Yo quiero ser patrón

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Yo quiero ser patrón.
Modern lounge room interior in office building. Room with panoramic window, modern leather chair, white sofa and floor lamp. Downtown workspace design concept

Muy bien, pero no es como en las películas.

Nueva York, EE. UU.,- Él ocupa la oficina más grande en el edificio, la de la esquina, bellamente decorada, los muebles son de maderas preciosas. Las ventanas, de piso a techo, ofrecen excelentes vistas de la ciudad. En la antesala, siempre hay alguien esperando las siguientes instrucciones. Carro del año. Cenas de negocios con bebidas y exóticos platillos; eventos que se extienden hasta las altas horas de la noche. Domingo de brunch. Ropa de marca. Reloj, carísimo…

Esa idea se nos vende a través de películas, televisión, redes sociales. Muchos emprendedores hacen de esa visión su objetivo principal al poner en marcha su empresa. Quieren fama, glamour, una vida de jet set.

Al indagar sobre cómo llegar a esa posición de privilegio, esos mismos emprendedores tienen una idea muy equivocada de cómo lograrlo. La ilusión del patrón, al estilo Sam «Ace» Rothstein en la película «Casino», o Gordon Gecko en «Wall Street, El poder y la avaricia» no asemeja la realidad de lo que es un auténtico (y buen) jefe de empresa, un patrón.

Ser patrón, el jefe responsable de la empresa, es muy diferente. Al menos debería serlo.

El que sabe, sabe

Muy frecuentemente pensamos en «el jefe» como alguien que domina su área técnica y por eso sube de puesto, hasta arriba… por eso es patrón. Pensamos que para llegar a la cima es necesario pasar interminables horas en el trabajo, porque mientras más horas, más preparados estaremos para el ascenso. Es esa teoría de las 10,000 horas de practica que nos lleva al dominio de cualquier actividad. Pero tener 10,000 horas de practicar el violín puede hacerme un muy buen violinista, pero no me garantiza ser maestro de la orquesta. Si fuera por esa lógica, en una empresa bienes raíces, el patrón tendría que ser el mejor vendedor; en una de inteligencia artificial, el mejor programador; en un gran casino, el mejor apostador o jugador de póker; en Bimbo, el mejor panadero.

 

Ni tanto que queme al santo…

…ni tanto que no lo alumbre. Porque si bien es cierto que no siempre la persona más proficiente técnicamente en su área es la que debe liderar, si es muy importante que ese jefe entienda bien lo que la empresa ofrece. Quien asume responsabilidad máxima de una empresa tiene que entender esa solución que dicha empresa provee y que es la razón de existir de la empresa misma. Ese jefe también tiene que saber administrar los recursos que tiene a su alcance para lograr los objetivos principales. Es por eso que la gestión de empresas es hoy en día una rama de estudio con mérito propio.

 

Subir de puesto

El motivo por el cual entendemos que en una organización se «sube de puesto» tiene que ver con una metáfora esencial: una planicie nos es más clara desde la montaña. Otros conceptos usados en administración tienen un origen similar: un mapa corporativo, estrategias y tácticas competitivas, visión y misión empresariales. Son todos metáforas. No se debe de entender como que «el de arriba» es más que los que le reportan. Un ascenso es un aumento de responsabilidades, no un sello de superioridad genética sobre los demás.

El secreto está en que, al estar desde un punto de vista más «elevado», es posible ver ese objetivo distante y entender mejor la distribución de recursos necesarios para llegar al resultado que se quiere. La función de un jefe entonces es saber administrar esos recursos. Pensar diferente, vertical y lateralmente. El trabajo principal de un jefe es que cada integrante del equipo bajo su responsabilidad cuente con los recursos que necesite para realizar las tareas que le sean asignadas.

 

Tu misión es…

Pensado así, la forma de ver todo eso de «ser el patrón» toma un sentido diferente. Se empieza con la formulación de las tareas que deben realizarse para alcanzar los objetivos que se quieren. La definición inicial es importante porque esas tareas generales definen los equipos que las realizaran. A su vez, cada equipo requerirá igualmente un administrador de recursos, para ejecutar sus mandatos y que le reportará a alguien más. Finalmente, esas tareas y estructuras definirán funciones que tendrá la mano de obra. La tecnología que se va a usar es simplemente eso: las herramientas necesarias para el cumplimiento de tareas de acuerdo a las funciones. Mejores herramientas requieren mano de obra más especializada para generar eficiencias al ser usadas. Tareas mal demarcadas sólo generan resultados insatisfactorios, sin importar la capacidad técnica del equipo que las realiza. Tareas mal definidas son el resultado de tener al mando un mal patrón, alguien que «no sabe».

Un buen jefe de empresa es necesariamente un buen administrador de recursos, alguien que entiende cada parte de la empresa sin necesidad de dominarla, que sabe rodearse de personal competente en sus respectivas áreas, que asigna tareas adecuadamente, y que pasa la mayor parte de su tiempo al servicio de su equipo para que no les falte nada de lo que necesitan. No al revés. No de otra forma.

Ser un buen patrón es mucho más complejo de lo que parece.

 

Xavier "Xavi" Flores

 

Xavier «Xavi» Flores es un ejecutivo hotelero y de finanzas inmobiliarias, y actualmente es socio y asesor de SevenTrainVentures, una empresa de inversión y desarrollo a startups y micro-emprendedores con enfoque en tecnologías aplicadas. Xavi es Licenciado en administración de empresas turísticas por la Universidad de Houston, en Texas, y obtuvo un MBA de ESADE Business School en Barcelona, España. Él es originario de Chetumal, Quintana Roo, y reside actualmente en Nueva York.