Deforestan en Península 1.6 millones de hectáreas 

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Península

 

  • En 18 años la Península de Yucatán perdió un millón 653 mil hectáreas forestales de selva por avance indiscriminado de la industria agrícola.
ÉDGAR FÉLIX

CANCÚN, Q. ROO.- En 18 años la Península de Yucatán perdió un millón 653 mil hectáreas forestales de selva por el avance indiscriminado y muy mal planeado de la industria agrícola, de la actividad ganadera y del sector turístico, advierte un estudio del Instituto de Recursos del Mundo (WRI, por su siglas en inglés), en el que Quintana Roo ocupa el tercer lugar de mayor devastación de árboles en el país.

Javier Warman, director de Bosques del WRI, asegura que el estudio se hizo en el periodo que comprende de 2001 a 2019, en el que Campeche ocupa el primer lugar, donde se talaron 698 mil hectáreas de árboles y en segundo lugar Chiapas, donde las actividades productivas citadas acabaron con 644 mil hectáreas, mientras que en Quintana Roo arrasaron sin control con poco más de 495 mil hectáreas, y en Yucatán, en cuarto lugar nacional, fueron 460 mil hectáreas con las graves consecuencias a la ecología de la región.

La pérdida nacional de cobertura arbórea en México ha ido en constante aumento desde 2001, cuando era de 150 mil hectáreas por año, hasta el 2019, cuando esa pérdida fue de aproximadamente 327 mil hectáreas por año, de acuerdo con WRI y en el que Quintana Roo ocupa el tercer lugar nacional.

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De acuerdo con el Sistema Satelital de Monitoreo Forestal, el estado de Quintana Roo pierde 5 mil 900 hectáreas anuales por el avance de la agroindustria —cultivos de caña, sorgo, soya, entre otros—; y son devastadas 4 mil 900 hectáreas al año por el avance de la ganadería y más de 1 mil 800 hectáreas de selva al año por el avance de la industria turística.

Estas conclusiones del Seminario Universitario de Medio Ambiente e instituciones (SUSMAI), en el que participaron especialistas e instituciones mundiales de protección al medio ambiente, fueron publicadas esta semana y los resultados advierten que la deforestación va en ascenso y que este fenómeno comparte una problemática común: políticas públicas que a lo largo de distintas administraciones han fomentado el avance de la frontera tanto agrícola como ganadera en sustitución de bosques primarios y secundarios.

“A esos impulsores de la deforestación se suman otros como el desarrollo de infraestructura turística, el crecimiento urbano con poca o nula planeación, el avance de asentamientos irregulares y la mega industria agrícola con cultivos como soya, sorgo, palma africana, caña de azúcar y aguacate, entre otros”, concluyen los análisis del SUSMAI.

También, explican que despojar a las comunidades de sus tierras tiene impactos directos en el avance de la deforestación. Los especialistas señalan que las comunidades están siendo presionadas para que vendan o renten sus tierras, vendan sus derechos agrarios y no existen mecanismos efectivos para detener esta pérdida del control del territorio. Las empresas que despojan a las comunidades de sus tierras destruyen la cubierta vegetal para dar paso a la instalación de granjas, la cría de ganado, la instalación de parques solares o eólicos o bien el desarrollo de infraestructura urbana o turística.

Se hizo énfasis en señalar que es constante escuchar que la pérdida de bosques es provocada por las comunidades y que se ha creado una narrativa constante que dice que los métodos de roza, tumba y quema son los que generan la deforestación; sin embargo, “la deforestación no es el resultado de esas prácticas”, concluyen.

La verdadera deforestación, que lleva a perder 350 mil hectáreas de bosques al año en México, tiene que ver con las acciones irresponsables de las grandes empresas, que voltean a ver a las comunidades y sus territorios como nuevos espacios en los cuales pueden expandir sus negocios, como sucede en Quintana Roo y las entidades circunvecinas.

Es por esta sed de nuevos territorios que hay un proceso acelerado de despojo y compra de derechos ejidales. La privatización de las tierras ejidales genera fuertes impactos como la pérdida del control del territorio, pérdida de biodiversidad, contaminación por agroquímicos e introducción de especies invasoras.

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