La pandemia de Covid va para largo; el bicho está en casa

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vacuna contra el Covid-19

 

  • Para Cancún no hay otra solución viable que la vacuna para el Covid, porque la inmunidad de rebaño podría tardar años para ser eficaz.

Fernando Martí / Cronista de la Ciudad

CANCÚN, Q. ROO.- CUARENTEMAS / Esto va para largo: esta es la frase casual que hoy está presente en todas las conversaciones. El significado no podía ser más preciso: evaporadas las promesas del médico brujo López-Gatell sobre una pandemia corta del Covid , todos estamos más o menos conscientes que habremos de prolongar el encierro, o el semi-encierro, o esa manera fingida y acartonada de actuar en público llamada nueva normalidad, por una larga temporada.

El problema es qué tan larga. Si preguntas, casi toda la gente piensa (o más bien, espera) que para noviembre, máximo para Navidad, el problema estará resuelto. Otros piensan en la primavera, cuando esté disponible una vacuna para el Covid. Los menos optimistas ven un horizonte más largo.

El desenlace radica en una sola palabra: inmunidad. Para que el bicho deje de saltar de cuerpo en cuerpo, es indispensable que nuestros cuerpos estén repletos de anticuerpos, un sistema inmunológico colectivo que impida las formas graves de la enfermedad. Y eso sólo se puede lograr de dos maneras.

Primero, la vacuna. Registrados en la OMS, hay cerca de 150 laboratorios que se afanan en inventar tal tratamiento. El jerarca del organismo, Tedros Adhanom, espantó a todo mundo cuando afirmó, el lunes, que “no tenemos una buena respuesta para la pandemia del Covid y quizás nunca la tengamos”, pero el jueves rectificó: las pruebas con seis vacunas (tres chinas, dos norteamericanas, un inglesa), aseguró, van muy avanzadas. Puede que estén listas hacia fin de año, puede que en pocos meses se produzcan cientos de millones de dosis, puede que a México lleguen más o menos rápido (al principio y como siempre, para quienes puedan pagar).

Hay que apuntar que se trata de una solución imperfecta. Por principio, no vamos a saber por cuánto tiempo inmuniza la vacuna, precisamente porque no hemos tenido tiempo de monitorear a los voluntarios. Ni siquiera sabemos si la inmunidad real, la que causa el bicho en las personas que se recuperaron, es transitoria o permanente. ¿Puede repetir la enfermedad? ¿Puede ser leve su primer ataque, incluso asintomático, y grave el siguiente? Un dato revelador: hasta el momento ningún paciente ha recaído, no hay certeza clínica de que alguien se haya vuelto a enfermar de lo mismo, pero sólo han pasado seis meses desde los primeros casos.

La segunda solución requiere más paciencia: la inmunidad de rebaño. Esa consiste en que se enferme (y recupere) un gran número de gente, tanto como el 60 o 70 por ciento de la población, de modo que el bicho ya no tenga a dónde saltar. Eso es lo que está haciendo Suecia (sin confinamiento), y también es lo que está haciendo México, que ya abrió sus actividades a la economía y en donde el único criterio que impera (y la política oficial que determina el color del semáforo), es que no se saturen los hospitales.

Esa ruta podría ser eterna (en lenguaje figurado). Si las estadísticas oficiales dicen que llevamos poco menos de medio millón de casos, significa que se ha contagiado el 0.4 por ciento de la población. Si las estadísticas oficiales son falsas y se han infectado ocho veces más (como aseguran los críticos de López-Gatell), tendríamos cuatro millones de casos, aún lejísimos de los 75 millones de contagios de Covid que se requieren para alcanzar la inmunidad colectiva.

(Entre paréntesis, al ritmo actual de contagios oficiales, unos 6 mil diarios, estamos hablando de 12 mil 500 días, o sea, unos 34 años; con datos no oficiales, de 50 mil contagios diarios, también el lapso parece excesivo: 50 meses, poco más de cuatro años).

Para Cancún, me parece obvio, la única solución eficaz sería la vacuna. Tal vez otras actividades económicas, las labores del campo, el trabajo en las fábricas, el comercio al detalle o las tareas de oficina puedan adaptarse y sobrevivir con las medidas de sana distancia, y cero contacto físico. El turismo no va a poder hacerlo, no al menos el turismo que conocemos en Cancún, masivo, intenso y de mucha convivencia.

La frase casual es atinada: esto va para largo.

Moraleja: empecemos a pensar para largo.

