En “guerra” contra una amenaza invisible

243
guerra

 

  • Del terror de los primeros días en el Hospital General han pasado a jornadas exhaustas atendiendo hasta 100 pacientes en un día.

ÉDGAR FÉLIX

CANCÚN, Q. ROO.- El desgaste para estos héroes ataviados como astronautas es exhausto, física y mentalmente, adentro del área del Covid-19 del Hospital General “Jesús Kumate”; no es fácil lidiar con la muerte rapaz, ni con un virus cambiante, invisible, despiadado con algunos pacientes, que deja daños severos irreversibles en los pulmones, en el corazón, en el cerebro, en muchos órganos vitales; quienes lo han vencido no pueden cantar victoria porque en dos meses podría regresar muchísimo más agresivo y letal.

Las entrevistas sucedieron por separado, con cada uno de estos comprometidos médicos, enfermeros y personal de salud, más parecidas a una parte de guerra franca que a un diálogo informativo, con los daños del estrés en sus ojos, con esas voces más de clamor y deseos de acabar con esta pesadilla que de desahogar todo cuanto han acumulado en cuatro meses de infierno. Un infierno que jamás imaginaron desde el día cero en que les avisaron cubrir esta área, sumamente restringida y aislada, que no los dejó dormir por varios días, y que los ha aislado de sus familias.

A estas alturas los 210 galenos y trabajadores de la salud (divididos en tres turnos de ocho horas) que laboran en el área Covid-19 del Hospital General de Cancún, reciben apoyo psicológico y psiquiátrico para soportar los combates diarios contra un enemigo totalmente impredecible y mortal. Del terror de los primeros días han pasado a jornadas exhaustas atendiendo hasta 100 pacientes en un día, y de ellos la mayoría intubados. Este día había 73 enfermos de Covid-19 graves.

El neumólogo Luis Vargas Segura, coordinador de “las áreas Covid-19” (son seis salas aisladas), lo dice cuando le pedimos un mensaje para sus compañeros: “A ellos todo el ánimo del mundo. Estamos en esto todos, todos le estamos echando los kilos del mundo. No desanimarnos, no ha pasado esto, todavía no se va a acabar, faltan muchos meses, tenemos que seguir echándole ganas a todo y, ahora sí, si no lo hacemos nosotros quién lo va a hacer”.

Va al alza Covid-19 en Yucatán y seis entidades más

Ese “hacer” ha sido la diferencia de enviar cartas entre enfermos y familiares, de leerles a quienes están intubados algún mensaje de sus hijos o de su esposa o de su madre o padre; ese “hacer” ha significado marcar a un número celular de un ser querido del paciente para alentarlo a quien está exhausto por unos pulmones destruidos; ese “hacer” para que el enfermo tome pastillas de afecto y amor que puede darle ese último aliento de fuerza para comenzar a retornar hacia la vida. No siempre es así, porque para ellos es muy difícil lidiar con un paciente que “iba muy bien”, que “llevaba 12 días ya”, y al otro día encontraban la cama vacía porque había muerto. “Es muy difícil manejarlo en nosotros”, dice el enfermero José Luis Figueroa Rojas, quien no ha parado de leer algunas cartas, “siempre y cuando nos autorice el médico”.

José Luis estuvo aterrorizado el primer mes. Entrar al área Covid-19 en esos días lo dejaba temblando de pies a cabeza, con insomnio. Además, tuvieron que aprender buscando videos en Youtube de los médicos chinos para hacer los protocolos de entrada y salida, o cosas tan insignificantes pero tan valiosas como evitar se empañaran las gafas herméticas de seguridad. “Era como sumergirte en el mar, con la misma lentitud por el traje y ver todo entre niebla; y así dar medicamentos, canalizar venas, atender enfermos y llenos de miedo”. Poco después descubrieron que frotar jabón en los cristales les garantizaba casi ocho horas de visión. Ahora esa parte ya está dominada.

El área Cóvid-19 es como un gran batiscafo con mar revuelto, porque una vez que entras no puedes salir hasta que acaba el turno. “Y lo más lamentable es que la única conexión que tenemos con los pacientes son nuestras miradas, nuestra lectura de retinas y esas lecturas de cartas de vez en cuando. Es en verdad un infierno en la tierra, tanto para ellos como para nosotros. A nadie le deseo estar aquí, ni de un lado ni del otro”.

-¿Intubarse te garantiza vivir?

-No. Responde lacónico, Eduardo Flores Figueroa, inhaloterapeuta, uno de los encargados de ver y revisar a todos los pacientes con respiración artificial, ya sea invasiva (intubado) o no invasiva (mascarilla de oxígeno).

