Wayeb político: Medios de comunicación en el limbo

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López Obrador, entre virus y videos

 

ÉDGAR FÉLIX

El Presidente Andrés Manuel López Obrador destruyó, al cerrar gradualmente el torrente del presupuesto, el sistema de medios de comunicación amaestrados, dóciles y defensores del sistema del poder en turno. No sólo a las empresas las adelgazó, las disminuyó, sino a articulistas y periodistas de estos pujantes negocios que crecieron por muchos años al amparo de vender silencio por línea ágata, por columna y por frecuencia vocal. Algunos ladraron, ya vimos.

Para quienes vivimos esa época donde las salas de prensa funcionaban como tiendas de verdura, es decir donde se ofrecían gordos chayotes que iban en sobres amarillos a las manos de quienes se apuntaran en la lista, y donde sucedía “el encargo” del boletín para “darle mucha difusión” en sus medios, es loable lo que ha hecho el Presidente al acabar con esa época vergonzosa de los medios de comunicación mexicanos. Miles de millones de pesos eran canalizados para comprar opinión, para desacreditar y para bailar al son que les pidieran.

Han pasado dos años del cierre de la llave presupuestal hasta que ayer algunos minutos después del Segundo Informe de Gobierno del Presidente, Andrés Manuel López Obrador, varios sitios de periódicos “nacionales” publicaban como arbolitos de navidad los espacios publicitarios de internet conocidos como banners, provenientes de una diseñada y bien estructurada campaña de difusión del magno evento del Ejecutivo Federal. Al más viejo estilo político, neoliberal. ¿Qué no tendrán una propuesta?

Frases de “avances extraordinarios”, de “metas logradas”, con gente sonriendo y feliz, como lo hacían los gobiernos del neoliberalismo. El problema, ahora, inmediato, es que durante dos años el titular de Comunicación Social del Gobierno de México, Jesús Ramírez Cuevas, no ha sido capaz de proponer un nuevo esquema de relaciones entre el poder y los medios. Hay muchísimos periodistas y medios imparciales, promotores del buen periodismo y la investigación que no tienen acceso al presupuesto federal y que están condenados a la inanición ipso facto, gradual.

Si el objetivo es acabar con todos los periódicos francamente sería un despropósito, pero si seguimos sin una propuesta específica, bien planeada, con estrategia, de parte del Gobierno de México para levantar un sistema nuevo de relaciones, transparente, de acuerdo a la importancia, a los salarios de quienes trabajan en esos noticiarios y esas redacciones, al profesionalismo con que se conducen, al respeto entre el ente público y el privado bajo la alta premisa de denunciar el abuso del poder y de respetar la crítica bien sustentada y la investigación bien hecha.

Si el Presidente López Obrador exige periodistas profesionales, una prensa libre y empresas sanas sin corrupción pero fomentadoras de empleo y buen periodismo, debe enseñarnos ya una propuesta para avanzar en este rubro. Ya nos quedó claro, desde siempre, el mal hecho al país y a decenas de generaciones de mexicanos por la prensa carroñera, ignorante en el 99.9 por ciento de los casos, sin escrúpulos al informar, chayotera de convicción, vendida por antonomasia, pero no hay una cimentación para construir una nueva relación.

Si destruyes debes construir esa nueva relación y lo único que hemos visto es el inflado de periodistas de la mañanera.

El poder reciente, inaudito, de esos compañeros reporteros que acuden todos los días, y de vez en cuando, a las conferencias de Prensa del Presidente los ha llevado a convertirse en una especie de gestores de problemas de la sociedad de diversos puntos del país. Lo mismo de personas, en lo individual, que de sectores como el minero, el campesino, el de pescadores que quieren diesel marítimo más barato, de casos específicos de comunidades.

Son como los nuevos Robin Hood y esa caricatura hecha con mosaicos en el teatro Insurgentes, donde Mario Moreno Cantinflas le quita a los ricos y les da a los pobres. Mucho romanticismo y pocas nueces.

Apostar por una relación de medios así no es sano para nadie por más equilibrado, cuidadoso, político y precavido que sea el Presidente de la República. Hace falta un sistema de comunicación social que disponga de recursos para campañas de difusión con claridad, bajo consulta y escrutinio, sin la opacidad de otros años y sin el dispendio o derroche de recursos. Muchas veces se pagaron miles de millones de pesos por una plana en un diario que tiraba tres ejemplares que en otro periódico con una difusión amplia. Lo mismo en radio, en televisión e internet donde se propagaron como plaga los bien llamados chayodiarios.

Las redes sociales han dado un cambio radical a esa relación perversa entre el poder y periodistas, entre el gobierno y empresarios de medios. El internet concebido como los miles de millones de nodos ubicados en todo el mundo formando una gran red de consulta, con buscadores que alojan esa información mediante arañas que cada minuto depositan en varios centros de datos del tamaño del Estadio Azteca, con la presencia de una nueva tecnología descentralizada basada en la nube y bloques de claves por descodificar con potentes procesadores donde se alojan las criptomonedas y nuevos servicios al que llaman “el internet de las cosas”.

La tecnología en donde transmite López Obrador no es mexicana, ni tampoco crea empleos entre quienes laboramos en este país. Google, Facebook y Twitter son empresas estadunidenses a las que les hemos dado el derecho de almacenar nuestra vida en bits, en cada carácter secreto o público que escribimos y que descodifican para saber si andamos de malas, de buenas o somos de tal o cual carácter. El Presidente les ha dado esa fortaleza hasta ahora, mientras no proponga el desarrollo de tecnología propia, mexicana, con empleos.

A los medios de comunicación les urge una propuesta publicitaria, transparente, basada en la importancia del posicionamiento, del tráfico, de los empleos que genera, de la seriedad con que trata cada uno de sus temas.

Mientras no exista esa nueva diagramación de relaciones entre la prensa y el poder del país seguiremos hacia el limbo basados en medios extranjeros, en empresas allende la frontera y, por lo tanto, ni siquiera generadoras de impuestos. Han pasado dos años y el Gobierno de México, encabezado por Andrés Manuel López Obrador, sigue sin una propuesta en este campo. Tal vez el paquete es muy grande para Jesús Ramírez Cuevas, pero ya es de entrega urgente.

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