LUNES, 3 DE AGOSTO

El rey de España, Felipe VI, en un desesperado intento por salvar la monarquía, le ha pedido a su papá, el ex rey Juan Carlos, que se vaya a vivir a otro país, pues la corona se va a tambalear con las revelaciones de un proceso judicial que, desde ya, se anuncia escandaloso y apabullante. Y es que resulta que el rey padre, en ejercicio de su cargo —cuando era inviolable, pero todo indica que también después— se embolsó unos cuantos millones de euros que le dio su colega, el rey de Arabia Saudita, como comisión por un contrato para construir un tren rápido (el Ave) en la península petrolera.

Precavido, el monarca hispano maquinó que los fondos fueran a parar a una de las múltiples amantes y socias que tiene repartidas en Europa, pero he aquí que los detectives financieros descubrieron la ruta del dinero y su propietario real, un calificativo que nunca estuvo mejor aplicado.

Los medios de comunicación españoles se atragantaron con la noticia. Poco les importó que ese mismo día el presidente del gobierno, un tal Pedro Sánchez, rindiera su informe semestral de la administración, que diera pormenores de los millones que ha costado el Covid, que tratara de negar la crisis de gabinete, que repasara los subsidios para las empresas y las ayudas para los empleados, y que tratara sin éxito de ganar la batalla por los titulares, que de antemano la tenía perdida.

Apenas abrió la ronda de preguntas, el tema único fue este monarca patético y ladrón, que dónde andaba, que si había huido, que cómo habían estado las negociaciones y que si España le seguiría pagando el generoso estipendio que por ley recibe.

La verdad que estos españoles modernos se asustan por cualquier cosa y no conocen ni su propia historia. Juan Carlos se apellida Borbón y es descendiente directo de una de las casas reales más rapaces y abusivas de la historia. Destaca en su árbol genealógico Carlos IV, que llegó al exceso de venderle la corona de España a Napoleón, a cambio de una renta anual de 34 millones de reales, pero también forma parte de la familia la regente María Cristina de Borbón (que en pleno siglo XIX traficaba con esclavos destinados a la última colonia española en América, Cuba), y el abuelo Alfonso XIII, quien fue desterrado a la proclamación de la República (en 1931), no sin que antes se supiera que tenía cuentas secretas en los bancos suizos.

Cuando tal cosa sucedió, el novelista Ramón del Valle-Inclán escribió: “Los españoles han echado al último Borbón, no por rey, sino por ladrón”. Se equivocó: el alucinadísimo Francisco Franco mandó traer al nieto (el ahora indiciado Juan Carlos, nacido en Roma, en el destierro), y lo proclamó su sucesor.

Sin embargo, aparte de pillo, este penúltimo Borbón resultó un hipócrita, pues echó de la familia real y dejó que metieran a la cárcel a su propio yerno, Iñaki Undargarín, esposo de la infanta Cristina, por un asunto de poca monta, mientras él acumulaba una fortuna que la revista Forbes ha estimado en dos mil millones de euros.

Como el lío se ha puesto gordo, como dicen en Madrid, el rey le ha pedido a papá que se vaya, pero hay que ser muy súbdito y muy maje para suponer que el rey-hijo no estaba al tanto de los enjuagues del rey-padre. Ya luego, cuando la tormenta pase, ajustarán cuentas en familia.

Juan Carlos de España, el rey emérito metido en un escándalo de corrupción, abandonó el país
Juan Carlos de España, el rey emérito metido en un escándalo de corrupción, abandonó el país
MARTES, 4 DE AGOSTO

Un cubrebocas dice mucho de la persona que se lo pone:

  • Si tiene buen gusto, porque combina con el resto del atuendo.
  • Si es ordenada, porque lo trae bien puesto, en su lugar.
  • Si tiene dinero, porque es de marca.
  • Si cuida a los demás, porque no se lo quita en público

No usar cubrebocas también dice mucho de la persona que no se lo pone.

Cubrebocas-habla mucho de quien lo usa y cómo lo usa, pero también de quien no lo utiliza
Cubrebocas-habla mucho de quien lo usa y cómo lo usa, pero también de quien no lo utiliza
MIÉRCOLES, 5 DE AGOSTO

La activista Tiziana Roma, quien se presenta en público como cronista independiente, se abocó a la heroica tarea de publicar un libro, al que ha intitulado “Para amar y entender Cancún”. Es difícil encasillar ese texto en un género preciso, pues ciertas partes están redactadas como memorias, algunas más como reportajes, y otras como crónicas de una ciudad que la autora siente suya, en el sentido literal del término.