Porque, quien ha sido intubado se considera un paciente grave. Las estadísticas dicen que se salvan la mitad, pero el especialista asegura que para quienes la libran “las secuelas pueden ser de tres hasta seis meses. Ahora, si estamos hablando de un paciente que se fue de alta con complicaciones obviamente, que no se rehabilita, que no trata de hacer algo de ejercicio, que no cambia su vida sedentaria, o su vida de alimentación pues obviamente las complicaciones que vayan a presentarse van a evolucionar más rápido.

“Entonces, se han ido pacientes hipertensos, diabéticos, de alta, sí, pero son pacientes que muy probablemente vayan a desarrollar en pocos meses algún evento vascular cerebral, algún infarto; porqué, porque quedaron tan sensibles y con mucha vulnerabilidad por el virus, que les desarrolla, les desencadena otras enfermedades relacionadas a la enfermedad de base”.

En pocas palabras, explica: “En un mundo ideal quisiéramos que ningún paciente tuviera una lesión pulmonar pero no, o sea todos los que tenemos de Covid-19 tienen lesiones pulmonares graves. Entonces, el problema de eso es ventilar un pulmón de ese calibre es que tienes que idear estrategias, minimizar los riesgos, tienes que tener un conocimiento muy avanzado en ventilación mecánica”.

Para Noemí Concepción Cauich Cab, con maestría en salud y responsable del Área de Covid-19 del Hospital General, esta situación se agravó porque “nadie nos esperábamos una pandemia y tampoco estábamos preparados, no sólo en México sino en el mundo para algo así”.

Hablar con ella, te da mucha tranquilidad los vastos conocimientos que tiene del tema pero se hiela la sangre cuando la escuchas decir que “sí es una zona de guerra con un enemigo que no conocemos”, porque es “un enemigo que a cada rato cambia, un enemigo que no ataca por igual a todos”.

Y no ataca por igual a todos porque Noemí Cahuich o “la Jefa Mimi” como le dicen sus compañeros, ha visto morir a jóvenes y recuperarse a adultos mayores, o salvarse a diabéticos, hipertensos u obesos (que no son la mayoría), cuando otros que no entran entre los “vulnerables” se han ido. ¿Por qué esa selectividad del virus? No lo saben, ni aquí, ni en el mundo ni en China.

Acepta que sí los ha rebasado el número de pacientes; sobre todo, que necesitan atención de medicina crítica. Pacientes que necesitan ser intubados, además de diálisis peritoneal y otras atenciones especiales y, para ello, han incorporado expertos de otras áreas sin descuidarlas. “Tenemos que trabajar muy directamente con los directivos, todos los jefes estamos muy pendientes del número de pacientes que hay, por ejemplo de la capacidad que tiene una enfermera para atender con eficiencia”. Pero la angustia viene si el número de ingresos aumenta; afortunadamente estos últimos días ha disminuido y personal médico de la Secretaría de la Defensa Nacional ya los apoya.

– ¿Tenemos la idea de que la atención médica en instituciones privadas es mejor que en las públicas?

-Pasa algo muy curioso. A lo mejor mucha población no sabe, pero el personal de enfermería y el médico que trabajan en las instituciones públicas también laboran en instituciones particulares. En este caso yo puedo asegurarles que hay personal con una capacitación, con una preparación excelente que asiste en hospitales públicos, que trabajamos con lo que nos dan las autoridades en salud. Pero que hacemos lo mejor y muchos pacientes salen independientemente de la enfermedad. Hay personas, población en general, que prefieren ir a una institución pública porque conoce al médico, porque ha tenido una experiencia, también podemos decir que en una clínica particular no les fue igual, entonces, para fines prácticos yo creo, no porque sea trabajadora de institución pública, creo porque lo he visto y experimentado, de la ética profesional del personal de salud en instituciones del gobierno.

En esta larga lista de soldados mexicanos combatientes del área de Covid-19 del Hospital General de Cancún todos cuentan, todos deben marchar con precisión porque cada función es importante, dice la Jefa Mimí, como es el caso de Juan Manuel García, de intendencia, quien ataviado con su traje de protección realiza la limpieza “exhaustiva” (así le decimos, aclara para empezar a entendernos) desde techos hasta las patas de las camas. “Si antes usábamos desinfectantes y cloro, ahora son litros y litros los que empleamos para limpiar hasta el último rincón del hospital”.

