Un Chapultepec biocultural

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Chapultepec

 

  • Chapultepec es uno de los complejos culturales más grandes del mundo; espacio para tomar consciencia de la justicia entre humanos y respeto a las especies.
FRANCISCO MORALES V / AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- Chapultepec, Naturaleza y Cultura, megaproyecto prioritario del sexenio, enfrenta un desafío de cara a la ciudadanía; convencer sobre sus alcances, comunicar adecuadamente su avance y detallar los beneficios propuestos.

Ya en marcha, con diversas intervenciones y planes en las cuatro secciones del bosque, la obra de 946 millones de pesos encara resistencias por parte de vecinos, intelectuales y ambientalistas. Hay preocupación por los efectos que podría tener en su ecosistema.

Gabriel Orozco coordina

Su coordinador general, el artista Gabriel Orozco, reconoce que hay una grieta de comunicación entre lo que ha desarrollado su equipo. A su equipo lo denomina Taller Chapultepec, y quienes le exigen la presentación integral del plan maestro.

“No es fácil comunicar un proyecto tan complejo y con tantos elementos en proceso de análisis de una manera estática, en una sola sesión”, responde Orozco en entrevista.

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De entre todas las cosas que, estima, no han permeado lo suficiente, está un término que considera central sobre la propuesta: lo biocultural.

Biología de apoyo

Acompañado del especialista en restauración ambiental Roberto Lindig, el “biólogo de cabecera” de todo el proyecto, Orozco explica que considera errado pensar en su propuesta como algo meramente cultural.

“Si de repente hay una sección específica del gremio cultural que piensa que el presupuesto asignado para Chapultepec se lo quitaron a ciertos fideicomisos o a instituciones de la Secretaría de Cultura federal, eso me parece un error de percepción”, apunta.

“Sobre todo tomando en cuenta que ese presupuesto especialmente asignado a un proyecto que se plantea como prioritario, sea este del por ciento que sea. Es importante tomar en cuenta que, del 100 por ciento del presupuesto para el Bosque, sólo aproximadamente una tercera parte es para lo que ese gremio cultural específico considera su territorio. En realidad, de esa totalidad presupuestada, las otras dos terceras partes están invertidas en restauración ambiental y en accesibilidad social”.

Para Lindig, fundador del Laboratorio de Ecología de Restauración de la UNAM, adscrito al Centro de Investigaciones en Ecosistemas de dicha casa de estudios, aunque algunas zonas de Chapultepec presentan un estado de conservación adecuado, su restauración en ciertas zonas se ha hecho ya impostergable.

“Es importante subrayar que es necesario intervenirlo. En la tercera sección, si no se interviene, si no se empiezan a hacer labores de restauración ambiental, se van a perder muchas áreas; el dosel arbóreo”, detalla.

“Está dominado por eucaliptos; eucaliptos que están muchos ya muertos, pero muchos muriendo por diversas razones. Sí se corre el riesgo a que deje de ser un bosque urbano y se convierta en otra cosa. Aumenten las tasas de erosión y una serie de problemas”.

Para el análisis de la situación general del bosque, Lindig y su equipo elaboraron un mapa científico en el que el territorio de cada una de las secciones está zonificado de acuerdo a su función.

Secciones 

Las secciones que bordean las grandes vialidades, como Periférico y Constituyentes, así como aquellas que están directamente en contacto con las áreas urbanas, son consideradas de “Amortiguamiento”.

Aquellas que mantienen aún su ambiente mayormente natural o que necesitan intervención ecológica. Las barrancas del Río Dolores y de Barrilaco, se denominan de “Conservación”.

En la Primera y Segunda Sección, las zonas impactadas ya con la presencia de recintos culturales; como los museos y el Centro Cultural del Bosque, reciben la etiqueta de “Cultural”.

Búsqueda de volverlo Biocultural

Una de las principales apuestas del proyecto, como es evidente al observar el mapa, son las zonas con el rótulo “Biocultural”; en las que existe o se desarrollará presencia de actividad cultural, pero con una integración completa con el entorno. Un caso en las zonas con lagos de la Primera y Segunda secciones, dos franjas de la Tercera y toda la zona central de lo que se planea para la Cuarta.

Esta imbricación entre la cultura y la naturaleza, explica Lindig, es un eje de trabajo que atraviesa el proyecto entero. No es posible, en el caso de Chapultepec, preservar uno sin el otro.

“Hay muchas circunstancias donde, si queremos conservar a la naturaleza, tenemos que conservar el patrimonio. Como patrimonio, me refiero obviamente a monumentos históricos, a lo tangible, pero también a lo intangible. Creo que Chapultepec es un ejemplo emblemático de esa problemática”, abunda.

“En Chapultepec no podemos preservar los elementos naturales del bosque urbano sin preservar el patrimonio, incluyendo el intangible”.

Características no esperadas

Al realizar el trazo del proyecto entero, Orozco relata que se encontraron con una característica peculiar que ha llegado a determinarlo. La extensión completa de la restauración ambiental y biocultural parte del manantial de Santa Fe al manantial del Castillo de Chapultepec.

“Entre estos dos manantiales tenemos varios nodos que son zonas que la mancha urbana ha ahorcado con el tiempo, las rodeó y aisló de su accesibilidad y su convivio con la población. Se generó un doble fenómeno: por un lado, por estar aislado, se conservó casi como un terreno baldío, en donde empiezan a crecer las plantas solas y, como nadie se mete, hay cierta fertilidad. Sin embargo, está impactado, y eso es un caso muy evidente en la Ermita Vasco de Quiroga y en el Manantial de Santa Fe, que está en la zona en el extremo opuesto, digamos; en uno de los extremos del nuevo cuerpo del bosque”, ahonda.

Para Lindig, la zonificación que se ha hecho del bosque pretende que, eventualmente, las fronteras entre las áreas de amortiguación, conservación y cultural tiendan a lo biocultural, a difuminarse tanto como se pueda.

“Me gustaría, sobre todo, verlo a futuro, ¿no? Porque ya llevamos al menos dos milenios donde hemos hecho esa dicotomía entre cultura y naturaleza. Además implica una relación jerárquica, donde ‘la cultura es superior a la naturaleza, lo hecho por el hombre es superior a lo natural’. Lo importante no es cuestionar la dicotomía o la alteridad que representa cultura y naturaleza. Creo que sí, lo que ya deberíamos empezar a cuestionar es esa relación jerárquica; una no es más importante que la otra”, explica.

“Para todos, el Bosque de Chapultepec puede representar ese cambio, iniciar ese cambio hacia empezar a ver las cosas de una manera más complementaria. Entonces, en ese sentido, es para mí muy importante reconocer que tenemos que trabajar ambos aspectos. El ambiental, el natural y el cultural, porque se retroalimentan todo el tiempo”.

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