El arte de saber presentarse sin soltar el vaso

641
Bar

 

XAVIER “XAVI” FLORES

Nueva York, Estados Unidos

La última vez que salí a un bar a tomar algo, reflexioné sobre la importancia de saber comunicarme de forma clara y concisa. Fue hace varios meses, cuando eso de ir al bar era cosa común. El lugar al que fui estaba lleno, era un jueves por la tarde después del trabajo. Tan sólo había espacio para estar de pie a un lado de la barra. Había ido a encontrarme con otros antiguos alumnos de mi escuela, ESADE, a un evento de «networking». En el evento iba a verme con un viejo amigo que trabaja para la escuela y estaba en la ciudad.

Al entrar, me abrí camino hacía la barra y pedí. Ya con cerveza en mano, me dirigí hacia a la persona que estaba a mi lado en ese momento y me presenté.

– «¡Hola! Soy Xavi, Xavier Flores. Imagino que tú también estás aquí en el evento de antiguos alumnos de ESADE. ¿Cómo te llamas?»

Ocho segundos tardé en presentarme. Luego, le di un trago a mi bebida mientras la otra persona correspondía a mi saludo presentándose también. Otros ocho segundos, más o menos. Me tocaba a mí.

– «Sí, ahora vivo aquí desde hace unos meses. Me dedico a …»

Otros ocho segundos para definirme profesionalmente ante sus ojos mientras ella le daba un trago a su cerveza. Ahora le tocaba a ella, y me contó a que se dedica mientras yo tomaba un trago más.

Así, alternando tragos, resumí mi experiencia en la escuela, el enfoque de la empresa en la cual me desempeño, y mi opinión sobre el potencial que veía en mi ámbito empresarial. Igualmente supe de ella a qué se dedicaba, y que temas en común teníamos sobre los cuales seguir conversando. El objetivo del evento era ese: facilitar presentaciones entre ex-alumnos que pudieran resultar en nuevos negocios.

Ese intercambio inicial duró menos de tres minutos. Cada uno intercambió tarjetas de presentación con nuestros respectivos datos de contacto. Cada uno continuó conociendo a otras personas esa noche, repitiendo variantes de esa misma dinámica de presentación varias veces. Durante el evento hubo también otros tipos de interacciones: alguien a quien ya conocía de antes del evento me llamó para presentarme a alguien más, sabiendo que tendríamos temas en común y que sería productivo conocernos. A veces, una conversación entre dos personas estaba tan animada que otros se interesaban en escuchar, sumándose para participar. Se formaban pequeños círculos de personas que escuchaban atentamente, y eventualmente se subdividía el grupo en más presentaciones. Así transcurrió la noche hasta que uno a uno los que fuimos nos íbamos despidiendo y el evento acabó. Nada aparentemente fuera de lo normal.

Ha sido en eventos como ese, y en reuniones de carácter social, en donde he hecho nuevos grandes amigos, descubierto oportunidades de empleo, obtenido nuevos clientes. Curiosamente, muchos encuentros comienzan así, y esos primeros intercambios de ocho segundos entre un trago de cerveza y otro, son cruciales.

ME CAÍSTE BIEN…

Dicen los expertos en comunicaciones que, por lo general, es durante los primeros 30 segundos al conocer a alguien que se genera una opinión subconsciente que determina si alguien te cae bien o no. Esa primera impresión. Se le atribuye mucho estrés a poder causar una primera impresión, y considerando lo rápido que se forja y que cambiarla de negativa a positiva es mucho más difícil que de positiva a negativa, se entiende porque causa tanta ansiedad.

SIGUE CONTÁNDOME…

Igualmente, para que ese entusiasmo inicial no se pierda, se necesita que haya substancia en los temas que se están tratando. Si la persona te cae bien, y te interesa lo que dice, la plática va a continuar. Por otro lado, es completamente desalentador entablar una conversación con alguien que después de una primera impresión positiva no tenga más palabras, o peor, que no pare de hablar sin permitir a la otra parte decir algo. Encontrar temas mutuamente relevantes son decisivos para mantener una comunicación, un diálogo.

QUEDARSE CON LAS GANAS

Tal como es importante saber lo que decir, es el saber cuándo dejar una conversación para que continúe después. Haber causado una buena impresión seguido de generar interés es útil a la hora de buscar una continuación más dedicada, preferentemente en otro ambiente. El resultado de una buena sesión de «networking» es tener al menos una opción para un segundo encuentro: una llamada, otra reunión, un café, un almuerzo.

Todo esto es bastante similar a cuando se conoce a alguien con fines románticos. Una primera conversación que lleva a otra, a una cita, a una relación. Es así también a la hora de buscar un nuevo empleo, o de cerrar un nuevo contrato de negocios.

Un emprendedor tiene que practicar muchas veces la presentación de sí mismo y la solución que su empresa propone resolver. Saber decir resumidamente quién es, qué ofrece, qué está buscando. Practicar en segmentos de ocho segundos, para obtener ocho más, y después ocho más, hasta los primeros dos minutos de interés, es todo un arte.

Lo aprendí en un bar, entre tragos de cervezas. A final de cuentas, lo importante no era el bar, o la cerveza, y sí sobre como causar una buena impresión. Saber comunicarse en la vida y en los negocios es tan valioso como… tomarse un trago con los buenos amigos. Estar siempre listos, ya que nunca se sabe a quién te puedes encontrar.

 

Xavier «Xavi» Flores es un ejecutivo hotelero y de finanzas inmobiliarias, y actualmente es socio y asesor de SevenTrainVentures, una empresa de inversión y desarrollo a startups y micro-emprendedores con enfoque en tecnologías aplicadas. Xavi es Licenciado en administración de empresas turísticas por la Universidad de Houston, en Texas, y obtuvo un MBA de ESADE Business School en Barcelona, España. Él es originario de Chetumal, Quintana Roo, y reside actualmente en Nueva York.

 

 

 

Tú no me asustas, ¡soy restaurantero!