Reinfecciones de Covid, una nueva preocupación

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Reinfecciones de Covid, una nueva preocupación

 

Mientras la incertidumbre reina en el tema de la vacuna, los grupos de población de bajo riesgo parecen decididos a desafiar la ley de probabilidades.

Fernando Martí / Cronista de la Ciudad

CANCÚN, Q. ROO.- CUARENTEMAS / De las malas noticias de la última semana (la convención del Partido Republicano y su idolatría por Donald Trump, el azote del huracán Laura sobre las costas de Texas y Luisiana, la ofensiva de Andrés Manuel contra la revista Nexos), no hay ninguna peor que el hecho comprobado de que un ciudadano de Hong Kong, cuyo nombre no ha sido revelado, se enfermó de Covid-19… ¡por segunda vez! Le repitió, como dirían las abuelitas.

De acuerdo con un reporte de la Universidad de Hong Kong, el paciente enfermó por primera vez en abril, padeció síntomas moderados de la enfermedad, fue dado de alta tras pocos días de tratamiento, hizo un viaje por España (tal vez para celebrar su curación), y luego dio positivo de nuevo en agosto, con lo cual queda en evidencia que la inmunidad contra el bicho es demasiado pasajera o demasiado frágil.

La noticia no sorprendió en el mundo científico. Los expertos en coronavirus sospechaban que tal cosa iba a suceder, lo único que no sabían era cuándo. La sorpresa es que fue muy rápido, en menos de cien días. Y hay otro dato que tampoco asombra: las secuencias genéticas de las cepas del virus que contrajo el hombre en abril y en agosto, dice el reporte, son “claramente distintas”.

¿Significa eso que el virus mutó? Sí. ¿Significa que el paciente perdió la inmunidad en menos de cien días? SÍ, con reservas

Lo que es indudable es que su sistema inmunológico no reconoció la secuencia genética del segundo virus, pero no está claro si habría reaccionado a un ataque reiterado del primero.

Cuando una persona se enferma de Covid-19, el cuerpo produce dos clases de defensas. Primero, los anticuerpos específicos, glóbulos blancos que combaten de manera frontal al bicho. Segundo, las células T, otro tipo de leucocitos que actúan como una memoria para prevenir que te vuelva a dar. Para decirlo en términos llanos, los estudios de laboratorio han demostrado que el número de anticuerpos desciende muy rápido después de padecer el mal, incluso hasta desaparecer del sistema, pero ahí quedan las celulas T, la memoria inmunológica, listas para reaccionar en cuanto el invasor se presente de nuevo. A la existencia de estas dos líneas de defensa se le conoce como inmunidad natural.

Los científicos sabían, o al menos sospechaban, que esa protección era temporal. El coronavirus tiene muchas semejanzas con el virus de la gripe, en lo referente al método de transmisión (de persona a persona), el periodo de incubación (de pocos días), y la sintomatología (dolor de cuerpo, temperatura, tos), y cualquier ser humano ha vivido la experiencia de las gripes repetitivas. Otros coronavirus de reciente factura, el MERS y la gripe AH1N1, crean anticuerpos que protegen a los enfermos durante 12-18 meses, tras lo cual la enfermedad puede contraerse de nuevo.

Esas son muy malas noticias, porque la inmunidad natural casi siempre es más efectiva que la inmunidad inducida, es decir, la que proporcionan las vacunas. La recaída del paciente de Hong Kong tendrá un efecto dramático en la búsqueda de la vacuna anti Covid-19, por una sencilla razón: la fórmula tiene que ser capaz de reconocer las mutaciones del virus o será altamente inefectiva. Eso podría alargar los periodos de investigación y de prueba con las vacunas más promotedoras, como la de Oxford-Astra Zéneca (que llegaría a México mediante una inversión millonaria del magnate Carlos Slim, para producirla en Argentina), y la de Cambridge/Moderna (la favorita del presidente Trump), pues ambas basan sus protocolos en secuencias de material genético (técnicamente, cadenas de ácido ribonucleico, ARN), que podrían no ser eficaces con formas mutadas del virus.

De cualquier modo, un hombre que sí sabe del tema porque se ha gastado poco más de 14 mil millones de dólares vacunando poblaciones a lo largo y ancho del globo, Míster Bill Gates, publicó hace poco en su blog que las esperanzas de una vacuna universal, eficaz y duradera, son más bien escasas.

