Lodo, saqueo y pérdidas… el drama en Tula

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Lodo, saqueo y pérdidas… el drama en Tula
  • A unos 60 metros del río Tula, la casa de la familia Nieto es muestra de la magnitud de los daños que ocasionó la inundación registrada el lunes pasado.
CÉSAR MARTÍNEZ / AGENCIA REFORMA

TULA, HGO.- A unos 60 metros del río Tula, la casa de la familia Nieto es muestra de la magnitud de los daños que ocasionó la inundación registrada el lunes pasado.

En la cochera de la vivienda, ubicada en Manuel Doblado 6, Colonia Centro, quedó anegado un auto clásico Caprise, modelo 73, con apenas 53 mil kilómetros, cuyo único dueño es el abuelo de la casa.

“No sabemos qué vamos a hacer, no sabemos si será pérdida total”, explica Martha Nieto, nieta del propietario.

Con palas, escobas y jaladores, la familia entera limpiaba ayer la casa. Entre todos sacaban los restos de la tragedia. El estéreo, a la basura; la ropa, a la basura; los folders con documentos, a una camioneta, a ver qué se puede rescatar; los trastes que no se rompieron y están en buen estado, al lavadero.

En la pequeña cocina todo quedó revuelto, ya ni se molestan en cerrar la puerta del refrigerador, ahora inservible, donde hay comida revuelta y los frascos llenos de lodo.

Ni los retratos colgados en las paredes del pasillo se salvaron. Ahí pueden verse ahora sólo las marcas que dejó la inundación.

En el baño hay lodo hasta en los cepillos de dientes colgados junto al lavabo. La lavadora, la tina, el boiler, el retrete, el mueble donde guardaban el papel de baño, todo quedó inservible.

“Nos enteramos de la inundación por Facebook, un amigo publicó que se empezaba a desbordar (el río)” comenta Martha.

– ¿Crees que se pudo haber prevenido?-, se le pregunta.

– Sí. Supongo que todas las represas tienen controles, tienen niveles, obviamente que se pudo haber prevenido-.

Igual que la familia Nieto, decenas de comerciantes de la zona también perdieron todo.

Durante 25 años, Rogelio Medina atendió su negocio de fotografía, pero con la inundación, todo su equipo y material se echó a perder. Y por si fuera poco, fue víctima de la rapiña tras el desastre. Ayer encontró forzada la cortina de su local.

“Se llevaron bocinas, teléfonos, audífonos. Se había abierto, pero no toda (la cortina de metal), nada más como medio metro, de ahí la jalaron”, narra Lorenzo Sánchez, vecino de Rogelio, al revisar su negocio de reparación de celulares.

En otro punto del centro, el argentino Silvio Barroso calcula pérdidas por más de un millón de pesos.

Él llegó a Tula hace 10 años y, desde entonces, inició un negocio de venta de autos. Esta semana tenía seis unidades, dos de ellas fueron arrastradas al cauce del río, que pasa detrás de su negocio, y el resto quedaron anegados.

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