Wayeb político; López Obrador, el as bajo la manga con Trump

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ÉDGAR FÉLIX

En los archivos de las “no preocupaciones” del presidente Andrés Manuel López Obrador estaba visitar, con la diplomacia y los protocolos debidos, el vecino país del norte: Estados Unidos. Así que ir, dos años después de ganar la Presidencia de la República, demuestra la estrategia para reunirse con el republicano Donald Trump, quien vapuleó a Enrique Peña Nieto aún como candidato.

Muchos le tienen terror al ejecutivo estadunidense por su desparpajo, su cinismo y esa sonrisa prepotente que lo caracteriza, sino pregúntenle al argentino Jorge Mario Bergoglio cómo lo trató cuando acudió como jefe del Estado de El Vaticano a la potencia mundial.

La visita de López Obrador ha levantado muchas expectativas internacionales en China, y sobre todo en Rusia, para verificar los acuerdos y las posiciones de los dos mandatarios de América del Norte: Andrés Manuel López Obrador y Donald Trump, ambos de estilos y formación muy distintos. No así el Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau, quien es más cercano al eje por donde se mueve López Obrador.

Recordemos que en 2016, el güerito Donald Trump fue elegido presidente de los Estados Unidos en parte con promesas de campaña de construir un muro fronterizo con México; esa fue su principal consigna.

 

 

Esa bandera electoral deterioró las relaciones diplomáticas entre ambas naciones por la insistencia de los Estados Unidos de que México pagaría la construcción del muro fronterizo y debido a la hostilidad de los gobiernos estadounidenses hacia la inmigración ilegal que ingresa a los Estados Unidos desde la frontera con México. Recordemos la palidez de Peña Nieto cuando el candidato Trump se lo dijo sin miramientos en su cara, aquí en Los Pinos. Hasta palmadita y sobadita de espalda le dio.

Otro de los puntos que pasearán por la atmósfera de esta reunión ocurrió el 4 de noviembre del año pasado, cuando nueve personas de doble nacionalidad estadounidense y mexicana, de la familia LeBaron que residían en el estado mexicano de Sonora, fueron asesinados en una emboscada por presuntos miembros del cartel de Sinaloa.

Unas horas después de la tragedia en territorio mexicano, el presidente Trump ofreció asistencia en la investigación de esta masacre; sin embargo, el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, rechazó la asistencia de Estados Unidos, ya que se consideró como intervencionismo. Contrario a los escenarios catastrofistas por ese “no” a Trump las relaciones se atemperaron entre ambas naciones.

La reunión entre ambos mandatarios tendrá acuerdos y precisiones en torno al famoso tratado comercial que desde el salinato, en 1994, México, Estados Unidos y Canadá firmaron como Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con el objetivo de eliminar las barreras al comercio y la inversión.

Desde esos años, Estados Unidos y México han estrechado lazos económicos con la participación activa de los sectores productivos y de la iniciativa privada. Unos meses antes de la salida del priista Enrique Peña Nieto de la Presidencia de la República, en noviembre 2018, se firmó el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá para reemplazar al TLCAN.

Hay que precisar que Estados Unidos es el mayor socio comercial de México, representando cerca de la mitad de todas las exportaciones en 2008 y más de la mitad de todas las importaciones en 2009. Para Estados Unidos, México es el tercer mayor socio comercial después de Canadá y China. En 2018, el comercio bilateral entre ambas naciones ascendió a 574 mil millones de dólares estadunidenses.​

Pero el ahora renombrado Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) palideció en las relaciones sustanciales de nuestra nación frente a las dos potencias del norte. Ahora se movieron los polos económicos en el mundo hacia Rusia y China. Estados Unidos enfrenta la peor crisis social y económica sin precedentes en los últimos 50 años.

López Obrador llega con otro escenario frente a Estados Unidos, con otras condiciones y con las negociaciones de Jesús Seade en el T-MEC, a quien invitó desde el inicio a hacerse cargo de todo el complicado tinglado de este acuerdo. Seade es el as bajo la manga.

Jesús Seade
Jesús Seade Kuri es un economista, diplomático y político mexicano-libanés con un amplio historial en negociaciones comerciales y manejo de crisis financieras internacionales.

No hay que olvidar que Jesús Seade durante el período de 2008 a 2014 fue vicepresidente de la Universidad de Lingnan, en Hong Kong, y durante 2007 a 2016 fue profesor principal (Chair) en economía de la misma.

Durante ese período fue miembro de los consejos asesores de los Secretarios de Servicios Financieros, y de Comercio e Industria del gobierno de Hong Kong SAR; y dirigió un ambicioso estudio —realizado por varias universidades de Hong Kong con apoyo oficial— sobre Hong Kong como centro financiero para China y el mundo.

Desde 2007 y hasta la fecha ha jugado un papel importante en el desarrollo de la Academia de Responsabilidad Corporativa de Hong Kong de la cual es vicepresidente. En 2017 inició funciones como Vicepresidente Asociado para Asuntos Globales de la Universidad China de Hong Kong-Shenzhen, provincia de Guangdong, RPC.

El hombre que limpió el terreno de piedras, en lo político y económico, a López Obrador en este primer encuentro internacional, tuvo también durante 12 años, de 2007 a 2018, una amplia participación en foros oficiales, financieros y empresariales de Hong Kong SAR y la República Popular de China.

López Obrador no se ha concretado a fortalecer las relaciones frente a Estados Unidos y Canadá, sino que ha abierto el abanico de acuerdos con otras naciones. Con la reconfiguración de polos económicos y sociales en esta nueva época por el surgimiento del Covid-19, México es de las primeras naciones que se inserta en la posglobalización del mercado.

Bastará observar con atención el encuentro entre los presidentes Trump y López Obrador. Habrá muchísima tela para analizar. Lo cierto es que por primera vez en muchos años México llega con una agenda propia bajo el brazo, con una posición política privilegiada y muy lejos de recibir una palmadita, con sobadita, en la espalda.

 

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