Nacida en Bruselas, hija de los pioneros Adela y Humberto Roma (de muy grata memoria entre los fundadores), Tiziana vivió desde niña en Cancún aunque, según ella misma confiesa, su sentido de pertenencia se despertó en la edad adulta, llevándola a militar en varias causas ciudadanas y, en forma muy señalada, en la oposición a una eventual mudanza o transformación del Palacio Municipal.

Esa militancia inesperada la llevó a inventarse una novedosa actividad, consistente en guiar paseos por el centro histórico de Cancún, en los cuales explica a los participantes el origen de parajes y edificios, a cambio de una cuota muy razonable. En forma paralela, se dio a cobijar sus iniciativas tras un membrete, “Identidad Histórica y Cultural de Cancún”, desde el cual se abroga el derecho de hablar en nombre de la ciudadanía, resuelve qué está bien y qué está mal, avala o rechaza los proyectos de obra pública, y tacha de ignorantes o algo peor a quienes no coinciden con sus opiniones.

El libro de Tiziana está bastante entretenido. Escrito con fluidez y desparpajo, en el mismo tono apasionado con el que suele hablar, la autora nos lleva por su viaje personal por la historia de Cancún, comentando gran diversidad de temas, desde la concepción del proyecto hasta el origen del nombre. En los párrafos más jugosos, la peculiar activista expone sus ideas sobre la traza urbana, recorre los monumentos emblemáticos de la ciudad y alega sobre una supuesta identidad de los cancunenses, que de alguna forma atribuye a la multiculturalidad.

El libro vale sobradamente los 200 pesos que cuesta. Sin duda recomiendo su lectura, pero con dos asegunes. El primero es que tiene muchas imprecisiones. Llevada por su vehemencia, Tiziana comete errores de principiante, como afirmar que las ciudades jardín son un concepto posterior a la II Guerra Mundial (las propuso el británico Ebenezer Howard en 1898), atribuir el concepto de las súper-manzanas a Mario Pani (¿?), consignar que hubo un censo en Puerto Juárez en 1969 (¡!), e insistir en que los desmontes se iniciaron el 20 de abril de 1970 (¿?).

El segundo reparo está vinculado al primero: la autora es errática al citar sus fuentes, o se atribuye ideas que le pertenecen a otros. Eso puede ser moneda común en redes sociales, pero es inaceptable en un cronista o un historiador, que no escribe para un público de adolescentes distraídos, sino para un auditorio múltiple de alumnos, maestros, investigadores, incluso especialistas, quienes esperan información confiable. Aún hoy en día, cuando leemos a los cronistas de la gesta de Conquista que redactaron sus textos hace 500 años, sabemos cuáles eran locuaces y frívolos, cuáles cuidadosos y metódicos, cuáles originales, cuáles copiones, cuáles vendidos al gobierno.

Los textos de Tiziana (y de cualquier cronista) pueden tener una vigencia de siglos (dependiendo mucho de la vigencia de Cancún), pero esa larga vida dependerá de que su contenido sea preciso y que sus conclusiones sean honestas.

De todo el texto, me quedo con la propuesta, ésta sí de Tiziana, de cancelar el impostado carnaval de Cancún, para remplazarlo con una celebración amplia en torno al 20 de abril. La autora argumenta, con razón, que la fiesta del carnaval nos es ajena y nos es impuesta, mientras que la fecha de aniversario ya es parte del imaginario colectivo.

Está en lo cierto y con su tesón habitual (ella le dice obsesión), quizá algún día lo logre. Personajes como Tiziana, desmesurados, radicales, intensos, son saludables para cualquier ciudad: en su búsqueda de lo imposible, siempre logran que algunas cosas salgan adelante.

Un libro entretenido —con algunos errores— sobre la historia de Cancún
Un libro entretenido —con algunos errores— sobre la historia de Cancún
JUEVES, 6 DE AGOSTO

No necesitas que te dé Covid para que el coronavirus haga pedazos tu vida. Traigo a la palestra el caso de los 3 mil alumnos y fracción de la Universidad del Caribe, una institución pública que cobra una colegiatura muy modesta: 2 mil 140 pesos por semestre. Obvio, con eso no alcanza para pagar instalaciones y maestros, de modo que entre Estado y Federación (casi todo la Federación), más los recursos que gestiona el patronato, se completan nueve décimas partes del presupuesto.

