Autoridades, sin autoridad frente al Covid-19

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Autoridades, sin autoridad frente al Covid-19
  • No existen medidas estrictas para que la gente se quede en casa, todo depende de la buena voluntad de la ciudadanía.

 

Fernando Martí / Cronista de la Ciudad

Diario del Coronavirus

CANCÚN, Q. ROO.- CUARENTEMAS / Una y otra vez, el gobierno nos ha dicho que no quiere tomar medidas autoritarias para manejar la dispersión de la pandemia, que todo tiene que ser por convencimiento. Quédate en casa, repitieron de manera inútil y cansina durante semanas, con la misma insistencia que hoy recomiendan usar el cubrebocas o mantener la sana distancia (aunque la jornada nacional ya se acabó).

Qué bueno que el gobierno no tenga la tentación de usar la fuerza, qué bueno que sean tan amables y cordiales (o democráticos, como ellos dicen), pero hay una pregunta que no debe quedar sin respuesta: si necesitan usar la fuerza, ¿pueden hacerlo?

Esa fuerza se llama policía y la gran interrogante es qué pasaría si la pandemia se pone de los mil demonios (imposible descartar esa posibilidad) y hay que encerrar a la gente, no sólo pedirle que se encierre. ¿Se podría?

Me siento inclinado a pensar que no. A nivel nacional, tenemos más de 2 mil cuerpos de policía, a cual más de ineptos y bandidos (para no hablar de que muchos están controlados por el narco). En sus discursos, los políticos suelen decir que son unas cuantas las manzanas podridas, pero los ciudadanos, que soportan el flagelo cotidiano, sabemos que la corrupción no es la excepción, sino la norma.

Quien mande a esos genízaros a encerrar a la gente sólo les estará dando otra herramienta de extorsión: se van a despachar en grande con las mordidas. Además, si los mandan a las colonias populares, no sería extraño que la gente los enfrentara: ya no les tienen ningún respeto y son más que capaces de recibirlos a trompadas. Total, aparte de la pandemia, lo que íbamos a tener en los hospitales es mucho descalabrado (por eso, a pesar de sus amenazas, ni un solo gobernador se atrevió a multar o a encarcelar a los desobedientes).

La pregunta persiste, ¿qué hacemos si los tenemos que encerrar? La respuesta es obvia: nada. Ese es nuestro país: una autoridad que no tiene autoridad.

 

LUNES, 29 DE JUNIO

Encabezados por su líder formal —que no real— Roberto Cintrón, los hoteleros de Cancún no desperdician ninguna oportunidad para hacerse odiosos a la comunidad, dejando claro que la única salud que les interesa es la de sus chequeras.

En reunión empresarial, en presencia del gobernador, Cintrón pidió a la comunidad que apoye la medida que mantiene cerrada las playas para todos, menos para sus clientes, o sea, para quienes pueden pagar el privilegio. Las razones que expresa son lo de menos: queda claro que si te alcanza para un “day pass” podrás meter los pies desnudos en la arena, y si no, tendrás que ver de lejos cómo se asolean los ricos.

Echando más sal a la herida, Cintrón también anunció que los hoteleros les harán pruebas Covid a sus trabajadores, pero que serán éstos quienes pagarán el costo de las mismas. En este caso, alega que los empleados respetan la sana distancia y se ponen el cubrebocas en sus centros de trabajo, pero que ignoran esas medidas apenas abandonan los hoteles, incluso en las mismas paradas del camión. Entonces, la lógica hotelera dice que, si tienen que pagar la prueba, se lo tomarán en serio.

Así, queda claro que los empleados que fueron despedidos el pasado marzo, que recibieron una fracción de su sueldo o no recibieron nada, que tuvieron que vivir de las despensas oficiales, y que hoy ganan una miseria (pues no hay propinas), deben probar con sus magros recursos que están libres del coronavirus. Eso sí, explicó Cintrón, les vamos a dar facilidades, no será en un solo pago.

