Empeorará pandemia en México las próximas semanas

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El fin de la sana distancia y reactivación gradual de la economía pueden provocar que los contagios de Covid-19 se disparen aún más en el país.
  • En el punto máximo de contagios, el gobierno ha perdido el control y se empeña en decretar medidas que nadie respeta.

 

Fernando Martí / Cronista de la Ciudad

Diario del Coronavirus

CANCÚN, Q. ROO.- Cuarentemas. Nadie me la ha pedido, pero voy a dar mi modesta opinión, que no tiene nada de esperanzadora o positiva: en México no nos encontramos en el pico de la pandemia, sino en una fase intermedia, con muchas probabilidades de agravarse en las próximas semanas.

Cada día tenemos más contagios y más muertes. Desde que se reportó el primer caso en el país, el 28 de febrero (hace tres eternos meses), los enfermos suman 110 mil y los muertos oficiales 13 mil 600, pero en ambos casos más de la mitad tuvieron lugar en los últimos 15 días.

El fin de la sana distancia y el retorno al trabajo son, en términos sanitarios, una mala noticia. De manera reticente, obligados por los políticos y presionados por el hastío de la gente, los epidemiólogos han decretado el fin gradual del confinamiento, con medidas de protección que saben que nadie va a respetar.

Mal estamos en México, donde la gente se aglomera sin la menor precaución en los mercados, en las paradas de camión, en las brigadas de rescate por las lluvias y en los mítines de López Obrador.

Peor están en los Estados Unidos, con quienes vivimos junto con pegado, donde si bien la curva sí se ha aplanado, los disturbios de la última semana pusieron en contacto cercano a millones de personas.

No hemos aprendido nada de la historia, y aquí no aplica la advertencia de Karl Marx, en el mismísimo primer párrafo del 18 Brumario de Luis Bonaparte, donde escribía que la primera vez los grandes hechos suceden como tragedia, y la segunda como farsa. Aquí puede ser tragedia sobre tragedia, y tenemos los testimonios de lo que pasó hace un siglo con la influenza española (llamada así de mala manera, pues el virus se originó en los Estados Unidos), para poner el actual proceso bajo sospecha.

Los primeros brotes de aquella plaga se reportaron en campamentos militares de Kansas, en marzo de 1918. Estados Unidos acababa de entrar a la Primera Guerra Mundial y se disponía a mandar millón y medio de soldados a los campos de batalla, en Europa. El presidente en turno, el supremacista blanco Woodrow Wilson, desoyó las advertencias de los médicos y escuchó a los militares: los barcos cruzaron el océano atiborrados de reclutas, que no sólo se contagiaron entre ellos, sino que llevaron el bicho al escenario de la guerra.

Esa influenza era letal y terrible. Le decían la fiebre de los tres días, porque eso se tardaban en morir los enfermos: empezaban tosiendo un día (con temperaturas de 39 grados), entraban en crisis respiratoria al siguiente, fallecían al tercero con los pulmones colapsados. Abril y mayo fueron terribles: cientos de miles de muertos por país. No tenemos ahora mejor medicina que la que tenían entonces: la única manera de combatir al bicho era la reclusión, el lavado de manos, evitar el contacto físico.

Pero pasó lo que se denomina primera oleada. Bajaron los contagios, pararon las muertes, la gente se relajó y salió a la calle. Hay fotografías que muestran a las multitudes abigarradas en las calles de Nueva York y Filadelfia para presenciar el desfile del 4 de julio, así como de estadios repletos en Barcelona para presenciar el juego de futbol Barça-Sabadell. El alcalde de Burgos, Andrés Alonso López, quiso ir contra la corriente y publicó este bando:

“Habiéndose cometido por algunos pueblos la imprudencia, a pesar de lo dispuesto por este gobierno…de celebrar las fiestas de la localidad, dando origen con ello a que se haya difundido rapidísimamente la epidemia entre el vecindario… vuelvo a reiterar a los que todavía no estén convencidos del grave peligro que esto encierra, que se abstengan terminantemente de celebrar dichas fiestas. Por tanto, estoy resuelto a castigar duramente a los incumplidores de esta disposición. Asimismo recuerdo que la infección se propaga por las gotitas de saliva que despide el que habla, tose, etcétera, a nuestro lado, al ser respiradas por lo que lo rodean. Que se abstengan, en consecuencia, de permanecer en locales cerrados y mal ventilados, que se extreme la limpieza de las casas, que se tengan abiertas las ventanas todo el día… y desoír a los ignorantes que os invitan a beber alcohol o consumir tabaco como remedios preventivos, por ser sus efectos en esta ocasión más nocivos que nunca”.