De acuerdo con el fundador de Microsoft, nos podemos dar por satisfechos si la vacuna tiene un 70 por ciento de efectividad (o sea, si no protege a tres de cada diez vacunados), y si el periodo de inmunidad dura 12 meses (en resumen, te la tienes que poner cada año).

Apunta Gates:

Idealmente, la vacuna te daría protección a largo plazo. Pero podemos terminar con una que te impida enfermar por un par de meses (como la vacuna de la influenza estacional, que te protege nada más por seis meses). Si eso sucede, tendremos que usar la vacuna temporal mientras trabajamos en una más durable.

Luego, el magnate aborda el increíble desafío logístico que implica el coronavirus:

Para detener la pandemia necesitamos que la vacuna esté disponible para cada persona a nivel global. Eso nunca ha sucedido, nunca hemos puesto un producto en todos los rincones del planeta. Y las vacunas son especialmente difíciles de producir y de almacenar (requieren cadenas de frío de hasta menos 80°C). Va a tomar muchos meses, incluso años, producir siete mil millones de dosis (que podrían ser 14 mil millones, si se requiere doble vacunación), y todavía queda el problema de quién tiene derecho a ser vacunado primero.

Con base en su experiencia en las campañas contra la polio, la malaria, el ébola y la desnutrición infantil, teniendo como escenario las regiones más pobres de África y la India, Gates pronostica que la pandemia no será erradicada de los países ricos del mundo antes de finales de 2021, mientras que los países pobres tendrán que esperar otro año, hasta 2022. Pero sus afirmaciones se produjeron hace ya semanas, antes de que la Universidad de Hong Kong confirmara que te puedes volver a enfermar antes de cien días.

¿Son o no son malas noticias?

Bill Gates pronostica que la pandemia no será erradicada de los países ricos antes de finales de 2021; los países pobres tendrán que hasta 2022.
Bill Gates pronostica que la pandemia no será erradicada de los países ricos antes de finales de 2021; los países pobres tendrán que hasta 2022.
Lunes, 24 de agosto

Para un periodista, no hay manera de permanecer neutral en el ataque frontal contra la revista Nexos de parte de López Obador, por más que la maniobra se haya efectuado tras la fachada de la Secretaría de la Función Pública. En resumen, a la publicación se le impuso una multa de casi un millón de pesos y se le inhabilitó por dos años para obtener publicidad oficial (sanción que deben aplicar no sólo las dependencias del gobierno federal, sino también estados y municipios), lo cual sin duda tendrá un efecto catastrófico en sus finanzas.

Andrés Manuel mantiene una relación enfermiza con los medios. Por un lado los agrede, los llama corruptos y vendidos, los acusa de orquestar campañas y complots en su contra, pero a la vez deja que lo llamen inepto, desquiciado, dictador, ladrón y loco (en esa queja tiene razón: desde Madero, la prensa no había tratado con tal desmesura a un presidente). Sin embargo, se ha contenido al imponer castigos: ningún periodista ha ido a la cárcel o al exilio, y los medios siguen gozando del apoyo, tal vez disminuido, de la publicidad oficial.

El caso de Nexos es diferente porque su director y dueño, Héctor Aguilar Camín, no sólo es un crítico de la 4T: es un opositor abierto. En forma reiterada, a través de las redes sociales y en conferencias zoom, ha propalado una estrategia para despojar a AMLO del control del Congreso federal en 2021, ha convocado a los intelectuales a firmar manifiestos, ha animado una alianza opositora en las urnas y ha declarado en público, con todas sus letras: lo vamos a chingar, ¡por pendejo!

Tanta locuacidad tuvo como consecuencia la sanción contra la revista, a la que sin duda de género hay que oponerse. La misma publicación ha indicado cómo: pagando suscripciones. Yo ya tenía una, pero con gusto he adquirido otras dos para regalar, nomás con el ánimo de no dejarlos solos, no sea que a López Obrador se le vuelva costumbre castigar a los periodistas. No me queda claro, sin embargo, la obligación del gobierno de financiar a la prensa opositora.

Ese es un viejo debate. Hace más de 30 años, cuando le retiró la publicidad al semanario Proceso, López Portillo utilizó una frase muy explícita: no pago para que me peguen (como si los dineros fueran suyos). A veces la ofensiva fue más fuerte: De la Madrid despojó a Manuel Becerra Acosta del diario unomásuno (por maniobras de su vocero, Manuel Alonso); Vicente Fox terminó con el noticiario Monitor de José Gutiérrez Vivó (porque era partidario de López Obrador), y Echeverría fue más lejos: utilizó porros para reventar una asamblea y quitarle el control de Excélsior a Julio Scherer (cuyo hijo mayor, por cierto, hoy es asesor jurídico de AMLO).

