipo recibe un llamado en la Colonia Misión Viejo, en dirección al cerro El Centinela. Al llegar, se observa una diminuta casa rodante sobre un piso de tierra. El tragahumos apresura la entrevista con Norma Alicia Soto, quien explica que su mamá, Lucila Barrón, de 75 años, padece del corazón, es hipertensa, y el tanque de oxígeno ya no le ayuda a respirar. Además, ha tenido dolor muscular y fiebre, un infectólogo le dijo que su mamá tenía coronavirus y había que llamar a una ambulancia.

Héctor comprende que es un caso delicado, se cambia los tenis por botas de hule, mete las piernas en el traje Tyvek, luego se enfunda los brazos en el plástico blanco, se coloca doble guante en cada mano, un cubrebocas N95, los goggles, la capucha del traje, y por último una careta transparente. En una esquina de la casa móvil, donde solo caben dos personas y algunos muebles, está Lucila. Héctor se dirige a la mujer encamada, quien usa un tanque de oxígeno, y luce agitada.

“No puede caminar, no ha salido para nada, no sabemos cómo pudo contagiarse, soy la única que le traigo comida y he sido muy cuidadosa”, insiste preocupada Norma Alicia. Héctor habla con la paciente y renueva el tanque de oxígeno, al cabo de unos minutos, la mujer comenta “me siento mejor”. Entre los cinco bomberos, alrededor de las 2:30 de la madrugada, cargan a Lucila para llevarla al Hospital General.

Héctor comienza a descontaminarse. Cambia sus botas por los tenis, se quita poco a poco el traje Tyvek, la careta, los goggles, la mascarilla. Como un video que se repite al revés, solo agrega el paso de colocar gel antibacterial en sus manos en cada ocasión. Este protocolo lo repite hasta 16 veces en 24 horas.

Pero no toda la ciudadanía parece valorar la vocación de la que habla Ángel.
A Ilych Sánchez Melgoza, de 40 años, miembro de Bomberos desde 1993, le gritaron que por su culpa se murió un paciente.

Ante el hostigamiento de la familia, Illych tuvo que recordarles que ellos habían reconocido haber estado en una fiesta 15 días atrás. “Yo no lo maté”, les dijo.

“Como bombero de fuego, yo no lo veía tan grave (atender emergencias), ahora hasta miedo me da”, reconoce Eliacín Alejandre Martínez, de 30 años de edad.

El trabajo para los bomberos es tan riesgoso como extenuante, emocionalmente destructivo. Por ahora no hay tiempo para procesar, el Covid-19 no espera. Van dos bomberos jubilados que mueren, otra docena de elementos son casos sospechosos de coronavirus.

“El miedo a contagiarnos está siempre presente, es irremediable, pero cuando estamos aquí, estamos concentrados, tenemos que estarlo”, menciona Iván Jacob.

Después de todo, Jacob significa “El que es sostenido por Dios”.

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