Wayeb político: Covid-19; el infierno puede esperar

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Édgar Félix

Ayer se suicidó una enfermera guerrerense, María del Carmen Galena, cuando se enteró de ser positivo de Covid-19. Estaba en la línea roja de combate contra la epidemia en el estado más peligroso, por ahora, de propagación del virus y debido a la falta de equipo adecuado el virus irremediablemente la  invadió. En redes había venido denunciando el abandono de las autoridades para dotarlos de equipo, pero no de este sexenio, sino de varios gobiernos sordos, irresponsables y corruptos. Nuestro sector salud estaba hecho añicos desde hace más de 20 años.

Había reproducido un mensaje del médico Miguel Zapata Rojas: “si mañana no despierto quiero que sepan que no me mató el Covid, fui muerto por la indiferencia de gobiernos sucesivos que desproporcionaron negativamente los presupuestos de salud. Fui muerto por quienes hicieron a las regiones responsables de la priorización del gasto sanitario, dejándome sin los implementos para protegerme”.

“Fui muerto por la corrupción, por aquellos a quienes la ley no reconoce como traidores a la patria; fui muerto por la pobreza que no dejó que la gente siguiera tolerando la infinentena (sic); fui muerto por el individualismo, el yo único, el dios propio, el dentro del universo, por aquel que cree que nadie más importa”, reprodujo en los temas compartidos.

María del Carmen decidió quitarse la vida después de enterarse que entraría al infierno del Covid-19. ¿Qué no habrá visto de las causas de esta enfermedad? No sabemos bien a bien las razones ni tampoco las causas esenciales, pero dejó varios mensajes desde hace algunos días que van desde pedir conciencia de las personas para cuidarse, para no andar celebrando fiestas irresponsables y para evitar el contagio de los seres queridos que los rodean. Era más bien un grito en el desierto que nunca se escuchó.

Su muerte es un acto de protesta puro y causa mucha indignación entre quienes nos quedamos en espera del infierno del Covid-19. Es como echarse gasolina al estilo del joven vendedor de frutas que provocó la revuelta de primavera en los países árabes y que se propagó en redes. Había sido víctima sistemática por la corrupción de su país y un día no aguantó más, se roció combustible en el cuerpo y se prendió fuego. ¿A qué grado de auto desprecio a la vida llega esa sistemática forma de mellar el autoestima de las personas?

En México estamos entrando a una crisis emocional catártica, al desmoronamiento de un sistema profundamente corrupto y corruptor. Todavía tenemos dos Méxicos, el de Polanco y todo lo demás. Llegamos al punto más frágil como sociedad del pensamiento, al punto que advirtió hace algunos años nuestro nobel de literatura, Octavio Paz, cuando los invitó allá por los noventa a la clase política mexicana a leer poesía.  Un romántico el nieto de Irineo Paz, pero ahora es necesario.

La poesía como forma de la vida, como la conexión que nos salva del infierno, de los infiernos construidos tan meticulosamente por varias generaciones de políticos, líderes, periodistas, corruptos. La poesía atraviesa la literatura por el corazón y el razonamiento de lo humano. No se trata de entrar en niveles de cursilería como muchos lo imaginan sino de mirar a los seres humanos, a nosotros mismos. Si hubiéramos visto a María del Carmen estaría con nosotros, sana y salva.

El sector salud estaba en una grave crisis. Sólo los valientes se atendían desde hace muchos años en el IMSS y los medios de comunicación desde hace décadas tenían prohibido publicar reportajes, para evitar que les cayeran las cuotas patronales. Era una fórmula muy bien establecida y un acuerdo sobreentendido. Hasta que llegó el Covid-19. Toda la podredumbre de las malas administraciones del sector salud comenzó a apestar otra vez, se abrió la cañería del tráfico de medicamentos y quedaron exhibidos decenas de hospitales sin terminar o sin equipo.

En estos momentos, los crecimientos de contagios de Covid-19 vienen en Guerrero, la entidad donde se quitó la vida María del Carmen, la entidad gobernada por caciques tras caciques, que se encuentra al 104 por ciento de aumento considerando datos con semanas anteriores; luego, el tristemente estado multi endeudado Coahuila, con 84 por ciento; en tercer lugar, Durango, con 55 por ciento al alza; le siguen Puebla, 50; Chiapas, 44; BCS, 43 por ciento.

Los números en el plano mundial son graves. Estados Unidos alcanzó ayer casi los 110 mil muertos, mientras que le siguen Gran Bretaña, con 39 mil; Italia, con 34 mil; Brasil, con 30 mil; Francia, con 29 mil; España, con 27 mil, y de aquí brincamos hasta México, con 10 mil personas muertas por Covid-19.  Nuestro país vive una grave crisis y la sociedad parece no entender que no es un regreso a como estábamos en enero, sino a tomar y extremar precauciones para vivir en una “nueva realidad”.

Lo más lamentable es la poca colaboración para unir a México de partidos de oposición y de quienes detestan, odian, no soportan y responsabilizan de todo al presidente Andrés Manuel López Obrador de esta catástrofe, la cual podría ser peor. Las medidas implementadas por el gobierno han sido reconocidas en la OMS pero con un sector salud prácticamente inexistente es imposible levantar el vuelo.

México tiene grandes aliados en el plano internacional. Sus relaciones han sido impecables hasta ahora y la colaboración de otras naciones serán determinantes para mejorar nuestras condiciones para enfrentar el Covid-19. Pero como todos los países del mundo viven una crisis de salud en sus sociedades y económica, la solidaridad es a cuentagotas.

Por ahora, debemos preocuparnos por hacerle caso a María del Carmen, para cuidarnos de los contagios y así cuidar a quienes nos rodean. La mayor preocupación es la sana distancia, no hablar en público, menos gritar, menos cantar (por el efecto aerosol) y cuidar los balances de nuestra salud. Mientras no haya vacuna nada detendrá el avance del virus. Evitar su propagación es la única manera de contenerlo, por ahora. Pero la crisis económica, la crisis emocional de nuestra sociedad y el saber que fuimos educados en una impostura comenzarán a derrumbarse. Mientras tanto, el infierno puede esperar.

 

ALUXE: En la reciente visita del presidente, Andrés Manuel López Obrador, se acomodaron los privilegios y los afectos en Morena de Quintana Roo. La presencia fue muy fría hacia la alcaldesa Hermelinda Lezama, quien además cometió el error del cubrebocas. Ni Claudia Sheinbaum, quien es una mujer demasiado despistada, ha cometido una afrenta de ese tamaño. Pero no, la presidenta municipal de Benito Juárez sí. Faltaba más.

No es el cubrebocas. Ni tampoco se trata de ser irresponsable, es conservar bien en los actos por dónde anda, por donde va, en la logística, la sana distancia. El subsecretario López-Gatell lo ha repetido hasta el cansancio desde hace semanas, pero al parecer nadie le avisó a la morenista, que ya la vemos más verde que nunca, Hermelinda Lezama.Y eso el Presidente lo sabe. Al tiempo.

Twitter: @edgarfelix / Facebook: edgarfelixacu

 

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