Wayeb político: Tren Maya, demonio del sureste

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ÉDGAR FÉLIX

Cuando el PRI y el PAN gobernaban estas tierras mexicanas no había demonios, sólo brotaban de la selva santos y muchos candidatos a la beatificación, muchísimas vírgenes de alta escuela y reinaba el paraíso prometido. Así le pasó a la burda Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) del entonces Tren Transpeninsular que iba a correr de Yucatán a Quintana Roo en las postrimerías de los reinos de Calderón Hinojosa y de Peña Nieto, a la que ningún ecologista ni algún grupo quisquilloso anticorrupción se opusieron y todos “los sectores” aprobaron sin chistar una obra “tan necesaria” para el sureste de México.

Todas, absolutamente todas las comunidades indígenas estuvieron de acuerdo, ni siquiera se presentó alguna denuncia, tal por falta de información o porque, tal vez porque, nunca fueron consultadas. Además, los gobiernos municipales, organizaciones, diputados y ecologistas levantaron sin excepción su dedito de aprobación. Qué tiempos aquellos, donde todos estaban contentos y unidos. No que ahora… es una vergüenza y un peligro para México todo lo que está pasando.

Aquel proyecto de negocio entre panistas y priistas al que bautizaron como Tren Transpeninsular Mérida Punta Venado, el cual funcionaría por 30 años y correría por algo así como 334 kilómetros, “sin afectaciones graves a la ecología” era respalda por una MIA bastante choncha, de casi mil páginas. El tamaño era importante para denotar un estudio verdaderamente bien pensado, no que ahora el Tren Maya presenta por cada tramo (son cinco) algo así como dos mil páginas, bien detalladas y palomeadas hasta por organismos como la ONU. Son fregaderas y ganas de tumbar árboles, de acabar con la ecología.

La MIA del Tren de los reinos del PAN y del PRI consideraba sin muchas explicaciones y todos estaban de acuerdo, subrayo, asuntos nimios como los siguientes en materia de ecología: “La remoción de la cantidad de individuos forestales que resulta necesario derribar con motivo de la construcción del proyecto, no representa una afectación a la diversidad de los ecosistemas identificados dentro del SAR  (Sistema Ambiental Regional)”. Y todos estaban de acuerdo y muy contentos, sin tantos líos, no que ahora ni el próspero empresario Claudio X. González está conforme.

Pero decía, entre otras conclusiones, sin especificar absolutamente nada en los estudios que “así que la afectación a dichos ecosistemas es ínfima, ya que no compromete la permanencia de los mismos dentro del SAR, ni la diversidad de las especies que los conforman, así como las superficies que sirven de hábitat natural para las especies faunísticas asociadas a cada uno de esos tipos de vegetación”. Y todo se aprobó por unanimidad. Eso sí era gobernar, caray. Pero, entonces qué falló si todo ya estaba puesto en la mesa para comerse ese pastelote.

Precisamente, el problema fueron el tamaño de las rebanadas de este suculento pastel llamado Tren Transpeninsular Mérida Punta Venado. Algunos de los participantes del proyecto no estuvieron de acuerdo en que Carlos Salinas de Gortari tratara de llevarse todo el pastel para su casa. Y no, no era para tanto. Era el jefe de todos, pero tampoco se trata de abusar así.

Una lectura de la MIA de ese entonces arroja cómo las autoridades priistas y panistas, junto con todos sus sectores que les aplaudían, se ponían de acuerdo en los proyectos de inmediato y sin tantas explicaciones como ofrece esta conclusión llena de generalidades y sin detallar los por qué:

“Considerando únicamente los impactos de magnitud considerable (media y alta), la evaluación prevé que con la ejecución del proyecto se generaría un número casi igual de impactos positivos (35), que negativos (33), y dado que los impactos de baja magnitud son sumamente susceptibles de ser mitigados de manera efectiva, resulta posible afirmar que la ejecución del proyecto implica, de manera general, un balance positivo en materia de impacto ambiental (considerando los impactos de mayor magnitud de ambas naturalezas —positivos y negativos—)”. Así de sencillo era, no que ahora con este gobierno explica hasta la huella ecológica de cada piedra por donde pasará el Tren Maya y no es para tanto.

Pero ese párrafo de las conclusiones no era nada en comparación a estos dos siguientes. Ambos, dignos de escribirse con letras de oro en las páginas de la historia de estos tiempos que tanto extrañan la clase política y empresarial que se oponen ahora al Tren Maya (no se incluye la traducción en la MIA; ustedes disculparán el esfuerzo de entenderlo):

“Se observa que durante las etapas de preparación del sitio y construcción es donde se generan el mayor número de impactos negativos, disminuyendo este número durante la etapa de operación. Es importante enfatizar que casi todos los impactos que se generarán durante las etapas de preparación del sitio y construcción tendrán carácter temporal, viéndose alterado el factor ambiental sólo durante el tiempo que se mantenga la actividad o durante cierto tiempo posterior a finalizada dicha acción, mismos que serán cuidados que sean prevenidos por la empresa que supervise a la construcción, motivo por el cual los impactos negativos generados durante las etapas referidas no tendrán repercusión alguna en la zona de influencia del proyecto una vez que este se encuentre en etapa de operación.

“También se debe mencionar que los impactos positivos que se generarán durante la etapa de abandono del proyecto (de ser el caso) recaerían sobre los factores de suelo, vegetación, fauna y paisaje, todos ellos derivados de las actividades de restauración que deberán llevarse a cabo en las zonas de ocupación de la infraestructura, superestructura e inmuebles del proyecto; aunque aunado a ellos, los impactos negativos durante esta etapa del proyecto impactarían en gran manera al factor socioeconómico, ya que se eliminaría una fuente permanente de empleo para la población tanto local como regional, además de afectar el traslado de la población y mercancías entre Mérida y Punta Venado, situación que mejoraría con la construcción y puesta en marcha del proyecto Tren Transpeninsular Mérida Punta Venado”.

Qué tiempos aquellos, cuando gobernaban los reinos del PRI, de Peña Nieto, y el PAN de Calderón Hinojosa.

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