El Covid-19 no cede; saldremos muy lastimados y sin victoria

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El Covid-19 no cede; saldremos muy lastimados y sin victoria
  • La pandemia no ceja: ha llegado el momento de erradicar el optimismo, imaginar el peor de los escenarios y actuar en consecuencia.

Fernando Martí / Cronista de la Ciudad

Diario del Coronavirus

CANCÚN, Q. ROO.- CUARENTEMAS / Lo que tenía que pasar, pasó: el semáforo nacional regresó a Quintana Roo al color rojo, pero existe la convicción local de mantener Cancún abierto al turismo, aunque reforzando los protocolos sanitarios que NO observa la población, pues en forma sistemática son ignorados por la mayoría.

La sana distancia, el cubrebocas y el quédate en casa si no tienes nada qué hacer en la calle, son consignas huecas frente a una población descreída y escéptica, que tiene que enfrentar el dilema cotidiano de la supervivencia.

La alternativa que parece existir no es ganar-ganar, sino perder-perder. Con el número de contagios en su pico, la apertura se puede mantener unas cuantas semanas más, a ver si la curva se modera, pero no en forma indefinida, pues se corre el riesgo de saturar la capacidad hospitalaria y vivir el dramático escenario de las muertes en serie y en la calle (fatal para nuestra industria, la turística). Pero cerrar otra vez sería igualmente lesivo, porque requeriría medidas de fuerza que la autoridad no parece dispuesta a tomar, quizá porque no tiene la capacidad de hacerlas efectivas (y que también serían fatales para la imagen del destino).

Ahora es ocioso discutir si nos encerramos demasiado pronto, si los modelos matemáticos fallaron, si el gobierno federal se conduce con frivolidad o si la apertura fue prematura. Esos elementos son irrelevantes para la nueva realidad, que consiste en una epidemia que no cede, que se agrava y que puede estacionarse por meses o por años.

Contra la opinión general, creo que nos hace falta una buena dosis de pesimismo. Si estamos donde estamos, es porque la estrategia y las decisiones para combatir la pandemia han estado permeadas por las vibras positivas, por una visión idealista del desenlace, que se expresa en frases del tipo “venceremos”, “saldremos fortalecidos (¡!)” o “nos vino como anillo al dedo”. Al contrario: vamos a salir muy lastimados, con muchas pérdidas y sin proclamar victoria, porque no vamos a derrotar a nadie: el enemigo seguirá ahí, mecánico, impersonal, ajeno por completo a la tragedia.

Eso es esto: una tragedia colectiva, que no deja espacio para los buenos deseos y el optimismo (como una guerra). Para enfrentarla se requiere decisión y sacrificios, y sobre todo frialdad y realismo seco, incluso en su versión extrema, el pesimismo. En mi modesta opinión, es tiempo de considerar el peor de los escenarios y actuar en consecuencia.

 

LUNES, 13 DE JULIO

Fiel a su costumbre de hacer lo que le viene en gana, contra la opinión del Ayuntamiento y sin consultar a la ciudadanía, Fonatur decidió modificar el trazo histórico del Bulevar Kukulcán, que ha funcionado en forma eficaz durante 50 años, para complacer un capricho de los propietarios del fraccionamiento Puerto Cancún o del centro comercial Marina Town Center, vaya usted a saber.

El desaguisado tiene lugar en el kilómetro 1.2, precisamente frente al acceso sur de Puerto Cancún, y tiene por objeto evitar que los visitantes a ese exclusivo residencial tengan que desplazarse hasta el siguiente retorno (en el km 2.5, donde está el retén), una vuelta en U que Fonatur califica como “insegura y peligrosa”, aunque no se tiene ninguna noticia de accidentes o incidentes que pudieran justificar tales calificativos.

Aun si así fuera, en lugar de intervenir el retorno para hacerlo seguro, Fonatur decidió hacer lo siguiente:

  • Desviar la suave curva que baja de la Zona Hotelera y remeterla (no hay otra palabra) frente al acceso a Puerto Cancún, con un trazo cerrado y estrecho, ese sí peligroso, donde la circulación se va a pasmar.
  • Colocar un paradero de camiones al final de la curva, que funcionará como un tapón adicional al tráfico.
  • Utilizar los dos carriles que va a cancelar, los que ahora bajan, para hacer una lateral de los carriles que ahora suben, lo cual requiere instalar en el paso y la vuelta una batería de semáforos.
  • Derribar una cuarenta o cincuenta palmeras monumentales, también históricas, sembradas cuando se inauguró el Bulevar, que hoy se encuentran sobre el camellón.
  • Seccionar la ciclopista, que en ese tramo se desviará sobre un andador del fraccionamiento, con un pavimento inadecuado.
  • Desaparecer la banqueta, sin que quede claro por dónde librarán el cruce los peatones.

