Wayeb político; Ricardo Monreal, La Infamia

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Wayeb político; Ricardo Monreal, La Infamia

 

ÉDGAR FÉLIX

En 1998 el líder de la Junta de Coordinación Política del Senado de la República, Ricardo Monreal Ávila, renunciaba al PRI, después de que le negaron la candidatura. Unos días después comenzaría a fraguarse el movimiento monrealista con el que derrotó unas semanas posteriores al imbatible partido oficial que hasta ese momento había gobernado siempre en Zacatecas. El líder nacional del PRD, en ese entonces, Andrés Manuel López Obrador, hablaría con el político zacatecano para ofrecerle ser abanderado a la gubernatura y así dar el primer campanazo de la izquierda mexicana en elecciones nacionales.

Pero el PRI, los grupos oligárquicos de una tierra de caciques como Zacatecas y los intereses económicos que habían mantenido hasta entonces bien aceitados para que funcionara la maquinaria del tricolor sin tropiezos serían derrotados en las urnas. Sin embargo, los tres primeros años del gobierno monrealista les sirvieron a sus enfurecidos opositores para crearle varios infiernos, entre ellos, montar  escenarios para acusar al ahora aspirante presidencial como un narcopolítico. Así lo señaló sin más el líder nacional del PRI, Mariano Palacios Alcocer, pero luego se retractó.

Parte de esta historia la cuenta, con trepidante redacción, Ricardo Monreal en su reciente libro al que intituló La Infamia, de apenas 84 páginas y al cual señala como una investigación que llevó más de 10 años para reconstruir esta historia. Una anécdota muy parecida a la llegada del poder del actual presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, por el odio y los ataques recibidos.

La Infamia es un libro imprescindible que sirve para entender la lucha política partidista en el país entre los partidos más importantes de México, así como los liderazgos que se han desplegado entre las derechas y las izquierdas contemporáneas. Abre, además, una defensa del Estado mexicano como separación de poderes y una condena hacia el poder omnipotente, que prevalecía, del gobierno federal para intervenir en las elecciones locales de los estados.

Poco después de ganar las elecciones del gobierno del estado de Zacatecas, cuenta Monreal en su libro, le sembraron a su hermano Cándido Monreal en una de las bodegas de su rancho varias toneladas de mariguana. Aquel suceso sirvió para crear un escándalo mediático impulsado durante el sexenio del priista, Ernesto Zedillo Ponce de León, y posteriormente por el panista Vicente Fox Quesada, ayudado por el entonces gobernador zacatecano cetemista Arturo Romo Gutiérrez, muy allegado al histórico dirigente de la CTM, Fidel Velázquez.

La Infamia es un libro imprescindible que sirve para entender la lucha política partidista en el país entre los partidos más importantes de México.

Monreal Ávila señala que este libro es una llamada de atención a los tiempos antidemocráticos en los que les tocó luchar mientras enfrentaban grandes poderes económicos y políticos que impedían avanzar en el país. Paulatinamente el adjetivo de narcopolítico fue posicionándose en el ámbito político del país contra Ricardo Monreal, quien tuvo que renunciar por voluntad propia al fuero de senador para que las indagatorias de la ahora Fiscalía General de la República se realizaran a fondo. “Nunca me encontraron  absolutamente nada porque no había ningún delito que perseguir y porque había sido montado por un sistema dispuesto a acabar con la reputación de la familia”, dijo.

Su libro es la reivindicación de sus creencias y el ejercicio de la democracia, así como el comienzo para limpiar la reputación de su familia en esta materia porque asegura que no tiene ninguna vinculación ilícita. A Monreal le llevó diez años de investigaciones y de indagatorias con los actores para ir aclarando todo y presentarlo en La Infamia, de apenas 84 páginas.

Recuerda que en “en aquél 1998 luego de las elecciones en Zacatecas, me acompañó Andrés Manuel López Obrador, estuvimos juntos en el Hotel Emporio (del centro de la ciudad), recibimos llamadas de que el PRI pretendía secuestrar gente, robarnos la elección, entonces López Obrador me preguntó si estaba dispuesto a todo, le dije que sí, Andrés habló con Zedillo y le advirtió que si nos arrebataban ilegalmente la elección tendría problemas en todo el País, entonces respetaron el voto de los zacatecanos(…), por eso quiero mucho a Andrés Manuel”.

En el tercer capítulo del libro el senador explica detalladamente todo el proceso e investigación legal que le siguieron a las acusaciones de la bodega de mariguana hasta desahogar el hecho y declarar que había sido un acto montado. En este capítulo presenta copias de documentos y las explicaciones del caso en lo jurídico.

El legislador dice al comienzo del último capítulo: “El camino del ascenso de la izquierda al poder fue largo, tortuoso y lleno de obstáculos. No pocas veces fue objeto de represión y actos sangrientos ordenados desde las altas esferas del poder. A partir de su conformación y durante décadas, la oposición, los partidos y personajes de izquierda fueron amenazados, vigilados y espiados por el régimen autoritario y antidemocrático que favorecía intereses económicos de unos cuantos por encima de la mayoría”.

Concluye La Infamia con estos tres párrafos:

El presente texto está encaminado a buscar el desagravio, no solo porque es un justo deseo, sino porque es, o debiera ser, el resultado del análisis de un abultado expediente. Por ello, la investigación contenida en este documento está sustentada en pruebas documentales públicas y por hechos jurídicamente incontrovertidos, los cuales evidencian que mi familia padeció una persecución política y la fabricación de delitos que, aunque en lo jurídico no prosperaron, en lo político se siguen usando, de manera facciosa, en contra nuestra, con el propósito perverso de la descalificación a priori. Por desgracia, en este momento en que usted, amable lector, pasea sus ojos por este texto, a pesar de todas las evidencias descritas y expuestas en esta obra, podrá encontrar falsedades que se repiten ad infinitum sin que alguien sufra alguna consecuencia por ello.

La infamia es solo un ejemplo de las incontables historias de injusticias que fueron creadas en el México contemporáneo. Su relato me deja un sabor extraño en la boca. Por un lado, lo amargo de ver cómo el poder fue utilizado por décadas para destrozar reputaciones y destruir la simiente democrática, pero, por el otro, me siento privilegiado de ser un sobreviviente de estas iniquidades y de poder relatar y documentar una situación que no debe repetirse jamás. Hacer visible esta infamia es una advertencia para quienes abusan del poder pensando que el silencio cubrirá sus tropelías. Lo que a nosotros nos pasó no podemos permitir que les suceda a otras familias, porque, una vez estigmatizadas, difícilmente recuperan su espacio social o recobran su prestigio y honorabilidad.

Pero todo cae por su propio peso cuando se trata de maniobras y de diseños políticos endebles; aunque es tarde y el daño causado es de alguna forma irreversible, la historia se encarga de enderezar agravios y permite que la luz se pose sobre la verdad para hacerla visible.

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