Desde las entrañas del Huei Tzompantli

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Huei Tzompantli

  • El Huei Tzompantli creó un gran dilema tras los descubrimientos recientes, ahora se deben despejar los enigmas de la antigua estructura.
YANIRETH ISRADE / AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO .- El Gran Tzompantli de Tenochtitlan, Huei Tzompantli, donde especialistas del INAH han hallado 603 cráneos de varones, mujeres y niños, puso en dilema al equipo del Programa de Arqueología Urbana (PAU), que ahora se propone despejar los enigmas de la antigua estructura en una nueva etapa de trabajo centrada en el análisis de materiales, anuncia la arqueóloga y jefa de campo en la excavación, Lorena Vázquez Vallín.

“Excavar un contexto como éste tenía la disyuntiva de tratarlo como un elemento arquitectónico, porque es una torre, forma parte del edificio, pero al mismo tiempo está compuesto de cráneos que tienen un potencial de información gigantesco de la población de la época. Entonces hicimos una estrategia para tomar una muestra representativa de cráneos que nos permitiera estudiar la población, pero al mismo tiempo permitiera la preservación del elemento arquitectónico”, relata en entrevista la experta sobre cómo resolvieron este desafío científico.

El Huei Tzompantli, de por lo menos 34 metros de longitud -según las estimaciones del arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, fundador del PAU y del Proyecto Templo Mayor-, está formando por una plataforma con escalinata, un muro circular con cráneos apilados en torre y empalizadas o sistema de postes y travesaños, en los cuales se introducían los cabezas de los sacrificados.

Las exploraciones arqueológicas en el predio, ubicado en Guatemala 24, Centro Histórico, a una profundidad de 3.5 metros desde el nivel actual de la calle han ya concluido, pero prosiguen las investigaciones para fechar la estructura y determinar la procedencia de las personas sacrificadas, detalla Vázquez Vallín.

A partir de una ofrenda de cascabeles colocada en la ceremonia de clausura de la primera etapa constructiva -de tres identificadas—- se determinó que el tzompantli correspondió al Gobierno de Ahuízotl, entre 1486 y 1502; ahora intentaran obtener directamente la fecha, explica la especialista.

“Ya no vamos a excavar, porque hemos agotado el yacimiento en ese sentido. Nuestra siguiente temporada de trabajos es de investigación y vamos a buscar hacer fechamientos tanto de los cráneos como de la plataforma para afinar y poder decir con más precisión: la primera etapa constructiva corresponde a tal época, lo mismo la segunda y la tercera”, aclara.

En cada etapa constructiva la estructura se hacía más imponente: crecía la plataforma y, con ella, las torres de cráneos.

Los 603 corresponden a las diferentes etapas constructivas de la torre norte del tzompantli, precisa la arqueóloga, quien junto con el equipo del PAU identificó el año pasado el extremo este y la fachada externa del edificio prehispánico.

Tras más respuestas

Las muestras obtenidas han indicado una presencia predominante de hombres, y mujeres y niños en menor proporción; ahora investigarán su procedencia y las ceremonias en que fueron sacrificados para dilucidar, entre otras cuestiones, si fueron una ofrendan para Huitzilopochtli u otra deidad.

“Al ser el Huei Tzompantli el edificio dedicado a Huitzilopochtli se piensa que sacrificaban guerreros, como refieren las fuentes históricas, las cuales también mencionan diversidad de víctimas sacrificiales -mujeres jóvenes, ancianas; niños, guerreros de tales características…- a diferentes deidades.

“Tampoco podemos descartar la posibilidad de que hubiesen sido sacrificados en otro contexto y, al ser éste el tzompantli más grande, después se colocaban aquí los cráneos”, explica Vázquez Vallín.

Debió haber otros tzompantli en el Recinto Sagrado de Tenochtitlan, aclara, aunque sin evidencia arqueológica hasta ahora.

Además, añade, el modelado cefálico en varios cráneos indica que las víctimas procedían de culturales distintas.

“Esto nos da una pista para buscar diversidad. Queremos ahora ver si estos individuos son de diferentes partes de Mesoamérica”.

Pudieron haber sido prisioneros o cautivos de guerra, lo cual no es lo mismo, ataja Vázquez Vallín, porque los segundos probablemente no pelearon directamente, pero, como eran de poblaciones enfrentadas, se les pudo capturar como víctimas para el sacrificio. Otras opciones son que se tratara de individuos tributados o de esclavos, personas privadas de su libertad adquiridas para donarlas al sacrificio.

Entre alguna de estas posibilidades puede estar el origen de los individuos, y para saberlo se requerirán, entre otros, análisis de dispersión genética, para averiguar o descartar parentescos, isotopías de estroncio -que examinan huellas de los materiales propios del lugar de origen, entre ellos el estroncio, en el tejido óseo- y estudios craneométricos.

La información que resulte se contrastará con la proporcionada por las fuentes históricas y el contexto arqueológico, dice la experta.

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