Nadie le hizo caso y vino entonces lo peor: los sanatorios desbordados, almacenes y bodegas con cientos de pacientes solitarios y moribundos, hileras de cadáveres esperando a ser incinerados, las fosas comunes.

México fue ajeno a esta secuencia porque la pandemia no llegó sino hasta el otoño de 1918, proveniente de los Estados Unidos. Aquí el problema fue que el gobierno lo negó, mientras el mal se extendía por los estados del norte, a fin de cuentas los más afectados. Sólo reaccionó cuando llegó a la Ciudad de México, un par de meses después, y entonces sí, prohibió los besos y los abrazos. Aunque las estadísticas de la época son muy deficientes, se estima que el número de víctimas fue superior a 300 mil.

No quiero decir (y menos lo deseo) que ese vaya a ser el desenlace de la actual epidemia. Tan sólo pienso que aumentarán los casos, y que el pico actual dejará de ser el pico, porque pronto tendremos un pico mayor. La lógica no miente: no se apaga el incendio echándole leña al fuego.

No hemos aprendido nada de la historia, como lo ocurrido con la llamada influenza española en 1918.

 

LUNES, 1 DE JUNIO

La semana inicia con una mala noticia: el fallecimiento por Covid-19 del doctor Sergio de la Fuente. Las redes sociales se colmaron con el caso, primero con solicitudes de plasma para el enfermo, luego con condolencias para la familia. Es difícil de aceptar que un médico, para colmo propietario de un hospital, que se supone tiene acceso a los mejores cuidados, ingrese a la lista de víctimas.

Sergio llegó a Cancún en 1989, procedente de Cuernavaca, persuadido por Manuel Chino Castro. Instaló una modesta clínica en la Bonampak, pero a poco convenció al empresario José Luis Martínez Alday de convertir un pequeño hotel, las Suites Lomas, en el Hospital Americano. En mangas de camisa, trabajando día y noche con su esposa María Luz Avilés, instalaron el primer sanatorio de Cancún, que contaba con un piso de consultorios, dos de habitaciones, y uno más de quirófanos.

Pésimo administrador, Sergio nunca hizo crecer el negocio. Parte del problema era su total desapego por el dinero y, digámoslo así, su gran corazón: le perdonaba la renta a sus médicos, le perdonaba la consulta a sus pacientes, y jamás aceptó dar o recibir las comisiones que se estilan en la medicina moderna. Hubo más de un caso de doctores que llegaron a retirar a sus pacientes del hospital, antes de ser dados de alta, porque De la Fuente se rehusaba a comisionar el tratamiento.

Gran aficionado al golf, ahí conoció a María Luz, ahí conoció al Chino Castro y ahí a conoció a docenas de amigos que envidiaban su entrega a la causa: jugaba tres o cuatro veces por semana, se inscribía en todos los torneos, casi no hablaba de otra cosa. Simpático, risueño, lo sobreviven cinco hijos y miles de anécdotas. Un personaje que vamos a extrañar.

El médico Sergio de la Fuente, fundador del Hospital Americano, falleció por Covid-19

 

MARTES, 2 DE JUNIO

Quizás atento al impacto en la opinión pública, después de anunciar que se usaría tapabocas si así lo exigía la aerolínea, López Obrador reinició por carretera sus giras, en pleno pico (provisional) de la pandemia, cubriendo en dos días los mil 800 kilómetros que separan Cancún de la Ciudad de México. Salió el sábado, durmió en su rancho de Palenque, y el lunes encabezó el homenaje del Día de la Marina, en la zona naval de Isla Mujeres.

