NIDO DE VÍBORAS

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NIDO DE VÍBORAS

POR KUKULKAN

A CASI CINCO AÑOS del gobierno del cambio que desde 2016 encabeza Carlos Joaquín González en el estado de Quinta Roo todavía hay quienes se resisten a reconocer las diferencias, cuantitativas y cualitativas, que existen con respecto a su antecesor Roberto Borge Angulo, e inclusive hay algunos que injustamente pretenden regatear méritos y logros a su administración con juicios que obedecen más a intereses particulares de quienes resultaron afectados por las políticas de austeridad y combate frontal a la corrupción.

DE ENTRADA, ENTRE AMBOS mandatarios hay una marcada diferencia desde las trayectorias, los estilos y las condiciones bajo las cuales les tocó gobernar a cada uno; Borge alcanzó la silla a los 29 años de edad —lo que presumió como su mayor orgullo— a través de una meteórica carrera política donde el mayor y único cargo de elección popular que tuvo fue una diputación federal, que no hubiera sido posible sin el padrinazgo de su mentor y antecesor Félix González Canto.

PARA NADIE FUE UN SECRETO que el joven cozumeleño sólo fue un títere del maximato que González Canto pretendió extender hasta por tres periodos, afortunadamente sin éxito, de lo cual Borge siempre estuvo tan consciente que durante sus primeros años en el poder se la pasó recordándoles a los miembros de su gabinete —muchos de ellos con mayor trayectoria y méritos en la política local— con una frase que se volvió trillada: “el gobernador soy yo” como para que a nadie le quedara duda quién era el que mandaba en el estado.

PERO COMO NI ESO le ayudó a cambiar la percepción de la realidad, el joven de temperamento explosivo pasó a la acción. Suplió su baja autoestima con la mano dura y el derroche de recursos públicos para someter a quienes lo seguían viendo como el “Betito” a quien la memoria colectiva lo recordaba como el mandadero de su “jefe” el perverso González Canto que en pago a la lealtad de su subalterno decidió dejarlo como su sucesor nada más porque “nunca me dijo que no a nada”, según sus propias palabras.

EN CAMBIO EL GOBERNADOR Carlos Joaquín fungió primero como presidente municipal de Solidaridad demostrando una autosuficiencia económica que le permitió al ayuntamiento darse el lujo de vivir de los recursos propios, después fue Secretario de Turismo en el gabinete del propio González Canto, de ahí brincó a una diputación federal desde donde comenzó a correrse la versión de que sería el sustituto natural del PRI a la gubernatura, pero le fue cerrado el paso porque no representaba los intereses del felixismo y de su grupo.

DE ESTILO MESURADO y disciplinado, Joaquín González hizo a un lado sus aspiraciones personales para no confrontar a los quintanarroenses, además de que ni se enfrentó ni rompió con su partido como esperaban sus adversarios; callado, más adelante aceptó la invitación que en su momento le planteó el entonces presidente de la república Enrique Peña Nieto para qué se integrará en su gabinete como subsecretario de turismo, cargo que desempeñó satisfactoriamente hasta que en 2015 volvió a sonar como el candidato natural para sustituir a Borge, pero le volvieron a cerrar el paso. 

NUEVAMENTE EL FELIXISMO hizo de las suyas e impuso como candidato del PRI a otro de sus títeres, Mauricio Góngora Pimentel, provocando un enorme descontento de las bases y de la sociedad en general que alentaron a Joaquín González a buscar la gubernatura por la alianza PAN-PRD; contra viento y marea finalmente ganó apabullantemente la elección y ya en el poder tuvo que lidiar para desmantelar el paquete de impunidad que le impuso Borge antes de salir, consistente en la imposición del fiscal, del auditor y de magistrados en el poder judicial del estado para qué le cuidarán las espaldas por los malos manejos.

NO SÓLO ESO, el gobernador del cambio tuvo que apechugar la enorme deuda pública de casi 20 mil millones de pesos que le heredaron y la cual hoy todavía representa una enorme carga; a 15 meses de que concluya su mandato, la diferencia se ha notado porque Carlos Joaquín no negoció con los saqueadores del patrimonio estatal y puso a varios de ellos en la cárcel, además de obligarlos a reparar los daños con la convicción de que “el que la hace, la paga”, tampoco se dedicó a usar los medios para atacar a sus adversarios y mucho menos ha llamado a los directivos para darles línea, ha sido un mandatario respetuoso de las libertades, en especial la libertad de expresión inclusive de los medios que lo han atacado sin fundamentos.

Y SI NOS VAMOS a las comparaciones de las obras, Carlos Joaquín dejará como legado la construcción y operación del Complejo de Seguridad del C5 con el cual se busca abatir la delincuencia desde la prevención con herramientas digitales de primer mundo, lo cual contrasta por ejemplo con el elefante blanco denominado “Auditorio del Bienestar” para el cual se invirtieron más de 250 millones de pesos y hoy luce inservible: también se le conoce como el monumento a la corrupción de la era priista y de sus dos máximos exponentes: Félix González y Roberto Borge.

@Nido_DeViboras