Wayeb político: Marías, Nietzche, ‘López’ y Madero

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López Obrador

 

ÉDGAR FÉLIX

Nietzche propuso a un camello, un león y un niño como respuesta para quienes viven en el nihilismo, como significado de fortaleza, ferocidad e inocencia de nuestra inteligencia; es decir, para quienes no crean en dios. Claro que no se puede vivir en el limbo, como si fueras un ente aparte, y para eso creó el eterno retorno. Una especie de círculo por donde circula tu vida constantemente, repetidamente y la cual puedes ir perfeccionando como el betún de un pastel de chocolate con cereza y todo.

Si este concepto del gran filósofo alemán lo aplicáramos a la historia de México entonces no hemos entendido por muchos años los movimientos como la independencia y la revolución mexicana; siempre hay muchos muertos y todo sigue igual. En 1910 murieron “algo así” como un millón de compatriotas para que unos años después, cuando matan a Francisco Indalecio Madero, todo volviera a acomodarse para favorecer a las clases privilegiadas por el poder político y económico. Siempre hay un exquisito grupo de intelectuales favorecidos por los poderes en turno que terminan meciendo la cuna y echando por delante a resentidos como Victoriano Huerta.

Como en la novela de Javier Marías, en Los Enamoramientos. Para qué mancharte las manos si tienes el poder de crear una historia para que otros te la crean y actúen en consecuencia. Esa trama es tan bien abordada en este libro que te deja la piel helada de saber cómo puede fraguarse la traición sin meter las manos. Sólo los bigotes y una idea bien centrada.

El presidente Andrés Manuel López Obrador desde su llegada al poder en 2018 ha evocado constantemente a Francisco I. Madero como el apóstol de la democracia en México. Una figura emblemática para quienes hemos leído al menos unos diez libros de historia de México. El humillado y caricaturizado Madero atacado constantemente en los medios de ese entonces cuando no existían las “benditas” redes sociales y podían crear dioses y matarlos en un día, todo el tiempo para ser precisos, por la rancia derecha y el conservadurismo mexicano que perdía privilegios del régimen dictatorial de Porfirio Díaz. Nada nuevo. Nada excepcional de los rencores despertados por un Madero que hablaba al pueblo mexicano sin protocolos, sin voces posadas ni gestos de estadista de pueblo, y que por esa razón fue calificado de torpe, tonto y falta de carácter. Tan acostumbrados que estamos en los genes a tener “peñanietos” llenos de elegancia pero sin una idea auténtica en la cabeza.

Que mejor corona en ese entonces que arrancarle la lengua junto con José María Pino Suárez, el vicepresidente o el segundo de a bordo de Madero, antes de asesinarlos salvajemente a un costado del tétrico Palacio de Lecumberri. ¿Y quién creen que le toma posesión como Presidente de México a Huerta? unos días después. Aparte del séquito que armaron la estrategia para derrocar a Madero. Afortunadamente son otros tiempos y hasta creemos los civilizados que nunca más volverán porque el eterno retorno se perfecciona.

Por eso me causa siempre mucha atención las constantes citas y evocaciones, con devoción y admiración de Madero, por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador. Y no sólo de él como el símbolo de la democracia mexicana sino de Zapata, de Villa, del sacerdote Hidalgo, de Cárdenas. Pero ahora me llamó mucho la atención, en la conferencia de prensa de ayer, que se haya referido a que todos, con excepción de Cárdenas, fueron asesinados por la derecha mexicana, por los conservadores. Como fue el caso de Obregón, también.

Lo hizo ayer en “la mañanera” y eso me causó la repulsión que siempre he sentido por esos actos oprobiosos, humillantes, salvajes, hipócritas y profundamente individualistas sin el ápice de ver por el bien común, por parte del conservadurismo mexicano. Eso de pasear la cabeza del cura Hidalgo por todos los estados de la República, de colgarla por un mes en las plazas públicas para que las personas ni por asomo pensaran en alguna sublevación es algo perverso y muy cercano a la locura. Qué decir del general Emiliano Zapata acribillado por la traición, de Francisco Villa quien se tuvo que quitar hasta el nombre de Doroteo Arango para salvar su vida de los hacendados que habían violado a su hermana.

Mucha sangre, muchas vidas le ha costado a este país el eterno retorno. Y aún no aprendemos ni entramos en la reconciliación. Seguimos tensando las ligas, jugando a ser más fuertes, fomentando la corrupción porque es la única forma de salvar un Estado putrefacto. Ya saben, “el que no transa no avanza” y “vivir fuera del presupuesto es un error”. Como les pasó a todos esos héroes que menciona López Obrador con frecuencia. Afortunadamente son otros tiempos, existe la transparencia exigua aún de las administraciones públicas, las benditas redes sociales y aún hay héroes para democratizar económica y socialmente este país.

Si el presidente López Obrador menciona a Madero es para no olvidar. Si las citas de la historia mexicana son para recordar cómo era ese México de los cuarenta, de los cincuenta, de los sesenta, de los setenta, de los ochenta, de los noventa, del nuevo milenio pintado por Fox, Calderón y Peña Nieto. La historia no es cíclica, tampoco es un túnel del tiempo en cuarta dimensión, está ahí para no olvidar y no cometer esos errores del pasado.

Es importante la participación de todas las fuerzas, de la derecha, del conservadurismo y de la izquierda ahora en el poder, pero con los matices de la ética, de los valores y de los ideales políticos como la justicia social y la construcción de una patria donde quepamos todos. El debate es muy bueno, pero siempre y cuando todos tengamos el mismo tiempo para hablar, con la misma intensidad de volumen y de atención. De otro modo el verticalismo de la comunicación seguirá imponiendo la agenda de todos sin más explicación que el autoritarismo.

Reconstruir este país es una tarea de todos. De todas la corrientes políticas e ideológicas, con gobiernos abiertos y democráticos como el que realiza todos los días López Obrador. Por eso es importante erradicar la corrupción de inmediato. Ya no más Nexos, ni Letras Libres a costa del erario, cuando hay decenas de publicaciones de mejor calidad que deberían ser impulsadas porque llegan recursos a nuevos escritores, ensayistas e historiadores. Esa clase exquisita del pensamiento que termina en la historia del país traicionando a quienes les da de comer. ¿O me equivoco?

En la novela de Javier Marías y en el eterno retorno de Nietzche hay un punto de encuentro que me provoca cierta preocupación en estos tiempos tan tensos, tan llenos de odio hacia el Presidente, como lo fue con Madero, quienes han logrado separar estas ideologías siguen en las penumbras, meciendo la cuna. No se les conoce pero algunos sabemos quiénes son. Podrían ir a juicio y ojalá, y esto sí es urgente, sean mostrados de todo cuanto han hecho en las penumbras. Como nunca sucede en Los Enamoramientos, como nunca pasa en las obras de Nietzche, pero es urgente mostrarlos. Huerta anda rondando por ahí.

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