Reprobando y condenando de manera explícita esos atentados, que desde luego van encaminados a coartar la libertad de expresión, hay que reconocer que la prensa nacional ha sido remisa y omisa, por no decir sumisa y complaciente, en mantener el status quo. Los convenios de publicidad, siempre por montos millonarios, siguen siendo la base de la relación medios-gobierno. Hace poco más de un año, en mayo de 2019, la 4T publicó una lista vergonzosa de los columnistas que reciben dinero del gobierno y la respuesta de los señalados fue muy débil, al presentar como defensa medios electrónicos que no cuentan y no influyen, o alegando que los dineros así obtenidos no comprometen su integridad (jeje). Más allá de los columnistas están las empresas, que han convertido su relación con el poder en un asunto meramente económico: a nivel nacional, se sabe y se da por sentado que una inmensa mayoría de medios de comunicación no subsistirían sin apoyo oficial.

Está muy bien criticar a López Obrador, denunciar sus excesos, señalar sus incongruencias, insistir en sus desatinos (esa es la vocación de los medios). Pero ya es hora de que la prensa sea autocrítica y revise su relación con el poder, que sin duda pasa por el camino de no depender en lo económico de papá gobierno. El caso de Nexos es lamentable pero el remedio al mal, como sucede en todos los países donde la prensa es libre, es convertir al gobierno en un anunciante de poca monta.

Prensa mexicana, autocrítica pendiente.
La vida sigue

Toda la semana los teléfonos repiquetearon a lo largo y ancho de la ciudad. Al contestarlos, sin advertencia previa, una voz sugerente se limitaba a indicar:

Por Mara Lezama, presidenta municipal, marque uno. Por Carlos Orvañanos, vocero del gobierno del Estado, marque dos.

La encuesta no precisaba si se refería a la contienda municipal, o a la eventual disputa por la diputación federal, que siempre es un préambulo para la gubernatura. Sin duda está mal hecha y mal dirigida, pues los autores no van a poder determinar el universo consultado (que podrían ser hasta niños), ni ninguna de las características de sus interlocutores. El resultado será intrascendente. Menos intrascendente es saber quién la pagó (o la ordenó).

La lógica sugiere que no fue Mara, quien no tiene por qué inventarse un contrincante único, cuando podría inventarse muchos y diluir la respuesta. En los países donde hay reelección, el librito dice que hay que dejar que los adversarios se hagan pedazos entre sí, y cuando solamente quede uno, ir en contra con todo.

Entonces, tendría que ser Orvañanos, pero la astucia política lo descarta: acaba de ingresar al gabinete estatal, en un puesto de mucho desgaste, la vocería, que para colmo no tiene proyección electoral. Si aspira a ser alcalde o diputado, se colocó en el lugar equivocado, y promover su imagen sería empezar a caminar con el pie izquierdo.

Entonces, persiste la duda. ¿Quién la ordenó? ¿Quién la pago?

 

Jueves, 27 de agosto

Con gran escándalo de medios, Míster Trump juntó cerca de 2 mil personas en los jardines de la Casa Blanca para anunciar lo que ya se sabía: que será candidato de su partido, el Republicano, en las elecciones presidenciales del próximo 3 de noviembre.

El escándalo no provino del discurso de Trump (fanfarrón, emocional, ególatra, previsible), ni del hecho de que utilizara la mansión presidencial para fines partidistas (lo que nunca había sucedido y que, al parecer, está prohibido), sino de la elocuente imagen de dos mil invitados, de los cuales casi nadie portaba un tapabocas, y absolutamente nadie respetaba la sana distancia (las sillas estaban pegaditas).

Al otro lado de la cerca, sobre la Constitution Avenue, otro par de miles de manifestantes corearon consignas para tratar de deslucir el acto. “Free the people, fight the power” (libera a la gente, combate el poder), y desde luego “Black lives matter” (las vidas negras importan), eran las consignas favoritas, que apenas sobresalían sobre el bullicio de los altavoces de música rap y hip-hop. Obvio, casi nadie traía cubrebocas y el gentío era una masa compacta, casi diría íntima.

