Muñoz Ledo y Gibrán Ramírez, encontronazo

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ÉDGAR FÉLIX

Ambos, Gibran Ramírez Reyes y Porfirio Muñoz Ledo, son politólogos brillantes, conocedores de la teoría política y rodeados de un ambiente académico que los fortalece como militantes e ideólogos. Postulantes para la presidencia del CEN de Morena garantizan dos corrientes, por generación, pero no por ideología, aunque Gibrán traía pañales cuando Muñoz Ledo ya tenía 57 años de vida. Son los únicos que garantizan cohesión en la democracia, quienes podrían crear e insertarse en los nuevos tiempos políticos mexicanos.

Pero los dos tienen debilidades y fortalezas. Lo más importante es que este choque de locomotoras generacionales nos habla ya de la diversidad en el sistema partidario mexicano, independientemente de que Citlali Ibáñez Camacho, alias Yeidckol Polevnski Gurwitz, Mario Delgado y Alejandro Rojas Díaz-Durán sigan en la contienda, representando a grupos anquilosados a intereses regionales, de facciones y aspirantes presidenciales.

Porfirio Muñoz Ledo, de 87 años, nunca fue un buen candidato: casi siempre perdió para obtenerlas y las pocas veces que se hizo de ellas fue vapuleado en las urnas; es, por el contrario, un extraordinario legislador, imbatible en el debate y con un conocimiento extraordinario en las leyes y los mecanismos de la pesada maquinaria política del país. Fue un boxeador frustrado en su juventud y tiene una vasta experiencia de los hilos del poder.

Gibrán Ramírez Reyes, de 30 años, cuenta con carrera meteórica en el mundo académico, sin experiencia en práctica política ni algún cargo de elección popular. Aun así en pocos días está ya en las preferencias electorales internas de Morena porque representa a una gran cantidad de militantes cansados de las aldeas e intereses tras bambalinas de Morena. En el debate no deja tema o réplica sin responder. La juventud es su principal activo; un espejo de muchos.

Muñoz Ledo cursó la licenciatura en Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con posgrado en la misma materia y realizó cursos de doctorado en Ciencia Política y Derecho Constitucional en la Universidad de París, fue presidente de los Estudiantes de Derecho de la UNAM, siendo discípulo del Maestro Mario de la Cueva, Secretario de la Revista Universitaria Medio Siglo, en donde participaron o colaboraron personajes como Víctor Flores Olea, Carlos Fuentes, Enrique González Pedrero, Sergio Pitol, Salvador Bermúdez Castro y Salvador Elizondo, entre otros, y maestro de asignatura en la UNAM.

Ramírez Reyes es doctor en Ciencias Políticas y Sociales, con mención honorífica, por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Además, Maestro en Ciencia Política por El Colegio de México. Cursó su licenciatura en Ciencia Política y Administración Pública, también en la UNAM, institución donde obtuvo la Medalla Gabino Barreda en 2012 al mérito universitario por mejor aprovechamiento. Además, cuenta con estudios en Derecho Constitucional por el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales del gobierno de España. Desde 2011 ha impartido más de 20 cursos a nivel licenciatura relacionados con Metodología de la Investigación Política, Teoría del Estado, Seguridad Nacional, Estado y Sociedad en México, Ciencia Política y Derecho Constitucional.

En este proceso interno para la renovación de la dirigencia nacional de Morena convergen viejos liderazgos, cartuchos quemados, como es el caso de Citlali Ibáñez (Yeidckol) quien es la mancuerna perfecta del diputado Higinio Martínez, un próspero constructor del estado de México, ex candidato a gobernador mexiquense y comparsa del “señor de las ratas”. No se diga del actual diputado Mario Delgado, quien es un negociante natural con los viejos intereses del PRI (como lo vimos ahora en la renovación de la Cámara de Diputados con Dulce María Sauri) y el ala del PAN más conservadora, ni para qué hablar. De Alejandro Rojas Díaz-Durán, no hay mucho de qué hablar porque es un monrealista de hueso colorado, encumbrado por quien pretende ser el sucesor del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Este escenario donde cada actor político tiene un papel muy preponderante, todavía algunos respaldados por oscuros intereses, son quienes a finales de este mes estarán en el proceso de elección que el Instituto Nacional Electoral organizará de acuerdo a las leyes que rigen. Será, al menos así se espera, el primer paso para consolidar varios proyectos políticos.

Los escenarios más favorables para lograr un partido que se fortalezca en la militancia y no responda a intereses facciosos, según los análisis, son para Porfirio Muñoz Ledo y para Gibrán Ramírez. Ambos polémicos, demócratas y “obradoristas” como se han calificado en varias entrevistas mediáticas. Uno con toda la experiencia pero en el ocaso de la vida, cuando la fuerza se cansa y la memoria comienza a fallar, aún y que la lucidez de Muñoz Ledo ha sido impresionante. El otro, en el umbral de su vida, como el alumno aplicado que recién llega a salón de clases donde ya hay varios que han marcado territorio.

Morena, como lo había planteado hace un año el presidente Andrés Manuel López Obrador podría desaparecer si no logra cohesionarse. No es un partido como los que conocemos hasta ahora, alineados, monolítico, monopoder, mafioso, sin debate y sin democracia, en los cuales se entiende como compactos y armoniosos cuando todos repiten una idea o un nombre al unísono. Los escenarios serán encendidos pero tiene que garantizar su sobrevivencia, la diversidad y ser una “buena persona” como ha convocado López Obrador.

No se trata de un logotipo con facción ni el “club de cuates”. El reto es grande para los morenistas.

La gran diversidad de aspirantes y ese juego previo para encabezar una presidencia del CEN será un encontronazo entre Muñoz Ledo y Gibrán Ramírez, quien desde la academia y sin experiencia política estará expuesto al escrutinio. Hay quienes dicen que está muy joven para llegar, pero, incluido Muñoz Ledo, López Obrador, Reyes Heroles, fueron muy jóvenes cuando asumieron liderazgos nacionales, incluso se convirtieron en ideólogos por muchos años de sus respectivas corrientes. No sé por qué el espanto si la historia dice lo contrario.

El espanto, está claro, es el proceso electoral del 2021 porque Morena llegará como la gran aplanadora o será el parte aguas del descenso del lopezobradorismo, lo cual se antoja demasiado complicado. Afinar las tesis de ese partido para alinearlo como la institución política en el poder no es un reto sencillo. Es una etapa complicada porque sus enemigos estarán observando cualquier rendija para meter Caballos de Troya.

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