Ese mismo lunes inició una serie de banderazos simbólicos para poner en movimiento las obras del Tren Maya. El correspondiente al tramo Cancún-Izamal se improvisó sobre el trazo de la carretera, ya en el municipio de Lázaro Cárdenas, pero en un descampado (algo que no cuadra, pues se suponía como escenario el aeropuerto de Cancún). La obra fue asignada a ICA con un contrato de 27 mil millones de pesos, pero Andrés Manuel fue claro en los términos: “No habrá ampliación de presupuesto, no es de que hicimos mal los cálculos y necesitamos ampliación, es precio alzado, nos vamos de acuerdo a lo convenido. Nada de que llovió mucho y no se pudo trabajar”.

No le fue muy bien al presidente en el resto de la gira. La depresión tropical (luego tormenta con el nombre de Cristóbal) se estacionó en el Golfo, frente a Tabasco, e incluso hizo un movimiento retrógrado, hacia el sur. Así, encontró un Yucatán empapado, donde incluso tuvo que suspender su mañanera, porque el estruendo de la lluvia sobre las láminas de zinc impedía oír preguntas y respuestas. Luego vino un Campeche mojado y un Tabasco inundado, con poca gente y con ánimo sombrío, pero Andrés Manuel se lo tomó con filosofía: “Ya parará, como diría Chicho Ché, mi paisano. Ya parará la lluvia, ya parará, compadre.”

La popularidad de AMLO va en declive (todavía no en picada), y su manejo de la pandemia tiene una reprobación casi unánime. No parece muy sensato recorrer entidades fustigadas por la peste, golpeadas por la temporal y castigadas por el desempleo, para hablarles de las maravillas de la 4T. Pero genio y figura…

El presidente López Obrador retomó sus giras y dio el banderazo de inicio a las obras del Tren Maya.

 

MIÉRCOLES, 3 DE JUNIO

Otra mala noticia: fallece el ex presidente municipal Francisco Alor. No está claro si su deceso tuvo que ver con el Covid-19, porque desde hace años estaba enfermo y parcialmente incapacitado, víctima de un infarto cerebral.

Conocí a Paco Alor desde que era subprocurador de la Zona Norte, lo traté algo más cuando fue recaudador de rentas, pero lo vi mucho cuando escribí la crónica del huracán Wilma, en los meses siguientes a octubre de 2005. En ese episodio tuvo un momento de gloria, cuando se enfrentó verbalmente al presidente Vicente Fox (de manera educada, pero enérgica), quien pretendía despojarlo del mando de la Policía Municipal. Durante la etapa de la reconstrucción, sabedor de que yo preparaba el libro 60 horas con Wilma, cada tanto me llamaba para contarme de los avances, a los que se entregó en cuerpo y alma.

Siempre eran cordiales, más no siempre eran plácidos nuestros encuentros. El mayor diferendo era su disposición a autorizar licencias de construcción sobre los cambios de uso de suelo, todos irregulares, aprobados por la administración anterior, con el argumento de que no podía detener el desarrollo. Tampoco coincidimos en su visión de permitir edificios de 20 pisos de altura en el centro de la ciudad, sin mejorar las redes de infraestructura, una idea que se trajo de Dubái tras un viaje con el gobernador, su compadre Félix González Canto. Alérgico a la crítica, sobre todo a la relacionada con la corrupción de su gobierno, nos vimos muy poco en el segundo tramo de su gestión.

Como cronista de la ciudad, lo entrevisté por última vez después del accidente vascular cuando tenía serias dificultades para hablar y para recordar. Le pedí que me entregara fotografías de su gestión, para integrarlas al archivo histórico de la ciudad, pero la petición no fructificó. Tal vez sea muy pronto para evaluar la huella que dejó Paco Alor en Cancún, que sin duda fue de claroscuros. Esa tarea queda para la historia.

