La banda de la Riviera Maya: bandidos globales de los cajeros

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La banda de la Riviera Maya: bandidos globales de los cajeros

–Ion Damian Nedescu ayudó a la banda instalar cajeros con la marca Multiva en la Riviera Maya; Tenían 24 cajeros en Cozumel, 30 en Playa del Carmen, cinco en Tulum y tres en el centro comercial Las Américas en Cancún.

 

MCCI / OCCRP / Quinto Elemento Lab / Rise Project

CANCÚN, Q. ROO.- No eran precisamente el tipo de personas que podrían ser descritas como exitosas en el mundo de las finanzas y la tecnología: un grupo de jóvenes, de una ciudad pequeña, enclavada en una región agrícola de Rumania. Pero eran listos, tenían agallas y una serie de habilidades únicas.

Aprendieron todo lo que pudieron sobre tecnología bancaria, construyeron un negocio de cajeros automáticos y pronto, operaban en Europa, Asia y América. Invirtieron sus ganancias en nuevas tecnologías y en mano de obra cualificada, contrataron ingenieros inteligentes del sector tecnológico rumano, en pleno crecimiento.

El grupo de la ciudad de Craiova estableció relaciones con exitosos empresarios y políticos, y se expandió internacionalmente. Hicieron una importante inversión al otro lado del mundo, en el trópico mexicano, y firmaron un acuerdo con un banco local, que les permitió usar su marca en su red de cajeros.

Compraron máquinas chinas, les incorporaron un software propio, dispositivos de Bluetooth y, rápidamente, ya controlaban más de 100 cajeros en varias de las principales zonas turísticas de México. Invirtieron sus enormes ganancias en lujosos bienes alrededor del mundo.

Si las cosas hubieran sido un poco diferentes, su historia de mendigo a millonario podría haber sido portada de alguna revista de negocios, que presentan historias de empresarios que conquistan la nueva economía global. Pero había un problema.

Su negocio no era legal. Eran skimmers, gente que roba información de tarjetas bancarias insertando dispositivos o software ilegales en los cajeros automáticos. Su líder no era un CEO, era una figura del mundo criminal apodada el Tiburón. Y cuánto más grande era su negocio, más crímenes tenían que cometer para que siguiera creciendo: lavado de dinero, intimidación, soborno, e incluso, presuntamente, asesinato.

Hoy, según la policía y ex integrantes de la banda, son uno de los mayores grupos criminales de skimming del mundo pues controlan cerca del 10 por ciento de un mercado global de 2 mil millones de dólares.

OCCRP y sus socios Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad y Quinto Elemento Lab, revisaron miles de documentos, entrevistaron a personas en tres continentes, rastrearon redes sociales y ordenaron, con piezas dispersas por todo el mundo, un rompecabezas sobre la delincuencia transnacional.

El cuadro que aparece es el de un empresariado despiadado y violento. A pesar de que los agarraron en más de una oportunidad, la banda ha seguido operando en el mundo entero, sin que se vislumbre su final.

 

COSTOSAS VACACIONES

Para el tejano Rod W. y su familia, eran unas vacaciones más que necesarias. Y qué lugar podía ser mejor que el sol y las cálidas arenas de Playa del Carmen (México), epicentro turístico de la Riviera Maya. La zona ha sido durante mucho tiempo un destino popular para los estadounidenses, donde pueden evitar la criminalidad y la violencia de los cárteles que controlan parte de México.

Al menos, eso pensaba la familia. Un día soleado, Rod quiso comprar un habano, para acompañar su cena. Salió del restaurante para sacar efectivo en uno de los muchos cajeros automáticos que están en la zona.

En solo 15 minutos, los ladrones sacaron más de 800 dólares de su cuenta. Él lo notó de inmediato. Dice que tenía activado un sistema de alertas en su celular, que le notificaban cualquier transacción superior a 250 dólares.

“De repente fue ‘boom’, ‘boom’, ‘boom’. Creo que estaban en dos o tres lugares diferentes, haciéndolo al mismo tiempo”, dijo Rod.

Rod había sido cuidadoso. Pensó que sabía cómo reconocer un cajero adulterado.

