Cuando sea grande quiero ser…

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Cuando sea grande quiero ser...
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¿Cómo saber el valor del dinero en el tiempo?

Cuando yo tenía 10 años, quería ser veterinario. No estaba seguro de por qué, pero quería ser uno. Me gustaban los animales, desde las mascotas domésticas (gatos, perros) hasta animales de granja (ganado, caballos, gallinas) y los animales salvajes. Ir al zoológico era muy emocionante. En mi mente infantil, no podía ver todas las oportunidades que el mundo me ofrecería si hubiera seguido una carrera en medicina veterinaria, biología, biología marina, zoología, profesional de la conservación de la vida silvestre, etc. Lo único que sabía es que me gustaban los animales y que quería cuidarlos. Como esto fue antes de la era de Internet, pasaba largas horas leyendo un par de enciclopedias que teníamos en casa, estudiando todo lo que podía sobre los animales, la vida silvestre y la Madre Naturaleza. Me gustaba leer, y sabía, incluso a esa temprana edad, que tenía que estudiar para ser lo que quería.

Cuando tenía 20 años, estaba en la universidad cursando una licenciatura en administración de hoteles y restaurantes. Quería ser gerente general de una cadena hotelera internacional. La idea de ese estilo de vida me fascinaba. Mi sueño de veterinario se había quedado atrás, en gran parte debido a que me di cuenta de que era alérgico a los gatos y los perros, y eso me hizo cambiar de rumbo antes de explorar otras alternativas relacionadas. En esos años entre mis 10 y mis 20, había pasado por muchos otros intereses vocacionales: informática, robótica, ingenierías, arquitectura, idiomas. Para cuando estaba en la universidad había encontrado mi verdadera vocación: ser Gerente General de hoteles, y seguí estudiando mucho para ser el mejor gerente que pudiera ser.

Bueno, eso tampoco duró mucho. Cuando tenía 21 años, tomé mi primer curso de finanzas, dado por la Dra. Agnes DeFranco. Ella es una de esas profesoras que combinan la pasión por la docencia con el dominio de su materia, de una manera que inspira profundamente. Después de tomar su clase, ya no quería ser gerente general de un hotel. En cambio, entré en la consultoría de turismo y me lancé de cabeza al mundo de las finanzas.

 

¿Cuáles son los riesgos?

Nuestro sistema económico actual se basa en unos pocos principios, regidos por la escasez. Debido a que casi todo lo que nos rodea es finito, la oferta y la demanda son las principales fuerzas que controlan nuestras vidas. Lo que hay de algo es lo que los economistas llaman «oferta». «Demanda», a su vez, es cuántos de nosotros queremos ese algo. Si hay poco «algo» y mucha gente lo quiere, ese «algo» es valioso, una palabra dominguera para decir que es caro. Si pocos o nadie lo quieren, o si es abundante, la «cosa esa» no es valiosa. Es barata.

Otra complicación implícita que a los economistas les gusta atribuir a la escasez es la incertidumbre. En eso si están correctos. Nadie puede predecir el futuro distante, exactamente cómo será, con absoluta certeza. Cuanto más lejos en el tiempo, menos seguro estará alguien de cómo serán las cosas. Un excelente ejemplo es nuestra situación mundial actual: no muchos de nosotros podríamos haber adivinado en enero que estaríamos pasando por lo que estamos pasando hoy. Esa incertidumbre sobre el futuro se conoce en el mundo empresarial y financiero como «riesgo».

 

¿Me prestas dinero?

Uno de los principios de las finanzas es que el efectivo es el rey, y que a medida que pasa el tiempo, la promesa de efectivo vale cada vez menos en el futuro. Se llama valor del dinero en el tiempo. Para la mayoría de nosotros, si tuviéramos la opción de recibir 10 de algo hoy, o 10 en seis meses, lo prudente sería decir que es «mejor ahora». Porque hay innumerables riesgos al aceptar esos 10 de algo en seis meses. Por eso, en el mundo de los negocios, tener que esperar implica que hay una cantidad adicional solicitada, para compensar los riesgos. Eso es lo que los bancos y los prestamistas llaman interés.

 

Invertir en el futuro

Cuando ese concepto se aplica a las inversiones, quienquiera que esté contribuyendo recursos (generalmente dinero) requerirá una cierta cantidad agregada a la original. Una promesa de devolver solo la cantidad original después de un largo período generalmente no es suficiente para que la mayoría justifique el compromiso. Todos queremos más, y eso se conoce como «retornos».

Sin embargo, no todos los retornos son préstamos a pagar. A veces, las inversiones no se realizan para obtener un rendimiento directo, sino para la oportunidad de ser parte de algo aún mayor con el tiempo. Aquellos que invierten en empresas, pequeñas y grandes, generalmente ven que el dinero aplicado hace crecer la empresa, muchas veces permitiendo que evolucione. El dinero vale más hoy que en el futuro si se usa para satisfacer una necesidad inmediata. Para que el dinero sea más valioso en el futuro, debe servir a un propósito más elevado, tener un impacto mayor que las necesidades inmediatas. Cuanto mayor sea el impacto que se pueda tener, mayores serán los riesgos que el dinero puede tolerar.

Si yo fuera una empresa y alguien hubiera invertido en mí cuando tenía 10 años con el único propósito de verme convertido en un veterinario que cuidaría a las mascotas de su casa, se habrían decepcionado. Si esa inversión hubiera sido para verme convertido en un miembro productivo de la sociedad, alguien que busca retribuir, entonces tendría razones para estar satisfecho con su inversión. Satisfecho a pesar de los altibajos por los que ha pasado la inversión, a pesar de los cambios de dirección y de la evolución que ha tenido. Lo que habría visto, además del deseo inicial de ser veterinario, hubiera sido el enfoque: leer, estudiar, querer salir adelante. Al día de hoy, todavía me gusta leer y estudiar, me importa la justicia social y el medio ambiente, busco ayudar a otros en su búsqueda de la autosuficiencia financiera, me esfuerzo por ser productivo. Todo esto a pesar de no poder tener un gato en casa o en cualquier lugar cerca de mí.

De igual forma, muchas empresas y empresarios cambian y crecen. Se diversifican. Se adaptan. Pero les causa un mayor impacto, tienen claros los principios que las rigen a pesar de evolucionar en sus productos y marcas. Cuando se invierte, se busca ese crecimiento, y se evalúa al equipo responsable precisamente porque la apuesta es con ellos también. Si no fuera así, no es inversión sino préstamo.

El valor del dinero en el tiempo es eso: la elección que hacemos con lo que tenemos hoy que genera los mejores resultados para nosotros mismos. Individualmente y colectivamente. ¿Es mejor hoy o tiene sentido más tarde? Si luego, ¿cómo? Aplazar el uso de recursos, inclusive dinero, tiene que ser porque el resultado futuro es mejor que su uso en el presente. De no ser así, mejor no prestar, o que me lo devuelvan mañana sin falta.

 

Xavier "Xavi" Flores

 

Xavier «Xavi» Flores es un ejecutivo hotelero y de finanzas inmobiliarias, y actualmente es socio y asesor de SevenTrainVentures, una empresa de inversión y desarrollo a startups y micro-emprendedores con enfoque en tecnologías aplicadas. Xavi es Licenciado en administración de empresas turísticas por la Universidad de Houston, en Texas, y obtuvo un MBA de ESADE Business School en Barcelona, España. Él es originario de Chetumal, Quintana Roo, y reside actualmente en Nueva York.