Revela sus misterios la Cueva del Chiquihuite

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Revela sus misterios la Cueva del Chiquihuite
  • La Cueva de Chiquihuite es el primer sitio que data la llegada de pueblos al continente, en una investigación internacional, exhaustiva e interdisciplinaria.
YANIRETH ISRADE GONZÁLEZ / AGENCIA REFORMA

CDMX.- Las investigaciones que determinaron presencia humana prehistórica en la Cueva del Chiquihuite, en Zacatecas, no sólo remontaron 15 mil años la cronología del poblamiento temprano de América; sino también demostraron que el rastro de ocupaciones no se reduce al ADN de los antiguos habitantes, pues su huella permanece en objetos culturales, como las herramientas que emplearon.

El equipo dirigido por Ciprian Ardelean, investigador de la Autónoma de Zacatecas y la University of Exeter del Reino Unido, identificó casi 2 mil piezas de piedra, como cuchillas, rascadores y puntas, en la cueva del Municipio de Concepción del Oro, a 2 mil 750 metros sobre el nivel del mar.

Orientado por los pobladores, el arqueólogo encontró este sitio en 2010, durante sistemáticas caminatas en las cuales examinaba el terreno, como describe en un estudio publicado en la revista Nature el mes pasado.

Dicho artículo, replicado mundialmente, atizó un debate entre quienes consideraron insuficientes las evidencias presentadas por el equipo de Ardelean como indicador de presencia humana hace 30 mil años, y los que reconocen la solidez y consistencia de los análisis que derriban la teoría comúnmente aceptada de los Clovis como primeros habitantes de América, 15 mil años atrás.

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La Cueva de Chiquihuite es el primer sitio que data la llegada de pueblos al continente, en una investigación internacional, exhaustiva e interdisciplinaria, destaca el paleontólogo Joaquín Arroyo-Cabrales, miembro del equipo del Proyecto Arqueológico de los Cazadores del Pleistoceno del Altiplano Norte.

“A pesar de que han habido otros depósitos en el continente que han dado fechas más tempranas a la convencionalmente aceptada para la cultura Clovis, y sitios que han tratado de cuestionar este paradigma, poco se ha logrado porque no ha habido una investigación interdisciplinaria tan sólidamente apoyada en datos científicos. Consideramos que ésta puede ser un parteaguas. Seguramente en el futuro habrá otros sitios que darán información de este calibre y permitirán conocer mejor desde cuándo está el humano en América”, expone el investigador del INAH.

Arroyo-Cabrales refiere el caso de Monteverde, en Chile, cuyas evidencias de actividad humana proponen la ocupación del sitio entre 15 y 17 mil años atrás.

“Muchos consideran válido un sitio sólo cuando hay restos humanos, cuando no necesariamente es así. Hay evidencia muy clara, como el material lírico de la cueva del Chiquihuite, como algunos fogones en sitios de Monteverde, con hueso modificado que solamente el humano pudo producir, pero otra vez (prevalece) el convencionalismo de que solamente si hay restos humanos puede ser valido, y creemos que no es el caso”, afirma Arroyo-Cabrales.

Labores forenses

La arqueología prehistórica supone encontrar humanos como la aguja en el pajar, pues se trata de hallar, en un territorio gigantesco, pequeños grupos -una docena de personas- que habitaban el continente a grandes distancias unos de otros hace más de 20 mil años, dice Ardelean, consultado sobre el debate en torno de la validez y el predominio que adquieren las evidencias genéticas sobre las otras.

“Cuando hablas de cosas realmente tempranas, que van más allá de la era geológica actual, la arqueología entra en un terreno donde las cosas no son auto-evidentes: es una arqueología microscópica, una arqueología de la interacción de pruebas. En todo lo que nosotros hacemos -la cueva no es el único lugar donde estamos trabajando-, cuando terminas la excavación y te vas, no siempre puedes decir que encontraste algo o no, eso se responde meses, o años después, en laboratorio. Es como cualquier investigación de tipo forense: tienes que articular cosas que a primera vista no son tan visibles”, responde en entrevista.

Por eso la investigación de Ardelean, que involucró a especialistas y laboratorios de todo el mundo, examinó lo mismo la geología que la lítica, es decir que las herramientas en piedra, así como el polen, los fitolitos o el ADN ambiental, y obtuvo datos que le permitieron conocer que aquella cueva, con una temperatura permanente de 12 grados, estaba rodeada entonces de bosques y sirvió posiblemente como refugio temporal.

El análisis de ADN de los restos de plantas y animales en el sedimento de la cueva permitió datar las herramientas halladas en su interior y la ocupación humana del sitio.

