Isela Vega, el gran placer de llamarse así

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Isela

  • Isela Vega fue un mujer que, sin ambages, llamó a las cosas por su nombre y se enfrentó a la crítica social, hasta la llamaron “escandalosa y alborotadora”.
MARCO CASTILLO / AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- Su sensualidad marcó un hito en el cine erótico mexicano y ya en plenitud de vida consolidó su fama de actriz; intensa en el drama y divertida en la comedia.

Isela Vega fue un mujer que, sin ambages, llamó a las cosas por su nombre y se enfrentó a la crítica social que durante un tiempo la llamó “escandalosa y alborotadora”.

Desde niña causó controversia. La sonorense, que a sus 12 años cuestionaba a su madre cristera y ultracatólica la virginidad de María, pareció destinada a dar de qué hablar.

El cine sesentero, en el que comenzó a mostrar esa personalidad arrebatada, la destinaba a ser audaz y desinhibida.

“Mi mamá me dio una bofetada”, contó a Gente en una ocasión. “Y todo porque le dije: ‘por qué dices que María es virgen, si es mamá de Jesús”.

El medio en el que irrumpió, de pronto, alimentaría esa fama de contestaría y rebelde.
Todo gracias a producciones como Las Pecadoras, Cuernos Debajo de la Cama, El Deseo Llega de Noche, Las Golfas y Las Impuras, cerrando la década con una joyita de Francisco del Villar, Las Pirañas Aman en Cuaresma.

“Esa película (Las Pirañas…) se la ofrecieron a Elsa Aguirre, pero no sé si le pareció muy fuerte o qué, así que me llamaron a mí… y me encantó”, recordó hace tiempo la ganadora del Ariel a Mejor Coactuación Femenina por La Ley de Herodes (1999) y Fuera del Cielo (2006).

Comenzaban los años 70 e Isela era una de las más disputadas por las casas productoras.

Lo mismo siguió con tramas de erotismo, a la par que tuvo dos grandes aciertos: trabajar bajo las órdenes de Sam Peckinpah en Tráiganme la Cabeza de Alfredo García (1974), por la que fue nominada al Ariel, que al final ganó con La Viuda Negra, dirigida por Arturo Ripstein.

Esta última, filmada en 1977, fue exhibida hasta 1983 debido a la censura, pues en la historia su personaje, Matea, seduce a un sacerdote y se atreve a impartir la comunión. “¡Qué escándalo!”, decían.

En lugar de bajar el tono, siguió con variados personajes en argumentos con desnudos y diálogos bien pensados.

Del Villar la llamó de nuevo para La Primavera de los Escorpiones, El Festín de la Loba y otro clásico en su carrera, El Llanto de la Tortuga.

Igual destacó en Celestina, El Hombre de los Hongos y La India, historias con harta sexualidad, hasta que a finales de la época llegó el mal llamado “cine de ficheras”.

Brilló en Las Cariñosas y, sobre todo, en Muñecas de Medianoche, comedia con escenas de cama junto a Andrés García.

“Con Andrés no hubo romance, sólo cachondeábamos en escenas y algunas caricias, pero nada más”, explicó cuando grababa el melodrama Muchacha Italiana Viene a Casarse (2014).

Trepada en ese pedestal, ya nada la pudo bajar. En los 80, Isela decidió seguir divirtiendo a su manera.

Se mantuvo en argumentos chuscos del “Güero” Castro (Las Tentadoras, La Pulquería) e incluso de ella misma (Una Gallina muy Ponedora), hasta que fue llamada por otros grandes realizadores.

Con Felipe Cazals filmó Las Siete Cucas, una de sus mejores comedias picarescas; Alcoriza la dirigió en El Amor es un Juego Extraño y con Hermosillo hizo la controversial Las Apariencias Engañan.

Ella misma se dirigió junto a su entonces amiga Irma Serrano en la fallida Las Amantes del Señor de la Noche, al lado de Emilio “El Indio” Fernández. Este fracaso se había visto antes en la truculenta Naná, también con Serrano.

Ella misma admitía: “no todas las cintas son éxitos. Me ha tocado de todo”.

Su entrada a las telenovelas no fue tan emocionante, aunque tuvo importantes interpretaciones en Señora Tentación, Gente Bien y Ramona. Pero el cine le guardaba dos Arieles más.

En 2014 se hizo acreedora a la presea por su personaje en Las Horas Contigo, y tres años después la Academia mexicana la reconoció con el Ariel de Oro a su trayectoria.
Además de México, Isela fue contratada para cintas en España y Estados Unidos; sin embargo, nunca le interesó dejar el País.

Se hizo admirar hasta hace poco en filmes de comedia como Más Sabe el Diablo por Viejo, junto a otro grande, Ignacio López Tarso, y apenas el año pasado conmovió como la abuela liberada de Cindy La Regia y en la serie La Casa de las Flores.

Aquella niña de 12 años que cuestionó a su madre sobre un dogma católico, fue fiel a su forma de pensar hasta los 81 años, cuando la muerte la llamó y, bajo esa premisa, Isela siguió eligiendo los personajes que iban más con su personalidad, lo que siempre le ocasionó la crítica de unos… pero la admiración de millones.

Así lo dijo

“Todas esas películas (eróticas) yo no las busqué. De repente, los productores querían desnudos si yo estaba en el reparto. Se volvió una costumbre, lo pidiera el guión o no”.
Isela Vega, actriz.

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