Wayeb político: Hermelinda, adiós

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ÉDGAR FÉLIX

¿Cuándo perdimos a Hermelinda Lezama? No lo sabemos, pero no fue por los lamentables acontecimientos del lunes 9 de noviembre en la noche, frente al palacio municipal de Cancún, cuando una huérfana y alocada policía municipal abría fuego contra decenas de manifestantes. Fue gradual cómo la presidenta municipal abandonó la cordura y entró en una nebulosa de desaciertos y despropósitos. Bien lo ha dicho el presidente Andrés Manuel López Obrador: “el poder atonta a los inteligentes y a los tontos los vuelve locos”. Hermelinda Lezama enloqueció desde hace tiempo.

Qué la hizo actuar así: ¿su arrogancia atroz de “locutora periquito” para hablar de “corridito”?, ¿su ignorancia política, esa actividad de equilibrio de poderes, de intereses, de combate a la corrupción en la que finalmente terminó bien “arropada” en las fauces de algún cocodrilo que ahora la sacrifica?, ¿su poquísima sensibilidad para escuchar a la población y sus actores?, ¿sus ambiciones económicas?, ¿su prepotencia ante hechos que se le señalaron y que nunca atendió ni hizo caso?, etcétera, etcétera.

No la culpemos tan atrozmente porque finalmente todos los seres humanos tenemos debilidades y flaqueamos ante situaciones adversas. Nadie es culpable de las circunstancias, pero tampoco podemos actuar frente a éstas con tanta inocencia y displicencia para ocultar nuestras incompetencias, tan humanas, por cierto. Tiene muchas razones para actuar así, pero una de ellas, la más importante, es su profundo desconocimiento de la actividad política. No es lo mismo entrevistar a un político que sentarse del otro lado y ser entrevistado o, más aún, estructurar un mensaje basado en realidades como ente político.

La hizo trizas esa inocencia tan atroz como sus mensajes llenos de viseras y buenas intenciones en un lugar lleno de ladrones y piratas. Hay que recordar que ella llegó a la presidencia municipal de Benito Juárez por un efecto de votaciones provocado por el tsunami de apoyo hacia López Obrador. No ganó por méritos propios, como a muchísimos alcaldes y otra fauna gubernamental del país les pasó. La gran diferencia entre estos favorecidos del “efecto AMLO” es que algunos recompusieron el camino, aprendieron, se asesoraron bien y, sobre todo, escucharon. Por ejemplo, ver “la mañanera” y entenderla ha sido para algunos algo imprescindible, como ir a misa.

Hermelinda Lezama actuó siempre con mucha prepotencia cuando se le señalaron sus flaquezas y vio enemigos en todos. Quiso ningunear o al menos eso creyó ella, mal asesorada por incompetentes en todos los ámbitos. Aquella entrevista de su esposo en el programa de radio donde se dan besitos y se cantan fue un exceso. Un acto de “mírenme, me vale lo que opinen”. Ahí, ese día, el de su cumpleaños, la perdimos totalmente. Andaba ya en la estratósfera.

Luego vino su actitud frente al poder cuando en este periódico expusimos el caso de la venta y compra del club Casa Blanca. Su respuesta: descalificarnos y ningunear la información. Una verdadera actitud de fuga frente a una realidad, un error garrafal en el poder es no escuchar, pero nunca aprendió. Ojalá vea muchas veces cómo reacciona el presidente López Obrador frente a los señalamientos en medios de comunicación. No son sus enemigos los periodistas, ninguno por severo que sea con él y respeta profundamente la libertad de expresión. Respetar el trabajo es una forma de gobernar para todos y reconocer el noble oficio del periodismo es un gran paso. Pero no, la alcaldesa salió, otra vez a grabar un video lleno de tripas e inocencia comunicacional para “atacar” a Luces del Siglo. Ahí ya la habíamos perdido totalmente. Se había salido de la estratósfera y levitaba en las fauces del cocodrilo.

Poquito después vino el entierro, su despedida. Ya habían pasado tantos excesos disléxicos desde aquel “error de algoritmo” hasta el más reciente de los “mantos freáticos”. Atroz la forma, el fondo, todo cómo se había desarrollado. Hermelinda Lezama no merece ningún respeto a su investidura. No mereció ser Presidenta Municipal nunca. Su falta de sensibilidad, su escasa conexión con la realidad que le gritaba todos los días la hizo caer.

Los disparos del lunes en la noche fueron una consecuencia de su pésimo gobierno. Ella disparó y no se dio ni se ha dado cuenta, lo peor de este caso. La brutalidad y barbarie en la Plaza de La Reforma fue un acto donde le pusieron una corona de tantas incompetencias logradas. Ella solita quedó atrapada en el limbo. En un acto circense, donde te vas cayendo, poco a poco, al precipicio y te decimos adiós Hermelinda. No como una venganza a tus desgracias sino como una consecuencia de tus actos de irrealidad. Acuérdate, el poder a los tontos los vuelve locos. No queremos imaginarnos si se aferra al poder de cómo terminaría el trienio ya con las manos manchadas de sangre. Puede pasar.

 

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