 

JUEVES, 4 DE JUNIO

Con su victoria en las primarias de varios estados diminutos, Joe Biden aseguró que será el adversario de Donald Trump en la elección presidencial del mes de noviembre. Hay que prestar un poco de atención a lo que está sucediendo en los Estados Unidos, pues el desenlace de todos los escenarios actuales (los disturbios raciales, la elección presidencial y, sobre todo, la crisis económica que dejará la pandemia) van a tener un efecto sobre nuestro país.

Biden es un candidato que le puede quitar el sueño a Trump por varias razones: es blanco, es bastante conservador y tiene credenciales de patriota, lo cual puede atraer una parte de la base de Trump, inconforme con la conducta errática del actual huésped de la Casa Blanca. Por lo pronto, Biden va seis o siete puntos arriba en las encuestas. La incógnita es si, para recuperar esa ventaja, Trump acudirá de nuevo a su punching bag preferido: México.

Todo lo que pasa en Estados Unidos repercute en nuestro país.

 

VIERNES, 5 DE JUNIO

Reunión mensual de la Sociedad Andrés Quintana Roo (virtual, como mandan los tiempos). El nodo de la discusión se centra en las consecuencias de la pandemia: la anarquía, el desorden, la confusión que atraviesa el mundo entero. Hacia donde voltees, lo que ves son sociedades convulsionadas, gobiernos en crisis, postración económica.

Como la mayoría de los participantes son académicos, parte del debate deriva hacia la parálisis del sistema educativo. Ya teníamos un atraso en épocas normales, nuestros estudiantes no sabe aprender, su preparación es deficiente, acota Ignacio Díez. Los modelos de educación a distancia no son eficientes, los maestros necesitan capacitación y hay resistencia al cambio, señala Pricila Sosa. La secunda Ana Millet: es muy difícil improvisar sobre la marcha.

Marisol Vanegas propone enfrentar la pandemia a nivel personal, oponerle el pensamiento y la reflexión, y advierte la parálisis que provoca el miedo. Darío Flota y Sergio González Rubiera analizan las cuotas de confusión en donde tiene que operar el mundo actual, de alguna forma letales para nuestra actividad económica, el turismo.

Al final, se plantea una cuestión de largo alcance: qué pasa si la pandemia se vuelve inmanejable, si los contagios se disparan sin control, si nos tenemos que volver a encerrar. ¿Hay un plan para eso?

 

SÁBADO, 6 DE JUNIO

En su edición de mayo, la revista de modas francesa Vogue publicó un reportaje sobre los 19 diseñadores que han lanzado al mercado un accesorio que no puede ser más oportuno, el cubrebocas, como una manera de asociar sus marcas “a la lucha contra el coronavirus”. De acuerdo a la publicación, esta es una manera de crear conciencia de que la pandemia es asunto serio, pero que se puede enfrentar siguiendo pautas de sofisticación y elegancia.

Algo de dinero también ayuda. La marca Louis Vuitton, especializada en nuevos ricos, sacó un diseño que tenía cierta semejanza con un respirador, con hoyuelos en la parte frontal, al módico precio de 100 euros. La mercancía voló, lo mismo que los lotes puestos a la venta por algunas marcas rivales, como Gucci y Fendi, que vieron la ventana de oportunidad y dobletearon el precio: 200 euros.

Muchos de esos adminículos no garantizan a los compradores una protección efectiva contra la intromisión del virus, pues no hay nada que certifique que le impiden el paso. Mas su existencia sí plantea un interrogante práctico: ¿será más que una moda? ¿Será que en el futuro tendremos en el clóset unos cuantos modelos para combinarlos a discreción con nuestro guardarropa?

Esto parece la venganza colérica de los ayatolas. Tanto nos burlamos de la burka, tanto criticamos la obligación de las mujeres musulmanas de usar velo, que la Providencia nos castigó. Ahora seremos nosotros, hombres y mujeres, los que nos vamos a tapar la cara.

Cubrebocas de diseñador, se venden como pan caliente.

 

*Comentarios, sugerencias y críticas a esta columna son bienvenidas al correo coronaviruscancun2020@gmail.com

 

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