El delegado de Fonatur en Cancún, Raúl  Bermúdez, ha expresado en más de una ocasión que la Zona Hotelera es territorio soberano del Fondo y que en ese espacio no hay más autoridad que la suya. Hay que estar atentos a sus dichos, porque Fonatur va a construir el Tren Maya desde Cancún hasta Tulum: no vaya a ser que el señor delegado lo interprete como una ampliación de sus dominios.

Lo que no se entiende es que el actual gobierno, en voz del propio Andrés Manuel, se moleste tanto cuando lo equiparan con los gobiernos del pasado. No somos iguales, repite airado, sin ocultar su ofuscación. Pero cómo no los vamos a comparar, si se portan con la misma prepotencia de antes.

Fonatur decidió modificar el trazo histórico del Bulevar Kukulcán, que ha funcionado en forma eficaz durante 50 años
Fonatur decidió modificar el trazo histórico del Bulevar Kukulcán, que ha funcionado en forma eficaz durante 50 años
MARTES, 14 DE JULIO

Una lectora avispada hizo llegar a mi celular un meme que merece algo de reflexión, y que viene a abrir una ventanita de luz en la penumbra del coronavirus. Hay que aceptar que mientras unos sufren y se angustian, otros critican y se lamentan, unos pocos están buscando una solución, que en este caso equivale a la salvación.

El meme dice así:  Dicen que Pfizer está trabajando en la vacuna del Covid.

Les tengo fe. Ellos hicieron el Viagra. Saben cómo parar la cosa.

MIÉRCOLES, 15 DE JULIO

Una noticia se vuelve viral en redes sociales: el laboratorio Astra Zeneca anuncia que tendrá lista una vacuna contra el Covid en el mes de septiembre, y que tiene capacidad para producir mil millones de dosis.

Las cápsulas que circulan por Facebook y WhatsApp son un rayo de luz. Dice una: Septiembre 2020 es la fecha en que circulará la primera vacuna para el Covid-19. Reza otra: Astra Zeneca pondrá al alcance de la gente la vacuna desarrollada por la Universidad de Oxford. Remata uno más: Ya no es una especulación ni una promesa, es un hecho que el mismo laboratorio ya anuncia en su página web.

En periodismo, a este tipo de noticias se les llama una volada, una nota más o menos escandalosa que resulta de sacar de contexto algunos hechos reales, mezclarlos con datos imprecisos, y producir una información errónea.

Los hechos reales: Astra Zeneca, un corporativo mitad sueco mitad británico, es uno de los gigantes de la industria farmacéutica. Tiene presencia en cerca de 40 países (México incluido), y ventas anuales del orden de 30 mil millones de dólares, negocio muy lucrativo pues la tercera parte se vuelven utilidades.

En su nómina figuran unos 70 mil empleados, y eso incluye equipos de científicos dedicados a la investigación de nuevos productos, o sea, a la invención de medicinas. Sus áreas de especialidad son la oncología (ahí es líder), el aparato cardiovascular, los riñones, y de alguna manera vinculados al Covid, el sistema respiratorio, la inmunología y la creación de vacunas.

Apenas en mayo, la compañía firmó un acuerdo con la muy británica y prestigiada universidad de Oxford, para producir y distribuir 400 millones de dosis, en caso de que la vacuna que está desarrollando Oxford, que ya se encuentra en fase 3, resulte ser efectiva.

Los datos imprecisos: inventar vacunas es tarea de una complejidad apabullante. Los legos, ignorantes absolutos en la materia, tenemos en la cabeza la historia romántica de Louis Pasteur, que desarrolló la vacuna contra la rabia a partir de cepas debilitadas del microbio. La teoría dice que al recibir esos ejemplares noqueados, o incluso muertos, nuestro sistema desarrollará anticuerpos, que resistirán el ataque de la verdadera enfermedad.

Eso sigue siendo verdad, y algunas investigaciones van por ese camino, pero las técnicas modernas para inventar vacunas también incluyen una cantidad increíble de caminos paralelos: la inoculación de vectores virales (virus genéticamente modificados, diferentes al que causa la enfermedad), de proteínas recombinadas, de enlaces péptidos (a partir de los aminoácidos), de virus similares, y de fragmentos de las cadenas de ADN y ARN, o sea, la estructura molecular del bicho. Todas esas posibilidades, que son endiabladamente difíciles de entender, y más aún de explicar, no persiguen los mismos fines: algunas pretenden que la enfermedad no te dé (que el anticuerpo elimine al virus), pero otras buscan que te dé menos, o sea, que solo produzca síntomas leves. Para cerrar este largo párrafo, hay que apuntar que los laboratorios serios registran sus protocolos de investigación ante la Organización Mundial de la Salud, y que hoy en día existen más de 150 investigaciones en curso para vacunas anti-Covid (entre ellas la de Astra Zeneca), de las cuales sólo tres tienen como agente activo al virus atenuado o muerto.