Pero esta máquina no tenía un skimmer aparente, con una luz intermitente sobre la ranura de la tarjeta. Y, además, llevaba la marca de un respetado banco mexicano.  No podía saber que un software, instalado en el cajero, se encargaba de hacer el skimming.

Rod, que pidió que su apellido no fuera publicado, no fue el único en perder su dinero. Miles de turistas se han enfrentado al mismo problema desde 2012, cuando un grupo de criminales liderado por rumanos convirtió Cancún en su base de operaciones. OCCRP los apodó la banda de la Riviera Maya.

A estos turistas les robaron los números de sus tarjetas bancarias y luego los copiaron en una tarjeta de plástico virgen. Después, uno de los miembros de la banda de la Riviera Maya, se encargaba de sacar el dinero de un banco en otro lugar del mundo.

Lo que no sabían era que esta banda rumana convirtió la Riviera Maya en su cuartel general y controlaba docenas de cajeros en esta meca del turismo.

Pero su historia comenzó en un lugar muy diferente a los cielos soleados y azules de México.

 

EL TIBURÓN

Craiova es la ciudad natal de Florian Tudor, un hombre de negocios de 43 años y, según las autoridades rumanas, el líder de la banda de la Riviera Maya. Ésta, de acuerdo a la policía y a un exintegrante, cuenta con unos mil miembros. Varios de los edificios más nuevos de la ciudad son inversiones que vienen de las operaciones de skimming de Tudor, afirma la policía.

A partir de enero de 2020, la policía rumana empezó a investigarlo por dirigir un grupo de delincuencia organizada, por tres cargos de incitación al chantaje, por un cargo de chantaje y por uno más de incitación al asesinato. La policía mexicana también lo tiene en su punto de mira.

La fiscalía rumana alega que Tudor ordenó a amenazar, golpear, chantajear y asesinar a enemigos de la banda, incluyendo exintegrantes con los que se disputó. Según la policía rumana, en 2012 estaba en México, coordinando una trama de contrabando de personas de Rumania a Estados Unidos, vía México.

Tudor, que todavía está basado en México, niega estas acusaciones.

“No soy un criminal y nunca lo seré”, dijo Tudor en un intercambio de correos electrónicos con OCCRP. “Nunca he matado a nadie y nunca he ordenado que maten a nadie”.

Tudor afirma que es un empresario legal, víctima de autoridades corruptas de Rumania y México, sobornadas por criminales. En cambio, acusa a la policía mexicana de haberle robado. Y señala que los reporteros de OCCRP son aliados de estas autoridades corruptas.

Inversiones de la banda en Craiova, Rumania, de donde es originario Florian Tudor.
Inversiones de la banda en Craiova, Rumania, de donde es originario Florian Tudor.

 

DE CRAIOVA A CANCÚN

Antes de 2014, Tudor se mudó a la Riviera Maya, donde lo conocen como el Tiburón. Varios compatriotas de Craiova le siguieron los pasos.

Uno de ellos era Adrian Tiugan, de 36 años, un matón de poca monta que se hacía llamar Mufa o el Jack.  Antes de unirse al Tiburón en México, trabajó con un grupo que plantó skimmers en Italia y el Vaticano. En 2012, las autoridades rumanas lo detuvieron y lo condenaron a dos años y medio de prisión.

En diciembre de 2013, Tiugan reapareció en las oficinas de registro empresarial de Cancún. Estaba allí para crear Top Life Servicios, una compañía comercial que se convertiría en el pilar del imperio empresarial de Tudor. Su objeto era servir y operar cajeros automáticos en México.

Tiugan registró las compañías bajo el nombre de Paul Daniel Ionete, un rumano de Craiova conocido por los miembros de la banda. Para probar su identidad, Tiugan usó un permiso de residencia mexicano y un pasaporte temporal rumano falsificado, que llevaba la foto de Tiugan y el nombre de Ionete. Este documento tenía una vigencia de cinco años, aunque los pasaportes temporales rumanos sólo son válidos un año.

No hay evidencias de que Tiugan haya tenido problemas con las autoridades locales. A pesar del pasaporte falso y a pesar de que Rumania emitiera una orden internacional de captura, después de que no se presentara a la policía de Craiova.

