La angustia por las vacunas contra Covid-19

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La angustia por las vacunas contra Covid-19
  • La posibilidad de ir a vacunarse a Estados Unidos es una tentación muy grande para la gente pudiente, y para la que no puede… ¡También!
FERNANDO MARTÍ / CRONISTA DE LA CIUDAD

CANCÚN, Q. ROO.- CUARENTEMAS / Como entiendo que las vacunas van a ser el único tema de conversación en las semanas y meses por venir, y también entiendo que vacunas no hay en México y no tenemos la menor idea de cuándo las habrá, creo que es lógico que los mexicanos andemos inquietos con ese asunto y que, con nuestra proverbial creatividad, nos pongamos a imaginar atajos y travesuras para llegar hasta la dosis redentora.

En efecto, vacunas no hay. Las dosis que quedan son tan poquitas, que hubo días en que no se aplicaron más que 200 o 300 inyecciones, en franco contraste con nuestro vecino, los Estados Unidos, que en los últimos 14 días acumuló más de 20 millones de piquetes, con un ritmo cercano a millón y medio cada 24 horas.

Noticias sobre nuevos arribos tampoco había hasta el sábado, o eran desconcertantes y confusas. La propia subsecretaria de Relaciones, Martha Delgado acudió al área de carga del aeropuerto de México a darle la bienvenida a un contenedor, que a su decir contiene dos millones de dosis de la vacuna china CanSino. El problema es que venían a granel y hubo que llevarlas a Querétaro para ser envasadas, y luego distribuidas, sin que exista fecha para que eso suceda.

Quienes tienen buena memoria recordarán que eso ya había pasado, pues el 20 de enero arribó un cargamento de AstraZeneca con un millón de dosis, pero las ampolletas empezarán a aplicarse hasta fines de marzo o principios de abril.

Producto terminado, listo para la inoculación, son un millón 600 mil vacunas de Pfizer (de las cuales 600 mil serán para el personal médico que ya recibió la primera dosis), la vaga promesa de que antes del 15 de febrero llegará la vacuna rusa Sputnik (o sea, antes de hoy), la certeza de que la vacuna Moderna no llegará a México (según López-Gatell “no la necesitamos”), y párele de contar. Con ese panorama se ve difícil, si no imposible, que la 4T cumpla su promesa de inmunizar entre febrero y marzo a todos los mayores de 60 años, que hacen una nutrida multitud de 15 millones.

Con perspectivas tan sombrías, nada tiene de extraño que muchos mexicanos estén volteando hacia el único lugar en donde sí hay vacunas al alcance de la mano (y del bolsillo): los Estados Unidos. Hace una semana escribí aquí mismo que la gente pudiente está haciendo ese peregrinaje, más luego me enteré que también lo está haciendo gente menos pudiente, y en casos extremos, gente que apenas puede.

Con el ánimo de tomarle el pulso a la opinión pública, el viernes pasado hice una encuesta relámpago entre 25 conocidos, vía WhatsApp, que solo incluía tres preguntas: 1) ¿Tienes algún plan para ir a vacunarte a los Estados Unidos?; 2) En caso afirmativo, ¿irías solo o llevarías a la familia?; y 3) Si eres mayor de 60 años, ¿ya te inscribiste en el portal de la Secretaría de Salud?

Obviamente mi sondeo no tiene ninguna metodología ni base científica, y de seguro tiene un gigantesco margen de error. Los resultados pueden estar sesgados, porque elegí amigos que, a ojo de buen cubero, tienen capacidad económica sobrada para hacer el viaje (que en realidad son dos viajes, pues hay que volver por la segunda dosis, o quedarse 28 días en espera), pero asumo que si esa solvencia la tuvieran todos los mexicanos los resultados no cambiarían.

Por último, antes de dar los resultados, debo advertir que no me parece nada mal ni encuentro censurable que alguien se tome un avión, vaya a Houston y se opere del corazón, y en la misma tónica, tampoco criticaría conductas muchos más nimias, como enderezarse la nariz o hacerse un chequeo. Si su cartera o su seguro se los permite, tienen todo el derecho a cuidarse. La salud es patrimonio personal y no me parece inadecuado ni exagerado, y mucho menos antipatriótico que uno use todos los medios a su alcance para protegerla.

Dicho lo anterior, así estuvieron las respuestas. De los 25 encuestados, solo contestaron 21. De los 21, dos dicen que no se van a vacunar jamás, ni en Estados Unidos ni en China; quedan 19.

De los 19, diez admitieron que planean vacunarse en los Estados Unidos (tres ya estaban allá o ya habían regresado), siete dijeron que no, dos que a lo mejor.

De los 10 que quieren ir a Estados Unidos, seis irán con familia, cuatro irán solos.

De los 10 mayores de 60 años, cinco se inscribieron en el portal del gobierno, cinco no.

