Wayeb político: López Obrador, 500 mañaneras

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López Obrador
ÉDGAR FÉLIX

Andrés Manuel López Obrador no es un Presidente de la República normal pero tampoco practica ocurrencias. Desde que llegó a ejercer el máximo poder en México abrió el micrófono a todos los medios de comunicación, incluidos los de la aldea digital conocidos como yotubers, blogueros, tuiteros, feisbuqueros y otras linduras de palabras inglesas castellanizadas para identificar a una diversidad de opinólogos que son seguidos, escuchados y obedecidos por millones de personas.

No son periodistas pero sí líderes de opinión, buenos o malos, formadores de realidad con una mezcla infame de mentiras y verdades. Finalmente de eso están hechos los periódicos y noticiarios.

Junto con los periodistas que acuden todas las mañanas a las conferencias de prensa del Presidente López Obrador, ha surgido esta especie de gestores sociales, facilitadores, tramitólogos o tal vez promotores espontáneos de la Presidencia de la República.

No preguntan sino que piden al Presidente de la República que atienda a grupos o que reciba a tales personas porque según explican llevan varios años “sin ser escuchados”. Son muy fáciles de identificar porque no sueltan el micrófono tan fácilmente, tardan más de cinco minutos planteando el problema y pidiendo a López Obrador que reciba el libro, los documentos o sean atendidos por él o alguna instancia de gobierno.

Son los tiempos nuevos de la comunicación digital y el periodismo, por momentos dejamos los argumentos y las preguntas en el baúl, escondemos las técnicas de interrogación o la sagacidad de los reporteros para echar anzuelos y sacar respuestas reveladoras.

Esa es la aspiración de quienes ejercemos este oficio, para seguir afinando siempre esa herramienta fundamental o toral que hace y forma un periodista: la entrevista y, por supuesto, las preguntas que estructuran ese diálogo, pero aplicarlo en una conferencia de prensa es imposible. Se hacen preguntas y se deja al pez interrogado escabullirse por todas partes. Más si al que se le pregunta es un tiburón de respuestas.

Las mañaneras no son conferencias de prensa en el sentido estricto del término. Porque ahora que han llegado a sus 500 representaciones existen las pruebas suficientes para considerarlas de otra manera, porque a veces se tornan de un matiz de disertaciones de historia, otras se convierten en clases de periodismo comparativo, la mayoría de las veces son un largo tratado de cómo el neoliberalismo dañó este país, la mayoría de las veces llegan a ser el compendio perfecto para explicar trámites gubernamentales, beneficios, réplicas al veneno de artículos periodísticos falaces, desmentidos a la mala leche de krauzes y aguilarescamines, y por lo regular un instrumento excepcional de comunicación que envidian a todas luces los conservadores.

Hace un año, cuando habían arribado a las 300 representaciones algunos comunicadores aseguraban,  poseídos por alguna criatura sobrenatural, que eran homilías, misas o una especie de persuasiones filosóficas profanas vociferadas desde algún púlpito sacrilégico. Esa connotación de calificarlas como un rito espiritual las hace inmediatamente una mentira porque en ningún momento el Presidente López Obrador es un sacerdote ni se conduce como tal. Ese afán machacón de llamarlo El Mesías califica más una posición despótica que una verdad de un ejercicio de comunicación.

El Presidente de la República es un animal político que ha creado un canal digital de comunicación conocido como “La Mañanera”, en la que participan muy pocas y contadas periodistas mujeres y hombres plenamente reconocidos, con una muchedumbre de impostores del periodismo que van a realizar labores de gestión y “lobby” del más alto nivel. Incluso, podrían ser oportunidades de negocio para muchos de ellos porque, bien o mal, asumen un poder.

Pero por qué entonces los neoliberales y los conservadores (parautilizar el argot) no ofrecían conferencias de prensa todos los días si es tan fácil o, al menos, se ve tan sencillo. El presidente Vicente Fox, por ejemplo, tenía un vocero que lo desmentía constantemente; Felipe Calderón no aceptaba preguntas la mayoría de las veces, como tampoco lo hizo Enrique Peña Nieto, quien además ofreció muy pocas veces una conferencia de prensa. Hay miles de testimonios de esta actitud supina.

¿Entonces por qué a López Obrador le han funcionado? Por una razón, porque se ha conducido con verdad. Quienes imparten y educan a políticos en los llamados entrenamiento en medios o media training, para escucharnos más técnicos, para enseñar a enfrentar positivamente a los periodistas, la principal sugerencia en la que se hilvanan teorías y una columna importante de respuestas es conducirse con la verdad.

Muchas empresas invierten millones de dólares todos los años para capacitar a sus funcionarios de alto nivel o a sus voceros para que puedan enfrentar una crisis mediática. Se montan escenarios falsos para ponerlos a prueba y en la mayoría de las veces, a mitad de la conferencia de prensa, se desmayan.

Caen desvanecidos ante reporteros falsos y se dan cuenta hasta que despiertan y son untados de alcohol. Es tanta la presión que algunos hasta se han infartado y no regresan. Por eso López Obrador no es un ser normal, porque ya llegó a 500 mañaneras tan quitado de la pena, con las que se ha inventado un canal propio de comunicación y con las que innova en este interesante ejercicio de información, creando, incluso, una fauna rara de nuevos gestores sociales junto a periodistas que acuden todos los días a Palacio Nacional.

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