Los datos imprecisos: los protocolos para hacer aprobar una vacuna son enredados y tortuosos. Para empezar, se requiere completar tres fases. En la primera, se inocula a docenas de personas, voluntarios sanos que reciben un pago a cambio de su rol como conejillos de Indias (en el caso del Covid, unos 4 mil 500 dólares por persona). En la segunda fase, vacunan a cientos. En la tercera, a miles. En cada fase, se mantiene bajo observación a todos los participantes, incluyendo a un grupo paralelo a quienes sólo se inoculó un placebo.

Dependiendo de cuántos se contagien, se determina la efectividad de la vacuna (un 60 por ciento ya se considera aceptable). Pero hay otro factor crucial: la duración de la inmunidad. Hay vacunas que te protegen de por vida, pero hay otras que deben recibirse cada año, porque el sistema inmunológico pierde la capacidad de reconocer al virus, o porque el virus es mutante y ataca con un nuevo disfraz. Por eso se requieren años para desarrollar una vacuna efectiva: hay que monitorear a los voluntarios mucho tiempo para saber si conservan la inmunidad.

La información errónea: el pasado 13 de junio, Astra Zeneca publicó en la web su por Oxford, que se encuentra en fase 3, pruebe ser efectiva. Obvio, decir fase 3 es un decir, porque los protocolos de las fases 1 y 2 se hicieron fast track, sin esperar un tiempo prudente para saber cuánto dura la inmunidad, simple y sencillamente porque tenemos mucha prisa, muchas ganas de creer, y estamos dispuestos a pasar por alto ese detalle. Hasta el momento, el dato más certero es que los voluntarios, luego de 28 días de recibir la dosis, dieron positivo en la creación de anticuerpos (es el caso de Pfizer, asociado en esta aventura con BioNTech), que parecen ser capaces de enfrentar al coronavirus, pero no es concluyente que puedan vencerlo. Sin ese control estricto, lo han advertido en todos los tonos los científicos, es muy probable que las primeras vacunas disponibles (no sólo de Astra Zeneca, ni de Pfizer), presenten muchos fallos: que la gente vacunada se enferme (e incluso se ponga grave y muera), o que la inmunidad no dure más allá de unos meses (como sucede con la vacuna contra la influenza).

O sea, aunque salga en septiembre, o en diciembre, o el año que entra, tendremos un remedio provisorio, no del todo efectivo, y para nada la vacuna universal que nos dará protección eterna y nos devolverá a la vieja normalidad. Eso es una volada.

Por último, para cerrar el capítulo de Astra Zeneca, vale la pena anotar que el proyecto, que va a costar unos 2 mil millones de dólares (que pueden hacerse humo), lo están financiando los Estados Unidos (con la mitad), más tres o cuatro países europeos (Inglaterra, Francia, Holanda y Alemania), que son quienes tendrán mano en la distribución de las 400 millones de dosis. Hace pocas semanas, la cancillería mexicana reveló que ha sostenido pláticas con Astra Zeneca y con Oxford, así como con China, para involucrar a México en los protocolos de la investigación, pero no dio mayores detalles sobre las implicaciones de esa iniciativa.

En síntesis, para los atribulados habitantes de este paraíso llamado Cancún, la susodicha vacuna, aparte de ser una volada, va a seguir por mucho tiempo siendo una fantasía.

El laboratorio Astra Zeneca anuncia que tendrá lista una vacuna contra el Covid en el mes de septiembre
JUEVES, 16 DE JULIO

Como usuario frecuente de la ciclopista, que recorro (casi) a diario en bicicleta, debo compartir ese espacio público con cientos de caminantes y de ciclistas, que por momentos se vuelven multitud. No deja de ser incómodo tener que ir frenando y sonando el timbre para advertir de tu cercanía cuando alcanzas un peatón, y menos desmontar cuando un grupo bloquea por completo la vía, pero hay que asumir esa molestia con resignación, porque todos tenemos el mismo derecho.

Ni hablar, somos muchos y la ciclopista es popular. Pero hay otros escollos en el recorrido que no deberían estar ahí, ni creo que tengan el mismo derecho, porque no son peatones, ni corredores, ni ciclistas, y con dificultad se pueden catalogar como usuarios: son invasores en toda la extensión de la palabra, con una finalidad única e inequívoca; estorbar.

La plaga más abundante son los taxistas. Con su desparpajo característico, aquí y allá suelen bloquear partes del carril, mientras esperan que sus clientes salgan de los hoteles. Es inútil reclamarles: o no se quitan o te discuten o te ignoran o te echan bola, dejando en claro que son los reyes de la calle y sus accesorias.