En un email a OCCRP, Tudor refutó el hecho, argumentando que él, su hermano y sus socios no usan identidades falsas porque “no tenemos nada que ocultar”.

Los skimmers y recaudadores de la banda operaban en lugares tan lejanos como Indonesia, India, Barbados, Granada, Paraguay, Brasil, Japón, Corea del Sur y Taiwán.

Así, las víctimas tenían más dificultades para vincular los robos con sus vacaciones mexicanas. E incluso si lograban hacer la conexión, Cancún y la Riviera tienen tal cantidad de cajeros que es poco probable que se pudiera localizar la máquina exacta donde les clonaron su tarjeta.

Cuando Tudor se mudó a Cancún, algunos miembros de su familia lo siguieron, incluyendo a su hermanastro, Adrian Enachescu, de 33 años. En 2015, Enachescu se convirtió en accionista de Top Life junto a Tiugan.

Tudor también trajo a Ion Damian Nedescu, de 49 años, un empresario y filántropo de la ciudad portuaria rumana de Constanțza. Nedescu era un empresario exitoso, que había caído en dificultades financieras. No está claro cómo se conocieron, aunque la novia en aquel momento de Nedescu era de Craiova y podría haberlos presentado.

Nedescu era conocido en Rumania por su historia inspiradora por los esfuerzos que hizo para ayudar a su hijo y a otros niños con autismo. En febrero de 2014 Nedescu se hizo con el 20 por ciento de las acciones de Top Life y se convirtió en representante de la empresa.

La banda empezó a elevar su nivel dedicándose a actividades nuevas y más sofisticadas. Top Life se convirtió en la cobertura perfecta, dándole a sus actividades un barniz de legitimidad. El equipo de Tudor seguiría instalando skimmers en cajeros ajenos, pero se dieron cuenta que las estafas podrían ser aún más eficaces si eran dueños de sus propias máquinas.

Registros judiciales conocidos por OCCRP muestran que la banda empezó a comprar cajeros chinos, incluyendo de las marcas Triton y Hyosung. Lo que hicieron fue hackear sus procesadores e instalar su propio software, diseñado a medida para capturar datos de tarjeta bancaria.

Enachescu se involucró con otras compañías dirigidas por la banda, incluyendo Intaller que compraba y vendía cajeros nuevos y usados.

Pero la banda de la Riviera Maya no se detuvo ahí. En otro movimiento audaz, en 2014 lograron un acuerdo con Multiva, un respetado banco mexicano. Los cajeros que pertenecían a Top Life irían con el logo de la institución financiera.

Nedescu le ayudó a la banda instalar cajeros con la marca Multiva en la Riviera Maya. Su nombre y su firma se pueden ver en un acuerdo para instalar una de las máquinas del grupo en un restaurante Tulum.

Uno de los cajeros con el sello del banco mexicano Multiva, operado por la banda de la Riviera Maya.
Uno de los cajeros con el sello del banco mexicano Multiva, operado por la banda de la Riviera Maya.

Para 2017, Top Life operaba más de 100 cajeros automáticos con la marca Multiva a lo largo de la Riviera Maya y en otros sitios turísticos de México. Cada día, los turistas, que entre todos acumulaban decenas de millones de dólares en sus cuentas, introducían sus tarjetas en las máquinas del grupo. Pero la banda no era codiciosa.

Un exintegrante, que se convirtió en testigo de la fiscalía rumana, describió en una declaración firmada de marzo de 2019, cómo trabajaba Top Life Servicios: “Controlamos alrededor de 100 cajeros con chips instalados en ellos… En promedio, cada máquina copiaba cada mes unas mil tarjetas. Retirábamos alrededor de 200 dólares de cada una de estas tarjetas. 20 millones de dólares retirados cada mes”.

Recordó que tenían 20 cajeros en Puerto Vallarta, cuatro en Baja California, 24 en la isla de Cozumel, 30 en Playa del Carmen, cinco en Tulum y tres en el centro comercial Las Américas en Cancún.

