Tregua sanitaria; vistazo al pasado

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Tregua sanitaria; vistazo al pasado

 

  • Con el permiso del periódico (y de los lectores) vamos a ignorar el coronavirus esta semana, para mostrar imágenes históricas del pasado de este destino.

Fernando Martí / Cronista de la Ciudad

CANCÚN, Q. ROO.- CUARENTEMAS / Existen dos clases de pruebas para saber si tienes coronavirus. En lenguaje coloquial, la primera es la del hisopo: te extraen fluido nasal con un bastoncillo, lo mandan a analizar y en pocas horas se sabe si tienes el virus activo (los resultados en Cancún se tardan de 48 a 72 horas, porque tienen que enviar la muestra a un laboratorio certificado, vaya usted a saber cuál).

Ya con la muestra, el laboratorio puede hacer dos tipos de búsqueda. Uno, la molecular, tratando de identificar el material genético del virus, usando una técnica que se llama reacción en cadena de la polimerasa, que consiste en enfriar y calentar el ácido ribonucleico del virus (ARN), para que se convierta en acido desoxirribonucleico (ADN).

Dos, la prueba del antígeno, en la cual se buscan ciertas proteínas que son parte del virus. Esta técnica es endiabladamente difícil de entender (y peor de explicar), pues incluye conceptos como cápside del núcleo, epítopos N1 y N2, inmunización con péptidos y otras rarezas semejantes, así que sólo digamos que es menos cara, pero también menos precisa que la primera.

La otra opción es la prueba serológica: te extraen una muestra de sangre y el análisis revela si tu organismo ha desarrollado anticuerpos contra el virus, que técnicamente se llaman IgM e IgG. En caso de hallarse presentes, significa que ya tuviste la enfermedad, aunque tal vez no te hayas dado cuenta.

Pues bien, tras un rápido viaje a México (dos aeropuertos, dos aviones retacados, un viaje en taxi de la calle), Gabriela Rodríguez Gálvez, género femenino, 60 años, se efectuó en los laboratorios Salud Digna la prueba molecular y el resultado fue positivo.

Sin embargo, a su doctor de cabecera, Badi Burad, no lo convenció el resultado, sobre todo porque la persona con quien convivió estrechamente los últimos cien días, en un encierro casi carcelario, de nombre Fernando Martí Brito, género masculino, 67 años, arrojó el resultado opuesto: negativo. De modo que ordenó rehacer ambos exámenes, pero cambiando de laboratorio.

En este caso, los resultados proporcionados por el laboratorio Laclisa coincidieron: Gene RdRp NO DETECTADO. Es decir, negativo.

Para no dejar lugar a dudas, el laboratorio Limed efectuó las pruebas serológicas. Otra vez, en ambos casos, idéntico resultado: Anticuerpos SARS Cov-2 IgG IgM NEGATIVO.

Desde luego, siempre cabe la posibilidad de que el primer análisis sea el correcto, y los posteriores no, pero hay una abrumadora certeza de que es al revés: Salud Digna se equivocó, Laclisa y Limed le atinaron. Al menos, eso queremos creer y, como ya pasaron más de 15 días desde la primera prueba, es muy probable que todo haya sido una falsa alarma.

Por lo demás, hay que decir que, en el escenario de la pandemia, ese es el pan nuestro de todos los días. La OMS y el departamento de Biotecnología de la UNAM estiman entre 15 y 20 por ciento el número de resultados erróneos, en los cuales a un paciente que tiene el virus le dicen que no lo tiene (falso negativo), y al que no lo tiene le dicen que está contagiado (falso positivo). Para estos últimos (caso Gabriela Rodríguez Gálvez) equivale al susto y la molestia de tener que aislarte en tu propia casa, pero los peligrosos son los falsos negativos, porque los enfermos siguen haciendo su vida normal, infectado al prójimo (y a los próximos).

A los lectores de este Diario, una disculpa por esa información engañosa. El melodramático desenlace de telenovela del capítulo anterior (el círculo se cerró: ¡ya tenemos el bicho en casa!), resultó ser falso, pero las muchas llamadas que recibimos de solidaridad y apoyo sí fueron auténticas (y mucho se agradecen).

Pero no hay que bajar la guardia, porque la telenovela sigue: el bicho ronda por ahí.

 

TODA LA SEMANA

Con el permiso de los editores del periódico, voy a hacer una pausa esta semana, eliminando de las faz de esta página al pegajoso coronavirus, para compartir con ustedes una efeméride personal: la publicación de mi nuevo libro, “¡50 Años de Vida!”, un álbum fotográfico que celebra las primeras cinco décadas de historia de la ciudad.

La ficha técnica se podría resumir así: contiene más de 800 fotografías de casi 200 archivos distintos, de manera que es arrogante afirmar que se trata de una obra de autor. Más bien, es una galería colectiva de docenas de fotógrafos, en su gran mayoría, aficionados, que rescataron las imágenes del fondo de los cajones, del baúl de los recuerdos, y en muchas ocasiones, del álbum de la familia.

Con ese acervo, intenté construir una crónica visual de la historia de Cancún, desde la isla desierta de la década de los 60 hasta la metrópoli en ciernes del año 2020, una transformación asombrosa del paisaje que se puede llenar de calificativos, pues la fundación de Cancún ha sido una de las hazañas mexicanas más notables del siglo XX.

Más allá de lo técnico, quienes han revisado el álbum conectan de inmediato con los recuerdos de esta ciudad que, en miles y miles de historias personales, cada quien la ha convertido en mi ciudad. A algunos amigos les pedí que escogieran una sola foto, su favorita, y el resultado fue siempre emocional: unos añoran las playas desiertas, otros se maravillan con los planos originales, se conmueven con los edificios viejos, están prendados del entorno natural, pero hay un patrón común: siempre se conmueven al ver imágenes que los reflejan a sí mismos.

Como es el libro del 50 Aniversario y como los contagios se han moderado, vamos a hacer la presentación virtual este jueves 20 de agosto, a las 19:00 horas, en vivo, a través de la página de Facebook “Cancún 50 Años” y de nuestro canal de YouTube. Mientras eso sucede, con el permiso de ustedes, esta semana vamos a enterrar el coronavirus para darle espacio a las deslumbrantes imágenes de nuestra patria chica.