Peor de pesados son los autobuses turísticos (que también acuden a recoger clientes), o los vehículos de reparto (mientras esperan ser recibidos), cuyas enormes dimensiones llegan a bloquear por completo el arroyo. Como suelen tardar más que unos minutos, no hay más remedio que rebasarlos por la banqueta o pasar sobre los jardines para rodearlos.

Aparte de estos indeseables, un amplio catálogo de obstáculos puede estar en el camino: las cuatrimotos de la policía (que violan sin pudor la prohibición de usar vehículos motorizados), los anuncios de las agencias que venden tours (colocados sobre la propia ciclopista), cuadrillas de albañiles y jardineros (que depositan montones de cascajo y de ramas podadas), y las cintas amarillas de la Policía que, con el pretexto de la pandemia, clausuran el acceso en el kilómetro cero, pero dejan abierto todo lo demás.

He logrado esquivar con éxito esta fauna nociva, con una sola excepción: el viernes fui embestido por un teléfono celular. Los hechos ocurrieron de la siguiente manera: el aparato de marras venía avanzando en sentido contrario al mío con una trayectoria errática, muy semejante a un zigzag, en la mano de su conductor, algo parecido a un adolescente con una expresión facial semejante al autismo, cuya mirada se mantenía clavada en la pantalla líquida. Estimando una probable colisión, paré en seco mi bicicleta y me mantuve inmóvil, haciendo sonar el timbre de advertencia, y luego, de viva voz, diciendo aguas. La precaución fue inútil: el celular y su distraído dueño siguieron su avance hasta chocar contra mi vehículo y mi humanidad, instante en el cual el propietario regresó a este mundo.

Debo confesar que apenas me dedicó una mirada, pues a las claras su preocupación mayor era cerciorarse de que el celular, que cayó al suelo, seguía funcionando. Los daños fueron menores, más bien inexistentes, pero la lección es inequívoca: aguas con los celulares en la ciclopista.

 

VIERNES, 17 DE JULIO

Con 24 horas de diferencia, nuestra máxima autoridad política, el gobernador Carlos Joaquín González, y nuestra máxima autoridad espiritual, el obispo Pedro Pablo Elizondo, dieron a conocer que están infectados por el coronavirus, en ambos casos sin síntomas que disparen las alarmas.

Es difícil saber qué tanto se cuidaron estos personajes, uno en sus giras políticas, el otro en sus labores pastorales. Algún descuido tuvieron y el virus los invadió como a cualquier mortal, sin respetar su rango y jerarquía. De todos modos, queda para la discusión si los líderes, que son más que nunca necesarios en las crisis, deben resguardarse con máximo rigor en las pandemias (como un general en las batallas), pues su ausencia puede complicar todo el escenario.

El contagio de Carlos Joaquín y de Pedro Pablo es perfecta muestra de que cualquiera está expuesto a la enfermedad, aún quienes, como ellos, no tienen profesiones de alto riesgo. Esa aseveración se desprende de un estudio que acaba de publicar el Foro Económico Mundial, de Davos, que analizó el riesgo de contraer la enfermedad que tienen quienes practican mil distintas profesiones y oficios.

Los trabajos más peligrosos, casi diría suicidas, corresponden a los trabajadores del sector salud (médicos, enfermeras, dentistas, técnicos radiólogos y terapeutas), que están en contacto cotidiano con los enfermos. En tales casos, en una escala de 1 a 100, el factor de riesgo siempre está por arriba de los 90 puntos. Por la misma razón, en el tope de la lista también figuran quienes tienen cualquier clase de contacto con los estragos de la plaga, como los embalsamadores (49 puntos) o los médicos forenses (41).

Fuera del ámbito sanitario, es inquietante la lista de los cinco trabajos que se volvieron de los más riesgosos tras el arribo del bicho. Juzgue usted: peluqueros y maquillistas (69 puntos), choferes de taxi o de camión (67), meseros (48), cajeros de banco o de supermercado (41) y empleadas domésticas (40); chambas que de súbito se volvieron tan peligrosos como ser bombero (66) o policía (59).

El caso es que el asunto también funciona en sentido contrario, es decir, es un riesgo mayor ir a la peluquería o al salón de belleza, subirse al transporte público, comer en un restaurante, comprar en el súper, acudir al banco o dejarse consentir por la muchacha. Por eso, y nada más que por eso, todos nos estamos contagiando.

El contagio de Carlos Joaquín y de Pedro Pablo es perfecta muestra de que cualquiera está expuesto a la enfermedad, aún quienes, como ellos, no tienen profesiones de alto riesgo.
El contagio de Carlos Joaquín y de Pedro Pablo es perfecta muestra de que cualquiera está expuesto a la enfermedad, aún quienes, como ellos, no tienen profesiones de alto riesgo.

 

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