Evocan a Trotsky

96
Evocan a Trotsky

 

  • Trotsky, crítico de la burocratización del Partido Comunista soviético, y quien postulaba la revolución permanente e internacional.
YANIRETH ISRADE / AGENCIA REFORMA

CDMX.- Bastaron unos minutos al entonces Presidente Lázaro Cárdenas para pronunciar un “Sí” de resonancia mundial. Al instante, aceptaba acoger en México a un célebre revolucionario, León Trotsky, quien era perseguido por el régimen de José Stalin.

Aquel mundo de los años 30 del siglo pasado era, como dijo el artista André Breton, un planeta sin visa para Lev Davidovich Bronstein. León Trotsky, nació en Ucrania el 7 de noviembre de 1879 y fue asesinado el 21 de agosto de 1940 en Coyoacán por órdenes del dictador soviético.

En México

El pintor Diego Rivera y político Octavio Fernández, integrantes de la Liga Comunista Internacionalista -el grupo trotskista mexicano- solicitaron el refugio para el dirigente bolchevique durante un acto en Torreón, donde Cárdenas supervisaba el reparto de tierras en la región lagunera.

“Bastó una conversación de cinco minutos para que Lázaro Cárdenas se convenciera de que México podía y debía abrirle las puertas como asilado político a León Trotsky. Tanto el apoyo a la República Española como la aceptación a Trotsky son actos muy notables de ese gobierno, y muy valientes”, pondera Olivia Gall, autora de Trotsky en México y experta inscrita al Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM.

Todos se deslindan y ¡nadie sabía nada!

“A Trotsky nadie quería recibirlo, justamente por la mismas razones por las que hoy no se le rehabilita: lo consideraban un teórico, un intelectual, un escritor y un revolucionario de temer”.

“La decisión de Cárdenas le permitió no sólo tener un lugar de residencia, sino vivir en el único lugar que en esos últimos años le permitió vivir en cierta paz, y además protegido por el Gobierno, cosa que no había pasado en ninguno de sus exilios”, añade en entrevista la coordinadora de la Red de Investigaciones Interdisciplinarias sobre Identidades, Racismo y Xenofobia en América Latina.

El líder bolchevique no sabía entonces nada del País que lo acogía

A bordo del buque-cisterna noruego “Ruth”, con destino al Golfo de México, Trotsky escribió el 28 de diciembre de 1936. “Estoy leyendo ávidamente algunos textos sobre México. Nuestro planeta es tan pequeño y, sin embargo, sabemos tan poco de él. Me he pasado así estos primeros ocho días, trabajando intensamente y especulando sobre este misterioso México”.

Lo habían expulsado del Partido Comunista de la Unión Soviética en 1927. De la URSS salió hacia Turquía en el 29; en 1933 Francia lo aceptó bajo la condición de que su estancia se mantuviera en secreto, se vio obligado a emigrar a Noruega en el 35.
Su situación se había vuelto aún más difícil desde agosto de 1936, escribe Gall en Trotsky en México.

“En ese mes el gobierno socialdemócrata noruego negoció acuerdos comerciales con la URSS a cambio del arresto domiciliario para Trotsky y para su esposa Natalia (Sedova), y de la prohibición de comunicarse con el mundo, ya fuese por vía postal, periodística u otra. En ese mes, por lo tanto, los simpatizantes de Trotsky iniciaron gestiones cada vez más angustiosas en el mundo entero para conseguir un visado de asilo para los Trotsky. Pero el ‘No’ fue internacional, absoluto, definitivo. De ahí la famosa fórmula de André Breton, ‘el mundo es un planeta sin visa para León Trotsky'”.

México lo contradijo

“Bajo la mirada incrédula del mundo civilizado, intervino el lejano, el salvaje, el exótico México, con Lázaro Cárdenas a la cabeza, para desmentir la fórmula de Breton”.

“Al declarar oficialmente el 7 de diciembre su decisión de acoger a Trotsky, el Presidente mexicano imprimía un giro de 180 grados a los planes que Stalin le tenía reservados a su adversario comunista”.

Burocracia Partidista

La figura de Trotsky, crítico de la burocratización del Partido Comunista soviético, y quien postulaba la revolución permanente e internacional, resulta incómoda aun después de su muerte, considera Gall.

“La razón por la que su figura no ha sido rehabilitada en Rusia, pero tampoco ha sido plenamente reconocida en muchas corrientes políticas del mundo, es porque fue básicamente un marxista independiente y un disidente casi por toda su vida.

“Solo estuvo en el poder entre el momento en que lo tomaron los bolcheviques, fines de 1917 y 1922, cuando deja la jefatura del Ejército Rojo, pero el resto del tiempo cuestionaba muchas cosas. Se convirtió en una figura muy peligrosa, por un lado para las democracias liberales, porque hablaba de la internacionalización de la Revolución.

“Se convirtió en una figura molesta, tan molesta que había que asesinarla; pero, todas las corrientes políticas que fueron favorables a la URSS y lo que se llamó el socialismo real, hasta mucho después de que Stalin falleciera”, expone la investigadora.

Pero Gall destaca la vigencia del pensamiento trotskista

“El debate sigue: ¿Se justifican los partidos comunistas o socialistas muy centralizados que llevan a fases que deberían terminar pronto -pero no lo hacen- de dictaduras que se llaman del proletariado? ¿Se justifican en la construcción de un nuevo mundo, o ese modelo lleva, casi de manera intrínseca, a que esos regímenes se vuelvan dictatoriales?”, cuestiona.

“Ese debate ha seguido vigente en la Revolución Cubana, en la Sandinista, en la Revolución China, en el chavismo en Venezuela. Creo que es un debate importante”.

Trotsky, junto con su familia, fue una de las víctimas más brutalmente atacadas por la burocracia soviética que devino régimen dictatorial, añade Gall.

“Es un debate muy importante porque no se ha terminado”. “Sigue siendo parte del presente de muchos de los países gobernados por regímenes de izquierda; aunque no sean leninistas o aunque no hablen de dictaduras del proletariado”, advierte.

Te puede interesar: Todos se deslindan y ¡nadie sabía nada!