Buscan curar vista molecularmente

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  • Buscan atacar la uveítis, padecimiento que causa vista borrosa y disminuida por puntos oscuros, o ‘moscas volantes’ con técnicas moleculares.
ISRAEL SÁNCHEZ / AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO. – Uno de los males que perjudican la vista de los niños es la uveítis intermedia -o Pars Planitis-, un síndrome de inflamación ocular crónica que afecta la capa media del tejido de la pared ocular (la úvea).

Se trata de una enfermedad autoinmune donde el propio ojo es el que ataca sus tejidos y se inflama, explica la oftalmóloga Matilde Ruiz Cruz, haciendo énfasis en que se conoce muy poco sobre qué células inflamatorias son las que afectan al interior del órgano.

Para atender este padecimiento de visión borrosa y disminuida por puntos oscuros, o “moscas volantes”, se suele dar tratamiento sistémico; es decir, pastillas o inyecciones, que muchas veces no llegan a las concentraciones específicas necesarias.



“Si nosotros empezamos a entender mediante técnicas moleculares qué células inflamatorias (intervienen) y qué es lo que pasa adentro del ojo, ver qué proteínas están ocasionando la inflamación, vamos a poder desarrollar a futuro -esa es la esperanza- tratamientos localizados”, cuenta en entrevista telefónica la especialista, jefa de la Unidad de Investigación de la Asociación Para Evitar la Ceguera en México I. A. P. (APEC, Hospital de la Ceguera).

Precisamente con el objetivo de brindarse apoyo mutuo para el desarrollo de protocolos de investigación a nivel molecular enfocados en enfermedades oftalmológicas, dicha Unidad y el Centro de Investigación en Enfermedades Infecciosas (CIENI) del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER) formalizaron una alianza hace unas semanas, detalla Ruiz Cruz, titular del proyecto.

Los resultados de las investigaciones derivadas de esta coalición, sostiene la oftalmóloga, tendrían oportunidad de hacer algo ante padecimientos muy severos y que causan ceguera en los pacientes a pesar de los tratamientos tomados, inyectados o intravenosos que reciben prolongadamente, pero que no logran controlar, por ejemplo, la inflamación ocular.

Tal suele ser el caso de niños con Pars Planitis, que comienzan a ser tratados a los 3 o 4 años -“muchos de ellos ya llegan con un ojo ciego por la inflamación”, remarca Ruiz Cruz-, y pasan los siguientes 10 o hasta 15 años con un fármaco tomado o inyectado sin vencer a la enfermedad.

“Y el costo de eso es altísimo. Por ejemplo, uno de los medicamentos que se usan es metotrexato, y sabemos que es uno de los fármacos con los que ha habido desabasto.

“Entonces, si empezamos a estudiar qué pasa a nivel localizado, vamos a poder desarrollar a futuro tratamientos específicos”, refrenda la especialista.

¿Cómo avanza esta tecnología en otros países?

En países de primer mundo está el boom y en desarrollo el análisis molecular a nivel ocular. Uno de los problemas es que es difícil conseguir las muestras, debido a que son muy pequeñas y muchas veces no se pueden procesar.

Pero (con este trabajo) vamos a estar a la par del primer mundo. Si podemos desarrollar este tipo de investigación, vamos a estar a la par y la idea es esa: posicionarnos a nivel oftalmológico como punta de investigación.

Fue la propia Ruiz Cruz quien buscó la alianza con el CIENI luego de haber atestiguado durante sus 14 años como cabeza del área de Oftalmología en el INER la creación y consolidación de dicha instancia, equipada con la infraestructura física y humana necesaria para llevar a cabo este tipo de investigación.

“Vamos a hacer análisis genético, secuenciación masiva”, adelanta la oftalmóloga sobre un trabajo que busca incidir en la atención y conocimiento de múltiples enfermedades hereditarias que afectan al ojo como el glaucoma congénito primario, el retinoblastoma o el melanoma uveal.

“Queremos realizar también análisis de célula única, que aportará conocimiento sobre el transcriptoma y RNA mensajero”.

Asimismo, continúa, realizarán citometría de flujo, que es la técnica utilizada para saber qué células del sistema inmunológico están involucradas en la producción de citocinas, que son proteínas que causan inflamación -recientemente de gran interés al ser responsables del daño multisistémico en enfermos de Covid-19.

“Eso es algo que ya vamos a empezar, yo espero que en un mes, mes y medio”, estima Ruiz Cruz, quien confía en que los primeros resultados puedan obtenerse a más tardar en dos años.

“También estamos desarrollando cultivos celulares para poder ver la sustitución de ciertos tejidos dañados en el ojo. Es un área muy importante en el desarrollo de prótesis oculares o trasplantes de tejidos, que eso apenas está desarrollándose un poquito de manera más formal aquí en México”.

Esta mancuerna con el CIENI resulta por demás idónea para una institución como APEC, Hospital de la Ceguera, donde en la actualidad hay más de 100 protocolos de investigación por parte de los residentes en proceso de titulación, financiados anualmente con un presupuesto aproximado de entre 4 a 8 millones de pesos, detalla la jefa de la Unidad de Investigación.

“Quizá no tengamos los recursos de primer mundo para desarrollar moléculas todavía, pero la idea es generar conocimiento. Que todas estas investigaciones (derivadas de la alianza) se publiquen en revistas científicas de alto impacto, y de ahí va surgiendo más conocimiento de otras partes del mundo. Esa es la idea. “(Lo primero es conocer) la base fisiopatológica, o sea, saber qué pasa, qué células hay, cuáles son las proteínas que están causando inflamación, para poder diseñar medicamentos que vayan dirigidos específicamente contra esas proteínas, o que controlen la inflamación”, explica.

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