Aún se me encoge el alma al ver las torres caer’

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  • Laura Iturbide considera que vive de Milagro, esta mexicana sobrevivió a los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001.
EMILIA MARTÍNEZ / AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO. – Han pasado 20 años desde que Laura Iturbide creyó que moriría en la Torre Sur de Nueva York. Hoy, todavía “se le encoge el alma” cuando ve en medios las imágenes de aquel martes 11 de septiembre de 2001.

Esa mañana, Laura se encontraba en el Hotel Marriot del piso 17 de una de las Torres Gemelas.

“Pocas personas podemos decir que somos sobrevivientes de guerra”, comentó la mexicana en entrevista.

Sus amigos le dicen “el árbol sobreviviente”, en referencia al árbol que fue rescatado de la zona y replantado afuera del memorial a las víctimas.

“A partir de 2001 las personas muy cercanas a mí me felicitan como si este día, el 11 de septiembre, marcara un nuevo inicio de mi vida, que realmente lo fue porque vivo de milagro”, compartió.

Laura viajó a NY en esas fechas para participar en un congreso que tuvo lugar en el World Trade Center, de ahí que decidiera hospedarse en el Marriot y no en otro hotel que frecuentaba más.

Ella y su amiga Eunice lograron, con mucho esfuerzo y valor, evacuar la Torre Sur esa mañana.

“La sensación es siempre la misma, de los gritos, de el pulular de las sirenas, de todo ese bullicio y ese humo que hubo aquel día”, describió.

Laura pasó por muchas etapas emocionales tras los atentados, entre ellas negación y el preguntarse: “por qué a mí”.

“Para mí, el 11 de septiembre, es un día de acción de gracias, pero también de reflexión, de no olvidar esos momentos, y de lo mucho que hay que hacer”.

Antes de ese martes, la mexicana, directora del Instituto de Desarrollo Empresarial, había estado en NY muchas veces; conocía la ciudad, “como la palma de su mano”. Un año después, volvió.

“Por recomendación médica yo regreso al año siguiente y tengo que hacer la misma ruta de escape que hice desde que toqué las calles de salida del World Trade Center. Fue una especie de liberar esos momentos tormentosos, esos momentos de contar si vivía o no vivía”, comentó.

Hoy reconoce que la Gran Manzana, o al menos ese punto de la urbe, ya no es igual para ella.

“Todavía me cuesta mucho trabajo ir a la Zona Cero y al memorial”, expresó.

La primera vez que visitó el memorial a las víctimas llevó a sus ahijados. La madre de éstos le pidió que les explicara “que alguien que puede tener un momento muy tormentoso, puede seguir bien con su vida”.

“Fue difícil, sobre todo cuando vas por esos fierros retorcidos y vas bajando, empecé a sentir angustia de respiración, tal vez un recuerdo de cuando yo iba saliendo de la Torre Sur que me empieza a faltar el aire y me agobio con el calor por el fuego que había, quizá esa misma sensación la tuve pero la soporté”, narró.

Lo que dice que no aguantó fue el momento en el que los familiares de víctimas rinden unas palabras para despedirse de sus seres queridos.

“Esa parte sí fue muy difícil para mí y me retiré del memorial”, expuso. “Yo creo que con el tiempo podré ir con otra mentalidad y poder estar ahí tranquilamente y dar gracias a Dios”.

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