Es de esperar que los hoteleros entiendan que, con ese trato, tienen al enemigo en casa. El próximo año, cuando le sugieran a sus trabajadores por quién votar en las elecciones —siempre lo hacen— van a encontrar que la inmensa mayoría prefiere la opción que ellos detestan. Creo que les van a aplicar… ¡el voto de castigo!

 

Quienes pagan una estancia en la Zona Hotelera son los únicos que tienen acceso a las playas de Cancún.
Quienes pagan una estancia en la Zona Hotelera son los únicos que tienen acceso a las playas de Cancún.

 

MARTES, 30 DE JUNIO

No quiero ser apocalíptico, pero a nivel mundial se oyen dos clases de discursos sobre el futuro de la pandemia. De un lado los políticos, que quieren dar por cerrado el caso y presionan para abrir la economía, sosteniendo que lo peor ya pasó. En ese carro van muchos que tienen elecciones en puerta, y de manera muy señalada Donald Trump y su cuate del alma, Andrés Manuel, quien la tiene segura hasta el 2022, cuando se consulte a la gente sobre la revocación del mandato, pero está inquieto por la elección del Congreso federal el año próximo.

En contraste con ese lenguaje optimista, nada científico e irreflexivo, está el discurso de los médicos, los profesionales de la salud, en el cual reina la cautela, la desesperación, y por qué no decirlo, el miedo. Aquí hay que empezar por citar al doctor Anthony Fauci, famoso por corregirle la plana a Míster Trump, quien advirtió a un comité del Senado que con la gente en la calle y sin medidas de control, el número de contagios diarios podría elevarse a 100 mil en los Estados Unidos. Hemos perdido por completo el control de la epidemia, se lamentó Fauci.

Ese mismo día, el periódico The Wall Street Journal, al que es difícil tachar de amarillista, publicó un largo artículo sobre los rebrotes de la enfermedad en Europa. Al principio, el mal atacaba por igual a ricos y a pobres, pero en las dos últimas semanas se ensañó con los barrios de inmigrantes, en donde las familias viven hacinadas en cuartos, las condiciones de higiene dejan mucho que desear, y los salarios son insuficientes para hacerse pruebas y comprar medicinas.

Aquí lo que preocupa es que el patrón se repita, porque la epidemia empezó en Europa tres o cuatro semanas antes que en México, pero lo que está sucediendo allá, a pesar de confinamientos más o menos estrictos, puede repetirse acá, donde las medidas fueron menos severas. Un breve recuento:

  • En Alemania, hubo un rebrote en la localidad de Guetersloh, en Westfalia, donde cientos de trabajadores de las empacadoras de carne locales, en su mayoría inmigrantes pobres de los países de Europa del este, dieron positivo cuando les aplicaron las pruebas. En su mayoría, estos obreros viven apiñados en viviendas comunes que les proporcionan las mismas empresas.
  • En Inglaterra hubo otro rebrote, en la población de Leicester, donde el 40 por ciento de los pobladores tienen origen asiático, y otra vez, viven hacinados en barrios marginales.
  • En Italia, donde la primera oleada afectó al norte industrial, se registró ahora un violento brote en la población rural de Mondragone, cercana a Nápoles, en los campamentos agrícolas de trabajadores búlgaros, una réplica de lo que sucede con los mexicanos en los Estados Unidos. El gobierno envió patrullas militares a acordonar la zona.
  • En Grecia, que ha controlado la pandemia con notable éxito, se registró un extenso brote en el pueblo de Echinos, al norte del país, en las colonias de inmigrantes islámicos, procedentes de Siria y de Líbano.
  • En Portugal, otro caso de éxito, la pandemia reapareció en 19 barrios de la mismísima capital, Lisboa, que albergan a la población de trabajadores temporales, provenientes del norte de África.

El patrón está claro: barrios pobres, mucha gente, contactos intensos y frecuentes. Lo bueno es que en México (y en Cancún) los obreros viven en casas amplias y ventiladas, toman todas las precauciones para cuidar su salud y ganan lo suficiente para acudir al médico al primer síntoma del mal. ¿O no?