Top Life Servicios terminó generando ingresos de 240 millones de dólares anuales, libre de impuestos. Eso convirtió la banda de la Riviera Maya en operadora de una de las operaciones de skimming más grandes del mundo, con cerca del 10 por ciento del total global manejado por sus miembros.

El exintegrante de la banda dijo que la organización creció hasta tener unos mil miembros, con un núcleo de unas 50 personas cercanos a Florian Tudor.

Para manejar esos ingentes beneficios, la banda creó en 2015 la Inmobiliaria Investcun, a cargo de Enachescu, el hermanastro de Tudor. La compañía invirtió millones del grupo en propiedades en México. La banda construyó su sede, una imponente mansión de varios pisos con piscinas en la azotea y ascensores, en un terreno que Investcun compró en una zona privilegiada de Cancún.

Para 2019 la empresa también estaba involucrada en el desarrollo de un proyecto residencial y de golf en Puerto Morelos, un destino turístico entre Cancún y Playa del Carmen.

Otras compañías mexicanas controladas por Enachescu incluyen Alto Mundo, una empresa de gimnasios y ropa deportiva; Mexrou, una sociedad de importación y exportación; Intacarrent, que alquila y repara vehículos; y Brazil Money Exchange, que tiene oficinas a lo largo de la Riviera Maya.

El Tiburón era accionista de Intacarrent y de Brazil Money Exchange y tenía poder notarial sobre Inmobiliaria Investcun. También era administrador de Europe Invest, otra empresa con sede en Cancún que usaba para inversiones en bienes raíces.

Hasta al menos 2016, Nedescu, que no tiene antecedentes penales conocidos, le dio la bienvenida a nuevos reclutas en Cancún, en general técnicos expertos rumanos contratados por la banda. Luego, según declaraciones de antiguos miembros de la banda, el Tiburón lo mandó a que se encargara de la parte estadounidense del negocio.

Tudor no respondió las preguntas específicas sobre las acusaciones de actividad criminal, sólo dijo que no era un criminal y que estaba siendo perseguido por fiscales rumanos y la policía mexicana. Aunque OCCRP trató de contactar a otros miembros de la banda, estos no contestaron.

Nedescu dijo que no podía responder las preguntas, pues hay una investigación en curso sobre la organización de Tudor.

“Hasta que terminen las investigaciones realizadas por los órganos competentes, me permitiré no expresar mi opinión. Gracias por su comprensión”, dijo.

 

ATENCIÓN NO DESEADA

Mientras la banda obtenía grandes beneficios, empezó a tener otros problemas. Después de estar varios años fuera del radar, su actividad salió a la luz por primera vez en septiembre de 2015, cuando el periodista estadounidense Brian Krebs publicó una historia sobre su negocio.

Krebs es un ex reportero del Washington Post, especializado en temas de seguridad en Internet. En 2015, mientras la banda de la Riviera Maya construía su infraestructura en México, un técnico le avisó que estaba trabajando para una empresa de cajeros automáticos.

“Escuché a un técnico de cajeros automáticos en México que dijo que se le habían acercado unos tipos de Europa del Este y le ofrecían hasta 6 mil dólares al mes… La fuente dijo que estos tipos habían usado dispositivos Bluetooth que implantaron en los cajeros automáticos”, dijo Krebs.

Sin que Krebs lo supiera en ese momento, su fuente le hablaba de dispositivos de Bluetooth y skimming que fabricó Cristian Simion, un técnico rumano contratado para trabajar en la banda. Este hombre había hallado una manera de usar la tecnología para transmitir directamente los números de tarjetas bancarias robadas a los delincuentes desde los cajeros adulterados.

El periodista tomó un avión y voló a México. No fue difícil encontrar cajeros en Cancún, Playa del Carmen e incluso en el Aeropuerto Internacional de Cancún que emitían un enlace Bluetooth llamado free2move.

De vuelta a Estados Unidos, Krebs publicó en su blog la historia sobre el skimming con el sistema Bluetooth en México. En sus artículos mencionó que una fuente le indicó que una banda de Europa del Este estaba detrás de la trama.

Cuando Tudor se enteró de la historia, se puso furioso. Contactó por la aplicación Viber a Constantin Sorinel Marcu, uno de sus hombres y le ordenó que cerrara todas las operaciones.

