Los sustos en la zona cero de la Línea 12 no paran

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Línea 12
  • La estructura derrumbada de la Línea 12 volvió a colapsar durante las obras de retiro de escombros en la Ciudad de México.
ERNESTO CEDILLO / AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO. – Alrededor de las 13:30 de este viernes, un golpe retumbó en la zona cero del incidente en el Metro Olivos, de la Línea 12: la estructura derrumbada volvió a colapsar durante las obras de retiro de escombros.

Momentos antes, un equipo de al menos seis trabajadores trepó más de tres metros sobre la estructura y con taladros neumáticos dieron inicio a las obras para dividir la plataforma que sólo se aprecia como restos áridos de lo que un día fue el principal medio de transporte para tlahuences y mexiquenses.

Después de varias horas de taladrar, la plataforma se dividió repentinamente y tomó por sorpresa a los constructores; algunos resbalaron por la estructura inclinada, pero lograron sujetarse con sus arneses. Sin embargo, tres de ellos resultaron con heridas leves que fueron atendidas por paramédicos de la obra.

Este día que la estructura fue alzada se vio enmarcado por la explotación política de las víctimas del incidente por parte del partido Elige y una supervisión exprés de la Fiscal capitalina Ernestina Godoy, quien únicamente explicó que “se siguen revisando documentos” para conocer las causas del incidente.

Minutos después del vibrante recorte de la plancha de cemento, por donde transitaban convoyes de la Línea 12, obreros continuaron con los trabajos para retirarla, pues, aunque estaba sujeta por grúas telescópicas, había que levantar este primer trozo.

A las 15:00, la estructura comenzó a alzarse. Las grúas levantaron la estructura de cemento con vigas de acero que colgaban en uno de los extremos del derrumbe. Menos de media hora después, dicha construcción flotaba en el lugar del que nunca debió caer.

Así duró, inmovil, casi cuatro horas, suspendida en el aire por un par de grúas y con ingenieros y obreros planeando maniobras para liberar la mole de concreto.

Una calma inquieta que los presentes sabían terminaría pronto y querían tener primera fila para ello; algunos transeúntes y comerciantes se acercaron y duraban minutos , hasta horas grabando, observando, sentados en banquetas y jardineras, contemplando la trabe flotante.

Eran las 19:00 horas cuando otro tronido alertó a trabajadores y chismosos que desatentos voltearon a ver la estructura: unos obreros la habían separado y ahora se balanceaba por los cielos sólo sujetada por los hilos de acero de las grúas.

Sorpresa y terror entre los asistentes, un par soltó un pequeño grito, y los cuchicheos anunciaban comentarios de incredulidad.

El tráfico se hizo más lento, no por las obras, si no porque los conductores disminuían su velocidad para ver la trabe balanceante. Un ojo al camino, otro a la estructura; una mano en el volante, la otra grabando el momento con el celular. Una hora más tardaron para postrar la pieza de concreto sobre el suelo. Un día completo de obras que sólo culminó con la reducción de la pieza del paso elevado a dos mitades que ahora reposan una junto a la otra aguardando el momento en que serán trasladadas del lugar para su inspección.

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