Pese a sus limitaciones técnicas, que son todas, creo que este sondeo artesanal tiene un trasfondo de veracidad y refleja de alguna manera la falta de confianza en el programa de vacunación (más que justificada), y el terror sacrosanto de quedarse sin vacuna por varios meses más. La 4T no solo ha sido caótica al exponer su calendario general (que todavía no arranca y ya se ha modificado en cuatro ocasiones), sino que hay sospechas fundadas de un probable uso electoral de las vacunas (como sucedió con los maestros en Campeche).

En mi bola de cristal se puede ver que los influyentes se van a vacunar primero (ya lo están haciendo), que se va a crear un mercado negro de ampolletas, que a nadie le pasará nada si se salta la fila, y que el propio Andrés Manuel hará un uso caprichoso del inventario, premiando a su arbitrio a los grupos que le despierten simpatía.

Del otro lado de la frontera los requisitos para ponerse la vacuna son mínimos (hay que checar primero, porque no en todos lados piden lo mismo): un número de teléfono celular (que se puede comprar por 20 dólares), un domicilio (puede ser de un amigo, pues no piden comprobante), la declaración de padecer una enfermedad de riesgo (diabetes, hipertensión, obesidad, daño renal, que tampoco hay que comprobar), y tener más de 65 años, aunque éste último requisito se lo saltan si les sobran vacunas (en muchos pueblos y en muchos hospitales recibieron más dosis de las que necesitan). Como si eso fuera poco, es probable que en pocas semanas la vacuna esté a la venta en las farmacias, sin receta, con lo cual cualquier amigo te la puede traer.

No estoy recomendando a nadie que siga ese camino, tan solo sospecho que es una senda que estará muy transitada. Hasta antes de escribir estas líneas, yo mismo no había considerado esa posibilidad, pero tampoco tengo ganas de esperar hasta que pasen las elecciones, o hasta fin de año, o hasta cuando se termine de arreglar el rompecabezas que está armando, de manera más incompetente que maquiavélica, el gobierno de la 4T.

Como dije al inicio, el tema va a estar en las conversaciones mucho tiempo.

Recuento de daños

El órgano empresarial cúpula a nivel nacional, el CNET, publicó hace unos días un estudio intitulado “Claves para la recuperación de la industria turística mexicana”, el cual incluye un decálogo de lo que podría llamarse fervientes deseos, que con toda seguridad el gobierno de la 4T va a depositar en el saco de los olvidos piadosos.

Es increíble que a estas alturas del partido alguien en su sano juicio suponga que la administración que encabeza López Obrador va a hacer algo para rescatar a las empresas, pero este organismo propone seguir con la misma cantaleta, tal vez para cansar al adversario, tal vez para dejar en claro que están defendiendo al gremio, aunque no estén dialogando con nadie.

Juzgue usted mismo algunas de las medidas que el CNET propone. Vacunar en primera línea a los trabajadores de la industria. Un espejismo en medio del desierto. Si el gobierno no ha podido vacunar ni siquiera a los médicos, de dónde imaginan que va a poner hasta adelante a los botones y a los meseros para que los turistas se sientan confiados.

Acotar el boom de la oferta informal de alojamiento. La vieja propuesta de los hoteleros de acabar con el Airb&B, que llega un poco tarde porque la empresa ya está presionando a los anfitriones para que paguen impuestos. Las rentas vacacionales son un fenómeno en expansión (un boom, como dice el CNET), pero no se va a acabar si los gobiernos “los acotan”.

Lanzamiento de la campaña “Ya te quedaste en casa, ahora sigue quedándote en México”. No es mala idea, pero el mercado actual lo determina el precio, porque todos los países y todos los destinos están peleando por muy pocos turistas. Hay que apelar al bolsillo, el sentimentalismo no va a funcionar.

Integración de paquetes de ayudas para las empresas. ¡¿Oíste, Andrés Manuel?!

Destinar el Impuesto al Hospedaje a la promoción turística. ¿Estás sordo? ¿O qué te pasa?

Avanzar en materia de seguridad. Una petición novedosa que solo lleva 30 años en la lista de los pendientes. Como está situada al final de la lista, más bien parece que los temas no daban para completar el decálogo y lo metieron con calzador.

Los cuatro temas restantes (asegurar la conectividad aérea, avanzar en la agenda legislativa, reaccionar adecuadamente en las crisis y fortalecer los protocolos sanitarios) son lugares comunes, parte de un discurso político que en nada ayuda a la reactivación. ¡Qué falta de talento!

Ante el buen ejemplo de los destinos turísticos como Cancún, como Los Cabos, como Vallarta, que están recuperando sus mercados a base de audacia y creatividad, el CNET sale con este documento plano e insulso, que no va a aportar a la causa ni un solo turista. Con razón nadie les hace caso…

La vida sigue

En semanas recientes, los usuarios de la ciclopista descubrieron que se ha puesto a disposición del público un nuevo vehículo motorizado que, a no dudarlo, va a saturar un poco más la ya de por sí congestionada vía. En efecto, la Dirección local de Fonatur autorizó el servicio de renta de monopatines (o patines del diablo eléctricos), que son muy fáciles de contratar, pues lo único que hay que hacer es escanear un código QR que está impreso en el manubrio, bajar la app, y quiero suponer, registrar una tarjeta de crédito y empezar a patinar (yo traté de hacerlo, pero Google me advirtió que la página estaba vencida y que existía un riesgo de que alguien hackeara mi celular, ante lo cual me rajé de plano).

