Bajo riesgo aves nativas en CDMX

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Bajo riesgo aves nativas en CDMX
  • La urbanización acecha a las aves nativas que habitan la Zona Metropolitana; actualmente hay 21 aves endémicas propias de la CDMX.
ISAAC FLORES / AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- La urbanización acecha a las aves nativas que habitan la Zona Metropolitana.

En los cielos capitalinos, la diversidad aviar se compone por casi 400 especies. Algunas son nativas; otras, exóticas, unas cuantas más, migratorias. Todas coinciden en la CDMX debido a factores como la altura y la variedad de ecosistemas, explicó el ornitólogo Manuel Grosselet.

“La Ciudad de México va de 2 mil 300 a 3 mil, hasta 4 mil metros de altura, y eso te da mucha diversidad; además han habido humedales y tiene bosque de pino, tiene una mezcla muy diversa de vida”, dijo Grosselet.

“En el invierno, hay tanto especies del norte, del noroeste y del noreste de Norteamérica que llegan aquí a la Ciudad de México, entonces es un complejo de vida muy grande”.

Actualmente, 21 aves endémicas habitan la Zona Metropolitana, no son exclusivas de la Ciudad, pero sí propias de la región.

De éstas, al menos cuatro están identificadas bajo alguna categoría de riesgo, entre las que se encuentran el pato real mexicano y el gorrión serrano.

Al primero, todavía se le encuentra en varias partes de la Ciudad. Habita, por ejemplo, los lagos y cuerpos de agua dulce del Parque Ecológico de Xochimilco, del Parque Tezozómoc y de la Ciénega de Tláhuac.

Sin embargo, en los últimos 20 años su número de ejemplares ha registrado un declive tras la pérdida de espacios que le sean adecuados. Actualmente se le cataloga como una especie amenazada.

“Los patos no están prácticamente en riesgo a nivel Norteamérica, al contrario, les ha ido muy bien, pero el único que está en peligro en la Ciudad de México, en México, es el pato mexicano, que está amenazado”, afirmó Grosselet.

“Es, en efecto, el cambio de uso de suelo el que afecta mucho a esta especie”.

A su vez, al gorrión de la sierra se le encontraba en los pastizales de Santa Fe, de donde poco a poco ha sido desplazado hasta que actualmente sólo se le encuentra en la Barranca de Tarango, en Xochimilco y en Tlalpan, apuntó Grosselet.

A nivel nacional, su población se concentra principalmente en el centro del País, y, de acuerdo con un estudio, ronda los 4 mil individuos, por lo que este tipo de gorrión está clasificado como en peligro de extinción.

Otras aves que cada vez son más difíciles de avistar en la Capital son el tecolote llanero, el chorlo nevado y el chipe rojo, aunque este último no está clasificado como en riesgo por la Norma de Protección Ambiental NOM-059-SEMARNAT.

Pese a las dificultades que enfrenta la biodiversidad aviar de la Ciudad, el panorama no es completamente negativo, apuntó Grosselet, sino que todavía es posible seguir medidas para su restauración.

Como parte de la recuperación del Canal Nacional, fueron colocadas plantas de salvia a los costados del cauce, lo que ha comenzado a atraer a una particular especie de colibrí, el cola pinta. Un ejemplar tan pequeño que puede ser confundido con un insecto y del cual no se registraba presencia en la Ciudad ante de 2019, cuando comenzó a convertirse en un visitante asiduo del Canal.

“(La salvia) es un imán para los colibríes, y ahorita que sembraron esas plantas, cada año se observa un colibrí que es raro para la Ciudad de México, entonces con un poco de esfuerzo, podemos recuperar hábitat para favorecer a esas especies que eran muy raras”, puntualizó Grosselet.

Pide enfoque local

Para el ornitólogo Manuel Grosselet la Norma de Protección Ambiental NOM-059-SEMARNAT no refleja con precisión los riesgos que enfrentan las especies a nivel local, pues ésta considera solamente la situación de amenaza a nivel federal.

Por ello, aves como el chipe rojo no son consideradas en peligro, aunque en la Ciudad de México su presencia vaya en declive.

“No hay una visión local de cada Estado, es muy triste porque si tuviéramos una visión por cada Estado tendríamos una escala más precisa de la conservación de cada especie”, aseguró el especialista.

“(La norma) está hecha más de escritorio que de campo, no es tan fácil así tener una visión clara de todas las especies”.

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