Él se siente muy agradecido con su trabajo porque en estos meses ha conocido cómo todos vienen a dejar hasta el último aliento y el corazón en cada una de las funciones que les toca hacer. “Mira, llega un momento en que estoy sudando tanto dentro del traje y traigo tanta sed que el cuerpo se me dobla, hasta veo borroso, pero ver cómo todos le echamos ganas es contagioso y aleccionador. Hay mucha gente muriendo y necesitan de nosotros”.

Cada uno de ellos ha tenido que aprender sobre la marcha. No hay rutina porque el virus es cambiante. No hay paz dentro del área porque la demanda es alta. Han tenido que enseñarse a lidiar con muchísima presión, como lo explica el enfermero José Luis Figueroa Rojas, con el estrés y encima con el traje, con el hambre, con cosas como ir al baño hasta que acabe tu turno, con el sudor constante y la pérdida de electrolitos. Se han acostumbrado a desayunar a las seis de la mañana, para los del turno matutino, y así para el vespertino y nocturno, quienes se alimentan unas tres horas antes de entrar porque una vez en el área ya no pueden salir.

Lo más difícil, calla unos segundos José Luis, para luego decirlo con pausas, es saber que mientras no haya cura para esta enfermedad todo será complicado. Tener un paciente un día y al día siguiente ya no, enterarse que falleció en la tarde, o en una noche, sí… lidiar con eso es algo muy complicado. Pero depende de la mentalidad de cada quien y lógicamente no podemos quedarnos con el “pobre paciente”, tenemos que seguir y dar la atención a todos por igual. “Los que logran salir nos da felicidad a todos”.

Sin embargo, el coordinador del área Covid-19 del HG, Eduardo Flores Figueroa, la enseñanza constante de lidiar contra esta pandemia es diario. “Desde que entramos al Área Covid-19 vemos pacientes con mucha demanda de flujo de oxígeno, algunos que están muy cansados de respirar y otros que nos dicen ¡por favor intúbeme!, y eso es lo más fuerte que nos pega a nosotros como médicos, cuando un paciente siente tanta falta de aire porque el oxígeno ya no es suficiente; eso lo vivimos todos los días. Cómo aparentemente iban bien y al poco tiempo observamos cómo se van deteriorando”.

De ahí que haga un llamado a la población porque “a mucha gente le da miedo llegar al hospital y cuando se deciden llegan muy tarde”. Esta decisión tardía de familiares y del enfermo complica completamente el pronóstico para todos. Son personas, muchos de ellos, que llevan bastante tiempo en casa con oxígeno, recibiendo una gran cantidad de medicamentos y curaciones milagrosas, los cuales les recomendaron personas que no están capacitadas.

Y precisamente cuando empieza el declive de la enfermedad llegan al Hospital General en las peores condiciones y ya es como un punto importante donde los médicos y enfermeras ya no podemos partir, y ya no pueden hacer mucho más; “creo que es importante acudir a tiempo al hospital para poder detectar tempranamente y tratar de hacer algo para ayudar a más personas”.

– Tenemos, inclusive, esta idea de que el Covid-19 es como un resfriado.

-En el 80 por ciento de los casos, sí. Pero aquí, en el Área Covid-19 estamos viendo ese 20 por ciento de los casos que no llega como una gripe sino como un virus muy letal y dañino. Entonces sí, efectivamente, puede ser un resfriado para personas jóvenes que no tengan factores de riesgo. Pero, lo que ha provocado en este 20 por ciento de la gente que no presenta un resfriado es atroz. Veamos cómo está el país, imaginémonos ¿si fuera un 30 o 40 por ciento? Entonces, si sólo con el 20 por ciento se genera un caos mundial.

Por eso, subraya el neumólogo, es muy importante cuidarnos en estos momentos, porque sería un muy mal momento contagiarse ahorita porque colapsarían estas áreas de Covid-19 localizadas en todos los hospitales públicos del país. El uso de cubrebocas es lo más importante en este momento. Tratar de mantener el distanciamiento lo más posible y, muy importante, cuidar a las personas mayores.

Estos meses son muy decisivos, explica, porque es el mejor momento para cuidarnos. Tenemos pacientes hipertensos, diabéticos, con obesidad, por eso hay que tratar de controlar la alimentación, bajar de peso, controlar las enfermedades. “Ahora, entiendo que la economía debe reactivarse, pero para eso están las medidas apropiadas bien conocidas por la Secretaría de Salud para que la gente pueda reactivarse con seguridad. Cuidarse y mantener las medidas de higiene”.

Te puede interesar: Reporta salud federal casos de Covid-19 a la baja en Quintana Roo