Contra su costumbre de autoridad amante del orden, Fonatur no le exigió a la concesionaria que construyera paradores para estacionar sus juguetes, o al menos que delimitara los sitios donde deben dejarse, de modo que los patines están dispersos en todas partes: en las banquetas, en los jardines, en la ciclopista misma, es decir, donde los dejan los clientes. En cambio, fiel a su costumbre de no respetar a la autoridad municipal, el fondo ni siquiera dio aviso al Ayuntamiento de este nuevo sistema de transporte, ya no digamos el impensable trámite de pedir permiso.

Eso provocó un berrinche generalizado en el Ayuntamiento pues, de la alcaldesa para abajo, pasando por la Dirección de Tránsito, la de Comercio en la Vía Pública, la de Ecología y la Tesorería, y terminando con el síndico y los regidores, todos piensan que son autoridad y que cualquier otra instancia, incluido Fonatur, debe sujetarse a la tramitología municipal. Esa convicción, desde luego, se basa en una apreciación distorsionada de la realidad, que pasa por suponer que la zona hotelera es parte integrante del municipio, cuando la cruda y cochina realidad ha mostrado y demostrado hasta la saciedad que la zona hotelera es una entidad que se cuece aparte y que, como los municipios de los pueblos originarios, tienen sus propios usos y costumbres, y su propia forma de gobierno.

Para acabar con esa confusión, yo creo que lo más sano sería modificar de una vez por todas la Constitución Política del estado para crear el duodécimo municipio, la zona hotelera de Cancún, a la que podrían agregarse algunos terrenos que todavía son propiedad del Fondo, entre ellos el alucinante crucigrama llamado Malecón Tajamar, el fraccionamiento que se encuentra a la entrada de Parque Cancún y los terrenos que se van a destinar para la estación del Tren Maya. Cierto, eso dejaría algo parchado al municipio, pero la administración pública ganaría en claridad, pues es ridículo que el Ayuntamiento alegue competencias donde no las tiene.

Perfeccionando esta propuesta, yo digo que la autoridad del nuevo municipio tendría que ser el director en turno de Fonatur, que despacharía con el título de Rey Soberano, ya que no se le puede decir presidente, pues nadie votó por él. Como ese personaje siempre está muy ocupado, ejercería el mando su segundo de a bordo, el Virrey Delegado, que asumiría a plenitud las funciones ejecutivas, legislativas y judiciales de la nueva demarcación. En resumen, lo mismo que sucede ahora, pero con respaldo legal.

Más espinoso me parece la elección del nombre del duodécimo municipio. Obvio, podría llamarse Zona Hotelera, pero un nombre tan comercial podría desagradar a los adalides de la 4T, cuyo apoyo es indispensable para llevar a buen puerto esta iniciativa. Además, el patronímico quedaría horrible, pues los encopetados habitantes de la ilustre ZH pasarían a ser zonahotelerianos o zonahotelerenses, vocablos ambos en extremo cacofónicos.

Otra posibilidad sería, atendiendo a la paternidad, llamarlo Municipio Fonatur. No hay duda que —como en el caso de los pueblos originarios— el Fondo puede reclamar el título de inventor originario de Cancún, y una especie de patria potestad que lo faculte para bautizar al vástago. El asunto es que las otras zonas hoteleras creadas por Fonatur, viendo las ventajas de sujetarse a su manto protector, también decidan independizarse de sus actuales municipios, con lo cual terminaríamos con un Municipio Fonatur I, luego el Municipio Fonatur II, enseguida el Municipio Fonatur III, y así ad infinitum.

A mí el nombre que más me gusta, aunque entiendo que puede resultar chocante para las mentes patrioteras y premodernas, es llamarlo como se conoce en el mundo entero, y además en el idioma universal: Municipio Cancun Island. Si bien es cierto que ese nombre suena a marca comercial y/o parque temático, tal apelativo lo haría familiar y entrañable para nuestros visitantes extranjeros, que son quienes realmente importan en nuestra cochina y cruda realidad. Cancun Island es corto, suena bien, se entiende a la primera y tiene un no sé qué: yo creo que es una propuesta ganadora que hay que sopesar con seriedad.

Finalmente, queda el problema de los recursos. Es posible que Fonatur, con todo derecho, reclame el cobro de los prediales de la zona hotelera, con lo cual dejaría al municipio no solo en la miseria, sino en la más absoluta de las inopias, sin los dineros necesarios para atender las necesidades mínimas de la ciudad. Aquí mi reflexión tiene que ser drástica, aunque suene cínica: ¿a quién diablos le importa la ciudad?

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