Una hacienda que se ha vuelto un exquisito refugio

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  • Los sonidos que se escuchan como el estar en contacto con la naturaleza en esta hacienda ayuda a encontrar paz y armonía.
STAFF / AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- Quién diría que dormir entre añejas paredes inyecta ánimo al espíritu. Lo anterior, le ha sucedido a los viajeros que han decido pasar unos días en la Hacienda Katanchel, un exquisito hotel boutique ubicado a unos 20 minutos de la cálida capital yucateca, justo en el kilómetro 26 de la carretera Mérida-Cancún.

Cada rincón de este sitio deja oír ecos de un pasado glorioso. Se dice que algunas de las columnas y pisos, que aún se conservan, formaron parte de antiguas ruinas mayas (observatorios) donde se realizaban ceremonias que tenían que ver con la contemplación de la Vía Láctea. De ahí el nombre que se le dio al sitio: Katanchel, que en maya significa “donde se pregunta al arco del cielo”.

Sus “pabellones”, así se le ha llamado a las habitaciones, son ideales para los viajeros sibaritas que desean hallar estancias donde reinen la paz, la privacidad y el lujo.

Quienes se han hospedado en esta hacienda coinciden en señalar que, tanto los sonidos que se escuchan como el estar en contacto con la naturaleza, les han ayudado a encontrar armonía, tan necesaria en estos tiempos. Cada detalle transporta al huésped a una época de opulencia; por supuesto, sin dejar de lado las comodidades modernas.

Los huéspedes disfrutan, además, de sus albercas privadas, cuyas aguas han sido extraídas de manantiales libres de químicos.

La recuperación de la Hacienda nació de un ambicioso proyecto de reforestación de árboles nativos donde se lograron plantar más de 175 mil ejemplares. Y, la restauración del casco estuvo a cargo del arquitecto sevillano, Aníbal González quien recobró la casa principal, transformando la hacienda en todo un santuario de relajación.

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