Museos viven un reencuentro

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Viven museos un reencuentro

 

  • Con una apertura escalonada que apenas comienza a esbozarse, los museos de la Ciudad de México encaran la “nueva normalidad”

FRANCISCO MORALES V / AGENCIA REFORMA

CDMX.- Abraham Méndez, artista autodidacta, sube la rampa que conduce a la Sala 6 del Museo Soumaya de Plaza Carso y trata de dilucidar de un vistazo si todo sigue igual que como lo dejó en su última visita, hace casi cinco meses. Los museos de la Ciudad de México encaran la “nueva normalidad’.

Con el cuaderno de dibujo bajo el brazo y cargando un estuche en el que guarda lápices y carboncillo, y un poco nervioso, se acerca a una de las vigilantes del lugar: “No cambiaron las esculturas de lugar, ¿verdad?”.

Por fortuna, según confirma la empleada del museo -a quien conoce ya desde hace mucho-, la sala del recinto dedicada a los bronces de Auguste Rodin permaneció intocada desde el pasado 17 de marzo, cuando el Soumaya cerró sus puertas por la pandemia de Covid-19.

“Sí tenía, aunque no lo creas, aunque suene exagerado, hasta medio pesadillas de que todo lo que ya había hecho fuera a estar alterado”, cuenta Abraham, quien solía acudir hasta tres veces por semana antes de la emergencia sanitaria para dibujar las esculturas, con la posición y condiciones de luz precisas del lugar.

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Vuelven los museos 

En el primer día de reapertura oficial de los museos de la Ciudad de México, el retorno a las salas conocidas, con las piezas en la disposición en la que estaban antes del cierre, obliga a pensar de qué sirve una obra de arte si no hay nadie ahí para verla.

Un piso abajo, por ejemplo, una banca que en cada uno de sus extremos tiene pegada una estampa marcando la sana distancia todavía espera, vacante, a que alguien vuelva a sentarse en ella a contemplar el mural La tierra como el agua, la industria nos pertenece, de David Alfaro Siqueiros.

Lo mismo con los personajes retratados por Pierre-Auguste Renoir, René Magritte, Camille Pisarro, Paul Gauguin y Amedeo Modigliani, entre tantos otros del acervo del museo, que llevan meses sin “posar los ojos” en un visitante.

Poco a poco, los asiduos a los museos, como Abraham, comienzan a llegar de nuevo a estos recintos, aunque a cuentagotas, y cada uno atraído por una motivación propia.

Del confinamiento a los museos

Para Brenda Tabal, estudiante de Mercadotecnia, la idea de realizar su primera visita al Soumaya le llegó, sencillamente, porque ya quería huir del confinamiento.

“Después de tanto tiempo encerrada en casa, ya era necesario venir de nuevo a visitar los museos; eso fue, más que nada: el estar encerrada tanto tiempo”, explica.

En un grupo de tres, Brenda fue una de las primeras visitantes, de un número todavía muy escaso, que cumplió con el nuevo ritual obligatorio para entrar a un museo: cubrebocas, tapete sanitizador para los zapatos, medición de temperatura y gel antibacterial.

Al menos ayer, la iniciativa de regresar a un museo le fue correspondida con un recinto prácticamente para ella sola y sus acompañantes, que apenas y ocupaban espacio en el enorme vestíbulo del Soumaya.

Ante una de las obras maestras del museo, el mural Río Juchitán, de Diego Rivera, Brenda sabe que, entre todo lo que ocurre en el País, eligió un buen día para salir de su encierro.
“(Hay) muy poca gente, la verdad. Me imaginé que iba a haber un poquito más, pero creo que así está bien”, celebra. “No había venido y creo que aproveché un buen momento para venir”.

La ‘Nueva Normalidad’ en los museos

De acuerdo con el personal del museo, el aforo del 30 por ciento permitido para el Soumaya resultaría en alrededor de 240 visitantes al mismo tiempo, con un control de tránsito dependiendo del tamaño de cada sala.

Y aunque, por el momento, alcanzar de nuevo esa cifra de visitantes se ve como algo muy distante, tras casi cinco meses cerrado, los museos como el Soumaya han vuelto a recuperar el contacto con su público, lo mismo que su sede de Plaza Loreto o espacios como el Museo del Juguete en la Colonia Doctores o la Casa Guillermo Tovar de Teresa en la Roma, recintos, todos privados, que también reabrieron de manera oficial sus puertas ayer, a diferencia de los espacios institucionales, que aún aguardan su regreso.

Con una apertura escalonada que apenas comienza a esbozarse, los museos de la Ciudad de México encaran la “nueva normalidad”, y los acervos, como ante Abraham y Brenda, recuperan su función esencial de ser vistos, una vez más, por el público que les da sentido.

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