 

MIÉRCOLES, 1 DE JULIO

La señora Beatriz, nuestra no primera dama, tuvo otro arranque desafortunado en su cuenta de Twitter. El intercambio se dio en los siguientes términos:

Beatriz Gutiérrez Müller: “Hace dos años, los ciudadanos —que somos los verdaderos guardianes de la democracia—, logramos lo impensable: elecciones realmente democráticas”.

José David Guerra, tuitero (con ganas obvias de provocar): “¿Cuándo atenderá personalmente a los padres de niños con cáncer? Gracias por su amable respuesta”.

BGM: “No soy médico, a lo mejor usted sí. Ande, ayúdelos”.

El tuit lo bajaron de inmediato, pero el mal ya estaba hecho. Hay quien piensa que la señora Beatriz, quien es historiadora y tiene un doctorado en teoría literaria, ejerce sobre su esposo una influencia benéfica, que lo tranquiliza, que lo serena.

Todo hace pensar que es al revés: es ella quien lo acelera.

 

JUEVES, 2 DE JULIO

López Obrador confirma que irá a saludar a su amigo Trump. La prensa lo acribilla con advertencias, admoniciones y sermones, sin dejar de mencionar que la prensa extranjera lo va a hacer pedazos, como si la de aquí lo tratara tan bien.

Al margen del lance diplomático, los medios ignoran el sainete que se vive en los entretelones de la visita: el canciller Marcelo Ebrard trae pleito casado con la embajadora, Martha Bárcena. Las razones son conocidas: el nombramiento fue una decisión directa de Andrés Manuel, quien tiene una añeja y cálida relación con la diplomática y con su marido, el periodista Agustín Gutiérrez Canet. Tan cercana, que Gutiérrez Canet estuvo presente en la cena íntima que Andrés Manuel le ofreció a un grupo diminuto de empresarios la noche misma de su triunfo electoral, hace exactamente dos años. Con una circunstancia adicional: la señora Beatriz es sobrina en primer grado de Agustín, hija de su hermano Juan.

Bárcena podría haber sido la canciller, pero Ebrard, a quien dicen que Andrés Manuel no hallaba en dónde poner, se atravesó en el camino y terminó en Tlatelolco. Desde ahí ha ganado en la estimación de su jefe, que lo trata como vicepresidente y le encarga de todo, pero no le ha permitido remover a la embajadora. No es que no haya tratado. De hecho, hizo un intento por abrir en Washington una embajada paralela disfrazada de oficina de negocios, a cargo de su asesor consentido, Javier López Casarín, pero Bárcena se quejó y Andrés Manuel lo paró en seco.

Bueno, lo paró a medias, porque la batalla sigue. En vísperas de la visita, Ebrard armó una campaña de prensa contra la pareja, auspiciada por sus múltiples amigos y partidarios de los medios (como Loret de Mola y Genaro Lozano), acusando a Gutiérrez Canet de ser desleal en la columna que publica en el periódico Milenio, que con frecuencia incluye críticas (sin duda imprudentes) a la administración de la 4T.

Difícil saber el desenlace de esta escaramuza, pero una cosa está clara: cuando los mexicanos agarran pleito no hay conciliación posible, ni aun teniendo en frente al enemigo común.

López Obrador confirma que irá a saludar a su amigo Trump.
López Obrador confirma que irá a saludar a su amigo Trump.

 

VIERNES, 3 DE JULIO

La publicación por parte de la Unión Europea de una lista de 14 países seguros, cuyos ciudadanos podrán viajar sin restricciones al Viejo Continente, fue interpretada por la prensa y por las redes sociales como un cierre de fronteras para turistas mexicanos. No está claro que así sea, o si continuará vigente la medida de poner en cuarentena a los recién llegados durante dos semanas, un encierro que en la práctica hace imposible cualquier tipo de vacación.