Para pagar la colegiatura, más sus camiones, más sus libros y cuadernos, seis de cada diez alumnos tienen que trabajar. Son empleos modestos, muchos de medio tiempo, muchos eventuales, sin prestaciones ni contrato, que apenas generan el ingreso mínimo indispensable para seguir estudiando. Pues bien, por la pandemia del Covid, el 60 por ciento de los alumnos que trabajan fue despedido, y a otro 22 por ciento se le redujo el sueldo.

Las posibilidades de que estos estudiantes estudien en línea también son remotas. Un 20 por ciento no tiene computadora en casa (estamos hablando del aparato básico, que cuesta unos 3 mil pesos). Otro 15 por ciento sí tiene computadora, pero la crisis lo dejó sin recursos y ahora no puede pagar la cuota que cobra la telefónica.

Un 12 por ciento adicional sí tiene computadora y sí puede pagar, pero comparte la máquina con toda la familia (básicamente, sus hermanos), que también toman clases en línea. En resumen, sumando los tres segmentos, el 47 por ciento de los estudiantes de Unicaribe no está seguro de poder conectarse a la hora que le indica el profesor.

Para paliar esta situación, que a nivel personal tiene tintes trágicos, la rectora Pricila Sosa y el patronato organizaron una campaña denominada “Que nadie se quede fuera”, con la intención de que la gente contribuya con lo que sea factible, la colegiatura de un muchacho o una fracción, cien pesos, mil pesos, todo es bueno para apoyar a quienes quieren seguir estudiando, y además es deducible de impuestos. La manera más sencilla es hacer antes del 20 de agosto un depósito en la cuenta 014691655045601492 de Santander o entrar a la página de Facebook del Patronato Universidad del Caribe, donde vienen instrucciones más detalladas.

Por lo pronto, eso. Impedir a toda costa que un alumno deserte, que interrumpa su carrera, que de alguna manera cancele su futuro, por la muy triste y perversa razón de que este semestre no pudo pagar 2 mil 140 pesos.

Universidad del Caribe, que nadie se quede fuera
Universidad del Caribe, que nadie se quede fuera
VIERNES, 7 DE AGOSTO

El laboratorio Salud Digna, ubicado en la Tulum, tiene un local muy poco digno para efectuar las pruebas de Covid. Literalmente, quienes acuden a hacerse el test fueron desterrados al traspatio, al fondo del estacionamiento, donde deben esperar, si no al rayo del sol, sí debajo del calor sofocante que se concentra bajo un toldo de lona.

Después de luchar por varios días para hacer cita en una página de Internet que funciona mal (todo el tiempo te saca, o te impide continuar), a nosotros nos tocó el miércoles 5.

Una mera precaución, sin ningún síntoma que lo ameritara, sólo para tener la certeza tras un viaje en avión a la Ciudad de México. Mi cita era a las 09:20, pero me llamaron con unos 30 minutos de retraso. Dentro de otro toldo, cerrado por los cuatro costados, una asistente verificó mi nombre, mi edad y mi correo electrónico, para luego indicarme que volviera al traspatio. A los dos o tres minutos me pasaron de nuevo, me tomaron una muestra de la boca y otra de la nariz (un poco incómoda), y me dieron instrucciones para consultar los resultados en línea, supuestamente a partir del sábado.

Pero los resultados llegaron el viernes en la noche, vía WhatsApp.

Fernando Martí Brito, género masculino, 67 años: negativo a Covid.

Gabriela Rodríguez Gálvez, género femenino, 60 años: positivo a Covid.

Un resultado asombroso, porque los últimos cuatro meses vivimos pegados como lapas: compartimos habitación, vimos películas, fuimos al súper, comimos juntos y cocinamos con frecuencia, tocando las mismas ollas-cucharones-utensilios-e-ingredientes. El médico opina que es probable que yo esté contagiado también, que el virus del Covid puede tardar en manifestarse más en algunas personas, que me haga otra vez la prueba, pero hay muchas historias de familias que se han infectado por mitades, sin que los médicos sepan por qué.

Por lo pronto, como marcan los cánones, Gabriela a encerrarse a piedra y lodo, y nuestra muy escasa agenda social, cancelada hasta nuevo aviso. El círculo se cerró: ya tenemos el bicho del Covid en casa.

Salud Digna, local indigno para realizar pruebas Covid-19
Salud Digna, local indigno para realizar pruebas Covid-19

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