Investidura presidencial… objeto de burla

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Elmer Ancona

Esta semana, el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, dijo en Palacio Nacional que no permitirá que nadie “ningunee” la investidura presidencial, sobre todo por actos de “politiquería” o motivos electorales.

Previamente, “reveló” un documento “secreto” que le enviaron a su despacho, en el cual se registra un “Bloque Opositor Amplio (BOA)”, organizado a nivel nacional, para tumbarlo de la Silla Presidencial.

En ese “Bloque”, ya se ha dicho, están hombres de negocios, medios de comunicación, periodistas, intelectuales, académicos, partidos políticos, cámaras empresariales y universidades, entre otros.

El propósito es contrarrestar el poder del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y arrebatarle los gobiernos (municipales, estatales y federal) que tiene bajo su control; por supuesto, también quitarle la “Mayoría” en la Cámara de Diputados.

Aunque todo el mundo se burló de López Obrador; aunque ese “documento” salió de la Secretaría de Gobernación (algo innegable); aunque su propia gente lo engañó y le seguirá mintiendo y aunque se puso a decir barbaridad y media los días que siguieron, lo cierto es que sí.

Yo no creo en el famoso “BOA”, término que utilizó el dictador Hugo Chávez en Venezuela y que ahora quiere “copiar” nuestro Presidente. Son “códigos” que están utilizando gobiernos antidemocráticos en toda América Latina.

Lo cierto es que, a nivel nacional, se está formando un muy considerable movimiento ciudadano, aprovechado por los partidos políticos de Oposición, para detener las acciones de gobierno de López Obrador y de Morena. Es una realidad.

Lo que vendrá después ya lo veremos todos los que estamos en medio de ese fatal encontronazo entre izquierdas y derechas, pero que estamos participando de diferente forma.

Lo cierto es que tenemos un gobierno federal y unas administraciones estatales y municipales de izquierda que “no dan una”. Son tan ineficaces y corruptas como las del pasado. Quien lo dude, vea el “Caso Morelos”, con Cuauhtémoc Blanco, emanado del Partido Encuentro Social (PES), aliado con Morena.

El respeto se gana…

Ante esto, lo que se requiere es diálogo, apertura y consenso entre las diferentes fuerzas de poder que hay en México. Sólo de esta manera se evitarán las estériles confrontaciones que nadie quiere. Aún estamos a tiempo.

¿La investidura presidencial tiene que ser respeta? Sí ¿El presidente de la República tiene que darse a respetar? También. Así de fácil y difícil las cosas. Hay que dejar las burlas -de uno y otro lado- en el cajón de los tristes recuerdos.

 Algo de contexto

Quizá los mexicanos no nos hemos percatado del tremendo daño que estamos causando al país, al propiciar la división entre los diferentes sectores sociales. Cada movimiento que se genera es una profunda herida para todos.

Por claras diferencias ideológicas y doctrinales, muy acentuadas, se están fortaleciendo en México dos bloques totalmente opuestos que, tarde o temprano, chocarán como dos locomotoras y arrojarán bastante sangre.

Los políticos y gobernantes de izquierda radical, muy envalentonados desde los gobiernos, siguen en su postura de trastocar todo lo que suene a “rico”, a “conservador”, a “liberal”, a “fifís” y toda esa palabrería que los irrita.

Los dirigentes y ciudadanos de derecha, muchos de ellos de “alma profunda”, también están en su papel de decir “no” a todo lo que salga de las administraciones conducidas por gente autodenominada “progresista”.

Son dos escuadrones sentimentales, poco razonables, que históricamente han provocado guerras, guerrillas y movimientos sociales de gran alcance.

Los “conservadores”, por ejemplo, echaron andar la famosa “Guerra Cristera” para defender a su Iglesia, sus templos, su doctrina. Se le fueron al cuello a Plutarco Elías Calles.

Los “progresistas” y “anarquistas” (una mezcla de maquinaria socialista-comunista), participaron activamente en el Movimiento del 68 que dejó no decenas, sino cientos de muertos a su paso. A Gustavo Días Ordaz lo dejaron malherido.

Y de ahí surgieron otros movimientos, como el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), liderado por el “Subcomandante Marcos” y un grupo de “comandantes” que abanderó el Indigenismo-Zapatismo. Hoy siguen vivos y coleando.

Todos estos grupos abanderan -según ellos y su propia visión- una causa justa, noble, digna, patriótica, nacionalista, de progreso y desarrollo. Verdad o mentira, ciertas o no, han activado armas que salpican sangre.

@elmerando