Pulula comercio de falsos Kahlos

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Pulula comercio de falsos Kahlos
  • Las falsificaciones se producen recurrentemente, como en ondas u olas, considera Martha Zamora, autora de Frida Kahlo, El pincel de la angustia.

 

YANIRETH ISRADE Y FRANCISCO MORALES V. / AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- El surgimiento constante de obras atribuidas a Frida Kahlo -de quien este mes se cumplieron 113 años de su nacimiento y 66 de su muerte; 6 y 13 de julio, respectivamente- originó un dicho: “Pinta más muerta que viva”.

La ocurrente frase refiere a las falsificaciones que circulan regularmente, como La mesa herida, la pieza más buscada de la pintora, cuyo paradero se desconoce desde 1955, y que constituye el caso más reciente de un apócrifo, según la experta Helga Prignitz-Poda.

En junio pasado, un comerciante español la ofreció en venta por encargo de un supuesto coleccionista mexicano, quien tendría resguardada la obra de 2.5 metros de largo en la bóveda de un banco británico. Su precio fluctuaba entre los 40 y 50 millones de euros, una cifra millonaria que no sólo confirma a la artista como una de las autoras plásticas más cotizadas del mundo, sino que propicia un mercado de falsos en ascenso.

“En cinco años, diría que me han llegado unos 60 o 70 falsos. Los han traído aquí, y (la producción) se ha acrecentado por la ansiedad de dinero, de hacerse de dinero a como dé lugar”, comparte en entrevista Rafael Matos, perito valuador de arte y fundador y director de la casa de subastas y galería que llevan su nombre.

“Cuando me traen estas piezas ya me niego a verlas. Prefiero no tener problemas y no dar opinión”.

Las falsificaciones se producen recurrentemente, como en ondas u olas, considera, por su parte, Martha Zamora, autora de Frida Kahlo, El pincel de la angustia, y quien, tras el fallecimiento de Raquel Tibol y Teresa del Conde, expertas en la obra de la artista, encuentra que un mayor número de personas recurren a ella con supuestos originales.

“Vienen con historias generalmente muy bien estudiadas, las cuales involucran a familiares que mueren y dejan cajas cerradas que, al abrirlas, contienen obra de Kahlo.

“Desde luego, hay que dudar desde un principio, porque su fama se ha extendido no sólo en México, sino en el mundo entero, y, aparejado a esa fama, (aumenta) el precio de todo aquello que hayan tocado sus manos, sea un dibujo o un grabado”, expone Zamora.

Pero la producción de Kahlo no es vasta, advierte Matos.

“Hizo muy pocos cuadros por varias razones: primero, murió joven, a los 47 años; después, sus enfermedades, sus intervenciones quirúrgicas…, todo eso la tenía muy limitada para crear. No habrá· hecho más de 150 piezas y todas están clasificadas, publicadas”, expone el galerista.

No existe tampoco un catálogo comprensivo de piezas falsas, lamenta: “Es difícil hacer un catálogo de falsos porque los dueños de esas piezas pueden demandar al que haga el catálogo, porque los está· perjudicando”.

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SI HUBIERA SIDO HOMBRE

La historia sería distinta si Frida hubiera sido hombre, reflexiona Zamora, biógrafa de la artista.

“Si hubiese sido el pintor de la familia, probablemente su esposa hubiera llevado un récord de lo que pintaba, le hubiera hecho ·álbumes o hubiera sido tan excepcional colaboradora como Olga Tamayo, esposa del maestro Rufino. En este caso, no hubo tal. No había lista, y ya no digamos fotos (de su producción). Y a partir de que el Papá· de Frida (Guillermo Kahlo) envejeció y enfermó, pues aquello que Él hacía eventualmente, que era fotografiar la obra de su hija antes de que saliera de su estudio, no lo tuvimos ya”.

Las réplicas, entonces, aparecen periódicamente, lo mismo sofisticadas y de calidad que burdas y hasta cómicas, señala Zamora.

“Hemos visto cuadros al Óleo de calidad de primaria, de examen de dibujo constructivo, y otros como de clases de pintura de representación, como se decía antiguamente, incluso con la cara de Frida impactada en una ruina egipcia. No es el caso de La mesa herida que anda circulando. Le invirtieron mucho trabajo y se documentaron para no cometer errores básicos”, apunta la también autora de En busca de Frida.

La tecnología disponible hoy permite copiar una obra milímetro a milímetro, pero aun cuando resulte idéntica a la original, el genio no puede replicarse, previene.

La escritora recuerda que para la película Frida, de Julie Taymor, protagonizada en 2002 por Salma Hayek, la producción contrató un pintor profesional que copió las pinturas requeridas en el filme.

“Estaban perfectamente copiadas y totalmente muertas. Era impresionante”, contrasta Zamora.

Pero no sólo con tecnología pueden replicarse obras. Surgen, en ocasiones, empeños artesanales de falsificación, como ocurrió, a finales del siglo 20, con una obra de impecable factura ofrecida a un coleccionista de Estados Unidos.

“El coleccionista”, evoca Zamora, “tenía la oferta de alguien que llevaba un autorretrato de Frida que no estaba incluido en mi libro ni en el de Hayden Herrera ni en el de Prignitz-Poda. No había documentación sobre Él, pero era tan extraordinariamente bueno, que Él estaba dudoso”.

El hombre optó por analizar el cuadro en los talleres y laboratorios a los que recurre el Met de Nueva York.

“Supo que yo estaba en Nueva York y me llevó a esos talleres”, prosigue Zamora. “Allí me enseñaron sistemas para identificar la autenticidad, por ejemplo, los componentes químicos del Óleo -y el cuadro del que estoy hablando estaba pintado al Óleo- y la edad de la tela, entre muchas otras cosas que se analizan.

“Ese cuadro estaba muy bien hecho, bonito, quizá· demasiado. No era una copia común, como hacen con frecuencia quienes toman un autorretrato de Frida y ponen, digamos, un mono y le añaden un perico, como si hicieran un guiso. No. …éste era un autorretrato bastante original, tenía elementos de ella desde luego; las flores, el fondo vegetal, pero era más original”.

Tras los análisis, la conclusión fue que se hizo en Cuba. Allí, debido a las dificultades económicas, disponían de materiales de la misma Época en que Frida pintó sus obras.

“Lo que yo pude decir es que en mis archivos no existía nada respecto a este cuadro ni en las cartas que tenemos”.

Aunque la obra de Frida es una de las más falsificadas, la emoción que transmite no puede replicarse, coincide Matos, y es un elemento para distinguir el original del apócrifo.

“En el caso de Frida, lo primero que nada es, claro, la calidad, la gran calidad creativa, la profunda emoción que transmite su obra y, como digo: si no está· catalogada como auténtica, si no viene de una colección importante, si no ha estado en exposiciones y museos, definitivamente, en un principio, se desecha”, advierte Matos.

“Ya está· toda la obra de Frida muy reconocida, y que salga una nueva que no está· publicada es prácticamente imposible. Las personas que quieran comprar un Frida tienen que tomar sus precauciones”.

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