Esas restricciones contrastan con la política de puertas abiertas que sostiene México, que no sólo está recibiendo turistas de donde vengan, sino que les permite ingresar sin ningún tipo de control sanitario. No importa si los visitantes provienen de países con altos índices de contagio —lo cual incluye al país con peores números, los Estados Unidos—, aquí entran como Juan por su casa, y una vez dentro no están obligados a guardar ningún protocolo de seguridad.

Habría que revisar tanta laxitud. Australia, que se contaba entre los países que había contenido exitosamente el virus, tuvo un rebrote importante que se generó en un hotel de Melbourne, porque turistas portadores no respetaron los protocolos de la cuarentena obligatoria e infectaron a los empleados del hotel. Como ese gobierno no se anda por las ramas, mandó a confinamiento a 19 barrios de la ciudad, que en total suman 300 mil habitantes, y clausuró los centros de hospedaje.

Pero el episodio tiene toda la lógica del mundo. En este momento, ¿quiénes van a viajar al extranjero? Y con eso me refiero a… ¿cualquier ciudadano de cualquier país? ¿Los que tienen doce semanas encerrados y han guardado estrictamente la cuarentena? ¿Los que obedecen, usan tapabocas y guardan la sana distancia? ¿Los que se cuidan hasta de sus hijos y nietos? Claro que no: los primeros en viajar serán los que les vale la crisis, los que no creen en el bicho, que van a las fiestas de alberca, que andan en las marchas callejeras, que no sufren por meterse un aeropuerto o tomar un avión, y que tienen la mayor probabilidad de todas de ser portadores del virus.

Mas como necesitamos esos turistas y sus sabrosos dólares, lo que procede es explicarle al público que el precio del paquete que pagan les da derecho a saturar las albercas sin precauciones, a no guardar ninguna distancia, a palmear a los empleados en la espalda si les viene en gana y a salpicarnos a todos con sus micro gotas de saliva cargadas de virus, pues estamos felices y muy agradecidos de que hayan vuelto.

 

SÁBADO, 4 DE JULIO

El lunes las cosas se veían mal, pero en una semana se pusieron peor. A nivel nacional, cada día que pasa se establece un nuevo récord de contagios: casi ocho mil el sábado. El gobierno federal no tiene ningún control, y el color de su semáforo es un dato tan inútil como anecdótico. De repente, algunos de los dos López, Obrador o Gatell, amenaza con recurrir a medidas más severas e imponer de nuevo el confinamiento, pero está claro que no tienen las herramientas para hacer efectiva esa medida.

En Quintana Roo no estamos mejor: la indisciplina es total y generalizada. El uso obligatorio del tapabocas y la sana distancia, los máximos de ocupación en los restaurantes y el transporte público, los protocolos en los mercados y en las oficinas, nomás no se respetan. El jueves, el gobernador emitió un mensaje en tono inusual, calificando el momento como un “punto crítico límite”. En un lenguaje que no es el suyo, acusó a quienes se distraen de irresponsables y negligentes, aseguró que no toleraría “retrocesos fatales” y sentenció que sobre advertencia no hay engaño, aunque no explicó cómo meterá al orden a los rebeldes.

Hace un par de semanas escribí que veía a Carlos Joaquín en control de la situación. Hoy lo veo mucho menos seguro, más bien inquieto y molesto, y hasta desconcertado, ante las evidencias de que la estrategia se encamina al fracaso. Lo peor del caso es que, aparte de los medios —que lo reproducen por obligación o por inercia—, nadie parece prestar oídos al mensaje, no se generan comentarios, no es tema de conversación, el mensaje cayó en el vacío. Tiene razón el gobernador: la gente está demasiado distraída.

El gobernador Carlos Joaquín González afirmó que la entidad está en un punto crítico por los irresponsables que no se cuidan.
El gobernador Carlos Joaquín González afirmó que la entidad está en un punto crítico por los irresponsables que no se cuidan.

 

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