Son héroes de cuatro patas

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  • Los perros de búsqueda y rescate son todos unos héroes, su sentido del olfato tan desarrollado es capaz de encontrar personas o restos de forma más rápida que el humano.
DALIA GUTIÉRREZ / AGENCIA REFORMA

MONTERREY, NL.- Cuando una persona desaparece tras un desastre natural, derrumbe u otro incidente, junto con los elementos de seguridad que trabajan para buscarla, en muchas ocasiones también acuden al llamado de auxilio héroes de cuatro patas.

Son los perros de búsqueda y localización o rescate, que por su sentido del olfato tan desarrollado son capaces de encontrar personas vivas o restos humanos de forma más rápida que el humano.

Tres instituciones de Nuevo León cuentan con equipos caninos para esas labores: Protección Civil de Nuevo León, Grupo Jaguares de Protección Civil de Santa Catarina y la Compañía Canófila de la Cuarta Brigada de la Policía Militar.

“El empleo de binomios (caninos) es crucial para poder encontrar la mayor cantidad de personas desaparecidas con vida”, señala el Capitán Primero de Infantería Carlos García Islas, comandante de la Compañía Canófila, en la Séptima Zona Militar.

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“Después de que ya transcurre cierta cantidad de tiempo, (el objetivo) es encontrar los restos para poder entregarlos a los deudos”.

Los canes están entrenados para operar en tierra, arena, pasto, fango, agua, montañas, campos abiertos y estructuras colapsadas; pueden viajar en helicóptero, avión y lancha, y trabajar con ruidos fuertes y diferentes situaciones climatológicas.

En los últimos años, han participado en búsquedas de personas arrastradas por corrientes de ríos y presas, o extraviadas en cerros, así como en colapsos de edificios.

I. ÁGIL, SOCIABLE E INTRÉPIDO

No cualquier perro puede desempeñar estas labores. Se buscan animales ágiles, de estatura alta, que sean independientes, que no tengan miedo y sean sociables.
Las razas más comunes son labrador, pastor alemán y pastor belga malinois, pero esto no descarta a otros canes. Todo depende del temperamento.

Para seleccionarlos, se hacen pruebas auditivas, corporales y visuales.

“En una camada tú lo detectas luego y luego. El perro que se aleja de la camada, el perro que lo ves jugando con una pelotita, que lo ves entretenido, explorando”, detalla Gilberto Almaguer, director del grupo Jaguares.

“Lo que queremos muchas veces es que sean un poco más libres porque las búsquedas en Nuevo León son en cerros, en ríos, en lugares donde queremos que el perro sea un poco más intrépido, más vivo, que el perro pueda ser un poco autosuficiente”.

La etapa de entrenamiento dura entre 14 y 20 meses. Se comienza desde pequeños para desarrollar la socialización, cuando aprenden a convivir con personas y animales.
Un perro de búsqueda y rescate suele jubilarse tras siete años de trabajo.

II. BUSCANDO ‘JUGUETES’

Cuando Jesús Lara le muestra su pelota a Joe, un labrador color miel de 3 años, el perro comienza a ladrar y menear la cola con desesperación esperando que le entreguen el juguete.

“Estos perros se mueren por su juguete. Eso es lo que nosotros utilizamos para hacer que nuestros perros busquen”, expresa Lara, encargado de la unidad canina de Protección Civil del Estado.

Una de las características más importantes que debe tener un perro para realizar esta labor, es que le encante jugar.

A los canes se les entrena para asociar la localización de aromas con el recibimiento de un premio, que es su juguete favorito. Se utilizan muestras sintéticas que asemejan el olor de una persona desaparecida o sin vida.

“Todo el trabajo que el perro hace es con base en el juego. Su recompensa es el juguete. A través de ese juguete, nosotros hacemos inducciones de aroma, para que él relacione el juego con el aroma de una persona”, explica Lara.

Se inicia con ejercicios sencillos, que poco a poco van subiendo de dificultad. Los canes piensan: “donde hay aroma, es muy probable que haya juguete”.

El perro, en realidad, no está buscando una persona. Él está buscando su juguete.

III. COMPAÑEROS QUE LADRAN

Los perros de búsqueda y rescate trabajan al lado de una persona, su manejador. Juntos componen el binomio canino y el vínculo que se desarrolla entre ambos es muy fuerte.
El manejador está a cargo de sus entrenamientos, cuidados y labores en campo. Sin embargo, el perro está capacitado para trabajar con cualquier elemento.

Algunos viven con sus manejadores y en otras dependencias, como en la Policía Militar, donde permanecen en las instalaciones.

“Son nuestros compañeros de trabajo”, dice Eduardo Martínez, entrenador en jefe de la unidad canina de Protección Civil de Nuevo León.

“Trabajamos en lugares de escombros, en aguas rápidas, trabajamos con materiales peligrosos, entonces, obviamente, el perro tiene la confianza de que si yo lo voy a mandar y voy a entrar con él, es porque debe trabajar”.

Los manejadores deben equilibrar el tiempo de trabajo con el de descanso. Cuando los terrenos son peligrosos, los protegen con equipos especiales de seguridad y siempre hay personal veterinario a su cuidado.

“Una de las cosas más importantes que tenemos es el bienestar de los animales”, subraya Martínez. “Son nuestros compañeros, dependemos de ellos para que una familia descanse, para poder encontrar a su ser querido”.

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