“Identificamos ADN de una amplia gama de animales, incluyendo osos negros, roedores, murciélagos, ratones de campo e incluso ratas canguro. Pensamos que estas primeras personas probablemente habrían regresado durante unos meses al año para explotar los recursos naturales recurrentes de los que disponían y luego seguir adelante”, detalló Mikkel Winther Pedersen, genetista de la Universidad de Copenhague, en una entrevista divulgada por la University of Exeter.

No se encontró ADN humano, lo que añade peso a la teoría de que los primeros pobladores no permanecieron mucho tiempo en la cueva.

“Creemos que la gente pasó parte del año allí usándola como refugio de invierno o verano, o como base para cazar durante la migración. Éste podría ser el hotel más antiguo de América”, consideró, por su parte, Eske Willerslev, experto en ADN de la Universidad de Cambridge e integrante también del equipo.

Reivindicar artefactos

La ausencia de ADN de humanos antiguos en la Cueva del Chiquihuite no implica que éste no permaneciera en el lugar, advierten los autores del artículo de Nature.

La probabilidad de detectarlo, argumentan, es bajo.

“La gente acude a exigir evidencias olvidando que durante 300 años de existencia de la arqueología, lo único que teníamos que ofrecer eran las herramientas de piedra, no existía la ciencia del ADN, la ciencia de la paleobotánica, las huellas químicas. Éste es uno de los pocos proyectos en los cuales alguna vez se han aplicado todas estas técnicos juntas”, expone Ardelean.

“Lo que sucede con las técnicas de ADN es que son muy recientes, inclusive la gente tiene que entender que no hablamos de ADN sacado de los huesos, de los dientes de las bocas de las personas, como el ADN de la prueba de paternidad: estamos hablando de moléculas de ADN que estuvieron sueltas en la tierra durante decenas de miles de años, con el riesgo de que no sobrevivan más allá de unos pocos años, mucho menos 20 mil o 30 mil años.

“Es ADN sacado de la tierra. Entonces, atinarle a exactamente el punto donde un humano escupió, orinó, defecó, transpiró, se le cayó una célula de piel, de caspa, etcétera, con tal de que le encuentres su ADN, es una probabilidad de no sé cuántos millones, porque estos muestreos se hacen sacando una muestrita de un punto en específico, o sea de 2 centímetros cuadrados de cada nivel de ocupación. Un ejemplo: si yo voy ahora a su casa y tomo una muestra de la mesa de la sala, después de que usted la limpió, es muy poco probable que yo encuentre su ADN adherido a esa mesa. Eso no quiere decir que usted no vive en esa casa, entonces lo mismo sucede con cualquier otro tipo de hallazgo”.

Otorgar, en consecuencia, más peso al ADN que a los artefactos es erróneo, enfatiza Ardelean.

“Hay muchísimos sitios, desde el Yukón (Canadá), hasta Argentina, y sobre todo en Brasil, que han sido ignorados de manera sistemática y bastante agresiva, precisamente porque sus edades son similares a las nuestras, porque sus artefactos no cumplen con la calidad estética propia de los artefactos de las culturas ya muy desarrolladas de hace 12 mil años, y entonces estos sitios se han quedado relegados, en una especie de nube borrosa, en el limbo.

“Espero que nosotros hayamos dado un empujón a ese tipo de localidades, que vuelvan a salir a la luz con sus datos y mostrar que Cueva de Chiquihuite no es una anomalía, una cosa que por primera vez está surgiendo, no: la presencia humana de 30 mil años o más se está manejando en las Américas y en América Latina desde hace 50 años, sólo que no ha logrado convencer a los colegas estadounidenses, para quienes, al parecer, solamente su opinión es válida”.

Prohibe el INAH visitar el sitio

EL INAH prohibió las visitas a las Cuevas del Chiquihuite y la Sima de las Golondrinas, en Concepción del Oro, Zacatecas, donde se hallaron evidencias de ocupación prehistórica de hasta 30 mil años de antigüedad, e instó a la coordinación de los tres órdenes de gobierno para proteger los milenarios sitios.

Estos lugares, aseguró el Instituto, son motivo de estudio y conservación, razón por la cual no es posible que personas ajenas a las investigaciones efectúen visitas al sitio, dado que ello pondría en riesgo los contextos arqueológicos en estudio.

El INAH añadió que el sitio no está abierto al público ni cuenta con la infraestructura necesaria para la atención de visitantes.

El proyecto de investigación “se basa en un trabajo minucioso que exige protocolos específicos, de manera que la presencia de personas contaminaría los contextos arqueológicos milenarios”, advirtió.

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