Simion, el técnico que fue miembro de la banda, es ahora un testigo protegido. Le explicó luego a fiscales rumanos que el Tiburón convocó a los miembros de la banda en la sede de la empresa y les dijo que extrajeran temporalmente los chips de cerca de 10 de los 25 a 30 cajeros que eran de otros bancos o compañías.

 

EL POLICÍA MEXICANO

Tudor estaba ahora en el punto de mira de las autoridades mexicanas.

En mayo de 2019, la policía y la armada realizaron sendas entradas y registros tanto en el cuartel general de Top Life como en la casa de Tudor en Cancún. Tudor y cinco de sus colaboradores fueron detenidos, aunque poco después quedaron en libertad. Tudor denunció que el verdadero objetivo de la operación policial fue robarle joyas, arte, dinero en efectivo y material informático por valor de 2.7 millones de dólares.

Pero contraatacó rápido. Tudor lanzó una batalla legal los meses posteriores a los registros. Presentó una petición de protección constitucional a las autoridades, argumentando que sus derechos humanos habían sido violados, así como una denuncia por corrupción contra funcionarios que participaron en las operaciones policiales. En la posterior investigación, tres miembros de la Oficina del Fiscal General implicados en el operativo fueron cesados.

En febrero de 2020, Tudor y dos de sus colaboradores publicaron una carta abierta de dos páginas en un periódico mexicano contra el secretario de seguridad del Estado de Quintana Roo, Jesús Alberto Capella Ibarra. Lo acusaron de haberlos extorsionado, de haber vulnerado sus derechos humanos y de provocarles daños psicológicos, físicos, emocionales y económicos.

Los registros fueron el segundo encontronazo de Tudor con la ley aquella primavera. Seis semanas antes, el 30 de marzo, él junto a su amigo y mano derecha, Nicolae, fueron detenidos mientras conducían por la carretera conocida como la Ruta de los Cenotes.

El 16 de marzo, el Tiburón organizó una rueda de prensa en su casa de Cancún en la que insistió que él es un hombre de negocios respetuoso de la ley que se había convertido en el objetivo de policías sin escrúpulos, periodistas y criminales. Sentado con un portátil, leyó en castellano toda la batería de acusaciones.

Afirmó que conoció a Marcu y a su hermano en un restaurante en Cancún, donde ellos mismos se le presentaron y le pidieron trabajo.

La casa de Florian Tudor, alias el Tiburón, en Cancún.
La casa de Florian Tudor, alias el Tiburón, en Cancún.

Tudor sostuvo que, desde 2015, Marcu y su gente intentaron extorsionarlo y chantajearlo. Según el Tiburón, Marcu lo amenazó de muerte después de que rechazara de involucrar su negocio legal en una trama de tarjetas clonadas. Afirmó que Marcu no sólo le entregó información falsa a Krebs, sino que incluso le pagó para que publicara su investigación. Señaló que la historio de Krebs fue el inicio de una “campaña de difamación” que destruyó años de trabajo duro y que lo llevó a perder su contrato con Multiva.

Añadió que las autoridades estaban a sueldo de la banda de Marcu, incluyendo Capella, que lo quería muerto. Denunció que la policía le colocó las armas para justificar sus arrestos, que agentes amenazaron con violar a su mujer y con dejar a su hijo —a quien le apuntaron con una pistola en la cabeza— de seis años huérfano. No entregó ninguna prueba de esas acusaciones.

Capella, el jefe de la policía, respondió a esos ataques en Twitter, denunciando “una campaña mediática perversa orquestada y financiada por intereses oscuros”. La secretaría de Seguridad Pública de Quintana Roo afirmó que las denuncias de Tudor contra Capella eran ante todo un intento de obstruir las investigaciones en curso contra él y su organización.

En Rumanía, cinco de los principales colaboradores del Tiburón fueron arrestados y el propio Tudor está siendo investigado por el intento de asesinato de su antiguo amigo Marcu.