Los americanos le han perdido por completo el miedo a la pandemia, y no sólo en Washington. En Nueva York el mercado de pulgas de Brooklyn era un hormiguero el fin de semana, en California y Miami las playas están atiborradas, y el Disney World de Orlando abrió sus puertas el sábado con colas kilométricas.

A nivel global se perciben escenas semejantes: los cafés de París, las callejuelas de Ámsterdam, los vaporettos de Venecia, las terrazas de Madrid, y ni qué decir, los mercados populares en China funcionan como si nada estuviera sucediendo.

Cancún no es ajeno a la tendencia. Los hoteles operan con 30 por ciento de ocupación (al menos en teoría), pero si la idea era mantener distancias la estrategia falló, porque los turistas están concentrados en pocas áreas. O sea, si un hotel tiene tres edificios, y seis restaurantes, y ocho albercas, lo cual sugiere cierta dispersión de la clientela, eso no va a suceder, porque sólo un edificio, y un restaurante, y una alberca están operativos, y ciertamente repletos. Pero los turistas están felices, como siempre: son sus vacaciones y, para decirlo en los términos más coloquiales que es posible, las medidas de prevención les vienen guangas.

Hay una razón de mucho peso para que eso suceda. ¿Juventud? ¿Inconciencia? ¿Ignorancia? ¿Ganas de vivir? Quizás la respuesta tenga todos esos elementos, pero lo cierto es que a las siguientes generaciones, de los millenials para abajo, no les asusta el bicho.

Las estadísticas les dan algo de razón. Uno, si eres menor de 40 años, las probabilidades de contagiarte son desconocidas (hay casos documentados de jóvenes que parecen inmunes el virus). Dos, si te infectas, las probabilidades de presentar síntomas son menores al uno por ciento. Y tres, si te enfermas en serio, las probabilidades de morir son del 0.5 por ciento.

En los Estados Unidos, el país líder en llevar las cuentas, las estadísticas dicen que los varones jóvenes tienen una probabilidad de morir antes de alcanzar la madurez por causas distintas a una enfermedad, del orden del dos por ciento, y las principales causas son los accidentes automovilísticos, la violencia callejera y la guerra. Frente a esa realidad cotidiana, ¿quién le va a tener miedo al maldito bicho?

 

Sábado, 29 de agosto

De manera involuntaria, sólo porque vivo cerca, fui testigo de un encuentro no programado entre algunos vecinos de la zona hotelera y la autoridad. Resulta que en la calle Pescador, por razones ignotas, se rompió un tubo del drenaje sanitario, las aguas se mezclaron con el drenaje pluvial, y las alcantarillas empezaron a expeler un líquido turbio con olor nauseabundo, es decir, a caño.

Angustiados por la fetidez, los vecinos reportaron la falla al Ayuntamiento, pero la respuesta que recibieron no fue alentadora: hay un conflicto de autoridades en el drenaje. La responsabilidad debería ser de Aguakan, como concesionaria del servicio, pero Fonatur no permite que la empresa toque sus instalaciones, alegando que las reparaciones que hace no tienen la suficiente calidad.

En resumen, tras semanas de dar vueltas sin llegar a nada, le enviaron una carta a Mara Lezama, con copia a Rogelio Jiménez Pons, detallando el estropicio y respaldando el dicho con la firma de 63 vecinos. Eso fue el miércoles o jueves. La respuesta la tuvieron el sábado, pero en esta ocasión fue diferente: la alcaldesa en persona quiso ver con sus ojos el rebose pestilente, llevó un fotógrafo para tener evidencias, dialogó un rato largo con los vecinos y prometió que tratará de solucionar el tema con el director de Fonatur.

No sé si la gestión de Mara será exitosa, pero su presencia en la calle Pescador sí lo fue. Entre asombrados y confianzudos, los vecinos aprovecharon para pedirle que limpie las banquetas, que arregle el canal Sigfrido y que le pongan horario a la recolección de basura. Tampoco sé si, como dijo un vecino, la alcaldesa ya anda en campaña electoral. Lo que sí sé es que desde hace muchos años, quizás desde la época de José González Zapata, no había visto un político en la calle, hablando con los vecinos, sin pancartas ni matracas de por medio. Si está en campaña, y sobre todo si cumple, va por buen camino.

Calle Pescador, en zona hotelera. Charco pestilente.
Calle Pescador, en zona hotelera. Charco pestilente.

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