‘Había tronidos entre las rocas’

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  • Vecinos narran que antes del desgajamiento en el Cerro del Chiquihuite las rocas tronaban; hubo leves deslaves previo al derrumbe de ayer.
ANDREA AHEDO / AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO. – La señora Paula corrió cuesta arriba en cuanto supo que una roca gigante cayó sobre su casa por un derrumbe.

En la calle Escuela Alpina Chamonix subió unas escaleras que la llevaban hasta las faldas del Cerro del Chiquihuite.

A su alrededor había vecinos que sostenían palas, cubetas, empaques de agua embotellada y grupos de desconocidos con cascos y uniformes.

De repente todos se callaban y alzaban los puños porque los rescatistas pedían silencio para identificar a alguna persona que pudiera estar atrapada.

Pero Paula buscaba un sitio alto para ver hacia la esquina de las calles Club Alpino de Chimalhuacán y Alacrán y sobre todo, algún rastro de sus dos nietos Dylan de 5 años, Dailin de 3 y de su nuera Daniela, quienes según ella sabía, estaban en un cuarto.

“La casa está destruida.. nos bajaron, no quieren que estemos ahí porque están tronando las piedras. Solo estaban los tres solitos”, dijo llorando.

Cuando los paramédicos bajaron con una camilla ella tuvo la esperanza de que fuera alguno de sus familiares pero no fue así. Se trataba de una mujer rescatada de los escombros.

Segundos después bajó el papá de los niños y se desplomó sollozando.

Para ese entonces el ayuntamiento de Tlalnepantla ya había informado que encontraron el cadáver de una mujer que según se dio a conocer en el sitio, se llamaba María.

El deslave que convocó a los vecinos de la Colonia Lázaro Cárdenas Segunda Sección como voluntarios y a más de 500 elementos de rescate ocurrió a las 13:00 horas.

Mauro temblaba cuando contó que él estaba en la esquina y corrió para salvarse. Después vio la calle llenarse de humo y de personas que intentaron rescatar a los atrapados.

Uno de sus vecinos, Roberto, aseguró que ya había antecedentes de pequeños deslaves pero fueron ignorados. “Se cayó una piedra y un vecino que tiene una casa ahí sacó a su familia hace tres días”.

Los niños que deambulaban estaban preocupados por tener que mudarse de casa, las vecinas instalaron un centro de acopio y algunos más empacaron sus ropas para mudarse a alguno de los tres albergues.

Los expertos reportaron que las labores tardarían por el riesgo latente de que la lluvia o un temblor removiera las rocas. Pero a pesar de los peligros nadie se movería, ni los pobladores, ni los rescatistas, ni los policías, y mucho menos las familias de las diez personas desaparecidas.

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