México y Belice vecinos distantes

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México y Belice vecinos distantes
  • Entre México y Belice no hay albergues para migrantes. No hay flujo migratorio que preocupe, sólo retenes en los que levantan las cajuelas y preguntan cuánto dinero en efectivo llevan.
DALILA ESCOBAR 

CHETUMAL, Q. ROO.- En la capital de Quintana Roo se vive con tranquilidad, pero tampoco hay quien viva de manera ostentosa porque con los ingresos que en promedio gana la población no se puede, coinciden los habitantes de esta localidad cabecera del municipio de Othón P. Blanco. Belice

Entre México y Belice no hay albergues para migrantes. No hay flujo migratorio que preocupe, sólo retenes en los que levantan las cajuelas y preguntan cuánto dinero en efectivo llevan los pasajeros para comprar en la zona libre del país vecino.

Del otro lado del puente con Belice las autoridades aduaneras no dejan pasar si antes los visitantes no se bajan del auto, responden un cuestionario y observan que pasen por el arco sanitizante, son medidas obligatorias.

Después del interrogatorio el acceso es libre para el recorrido de las tiendas que se mantuvieron cerradas por un año y abrieron apenas hace mes y medio, después de un confinamiento absoluto. Aunque se mantiene prohibido el paso, con cualquier fin, de México a las aldeas de Belice.

Sus habitantes han podido recuperar empleos en este tipo de comercios, aunque la mayoría se desempeñaba en otros giros.

En la zona libre quienes compran son mexicanos y quienes venden beliceños, en su mayoría mujeres. Las y los jefes son de origen asiático, casi todos son hombres y una de las características que detectan los compradores es que la mercancía no es de muy buena calidad, además de que “hay ropa original y semi original”.  

En el país vecino los trabajadores coinciden en reconocer el manejo de la pandemia que ha tenido Belice, pese a que en muchos casos sus ingresos se han reducido en más del 50 por ciento, celebran no haberse enfermado de Covid-19, por las restricciones que han seguido durante la pandemia; y la zona libre se convirtió en su oportunidad de regresar al trabajo.

En el corredor comercial sólo reconocen dos tiendas de ropa y artículos “de marca”, el resto es de otro tipo de producción. 

Ningún visitante es sancionado por ir bebiendo en la vía pública, mientras recorre las tiendas, pero sí deben atender las medidas restrictivas en los espacios donde deben tener contacto con beliceños.

Rosa, vendedora de ropa no se enfermó de Covid-19 y aunque tiene 43 años, tuvo la posibilidad de conseguir una vacuna cuando abrieron la inmunización de personas de 50 años y más. Como ella, ninguna trabajadora de ese lugar se contagió. 

“Ningún beliceño se puede acercar a esta zona para evitar llevar contagios. Solamente hay permiso para que entren los mexicanos, para que ellos compren, aunque las ventas sí han estado bajas”, explica.

Rosa dice que, ya que puedan abrir la frontera, aunque aún no hay fechas, “tal vez mexicanos, sobre todo de Chetumal, podrían entrar, pero tendrían que seguir todas las medidas además de ya haber sido vacunados”. 

Zoraida, su compañera, es una joven de 23 años que trabajaba en el hotel Casino que está a la entrada de la zona libre. Ahí ganaba hasta 3 mil pesos mexicanos a la semana y sólo laboraba ocho horas, ahora trabaja a veces poco más de diez horas y gana mil pesos. 

“Me iba muy bien y me trataban mejor, pero con la pandemia el casino tuvo que cerrar y dicen que el dueño se va a declarar en bancarrota, pero todavía no lo ha hecho porque tiene la esperanza de que abran en junio o julio y eso lo podría salvar, pero todo depende de las restricciones del gobierno de Belice”, dice.

Durante la pandemia tuvo que ver la manera de sobrevivir: lavaba y cocinaba ajeno y le pedían atender algunos puestos de comida.

“La comida siempre va a dejar, por eso es que mucha gente en la aldea se puso a hacer lo que sabe de cocina y lo ofrecía a los propios vecinos, yo me beneficie de ahí porque había muchas restricciones, hasta ahora que permitieron abrir la zona libre; y tengo la esperanza de que abran el casino porque si declaran en bancarrota tal vez nunca pueda ganar lo que ganaba ahí antes de la pandemia”, señala.

Zoraida explica que “hay algunos mexicanos que se ofenden porque les pedimos que se coloquen el cubrebocas, se tomen la temperatura, se pongan gel antibacterial, pero sí ha ayudado a que bajen los contagios”. 

Rebeca tiene 19 años y es vendedora en una tienda de ropa deportiva. Es de las hermanas mayores entre siete y vive con sus abuelitos. Durante la pandemia sobrevivieron con los 150 dólares a la quincena que les daba el gobierno de Belice por cada persona que dejó su trabajo de manera obligatoria por la pandemia, en su casa son tres, con lo que sumaban 450 dólares cada 15 días; además, a sus abuelitos le daban la comida cada semana.

Rebeca habla tres idiomas: español inglés y creole y eso le ha beneficiado porque se puede comunicar con cualquier extranjero, menos con los de origen asiático, dueños de la mayoría de las tiendas.

Dejó en pausa sus estudios, que espera reanudar cuando se vaya avanzando en la pandemia, pero asegura que no dejaría su país porque le gusta la aldea donde vive. Nadie de su familia se enfermó de Covid-19. 

Entre los jóvenes que tuvieron que cambiar de giro, también están los del sector turístico.

Melvin, de 25 años, era barman de la isla Harvest Caye donde ganaba 500 dólares beliceños a la semana y de propinas hasta 300 dólares más. Ahora trabaja con un primo llenando contenedores de mercancía al mayoreo, donde gana 150 dólares a la semana.

“A mí me gusta mucho mi país y aunque he tenido la oportunidad nunca nunca estaría pensando en irme, porque aquí vivo muy tranquilo y me gusta mucho mi tranquilidad, aquí puedo ir caminando, ir con personas, sacar dinero y nadie me lo va quitar, nadie me va a perseguir”, afirmó. 

A pesar de que ha habido ofertas de irse a Estados Unidos, pero lo ha rechazado. “Hay personas de Guatemala, Honduras y El Salvador que quieren irse al norte porque en sus países ganan muy poco, pero para llegar a Estados Unidos tienen que pasar por mucha violencia”. 

Como trabajador del sector turístico el 12 de abril recibió la primera dosis de la vacuna contra Covid-19 y la segunda le toca el 5 de julio, con lo que, de abrir el sector de cruceros, esperan regresar el 4 de agosto. 

“Para vacunarme lo único que tuvo que pasar es que mi jefe me dio una constancia de que trabajo con él y con eso pude acceder a la vacuna aunque tengo 25 años y eso me da mucho gusto porque podemos regresar a trabajar, aunque si seguimos sintiendo un poco de miedo porque no sabemos cómo va a esta enfermedad aún con la vacuna”, expresó. 

Mientras, del otro lado del puente, los chetumaleños reconocen que ni con la zona libre en Belice, se ha podido regresar a la década de los 90, cuando la mercancía era de gran valor por los beneficios fiscales que se tenían en ese momento y tampoco han podido recuperar el ingreso del escaso turismo que tenían del país vecino para ir a las plazas comerciales, por las restricciones de ese país. “Todo esto dejó de ser negocio”, reconoce Saúl, taxista de Chetumal.

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