Marcu está enterrado en el cementerio central de Craiova, donde sus padres se acercan casi cada día con flores y velas y se sientan junto a su tumba. Su padre le explicó a OCCRP que vendió dos autos para reunir el dinero necesario para comprar la parcela de la sepultura y una lápida de mármol negro, donde colocó una foto de Marcu y un epitafio: “Por ti y por la vida que me desgarraron, piensa en mí de vez en cuando”.

 

EL HOMBRE MUERTO

Por incómodas que fueran las revelaciones, la policía nunca les hizo seguimiento y la banda rápidamente volvió a sus operaciones normales. Continuó expandiendo su red de cajeros en México gracias a su acuerdo con Multiva.

Entre tanto, el Tiburón trabajaba con un importante grupo de “recaudadores”, que viajaban por el mundo sacando efectivo con tarjetas clonadas.

Sin embargo, el año que Krebs sacó su investigación, un problema mucho más grande se estaba cociendo. Uno que provocaría una disputa entre la banda y la policía mexicana.

Marcu era uno de los hombres de confianza del Tiburón. Un matón, un amigo de Craiova, alguien que ofreció a su jefe matar a “en cualquier momento, a cualquier hora”. Pero las relaciones entre los dos viejos amigos se terminarían dañando.

Fugitivo de la justicia rumana, Marcu llegó a México en 2014 para trabajar con el Tiburón. Apuñaló un hombre en Craiova, pero huyó del país antes de que lo condenaran por intento de homicidio. Al igual que en el caso de Tiugan, tenía una orden de captura internacional, pero las autoridades mexicanas nunca lo molestaron.

El Tiburón le encargó a Marcu garantizar la seguridad de los cajeros de Top Life, sobre todo en Playa del Carmen. Las máquinas de la banda se alineaban sobre la Avenida Quinta, la principal calle peatonal de la ciudad, donde cada año millones de turistas disfrutan de sus bares, restaurantes y discotecas.

En Rumania el Tiburón y Marcu tenían una relación muy estrecha. Rebeca Tudor, la esposa rumana del Tiburón, era madrina de la hija de Marcu y las familias se veían regularmente. Videos obtenidos por OCCRP muestran al Tiburón celebrando el cumpleaños de Marcu en un club. Los dos hombres brindan y se menean al ritmo de música rumana. Otro video muestra a Marcu en el cumpleaños de uno de los hijos del Tiburón.

Sin embargo, un año después de que Marcu se uniera al Tiburón en México, algunas tensiones empezaron a surgir. Miembros de la banda que son ahora testigos señalaron que Tudor le tenía envidia al éxito de Marcu con las mujeres. Y Marcu no estaba satisfecho con la cuota del negocio de skimming que recibía. Después las cosas se pusieron aún más feas.

Una serie de capturas de pantalla de celulares, obtenidas en archivos criminales, muestran a Marcu y Tudor intercambiar insultos en mayo de 2015.

Tudor le envió a Marcu un video de WhatsApp, que lo muestra saboteando cajeros de la banda, untando pegamento en el lector de tarjetas, para volverlo inutilizable. Se amenazaron mutuamente durante más de una hora.

Marcu se quejaba porque afirma que proporcionó la fuerza que permitió eliminar los enemigos y la competencia del Tiburón.

El Tiburón dijo que alimentó la familia de Marcu durante el último año y lo salvó de sus problemas legales en Rumania.

El Tiburón le indicó a los miembros de la banda que cortaran relaciones con Marcu. El 2 de abril de 2018, cuatro matones atacaron a Marcu, frente a una oficina de DHL en Cancún. A Marcu le sacaron luego el bazo en un hospital local. En Rumania, el Tiburón y los cuatro atacantes fueron acusados por intento de homicidio.

Marcu nunca pudo vengarse. Dos meses después, el 11 de junio, le dispararon en la cabeza.

Un agente de seguridad mexicano, empleado de Energy Solutions of America, fue arrestado por el asesinato. Pero un juez, investigado por posible corrupción, liberó al hombre con el argumento que solo estaba haciendo su trabajo, defendiendo a los ocupantes del edificio.

El asesinato sí parece haber sido un momento crucial para la banda de la Riviera Maya, ya que desató una guerra no sólo con la familia de Marcu y sus aliados, sino también con facciones de la policía local mexicana.

 

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